A los maestros afiliados a la Sección 39 del Snte les duele, muy fuerte, que su líder en estos momentos difíciles no dé la cara.
Su líder, según las cuentas de los maestros agraviados de la sección 39, gana más que el presidente de la Republica. Hacen cuentas, cálculos y toda suerte de cavilaciones y concluyen que su líder debe andar ganado cerca de los 130 mil pesos al mes. Sí, un dineral.
Gana un dineral entre la plaza comisionada y los recursos que le paga el CEN del Snte. Y sin embargo, es incapaz de dar la cara. Eso los tiene muy agraviados. Como agraviados los tiene la farmacia vacía de medicinas, el incumplimiento de los pagos a las compañías aseguradoras, el impago a los deudos de los maestros muertos, así como la forma en que se les fraccionó el pago del retroactivo y se pretende hacer lo mismo con el aguinaldo de este año.
Los maestros hartos de la actitud entreguista de sus dirigentes, y por lo mismo, decidieron tomar simbólicamente las instalaciones de sus sindicato. Reclaman la regularización de los servicios médicos, satisfacer la escasez de medicamentos en la farmacia magisterial, la basificación de más de 470 trabajadores de la educación, el pago del seguro institucional, la operación adecuada del Instituto de Pensiones que les niega a los trabajadores prestamos “debido a que no hay disponibilidad presupuestal”, entre otras demandas.
Este hartazgo viene desde lejos. El Snte 39 está viendo cómo se derrumba el pacto inconfesable que, desde los tiempos del México corporativos, tenían los dirigentes sindicales con el PRI. Este pacto los convirtió en los consentidos de los gobiernos sucesivos que tenían en la Sección 39 su base social para respaldar al partido y éste le correspondía, como gobierno, dándoles prerrogativas superiores a todos los demás sindicatos. Creando un régimen de privilegios cuya joya de la corona era el sistema de pensiones que era para los maestros un verdadero régimen de excepción. El Pri-Snte 39 era un amasiato que se correspondían con mucho amor-dinero-votos y complicidades.
Que tiempos esos donde las claves se las repartían (o reparten) entre ellos sin concursarse ni admitir a gente con talento y capacidades probadas. La meritocracia, para ellos, no existe. Las claves, plazas, etcétera, era todo para ellos.
La Sección 39 del Snte tiene un enorme parecido a la mafia italiana en sus códigos. Es una suerte de hermandad donde solo tienen acceso los miembros de la familia. Sus códigos para pertenecer eran: ser familiar, ser miembro del partido o simpatizar (PRI) y lealtad a toda prueba. Lazos familiares, políticos y económicos es la síntesis.
Disentir en la Sección 39 no existe. O se está con el dirigente o no se es miembro. Es un verdadero monumento al corporativismo.
La Sección 39 es, quizá, la más pequeña sección del Snte a nivel nacional, y que, su dirigente gane más que el presidente de la República, según el cálculo de algunos agremiado, ofende. Es una discordancia que lastima.
Sin embargo, el PRI ya no gana con los votos de la 39 y el gobierno, al parecer, ya no le quiere corresponder ese amor. El pacto está roto de facto. Ya no se necesitan uno al otro. Han dejado ser útiles entre sí. El pacto está muerto.
La pandemia ha venido a agudizar sus contradicciones y quienes han empezado a sufrir son los maestros de base que están terminando siendo víctimas de un pacto que otrora los beneficiaba y ahora los asfixia.
Citemos un ejemplo. Las plazas nocturnas donde asisten dos o tres alumnos -y se pagan muy bien- son en la realidad aviadurías disfrazadas. Dicen los maestros, algunos, ni adscritos a un centro de trabajo están.
Lo cierto es que existe una buena parte de trabajadores de base que están pagando hoy las consecuencias de los pactos inconfesables de antaño.
La realidad es que los maestros, en los hechos, perdieron sus servicios médicos de privilegio y nadie se anima a decirle que no los tendrán más. Las medicinas, las consultas y clínicas de atención privada ya se fueron y nadie se atreve a asumir la responsabilidad. Vivían un régimen especial que se les acabó y los machuchones se siguen comportando como si nada pasara.
A la base de la Sección 39 le urge entrar en un proceso de autocrítica para limpiar su institución de los malos elementos y regenerarse, de cara a la sociedad, considerando básicamente lo siguiente: 1. Realizar una auditoría a todos los dineros que se manejen entre la Secretaría de Educación y el Sindicato; 2. Revisión de todos los procesos de concursos de oposición para la contratación laboral; 3. Hacer una limpia de todos los aviadores que merman los ingresos de los trabajadores reales y; 4. Realizar una elección democrática universal y directa como lo planea la reforma laboral del actual gobierno.
Los maestros de la Sección 39 deben de perder el miedo y decidirse a cambiar o será su miedo lo que los mantenga sumidos en la corrupción. Ellos, y solo ellos, deben ser capaces de resolver este reto. Deben de despedir a todos líderes que ya demostraron que no sirven para nada.
Parafraseando a Mario Benedetti en su poema “Pausa”, la Sección 39 está obligada a revisar su pasado, rubro por rubro, etapa por etapa y, al final, no llorarse las mentiras sino cantarse las verdades. Tuvieron un pasado digno para el olvido porque está lleno de vergüenzas, pero es mejor rectificar, que continuar por el camino de la indecencia.
Porque eso de que el líder sindical de la sección más chica del Snte gane más que el presidente de la República, sí que es una vergüenza, para los maestros en particular y para los colimenses en general.
Urge resolver sus problemas prioritarios: servicios médicos y pagos. Después tienen que arreglar lo importante sin prisa pero sin pausa.
Los hechos de la Sección 39 ofenden al pueblo de Colima. Paren ya la corrupción en la Sección 39. Ese es el verdadero reclamo de los maestros apostados afuera de las oficinas sindicales.
Los maestros de la Sección 39 deben rescatar su dignidad. Están muy a tiempo. El llamado a la unidad de la dirigencia sindical es un mero eufemismo que convoca a seguir apoyando la corrupción.