EDITORIAL
La noche del pasado jueves 29 de julio, después del anunciar la quiebra de su gobierno e informar que no contaba con dinero para pagar los salarios de miles de trabajadores al servicio del estado, la administración de José Ignacio Peralta emitió el último crujido y empezó a irse a pique.
Seguramente los tres meses que faltan para entregar el cargo serán los más largos, tortuosos y desesperantes que haya vivido el nieto de El Marqués, nacido en pañales de seda, enviado a estudiar al ITAM y después a la Universidad de Essex, Inglaterra.
Después de haber ejercido un poder sin autoridad moral, siempre cuestionado por su actuación indolente e incapaz, José Ignacio Peralta está concluyendo un gobierno plagado de operaciones económicas sospechosas de encubrir jugosos negocios particulares, casos muy conocidos públicamente por los que debería ser sometido a una seria investigación por parte de su sucesora.
Por el momento, frente a esta gran crisis, el gobernador se está quedando cada vez más solo. No podía terminar de otra manera un tecnócrata que regresó a Colima como funcionario apoyado en las componendas políticas de su tío Héctor Sánchez y después, gracias a los amiguismos, se incrustó en el gobierno federal para desde ahí ser impuesto por el dedazo presidencial en la gubernatura del estado.
Pero ahora ya se le escurrió de entre las manos el poder. Los burócratas, con cuyo sindicato nunca mantuvo una buena relación, desde antes ya se habían deslindado del PRI y del gobierno de Peralta. Dejarlos sin su salario sólo se sumó a la cadena de agravios derivada del desvío de las retenciones y aportaciones al Instituto de Pensiones, así como recursos sindicales.
El Congreso del Estado, del que todavía el año pasado logró poner en su favor a la mayoría de diputados, ya le dio la espalda y lo mandó llamar para el miércoles 4 junto con su exsecretario de Finanzas para que aclaren la quiebra financiera y el destino de más de mil millones de pesos.
El PRI estatal, tal vez el último aliado que podía quedarle a Peralta Sánchez, ya se deslindó del gobernador y, con el argumento de ponerse a favor de la clase trabajadora, le exigió el pago de los salarios. Fue el propio presidente estatal del tricolor, Arnoldo Ochoa, aliado del exgobernador Fernando Moreno Peña, quien realizó la declaración en ese sentido.
Este martes, Peralta buscará en la Ciudad de México que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, al que confrontó a través de la Alianza Federalista, lo rescate y le aporte el dinero necesario para tapar el bache financiero de su administración, aunque esto se aprecia difícil.
Y en el colmo de su patética situación, el gobernador se da su tiempo para responder anónimos que circulan en redes. Frente a versiones surgidas en el sentido de que Peralta estaba preparando su huida del estado y que la Casa de Gobierno estaba siendo vaciada, el mandatario publicó en sus redes sociales un mensaje en el que aseguró que se encuentra “ocupado al 100% en la búsqueda de soluciones para solventar el pago de las quincenas de las y los trabajadores del Estado”.
Dijo también que “es completamente falso que vaya a dejar el Estado, que esté de vacaciones o que se haya vaciado Casa de Gobierno; nunca he huido a los problemas, pues desde el primer día de mi gobierno los enfrenté y así lo seguiré haciendo, siempre hemos encontrado el camino para responderle a la gente y esta vez no será la excepción”.
Aclaró que solicitó al Patronato de Vinculación Social de Casa de Gobierno que “se cerciore que los bienes del Estado permanecen ahí, intactos, y así los entregaré el 01 de noviembre. Aprovecho para informarles que mañana acudiré a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para conocer si contaremos con recursos por parte del Gobierno Federal para el cierre de la administración estatal. Les mantendré informados”.
Hasta la noche de este lunes, esa publicación en Facebook había generado más de 2 mil reacciones de los usuarios, más de la mitad de burla, con caritas indicativas de “me divierte”.