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COLIMA

Vivir y morir en las calles de Colima

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Colima, México, Avanzada (29/10/2021).- La mañana del jueves 28, un hombre en situación de calle murió en el cruce de las calles 5 de mayo y Nigromante, en pleno centro de la ciudad.

Según informes extraoficiales, el suceso ocurrió junto a una tienda de abarrotes que se encuentra en esa zona, cuando inesperadamente la persona se empezó a sentir mal y alguien llamó a los servicios de emergencias.

Con la desconfianza natural de alguien que vive en las calles y que debe estar alerta frente a los riesgos que se enfrentan, el hombre dijo sentirse bien y no aceptó ser trasladado a una clínica. Un rato después, ya había muerto como consecuencia de un infarto.

El hombre, de quien lo más que se supo es que tenía 52 años de edad, vivió y murió en la calle, con una existencia común, invisible y cotidiana, formando parte del paisaje urbano de Colima, con los transeúntes acostumbrados a verlo sin mirarlo, mucho menos sin observarlo ni empatizar con él y sus circunstancias.

Junto con él murió su historia, en la que necesariamente hubo padre y madre que no se sabe hasta cuándo los tuvo, si los conoció siquiera. También pudo haber pareja o parejas, hijos tal vez. Se desconocen y quizá quedaron enterradas para siempre, sus batallas por la vida, el acontecimiento que lo arrojó a deambular y pernoctar en las calles, la experiencia de ser mal visto, con rechazo, miedo y hasta desconfianza.

En su libro “Vivir bajo el cielo” (Fontamara, Unison, 2019), la investigadora Virginia Romero Plana muestra las historias de vida de cuatro hombres en situación de calle que viven el estado de Sonora, pero que por sus vivencias y experiencias igual podrían ser habitantes de cualquier ciudad o cruzársenos en cualquier calle de Colima.

Cualquiera de ellos bien pudo haber sido el hombre de 52 años, sin nombre, que murió el jueves de un infarto en el centro de la orgullosa “Ciudad de las palmeras”.

Más allá de las estadísticas y los datos duros que a veces en lugar de informar ocultan lo que hay detrás de cada número, Romero Plana pone el énfasis en los rostros humanos y las historias que hay detrás de ellos.

Cuando habla de Julián, la académica hace notar que “Su vida se engloba en los índices de pobreza de Sonora como un número más. A las estadísticas no les importa si proviene de una comunidad indígena de Toluca, si su mamá lleva años sin abrazarle, si no tiene recursos para pagar los medicamentos que necesita, si necesita un abrigo para el frío de este invierno o si cada noche suelta alguna lágrima porque se siente agotado de no conseguir un cambio de vida”.

Reflexiona Virginia Romero: “Al igual que Julián, muchas son las personas que deambulan por las ciudades de México en busca de una oportunidad que haga cambiar su suerte, esa que seguramente le han hecho creer que se merecía por alguna decisión tomada en la vida o por el simple hecho de haber nacido en un espacio de precariedad, marginación, incomprensión y abandono”.

Profesora investigadora de la Universidad de Sonora (Unison), Romero Plana advierte que exponer historias de personas, personajes o poblaciones a quienes no se presta atención, a quienes no se pretende escuchar o a quienes se intenta callar puede molestar, incomodar o enfurecer a aquellos grupos que controlan y manejan los hilos políticos, económicos y de información de una comunidad, estado o nación.

“Es una tarea obligada conocer el sentir de la gente y rescatar su fuerza y entusiasmo de cambio para conseguir el desarrollo social de todas las poblaciones”, sostiene.

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