Columna
El Puercoespín
Los integrantes del Poder Judicial, desde los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación hasta el más humilde de los empleados, dieron una de las peores batallas contra Morena y la reforma del Poder Judicial porque no tomaron en cuenta una cosa esencial: la gente tomó partido a favor de la reforma del Poder Judicial.
No recuerdo en todos los años de mi vida que se haya puesto en el banquillo de los acusados al Poder Judicial. El Poder Judicial era una maquinaria arcana que producía sentimientos portentosos en la gente: se le admiraba por su enorme poder, pero también se le temía por su condición cerrada, corrupta y discrecional del manejo de la justicia.
Desde el día que Norma Piña rompió una elemental regla de cortesía al no ponerse de pie con la llega del titular del Poder Ejecutivo al evento de la República en pleno en Querétarohasta la propuesta de Alcántara Carrancá de negociar la reforma todo fue fallido. Todo el camino que siguió el Poder Judicial, particularmente su cabeza más visible, los miembros de la Suprema Corte, erraron en su estrategia.
Intentaron un golpe de Estado al pretender ponerse por encima de los poderes Legislativo y Ejecutivo, y peor aún, sobre todo el pueblo de México. El intento falló porque no contaron con alguna facción de las fuerzas de seguridad del Estado y no contaron con una base social mínima que ellos y los medios tradicionales pudieron haber aprovechado para darle sustento político y social a sus ambiciones.
El Poder Judicial tuvo la enorme oportunidad de dar una batalla formidable al poner por delante una defensa jurídica de ese poder, pero no lo hizo. Pudieron haber intentado una ruta política donde demostraran que tienen talento y recursos para defender un poder republicano, pero no lo hicieron.
Pudieron haber hecho la defensa jurídica más brillante de la historia del Poder Judicial, pero fueron incapaces de hacer lo que, supuestamente, es lo que mejor saben hacer.
Terminaron, sin proponérselo, haciendo una parodia de sí mismos, cuando hablaron de derecho hicieron uso de las peores mañas y funestos argumentos que, sin ser uno doctoen derecho, era claro y flagrante que no tenían razón. Olvidaron un pequeño detalle, la sociedad tomó partido a favor de la propuesta de Morena, no porque Morena haya presentado una gran reforma política del Poder Judicial, sino porque los ciudadanos se montaron en ella porque en ésta los ciudadanos vieron la oportunidad de poder influir en un poder donde nunca se ha tenido acceso ni se ha opinado lo más mínimo. El poder Judicial era un espacio propio de los políticos, los oligarcas y los especialistas en derecho. La gente sencilla, que, somos la mayoría, ni por error tenían nada que opinar. Morena abrió la puerta y los ciudadanos entraron al debate.
La gente tomó partido por la reforma porque en ella vio la oportunidad, como nunca en la historia de México de poder decir algo, además cada acto, cada movilización y en cada acto jurídico en su defensa los ciudadanos vimos un galimatías, un monstruo de contradicciones que tenían un propósito exclusivo, defender sus privilegios y nepotismo.
La oportunidad que vieron los ciudadanos fue el de acabar con la corrupción en el Poder Judicial, que esto ocurra realmente no importa, lo que importa es que por primera vez en la historia el peso de los ciudadanos va a poner fuera de sus puestos de poder a un conjunto de corruptos y vividores.
La corrupción que vieron los ciudadanos fue la corrupción de un gran aparato burocrático donde lo único cierto es que la ley se negocia y la justicia se subasta al mejor postor.
Los miembros del poder Judicial inventaron una caricatura de sí mismos y ni cuenta se dieron de lo estaban haciendo. Caray, por qué nunca se preguntaron el porqué nunca recibieron apoyo de la gente.
La corrupción del Poder Judicial se sostiene en un trípode que es el siguiente: nepotismo, privilegios económicos y políticos de sus miembros y, finalmente, la defensa de los privilegios económicos, sociales y políticos de la oligarquía.
La renuncia de los magistrados Norma Piña Hernández, Jorge Pardo Rebolledo, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Alberto Pérez Dayán, Javier Laynez Potisek, Juan Luis González Alcántara Carrancá, Margarita Ríos Farjat y Luis María Aguilar Morales termina siendo un reconocimiento de la reforma al Poder Judicial, lo que conlleva, por un lado, a la consumación de la traición de los magistrados a los trabajadores del Poder Judicial que fueron alentados a movilizarse para la supuesta defensa de sus derechos y, por otro, la discusión del documento político (elaborado por González alcántara Carrancá) que, se discutirá el próximo martes, queda sin poder ni razón de ser, lo que deja sin sustento la supuesta crisis política que provocaría su probable aprobación.
El documento que propone, entre otras cosas, la elección de magistrados y postergar o eliminar la elección de todos los jueces y magistrados, en el mejor de los casos, es una propuesta política que llegó tarde y prácticamente no es negociable porque Morena les ganó la partida.
Nuevamente las barras, las asociaciones y colegios de abogados se quedaron al margen, no aprovecharon la oportunidad de dar un gran debate político porque no pudieron y porque no quisieron.
El Poder Judicial sigue pensando que la gente no existe que la gente no cuenta que tan solo son borregos que deben movilizarse, como hicieron con sus empleados para defender a los que mandan.
Las renuncias de los 8 magistrados es una rendición porque reconocieron la reforma y perdieron la guerra política, además fueron incapaces de dar una batalla brillante de derecho.
Todos demostraron una sola cosa: son unos pésimos abogados que solo estaban allí, en el Poder Judicial, para atender las órdenes de quienes los llevaron a esos puestos.
Malos abogados y pésimos juristas que no tuvieron la capacidad de crear un discurso en defensa propia.
Ganó Morena, pero, en el fondo, está el sentimiento de los ciudadanos que odia la corrupción y en esta batalla vieron la oportunidad de poner en su lugar a una bola de sinvergüenzas que estaba al servicio de la oligarquía.
La reforma podrá ser buena o mala, lo importante es que fueron los ciudadanos lo que inclinaron la balanza. Los abogados no convencieron.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y el Consejo de la Judicatura Federal (CJF) reconocieron que, en 2022, el 49% de los servidores públicos en órganos jurisdiccionales tenía al menos a un familiar trabajando.
El nepotismo los hizo perder el juicio.
Los jueces y magistrados perdieron el juicio, en todos los sentidos, por culpa del maldito nepotismo que tiene harta a la gente.