Colima, México, Avanzada (26/08/2026).- En Colima, tener trabajo no garantiza estabilidad económica, la posibilidad de adquirir una vivienda o, incluso, el sustento diario. En la entidad existen 398 mil 610 personas ocupadas, pero 184 mil laboran en la informalidad y aproximadamente 124 mil enfrentan condiciones críticas de ocupación.
Lo anterior, de acuerdo con los resultados más recientes de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), los cuales contradicen el discurso oficial del Gobierno del Estado, que presumió que Colima fue el tercer estado con mayor crecimiento económico.
La ENOE detalla que, en el trimestre abril-junio, la población económicamente activa ascendió a 405 mil 15 personas; de ellas, 398 mil 610 estaban ocupadas y 6 mil 405 buscaron empleo sin encontrarlo, lo que equivale a una tasa de desocupación de 1.6 por ciento.
Los datos muestran que 184 mil trabajadores, equivalentes al 46.2 por ciento de la población ocupada, se encontraban en alguna modalidad de informalidad laboral. El número aumentó en 8 mil personas respecto al segundo trimestre de 2025, cuando el INEGI contabilizó 176 mil trabajadores informales.
De las personas en informalidad durante 2026, 86 mil eran mujeres y 98 mil hombres; además, 73 mil laboraban directamente en el llamado sector informal, conformado por micronegocios que operan con recursos de los hogares y sin constituirse como empresas independientes.
Pero la informalidad no se limita a vendedores ambulantes o pequeños comerciantes, ya que el INEGI también incluye a trabajadores por cuenta propia en la agricultura de subsistencia y a personas contratadas por empresas formalmente establecidas, pero cuyo vínculo laboral no es reconocido y que carecen de seguridad social.
Esto significa que un trabajador puede acudir todos los días a una empresa, tener jefe, horario y obligaciones, pero continuar estadísticamente en la informalidad si su patrón no reconoce la relación laboral ni lo incorpora a la seguridad social.
En términos generales, la informalidad expone a los trabajadores y a sus familias a carecer de atención médica derivada del empleo, cobertura por riesgos de trabajo, protección por invalidez o fallecimiento, ahorro para el retiro, guarderías y prestaciones sociales.
La consecuencia para las familias es directa, porque una enfermedad, un accidente o un periodo sin ingresos puede obligar al hogar a pagar consultas, medicamentos y hospitalización con recursos propios. Tampoco existe necesariamente una incapacidad remunerada y el trabajador debe elegir entre dejar de percibir ingresos o continuar trabajando enfermo.
La Organización Internacional del Trabajo advierte que la informalidad suele estar asociada con baja cobertura de protección social, condiciones deficientes o peligrosas de trabajo, menor remuneración y limitada representación laboral. La falta de seguridad económica durante una enfermedad empuja a muchos trabajadores informales a continuar laborando, aun cuando su salud se encuentra afectada.
*En la fotografía: el Secretario de Desarrollo Económico de Colima, Francisco Javier Rodríguez García.