Colima, México, Avanzada (06/01/2026).- La presidenta estatal de Morena en Colima, Mitzuko Márquez Monroy, respaldó públicamente el posicionamiento de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo frente a los recientes acontecimientos en Venezuela, al tiempo que incurrió en un discurso abiertamente polarizante al descalificar como “ultraderecha” a quienes no coinciden con la narrativa del movimiento que encabeza.
Durante una rueda de prensa, Márquez Monroy destacó a Sheinbaum como una “líder mundial”, con un proyecto “humanista y progresista”, y celebró su rechazo categórico a cualquier intervención del gobierno estadounidense en Venezuela, al considerar que este tipo de acciones no generan democracia ni bienestar. En ese contexto, subrayó que la postura del Gobierno de México es congruente con la historia política y constitucional del país, basada —dijo— en la cooperación internacional sin subordinación.
No obstante, en su propio discurso emergió una contradicción relevante. Apenas minutos después de calificar a México como un país “altamente democrático”, “pacifista” y comprometido con la pluralidad, la dirigente morenista redujo el disenso político a una etiqueta ideológica, al afirmar que quienes no reconocen los avances del actual gobierno “están totalmente con el discurso de ultraderecha”.
La dirigente estatal sostuvo que desde 2018 México vive un cambio de régimen que puso fin a décadas de subordinación al extranjero y a políticas que, aseguró, generaron pobreza, desigualdad y deterioro del tejido social. En contraste, enumeró una serie de logros del actual gobierno federal, entre ellos la ampliación de los programas del Bienestar a 32 millones de familias, la creación de nuevas becas, programas de salud domiciliaria, construcción de hospitales, carreteras, viviendas y el incremento sostenido del salario mínimo.
En materia de seguridad, Márquez Monroy afirmó que los homicidios dolosos han disminuido 33 por ciento, lo que —según dijo— equivale a 32 casos menos por día, y aseguró que “México va bien”, apoyándose también en encuestas que, afirmó, otorgan a la presidenta más del 70 por ciento de respaldo ciudadano.
El contraste entre la exaltación de un sistema “altamente democrático” y la descalificación automática de la crítica como expresión de “ultraderecha” evidencia la intolerancia ante la diferencia y lejos de abrir el debate, acentúa una narrativa polarizante entre quienes avalan el proyecto gubernamental y quienes lo cuestionan.