Escrito por: Salvador González Villa
(Tercera y última parte)
El que los rectores de la U de C hagan de la opacidad, la discrecionalidad y la poca trasparencia la forma habitual y reiterada de administrar y usar los recursos públicos universitarios se fundamenta en la propia Ley Orgánica (1980), la cual les otorga categoría de “jefe natos”, derivando de ello que al interior de la propia institución universitaria no existan contrapesos de cara al rector a la hora de decidir el destino final del gasto, e incluso aun cuando existe la recomendación dada por el órgano fiscalizador de la federación de que la U de C cuente con un órgano fiscalizador interno de carácter autónomo y ajeno al control rectoral en turno.
Siendo sorpresivo e insurreccional el triunfo electoral de AMLO no deja de sorprender que sus decisiones estén cimbrando el andamiaje institucional construido por el PRI durante décadas de gobierno, al grado de que hoy en el caso de aquellas universidades públicas con déficits presupuestales el total asciende a unos 19 mil millones de pesos, sin que tanto los presidentes del PRI y del PAN en turno como las propias autoridades universitarias no haya existido amasiato y complicidad (La Jornada, 14 de febrero de 2019).
Por supuesto que la U de C en 2019 no está al margen del panorama nacional financiera y políticamente adverso, e iniciándolo bajo barruntos preocupantes, entre lo que puede subrayarse: el tema de la reforma universitaria que hoy se discute en la Cámara de Diputados, el recorte presupuestal que oscila entre el 1 y el 3.4 % nacional promedio para las universidades públicas, y la obligación de éstas de presentar para 2019 un programa de racionalidad y austeridad del ejercicio presupuestal interno, que por cierto la U de C ya presentó pero con asegunes incluida la inconformidad generalizada de los cuadros de dirección media universitaria en materia del incremento salarial pues el Rector Hernández Nava lo conectó al Contrato Colectivo del Trabajo sindical.
Ante tan difícil panorama, también llama la atención el papel bastante activo que está mostrando la dirigencia del SUTUC plegándose al trazo marcado por la propia autoridad rectoral cual agencia sindical publirrelacionista al servicio de quien paga.
Finalmente decir que la visita del coordinador de morena Mario Delgado Carrillo a la U de C en combinación con la presencia del gobernador, rector en turno, ex rectores, y demás personalidad públicas, permite concluir que detrás de la estafa maestra no únicamente se tiene un problema de corruptelas entre altos ex funcionarios del gobierno de Peña Nieto, de ministerios públicos, juzgadores y directivos de universidades públicas. Como dicen los que saben: lo que está en juego hoy son las bases para el adecuado funcionamiento institucional, de sistema de procuración e impartición de justicia imparcial, capaz de dar viabilidad a la 4T.
No cabe duda que la U de C está en una encrucijada, veremos que sigue.