Un estudio de la UNAM, basado en cuatro décadas de registros climatológicos, encontró que la frecuencia de las tormentas eléctricas aumenta en algunas regiones del país y disminuye en otras. También se identificaron cambios en las condiciones atmosféricas que favorecen su formación y desarrollo.
Ciudad de México, Avanzada (06/09/2026).- Las tormentas eléctricas forman parte del clima de México desde hace siglos, pero su comportamiento no necesariamente se mantiene igual con el paso del tiempo. Inundaciones, granizadas, fuertes vientos, relámpagos y lluvias intensas son algunos de los efectos asociados a estos fenómenos, que en determinadas circunstancias pueden provocar daños a la población y la infraestructura.
Para conocer si existen modificaciones en su comportamiento, un grupo de investigadores encabezado por el doctor José Francisco León Cruz, del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), analizó registros climatológicos correspondientes a aproximadamente cuatro décadas.
El objetivo fue más allá de contabilizar cuántas tormentas se presentan cada año. Los especialistas buscaron identificar si existen regiones donde actualmente ocurren con mayor o menor frecuencia que en el pasado y si las condiciones atmosféricas en las que se desarrollan también han cambiado.
El análisis reveló que no existe un comportamiento uniforme en todo el territorio nacional. Mientras algunas regiones muestran un aumento en la frecuencia de las tormentas eléctricas, otras presentan una tendencia descendente y en ciertos puntos todavía no hay suficiente evidencia para establecer una dirección clara.
Entre las zonas donde se identificó un incremento se encuentran la Península de Yucatán, parte del centro y occidente del país, particularmente Ciudad de México, Estado de México, Jalisco y Nayarit, además de Chiapas.
Por el contrario, se detectó una disminución en Morelos, Oaxaca y Veracruz.
Para realizar la investigación, el equipo utilizó observaciones meteorológicas recopiladas durante cuatro décadas. Una parte importante de los registros procede de aeropuertos, donde el monitoreo de las condiciones atmosféricas es fundamental para garantizar la seguridad de las operaciones aéreas. La información es recopilada por el Servicio Meteorológico Nacional y posteriormente procesada para permitir comparaciones entre diferentes periodos y regiones.
Uno de los principales obstáculos fue la diferencia en la antigüedad y calidad de los registros. Algunas estaciones meteorológicas cuentan con información desde mediados del siglo pasado, mientras que otras comenzaron a funcionar años después. Por ello, los investigadores seleccionaron aquellas con series suficientemente completas para reducir posibles sesgos.
El estudio también permitió identificar cambios en dos condiciones atmosféricas fundamentales para la formación y evolución de las tormentas: la inestabilidad atmosférica y la cizalladura del viento.
La inestabilidad se refiere a la facilidad con la que el aire caliente cercano a la superficie puede ascender y favorecer la formación de grandes nubes de tormenta. Los investigadores encontraron que esta condición está aumentando en regiones del centro y occidente del país, entre ellas Ciudad de México, Estado de México, Jalisco y Nayarit.
En el noroeste, en cambio, la inestabilidad atmosférica presenta una tendencia a la baja, lo que significa que existe menos energía disponible para favorecer la formación de tormentas.
La cizalladura del viento, por su parte, consiste en los cambios de velocidad o dirección del viento conforme aumenta la altura. Esta variable puede influir en la organización y duración de las tormentas, así como en su capacidad para desarrollar características más severas, como granizo de mayor tamaño, vientos destructivos o tornados.
En este caso, los investigadores encontraron una disminución de la cizalladura en buena parte de la costa del Golfo de México y la Península de Yucatán. Esto podría significar que, aunque existan condiciones favorables para generar tormentas, estas tengan menos posibilidades de organizarse y alcanzar determinados niveles de severidad.
Los fenómenos asociados al tiempo severo pueden variar de acuerdo con los criterios empleados en cada país, pero generalmente incluyen granizo, vientos intensos y tornados. En México, cualquier registro de granizo suele utilizarse como indicador de tiempo severo, mientras que los tornados son reconocidos como fenómenos severos.
Los resultados obtenidos son relevantes para la prevención de riesgos, aunque los investigadores advierten que todavía no es posible atribuir directamente estas modificaciones al cambio climático.
El trabajo se encuentra en una etapa de detección de señales de cambio. Aún se requiere determinar cuánto de las variaciones observadas responde a la variabilidad natural del clima y cuánto podría estar relacionado con modificaciones climáticas de largo plazo. Para obtener conclusiones más sólidas será necesario contar con registros históricos más extensos y continuar con nuevas investigaciones.
El estudio también plantea la necesidad de desarrollar herramientas de análisis que respondan a las características atmosféricas de México. Muchos de los parámetros utilizados actualmente para identificar tormentas severas fueron desarrollados en Estados Unidos y Europa, cuyas condiciones meteorológicas son diferentes a las del territorio mexicano.
Una mejor comprensión de estos fenómenos puede ayudar a las instituciones encargadas de la protección civil y la gestión del riesgo a identificar zonas con mayor exposición, además de contribuir al desarrollo de pronósticos más precisos para sectores como la aviación.
El trabajo científico encabezado por José Francisco León Cruz recibió el Best Paper Award durante la quinta edición de la conferencia anual Mediterranean Geosciences Union 2025, reconocimiento otorgado a investigaciones destacadas en áreas relacionadas con las ciencias de la atmósfera, meteorología, climatología y oceanografía.
Más allá de los resultados científicos, el investigador considera que contar con evidencia permite también combatir la desinformación. Las tormentas eléctricas, el granizo y los tornados han formado parte del clima de México desde mucho antes de que el cambio climático se convirtiera en uno de los principales temas de discusión pública.
La pregunta, por ello, no es si estos fenómenos son nuevos, sino si están ocurriendo con una frecuencia o intensidad diferente y bajo condiciones atmosféricas distintas a las del pasado.
Determinarlo permitirá comprender mejor los riesgos que representan y, sobre todo, mejorar la preparación de la sociedad frente a fenómenos meteorológicos que seguirán formando parte del clima del país.