Colima, México, Avanzada (14/10/2025).- Diez años después, el calendario volvió a marcar una fecha sangrienta para la política colimense. Un 14 de octubre, en 2015, el exgobernador Fernando Moreno Peña fue atacado a balazos mientras desayunaba en un restaurante de la capital. Este 14 de octubre de 2025, la historia pareció repetirse: la exalcaldesa de Cuauhtémoc, Gabriela Mejía Martínez, fue asesinada en su municipio natal. Dos políticos priistas, dos atentados directos, la misma fecha y, sobre todo, la misma sombra de impunidad.
En aquel octubre de hace una década, el exmandatario estatal desayunaba en “Los Naranjos Campestre” cuando un hombre se le acercó y le disparó en repetidas ocasiones. Las balas le perforaron el tórax y los brazos; sobrevivió de milagro, pero la verdad nunca se conoció. Las autoridades de entonces anunciaron la detención de sospechosos, pero los informes judiciales se perdieron entre el silencio burocrático. Ningún responsable fue condenado públicamente y el caso se disolvió en la bruma de la desmemoria. Por supuesto, los motivos del atentado permanecen en la penumbra.
Hoy, una década después, Colima revive la misma pesadilla. Gabriela “Gaby” Mejía, exalcaldesa y actual regidora de Cuauhtémoc, fue atacada por sicarios cuando circulaba en su camioneta junto a su hermano, quien resultó gravemente herido. El ataque ocurrió a plena luz del día, en una calle de su propio municipio. Los agresores huyeron sin dejar rastro. Hasta ahora, la Fiscalía estatal solo ha confirmado la apertura de una investigación, sin informar sobre posibles detenidos o líneas de investigación firmes.
El eco entre ambos casos es inevitable. En los dos, las víctimas formaban parte del mismo partido; en los dos, el ataque fue directo y sin aviso; en los dos, los responsables permanecen fuera del alcance de la justicia. En 2015, Colima se estremeció por el atentado a un exgobernador que había sido figura central de la política nacional; en 2025, la consternación se repetite por el asesinato de una mujer que, como Moreno Peña, dedicó años al servicio público.
El azar quiso que ambas tragedias compartieran el mismo día del calendario, pero la coincidencia no es solo de fecha: también lo es de la impunidad. En Colima, donde las balas han comenzado a escribir la historia reciente, los crímenes contra figuras políticas suelen quedar en el archivo de lo irresuelto. Y mientras el tiempo avanza, la justicia parece caminar hacia atrás.
A diez años de aquel atentado y apenas horas después del asesinato de Gaby Mejía, Colima se mira en su propio espejo. La diferencia es mínima, el patrón es el mismo, y la herida sigue abierta: aquí, los políticos pueden ser atacados, los asesinos pueden escapar y la verdad puede esperar una década más.