México, Avanzada (17/02/2025).- Fátima, de apenas 13 años, cayó al vacío desde el tercer piso de la Escuela Secundaria Diurna 236, en Iztapalapa. No fue un accidente. Según sus familiares, la empujó una de sus compañeras. ¿El motivo? Ser fan del K-pop.
La tarde del 13 de febrero, en el bullicio escolar, el cuerpo de Fátima golpeó el suelo con un estruendo seco. El miedo se expandió en la secundaria mientras los profesores y alumnos se apresuraban a la escena. Minutos después, una ambulancia la trasladó de urgencia a un hospital del IMSS. Sobrevivió, pero con fracturas en la pelvis y un pronóstico incierto.
Lo que podría haberse tratado como un caso aislado de violencia escolar pronto reveló algo más profundo: Fátima había denunciado previamente ser víctima de acoso. Sus padres aseguran que ella pidió ayuda a la escuela en varias ocasiones. Nadie la escuchó. Nadie hizo nada.
De acuerdo con sus familiares, el bullying comenzó por su gusto por la música coreana. Su afición por el K-pop la convirtió en blanco de burlas y agresiones. Con el tiempo, los insultos pasaron a empujones y amenazas. La escuela, según los padres de Fátima, ignoró las advertencias.
El ataque del 13 de febrero fue la culminación de meses de hostigamiento. La agresora, una compañera de su misma edad, sigue asistiendo a clases como si nada hubiera ocurrido. Fátima, en cambio, permanece en una cama de hospital.
Lo que debería haber sido un escándalo educativo apenas generó una respuesta oficial. La Secretaría de Educación Pública (SEP) no emitió ninguna postura al respecto. La comunidad escolar sigue su rutina diaria, como si arrojar a una alumna desde el tercer piso no mereciera una reflexión urgente sobre la violencia en las aulas.
El caso de Fátima despertó la indignación de miles de personas, en especial de las comunidades de fanáticos del K-pop, quienes inundaron las redes con el hashtag #JusticiaParaFátima. Grupos de seguidores de BTS, BLACKPINK y EXO condenaron el ataque y exigieron respuestas de las autoridades.
Incluso, el Centro Cultural Coreano en México se pronunció, recordando que el K-pop promueve valores de inclusión, respeto y diversidad. “Nadie debería ser agredido por sus preferencias musicales”, señala el comunicado.
Pero más allá del apoyo digital, el caso plantea preguntas urgentes: ¿por qué la violencia escolar sigue sin ser atendida con la seriedad que merece? ¿Cuántas denuncias más deben ser ignoradas antes de que se tomen acciones?
Mientras Fátima se recupera en el hospital, sus padres exigen justicia. No buscan venganza, solo quieren respuestas. La pregunta es si esta vez alguien las escuchará.