Columna
El Puercoespín
La obra de Elena Garro es reconocida por su fuerte crítica social, y Andamos huyendo Lola no es la excepción. A través de la historia de Lola y su familia, Garro expone las injusticias y desigualdades que existen en la sociedad mexicana. En la novela, se muestra cómo la pobreza y la falta de oportunidades afectan a las personas más vulnerables, especialmente a las mujeres.
Garro también aborda temas como la corrupción y la violencia política, que son problemas que aún persisten en México. La autora denuncia la opresión y la represión que sufren los ciudadanos por parte del gobierno y las fuerzas armadas. Además, critica la hipocresía de la sociedad mexicana, que se muestra indiferente ante la violencia y la injusticia, pero que al mismo tiempo se escandaliza por los escándalos de la vida privada de los políticos.
En resumen, Andamos huyendo Lola es una obra que no solo entretiene, sino que también invita a la reflexión sobre los problemas sociales que enfrenta México. Elena Garro logra plasmar de manera magistral la realidad de su país y, a través de su obra, nos invita a cuestionar y a luchar contra las injusticias que aún persisten en nuestra sociedad.
En Andamos huyendo Lola hace una magistral exposición de como las personas bajo sus distintas apariencias, no podemos saber a primera instancia, quién es el perseguidor y quiénes los perseguidos.
Al fina del cuento Andamos huyendo Lola dice “¡Sí, la Bucci Basso Bass tan andrajosa, parecía una de esas personas perseguidas y él, Soffer, no se dio cuenta de que pertenecía al otro bando: al de los perseguidores! La experiencia le había enseñado que el mundo nuevo, el mundo que él lo aterrorizaba, estaba dividido en dos grupos: los perseguidos y los perseguidores. ¿Quién hubiera creído que la señora Lelinca con su abrigo de visón de más de cuatro mil dólares y su hija alegre y de belles maneras eran las perseguidas? La otra en cambio, con sus harapos tenía el aire de un animal acorralado.” (p.248 Antología Elena Garro).
En Colima el gobierno de Indira desde la campaña se victimizó y se presentó como un grupo democrático que aspiraba a instalar la democracia y a transformar el mundo de la sociedad política colimense a partir de hacerles justicia a los pobres.
Se ubicó desde la campaña en el bando de los perseguidos, se declaró perseguida por el grupo perverso y represor de Nacho Peralta -al cual por cierto perteneció y nunca se ha deslindado-. En síntesis, se presentó como una perseguida por un régimen corrupto. La gente le compró la idea y la votó como gobernadora.
Hoy ella y su élite visten bien, gastan bien, compran casas, carros Tesla y siguen asumiéndose como perseguidos; sin embargo, todos los ciudadanos nos hemos dado cuenta de que ellos son ahora los perseguidores.
Acosan a los periodistas desde las instituciones, usan al Instituto Electoral del Estado de Colima para lanzar falsas acusaciones de violencia de genero para mantener en acoso a los periodistas, usan la procuraduría anticorrupción para amenazar y acosar a sus enemigos políticos, usan los medios para propalar mentiras contras sus competidores políticos y manipulan las redes sociales para fabricar distractoras y acosos contra lo periodistas.
Y sobre todo están usando la Fiscalía General del Estado para construir un régimen de terror.
Indira y su grupo, sin darse cuenta, pasaron de ser “perseguidos” a perseguidores, según la visión de la violencia de Elena Garro en su cuento Andamos Huyendo Lola.
El gobierno de Indira pasó de ser víctimas a victimarios y simulan no darse cuenta.
Pero en resumen son ineptos y lo saben, son perversos y lo saben.
La Fiscalía General del Estado la han convertido en el mejor instrumento para ser unos perfectos perseguidores de la sociedad, ya no son mediadores o defensores de la sociedad del crimen organizado, pues todos los indicadores los ubican como una parte más del crimen organizado.
El gobierno de Indira es gobierno perseguidor, según los conceptos de Elena Garro.