Malas Compañías
Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.
Desde que inició la administración de Morena en Colima, en 2021, se han registrado casi 450 asesinatos de mujeres, aunque solamente el 11 por ciento de esos delitos se investigaron como feminicidios, el resto únicamente son catalogados como homicidios dolosos, cometidos en un contexto de violencia y criminalidad generalizada.
A partir de 2022, con el gobierno de Indira Vizcaíno Silva ya en pleno control de las instituciones, los asesinatos de mujeres experimentaron un alarmante crecimiento, hasta llegar a 105 víctimas ese año; en tanto que para 2023 la cifra aumentó todavía más para ubicarse en 132 casos.
En 2024 se contabilizaron 121 mujeres víctimas de asesinato y para este año, las autoridades únicamente han consignado 41 casos. Además destaca que en las cifras oficiales de 2025 solamente existen tres feminicidios, lo que podría tratarse de un subregistro por parte de la Fiscalía General del Estado.
Justo en esa circunstancia adversa y violenta para las mujeres se inscribe el asesinato de Mirna Macías González, activista y excandidata del PRD a la alcaldía de Manzanillo; una mujer reconocida por su trayectoria de servicio y acciones a favor de su comunidad.
La víctima logró trascender el anonimato característico de estos crímenes por la acción de colectivos y ciudadanos que alzaron la voz indignados, porque a las autoridades gubernamentales, como el resto de los 450 casos, este nuevo asesinato no las conmueve ni las motiva, peor aún, ya ni siquiera acuden a los discursos encendidos de antaño para condenar y exigir justicia.
Del casi medio millar de expedientes de feminicidios y homicidios dolosos de mujeres cometidos en el actual sexenio, solamente algunos llegaron a concluirse y son raros los procesos que finalizaron con sanciones para los responsables; la impunidad y la indolencia gubernamental son otra forma de revictimización.
La violencia de género no comenzó en la actual administración, sin embargo, se esperaba una disminución significativa de ese fenómeno con el acceso de las mujeres a la titularidad de instituciones tan relevantes como el Poder Ejecutivo y el Legislativo, alcaldías y otros cargos de decisión.
A estas alturas ya resulta evidente que la situación únicamente mejoró para unas cuentas privilegiadas que aprovecharon las coyunturas políticas y se encumbraron en la cúpula gubernamental, aunque carecieran de una agenda de género, programas de atención a la violencia contra las mujeres o al menos un ideario para la construcción de condiciones de equidad en la sociedad colimense.
En cambio, lo que ocurrió fue el ensanchamiento de las brechas entre mujeres. Por un lado, las afortunadas que desde la burbuja del poder proclaman el advenimiento de los gobiernos feministas y se solazan en el discurso de la igualdad de oportunidades que, a su parecer, se ha establecido para siempre en el país.
En el otro extremo se encuentran miles de mujeres colimenses que todos los días deben padecer las múltiples formas de violencia, incluyendo la feminicida, debido a la falta de políticas públicas que las protejan y les garanticen, mínimamente, su integridad y su vida.
Las primeras, las privilegiadas, han preferido el silencio ante el asesinato de Mirna Macías y otras 450 mujeres. Por dolo, ignorancia o conveniencia prefieren voltear hacia otro lado y simular que no pasa nada, en una desconexión con la realidad que ahonda la desigualdad y cancela las posibilidades de mejores expectativas de vida para este sector de la población.
A las víctimas, sus familias y el resto de las mujeres colimenses de poco les sirve el empoderamiento de figuras femeninas que antes que representar a su género con responsabilidad y compromiso, prefieren conservar prebendas, privilegios y posiciones políticas.
El acceso de las mujeres al poder no puede convertirse en una simulación que replique las viejas formas de ejercer la gobernanza, porque en ese caso, será prácticamente imposible resolver problemas estructurales como la violencia de género y su expresión más repudiable: los feminicidios.
BREVE HISTORIA PARA CAMILA. Este mes se cumplen 30 años de que llegué a Colima para estudiar una carrera universitaria. Recuerdo bien aquel primer día y el transcurrir acelerado del tiempo. Casi sin sentirlo pasaron 25 años haciendo periodismo, 23 como docente y sin duda lo más relevante, 19 como padre. Han sido buenos años en una tierra que ha sido generosa y hospitalaria; conservo amigos, compañeros, personas cercanas a las que quiero; historias que conservo en el corazón y otras que convertidas en recuerdos, atesoraré en la memoria. Camila es lo mejor de mi paso por este lugar, pero no le endilgo ninguna responsabilidad, porque construyo mi propio camino, ella encontrará el suyo. Soy agradecido y cada uno tome su parte.