Para tratar de justificar su ineptitud, indolencia, incapacidad y malos manejos financieros evidenciados a lo largo de su gestión, el (todavía) gobernador, José Ignacio Peralta Sánchez, no encontró un mejor camino que el de la autovictimización.
“Parece que la vida se ensañó conmigo, primero para llegar a la gubernatura fueron dos elecciones; recibo un estado en quiebra, yo no tenía acceso al mercado del crédito, la calificación crediticia estaba colapsada; duré todo 2016 y 2017 sin acceso al mercado del crédito”, declaró a un portal informativo local poco antes de entregar su sexto informe de Gobierno.
Y después de escuchar en el Congreso a diputadas y diputados que le espetaron frente a todos los colimenses que siguieron la transmisión del informe a través de las redes sociales, que fue el peor gobernador que se recuerde en la historia de Colima, y que se congratularon porque ya se va, José Ignacio Peralta argumentó en un mensaje difundido que enfrentó “una combinación de factores adversos durante toda su administración”, pero aseguró que pese a ello entregará una entidad mejor que la que recibió, pues se enfocó “en hacer de Colima un Estado más competitivo y dinámico”.
En su mensaje con motivo de su Sexto Informe de Gobierno, el mandatario estatal pidió que los resultados de su administración sean juzgados “de acuerdo con las circunstancias”.
El jefe del Ejecutivo estatal trató de atajar las críticas del presente con argumentos en el sentido de que los mejores jueces para su administración serán los ciudadanos y la propia historia “ya que se hayan serenado las pasiones que prevalecen y se arribe a juicios más serenos y objetivos”.
En plena dinámica de autovictimización, prosiguió: “Recibí unas finanzas quebradas que debieron ser reconstituidas casi desde cero, sin capacidad crediticia. Enfrentamos la peor crisis nacional de seguridad en la historia moderna, con profundos efectos en la vida colimense”.
Culpó también a la pandemia del Covid-19 de haber generado efectos adversos no sólo en la salud pública, sino en el desarrollo y estabilidad financiera de la sociedad y de las instituciones.
Además se quejó de que tuvo que hacer frente a la integración dividida de dos legislaturas locales, así como al cambio de orientación en la visión de la administración pública federal que se expresó en la reasignación de los recursos que antes llegaban a la entidad por medio de fondos y fideicomisos, así como en apoyos directos.
“Aun frente a tales dificultades, trabajamos sin descanso para generar resultados satisfactorios, manteniendo la gobernabilidad y la estabilidad. Por supuesto, nadie habría querido caer en una grave crisis de liquidez que afectara los ingresos de burócratas, personal de confianza, maestros, jubilados y pensionados y funcionarios en general”, insistió.
Respecto de la zozobra e incertidumbre salarial en la que hundió a miles de familias colimenses, el mandatario aseguró que “nadie habría querido incumplir obligaciones financieras tan importantes; si ocurrió así, fue por razones estructurales superiores a los mejores esfuerzos y sin que mediara voluntad personal al respecto. Sepan ustedes que no descansé ni un solo día por tener un mejor Colima, un Colima mucho mejor que cuando recibí la administración”.
Recordó que inició su gobierno en la peor crisis de la historia, la cual no se ha podido superar todavía a pesar de los mejores esfuerzos. “Aun así, en los tres primeros años se proyectó una perspectiva de crecimiento en los ingresos programados que, aunado a un gran programa de austeridad, nos permitió solventar pasivos históricos, refinanciar deuda, disminuir intereses, recuperar la calificación crediticia y ejecutar proyectos trascendentes”.
También destacó que durante su gobierno no se crearon más impuestos y se mantuvo con gran esfuerzo el subsidio a la tenencia, además de que la pandemia de Covid-19 profundizó la adversidad financiera en el Estado, toda vez que se combinó con la reducción de recursos extraordinarios por parte de la Federación, así como la aplicación de la Ley de Disciplina Financiera, principalmente en la liquidación de los créditos de corto plazo.
Aseguró que recibió un gobierno con grandes retos, de los cuales logró superar algunos, pero otros se acrecentaron y lastimaron el proceso de toma de decisiones; “Las problemáticas que hemos experimentado en seguridad, así como en lo financiero y administrativo, obedecen a estos dilemas estructurales”.
En fin, durante el sexto y último informe de Gobierno de José Ignacio Peralta Sánchez, no hubo ninguna autocrítica, ningún reconocimiento de haber cometido algún error, sino que simplemente se dedicó a echar culpas a factores externos y a lamentarse por lo injusta que fue la vida con él. A tono con sus argumentos y justificaciones, los colimenses en lugar de reclamarle por su pésimo gobierno, deberían darle las gracias por su “sacrificio” de haber sido gobernador.