Autor: Avanzada.
No tiene importancia determinar o saber quién de los candidatos presidenciales ganó el debate del domingo pasado. Lo más trascendente y preocupante es darnos cuenta que el gran perdedor fue el pueblo mexicano.
A pesar del gran costo económico que tuvo este ejercicio, pagado con nuestros impuestos, los candidatos no estuvieron a la altura de las circunstancias, pues en lugar de esforzarse por ofrecer a los electores elementos para la decisión, confirmación o rectificación de su voto, lo único que hicieron fue reciclar ofertas de campaña, lanzar y evadir ataques, en una contienda que podría calificarse de “todos contra Andrés Manuel López Obrador”.
Lo peor de todo fue que varios de los ataques estuvieron basados en falsedades, como lo demostró la iniciativa de periodismo colaborativo Verificado 2018, de la que forman parte varios medios de comunicación, que desnudó datos falsos.
Por ejemplo, resultó falso que durante la gestión de Andrés Manuel López Obrador los secuestros crecieran 88%, según dijo el candidato de la coalición “Por México al Frente”, Ricardo Anaya, así como lo dicho por el candidato del PRI-PVEM-PANAL, José Antonio Meade, de que de cuatro de cada diez robos de vehículos del país ocurrieron en la ciudad.
El equipo de Verificado 2018 revisó las cifras oficiales delictivas de 2000 a 2005 y encontró que Andrés Manuel bajó el número de secuestros en la capital, de hecho en este mismo periodo de tiempo, la tasa de secuestros por cada 100 mil habitantes en la Ciudad de México se redujo un 27.22%. En el 2000 se registraron 141 averiguaciones por secuestro y en 2005 bajó a 103.
De la cifra presentada por Meade Kuribreña , Verificado2018 encontró que son engañosas, pues sobre el robo de vehículos, entre 2000 y 2005 se tiene un total de 883 mil 411 robos en todo el país de 2000 a 2005, y en la Ciudad de México ocurrieron el 24% de estos delitos, es decir 208 mil 916.
También fue falsa la frase del candidato independiente, Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”, respecto a que “Nuevo León es el único estado que ha bajado el índice delictivo”, pues el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública reveló que la incidencia delictiva se incrementó un 12.88%, de 2015 a 2017, los años en que gobernó “El Bronco”. La misma fuente además señala que las cifras por homicidio doloso también se incrementaron. En 2015, se cometieron 451 y al cierre de 2017 fueron 613, por lo que la tasa por cada cien mil habitantes pasó de 9 a 12.
En realidad fue un debate muy pobre, pues si bien por una parte cuatro candidatos prácticamente se unieron para atacar al puntero, éste en lugar de dar explicaciones al pueblo mexicano sobre los cuestionamientos que se le hacían, prefirió evadir y guardar silencio, lo que tampoco contribuyó a un debate de altura.
No fue un intercambio de ideas, argumentos y propuestas, sino el manejo intencionado de cifras y datos con un intento desmedido de hacer ver mal al otro, esperando que los electores cayeran en el engaño. Los candidatos, unos atacando y otros evadiendo dieron a los mexicanos un trato irrespetuoso, como si fueran menores de edad o incapaces de razonar con madurez.
Lamentablemente, parece ser que ese es el nivel que la clase política puede ofrecer a la población, que merecería contar con otros representantes que al menos muestren más respeto por el pueblo.
Ante este paupérrimo contenido del debate, no tuvo posibilidades de lucir el novedoso formato establecido esta ocasión, en el que hubo mayor frescura y libertad, sin el acartonamiento que se había vivido en otras épocas.
Se trata de que al igual que el formato, los contenidos de los discursos políticos en México también se modernicen, bajo una lógica de entregar a la sociedad mayores elementos que le ayuden a decidir, sin intentar engañar, sino participando en una contienda leal, respetuosa y basada en la verdad.