Manzanillo, Colima, México (21/04/2025).– Rosa María Bayardo Cabrera, presidenta municipal de Manzanillo, es una mujer de contrastes. En redes sociales, su versatilidad ideológica parece no tener límites: un día celebra que la Suprema Corte despenalice el aborto, al otro participa en la tradicional peregrinación en honor a la Virgen de Guadalupe. Un día anuncia que impulsará la legalización del cannabis, y al siguiente reafirma su respaldo a la comunidad LGBT con frases como “amor es amor”.
Este 21 de abril, al confirmarse la muerte del Papa Francisco, Rosa María también reaccionó… pero lo hizo a su manera. En una publicación oficial, lamentó la partida de “Francisco”, a quien describió como alguien que “habló por quienes pocas veces son escuchados”, pero en ningún momento lo llamó Papa, ni se refirió a su papel como líder de la Iglesia Católica y cabeza del Estado Vaticano. Para millones de creyentes, el Papa no es solo una figura religiosa, es el máximo representante de Dios en la Tierra, el sucesor de San Pedro y el pastor de más de mil millones de católicos en el mundo.
Llamarlo simplemente “Francisco”, omitiendo su investidura papal, no es un detalle menor. Se trata de un acto que puede leerse como desdén o, al menos, como falta de comprensión sobre la trascendencia espiritual, política y cultural del pontífice. Si Rosa María participa con gusto en actos religiosos locales, como peregrinaciones marianas, ¿por qué invisibilizar la dimensión sagrada de quien fue la máxima autoridad de esa misma fe?
La inconsistencia no es nueva. En el Día Internacional de la Mujer, Rosa María proclamó con orgullo que Colima “es un estado feminista”, y celebró que la despenalización del aborto se haya logrado para “salvar la vida y la salud de las mujeres”. También prometió trabajar con diputados de Morena para legalizar la marihuana, bajo la consigna de combatir al narcotráfico. Y en el Día contra las LGBTIfobias, aseguró que su gobierno sería “de todas, todos y todes”.
Pero cuando se trata de temas que apelan a la tradición, a la religiosidad popular o a figuras de fuerte arraigo espiritual como el Papa, Rosa María cambia el tono: asiste, se deja ver, pero sin incomodar a nadie, sin comprometerse del todo. Hoy, con la muerte del Papa, tuvo una oportunidad para mostrar respeto a una figura que ha marcado la historia de la Iglesia contemporánea. No lo hizo. Y en ese silencio elocuente, dejó claro que su discurso está más cerca del cálculo político que de las convicciones profundas.
Porque Rosa María Bayardo abraza todas las causas… pero no se casa con ninguna.