Colima, México, Avanzada (26/04/2021).- El 5 de diciembre de 2013, el Congreso local aprobó la Ley de Desarrollo Rural Sustentable en el estado de Colima, que obligaba al gobierno del Estado a crear una comisión Intersecretarial para definir e impulsar acciones que permitieran frenar los efectos del cambio climático en la entidad, pero a siete años de su publicación dicha ley es inoperante por la falta de un reglamento correspondiente.
Además, tampoco existe presupuesto para atender el problema del cambio climático en la agricultura y mucho menos se creó la Comisión Intersecretarial para el Desarrollo Rural Sustentable que debió funcionar en un periodo máximo de 90 días a partir de la publicación de la ley en el Periódico Oficial “El Estado de Colima”.
En el 2016 se aprobó una reforma a la ley, en la cual se señala que el Gobierno del Estado impulsará, con el concurso de las organizaciones y agentes productivos, económicos y sociales, un proceso de transformación tendiente a lograr el desarrollo rural sustentable que mejore la calidad de vida de la población, promoviendo la diversificación de las actividades productivas.
Igualmente, propiciar el uso óptimo, conservación y mejoramiento de los recursos naturales, así como el empleo de estrategias de mitigación y adaptación a los efectos del cambio climático.
Entre las reformas aprobadas en la Ley de Desarrollo Rural Sustentable, está promover y coadyuvar en la generación y uso de energías renovables, alternativas a las derivadas de fósiles; así como promover y coadyuvar en el diseño e implementación de estrategias de mitigación y adaptación a los efectos del cambio climático
Según las estadísticas, la agricultura emite un 14% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, sin embargo, este porcentaje se incrementa al tomarse en cuenta la energía utilizada en ella, así como los cambios de uso del suelo para aumentar la superficie agraria, superando el 30% de los gases totales.
El dictamen de reforma de dicha ley establece que estudios realizados por la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, arrojaron que la agricultura no solo es víctima del cambio climático, sino también fuente de gases de efecto de invernadero.
La misma iniciativa menciona que la producción agropecuaria es una fuente liberadora de estos gases a la atmósfera y produce la mayor parte de las emisiones de metano (a través del ganado y los humedales, especialmente los arrozales) y de óxido nitroso (por el uso de fertilizantes).
Otro factor son los cambios en el uso del suelo, como la deforestación y la degradación del suelo, pues emiten grandes cantidades de carbono a la atmósfera y contribuyen al cambio climático.