Bajo el lente de Ana Rosa García.
México ha hecho constantes pronunciamientos de ser un país humanista; la pregunta en línea es si ha cumplido con esa vestimenta.
Mientras al gobierno de Cuba se le han suministrado dinero, petróleo y otros recursos, a los países que no simpatizan con su sistema de gobierno se les arremete y asalta a despoblado.
El conflicto con Ecuador no es un asunto que afecte a los mexicanos; es solo un acto de diferencias entre un mandatario y otro que decide resolver una controversia de seguridad interna.
Lo mismo ha hecho el país norteamericano en ese ámbito: tomar acciones en el combate a la delincuencia a costa de incomodar a su vecino mexicano, pues le es indiferente si coincide o no en la toma de decisiones; las ejecuta sin pedir su anuencia. Un ejemplo son los procesos llevados en contra de mexicanos acusados de delitos graves en territorio norteamericano.
No se ha visto en ninguna época que el gobierno yanqui retire cartas credenciales o que México se moleste y ordene cerrar su oficina diplomática.
¿Quién, entonces, en su sano juicio, mantiene a un pueblo dividido con otro de la misma raíz en su historia geográfica?
Cerrar fronteras es cerrarse a la ceguera política y contribuir al retroceso de un México que es visto como hermano en el hemisferio sur de las Américas.
Aún no hemos visto cuál será la tendencia a seguir en el “segundo piso” de la 4T, pero por el panorama actual de dos poderes que ya parecen vencer al judicial, no esperemos que se analice el cumplimiento de la Carta Universal de los Derechos del Hombre, que es la cuna de las disposiciones dentro de nuestro sistema jurídico en ese ámbito.
El centralismo ya está instalado desde el sexenio anterior; en nuestro estado colimense se notó una funcionaria vigilante para coordinar todos los programas federales, lo que dejó muchos vacíos financieros, desde el número de beneficiados hasta el monto destinado.
Bajo esa óptica, a la alcaldesa de Manzanillo no le quedó otra opción que buscar la autorización del mandatario federal para todas sus obras durante sus seis años, y así fue: él las asignó, incluyendo la movilidad y los agentes de seguridad que debían resguardarla debido al atentado que sufrió.
Vuelvo al humanismo. Me parece que eso es un panfleto que cada vez más muestra la carnicería desatada contra disposiciones y principios que garantizan todos los derechos humanos, incluso de ciudadanía extranjera. No hay razón para mantener una decisión de cierre en nuestra frontera sur por asuntos personales disfrazados de ataques a nuestra soberanía.
No hay derecho. Ecuador y el resto de los países discriminados deben ser nuevamente incluidos en el rango de acuerdos y convenios pacíficos de naturaleza internacional.
Desde mi punto de vista, el cobro de una elevada visa para entrar a nuestro país es un atraco e insulto para quienes mantenemos lazos sanguíneos con civilizaciones que nos dieron identidad y patria.