Colima, México, Avanzada (01/09/2026).- En Colima, encontrar un empleo que permita romper el círculo de la pobreza es cada vez más complicado. Aunque la entidad presenta una de las tasas de desocupación más bajas del país, casi el 50 por ciento de la fuerza laboral debe aceptar trabajos informales, inestables o mal remunerados que no alcanzan para cubrir las necesidades básicas de sus familias.
La crisis laboral no se expresa en la falta absoluta de ocupaciones, sino en la escasez de plazas que ofrezcan ingresos suficientes, seguridad social y posibilidades reales de construir un patrimonio.
En julio de 2026, la tasa nacional de desocupación fue de 2.9 por ciento, mientras que Colima reportó 1.3 por ciento, sólo por encima de Oaxaca, con 0.8 por ciento, y Morelos, con 1.2 por ciento, y en el mismo nivel que Guerrero, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) analizados por el economista Alejandro Gómez Tamez, colaborador de la revista Nexos.
A primera vista, expone el analista, las cifras podrían interpretarse como una señal positiva, pero sostiene que una baja tasa de desempleo no significa necesariamente que exista un mercado laboral sólido. Luego, menciona que en entidades como Colima, donde las familias viven al día, carecen de ahorros y no cuentan con un seguro de desempleo, permanecer varias semanas buscando una plaza adecuada resulta económicamente inviable. “La necesidad obliga a aceptar casi cualquier actividad, aunque sea temporal, informal, por pocas horas o con una remuneración insuficiente”, refiere.
“Hay que salir a trabajar en lo que sea, aunque sea informal, mal pagado o pocas horas”, resumió Gómez Tamez al advertir que el desempleo, considerado de manera aislada, ofrece una visión incompleta de las condiciones laborales del país.
La advertencia adquiere especial relevancia en Colima, especialmente porque durante el segundo trimestre de 2026, el estado contabilizó 398 mil 610 personas ocupadas, pero 184 mil, equivalentes al 46.2 por ciento del total, se encontraban en alguna modalidad de informalidad laboral. En términos prácticos, casi cinco de cada 10 trabajadores carecían de una relación laboral plenamente reconocida o de acceso a prestaciones vinculadas con el empleo, de acuerdo con los resultados de la ENOE.
Además, alrededor de 124 mil personas, equivalentes a 31.2 por ciento de la población ocupada, enfrentaban condiciones críticas de ocupación. Este indicador incluye a quienes trabajan menos de 35 horas por causas ajenas a su voluntad, a quienes laboran más de 35 horas y reciben menos de un salario mínimo, así como a quienes superan las 48 horas semanales por ingresos de hasta dos salarios mínimos.
A nivel nacional, el problema también rebasa la tasa de desocupación: en julio, 56.2 por ciento de la población ocupada trabajó en la informalidad y 38.9 por ciento se encontró en condiciones críticas; esta última proporción aumentó frente al 37.3 por ciento observado un año antes. El país mantenía 60.8 millones de personas ocupadas, pero 34.1 millones laboraban informalmente, según el informe del Inegi publicado el 27 de agosto