Ciudad de México, Avanzada (16/08/2026).- El fogón de leña forma parte de la vida cotidiana y de la identidad de numerosas comunidades rurales de México. Alrededor del fuego se preparan alimentos, se transmiten conocimientos y se mantienen costumbres familiares; sin embargo, la exposición constante al humo puede convertirse en un problema de salud, particularmente para las mujeres que pasan largos periodos cocinando en espacios poco ventilados.
El sabor de unas tortillas recién hechas sobre el comal, acompañado por el característico aroma de la madera quemada, remite a una práctica que ha sobrevivido durante generaciones. Para muchas familias, el fogón también representa un punto de encuentro en el que se comparten historias y experiencias.
Pero detrás de esa tradición existe un riesgo que durante años ha permanecido dentro de los propios hogares. La combustión de leña genera diversos contaminantes que, cuando se utiliza en fogones abiertos y sin una ventilación adecuada, se acumulan en el interior de las viviendas.
El tema es abordado en el libro Uso de leña en el hogar. Riesgos a la salud, situación actual y alternativas, editado por el Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes (PUIREE). La obra fue coordinada por Astrid Schilmann, del Instituto Nacional de Salud Pública, y Rogelio Pérez-Padilla, del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, y reúne 19 capítulos con una perspectiva social y sanitaria sobre el consumo de leña en México.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Consumo de Energéticos en Viviendas Particulares de 2018, el gas LP representa el principal combustible utilizado en los hogares mexicanos, con 79 por ciento; le siguen la leña o el carbón, con 11 por ciento, y el gas natural, con 7 por ciento.
La leña continúa siendo una fuente importante de energía, principalmente en comunidades rurales donde existe acceso a recursos forestales o donde otras alternativas resultan menos accesibles. Además de cocinar, la biomasa se utiliza para calentar agua y proporcionar calefacción.
El problema surge cuando la madera se quema en fogones abiertos dentro de las viviendas. La combustión incompleta libera sustancias como monóxido de carbono, dióxido de carbono, benceno, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre, que pueden deteriorar la calidad del aire en espacios donde permanecen las familias.
La exposición prolongada al humo de leña está relacionada con enfermedades respiratorias, entre ellas la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). Tos persistente, dificultad para respirar, opresión en el pecho y cansancio pueden ser algunas de sus manifestaciones.
El riesgo no se limita a la EPOC. La contaminación generada por la combustión de biomasa también se ha asociado con infecciones respiratorias agudas, neumonía, asma, tuberculosis, cáncer pulmonar y eventos cardiovasculares. Durante el embarazo, además, se han documentado efectos adversos como bajo peso al nacer y mortalidad fetal.
La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificó el humo de biomasa dentro del grupo 2A, correspondiente a sustancias probablemente carcinógenas para los seres humanos, debido a la evidencia disponible sobre sus efectos.
Las mujeres y los niños pequeños figuran entre los grupos con mayor exposición, debido a que tradicionalmente las labores de preparación de alimentos han recaído en las mujeres y los menores suelen permanecer cerca de ellas durante la jornada.
Ante este escenario, una de las alternativas consiste en sustituir los fogones abiertos por estufas eficientes de leña que reduzcan la emisión de contaminantes y mejoren la ventilación del humo. Para que estas medidas funcionen, especialistas consideran necesario acompañarlas de capacitación y seguimiento, además de tomar en cuenta las condiciones económicas y culturales de cada comunidad.
Desde 2025 se desarrolla un proyecto gubernamental en la zona purépecha de Michoacán para sustituir fogones por estufas, considerando las prácticas y necesidades particulares de las comunidades.
Mientras estas alternativas llegan a más hogares, especialistas recomiendan mantener puertas y ventanas abiertas cuando se cocina con leña, reducir el tiempo de permanencia en la zona donde se encuentra el fogón y evitar cargar o cuidar a los niños dentro de la cocina.
Así, una práctica que durante generaciones ha reunido a las familias alrededor del fuego también plantea un desafío para la salud pública: conservar una tradición sin ignorar las consecuencias de respirar, durante años, el humo que produce.