Avanzada (16/11/2024).- En medio de la creciente violencia desatada por la disputa interna entre facciones del Cártel de Sinaloa (CDS), un nuevo acto simbólico avivó las tensiones en el estado. Durante la madrugada de este sábado, un incendio en el panteón de Bacurimí, Culiacán, dejó daños en varias capillas funerarias, incluido el mausoleo atribuido a un hijo de Vicente Zambada Niebla, alias “El Vicentillo”.
Videos difundidos en redes sociales muestran las llamas consumiendo las estructuras, mientras los servicios de emergencia eran alertados. Aunque las autoridades locales no han confirmado oficialmente el móvil, los reportes señalan que el ataque habría sido ejecutado por miembros de “La Chapiza”, facción liderada por los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, en un aparente mensaje contra “La Mayiza”, vinculada a Ismael “El Mayo” Zambada.
Este acto revive las fracturas internas en el CDS, que desde hace meses vive una lucha de poder entre los herederos de “El Chapo” y los aliados de “El Mayo”. La profanación de tumbas se ha convertido en una práctica recurrente para enviar mensajes de desprecio hacia los rivales, un fenómeno que evoca episodios históricos similares.
No es la primera vez que un acto de este tipo se registra en Sinaloa. En julio pasado, la capilla familiar de Dámaso López Núñez, alias “El Licenciado”, en el panteón de El Dorado, también fue vandalizada. En esa ocasión, los cuerpos de su padre y hermano fueron extraídos de sus tumbas. Estas acciones siguieron a las detenciones de Joaquín Guzmán López, hijo de “El Chapo”, y de figuras cercanas a “El Mayo”.
La quema y destrucción de tumbas no solo busca deshonrar la memoria de los enemigos, sino que actúa como un recordatorio público de las diferencias irreconciliables entre las facciones del CDS.
Estas prácticas evocan episodios históricos como la profanación de la tumba de Reinhard Heydrich, uno de los principales líderes nazis y arquitecto del Holocausto. Heydrich fue asesinado en 1942 y enterrado en el cementerio de los Inválidos en Berlín, donde su tumba fue profanada y quemada en múltiples ocasiones debido a su oscuro legado. La historia muestra que estos actos simbólicos buscan eliminar no solo la memoria de los adversarios, sino también cualquier signo de su presencia en el mundo físico.