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Impuestos que los mexicanos pagan sin saberlo: 1 de cada 4 cree no contribuir al Estado

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Cada compra, cada carga de gasolina y hasta el recibo de electricidad contienen aportaciones que terminan en las arcas públicas. Sin embargo, una encuesta revela que 27% de los mexicanos considera que no paga impuestos y que existe un amplio desconocimiento sobre cómo se financia el Estado.

Ciudad de México, Avanzada (11/08/2026).- Cuando un mexicano compra un refresco, llena el tanque de su automóvil, recibe su salario o paga el recibo de electricidad, una parte de ese dinero puede terminar en las arcas públicas. Aunque algunos impuestos son visibles en las facturas o recibos, otros están incorporados directamente en el precio de los productos y servicios.

Pese a ello, una proporción importante de la población no identifica esas aportaciones como contribuciones. De acuerdo con una encuesta realizada por México Evalúa e Identa durante el verano de 2025, 27% de los entrevistados aseguró que no paga impuestos.

El desconocimiento también se refleja en la percepción que tienen los ciudadanos sobre cuánto saben del sistema tributario. En promedio, los participantes se calificaron con apenas 5.4 sobre 10 en materia de información sobre impuestos, mientras que 89% señaló que nunca había tomado un curso ni recibido información oficial sobre el tema.

Las contribuciones no se limitan al Impuesto Sobre la Renta (ISR) que se descuenta de una nómina o al Impuesto al Valor Agregado (IVA) que se paga en numerosas compras. También existen impuestos y aportaciones relacionados con combustibles, bebidas, tabaco, vehículos, propiedades, seguridad social, servicios públicos y actividades económicas.

En 2025, el Gobierno federal obtuvo cerca de 6 billones de pesos, equivalentes a aproximadamente 45 mil 131 pesos por habitante. Alrededor de nueve de cada 10 pesos de esos ingresos provinieron de impuestos.

El principal fue el ISR, con una recaudación de 2.8 billones de pesos, equivalente a unos 21 mil 660 pesos por persona. Este gravamen se aplica a los ingresos y, en el caso de los trabajadores asalariados, normalmente es retenido por el empleador.

El IVA, cuya tasa general es de 16%, representó alrededor de 11 mil 243 pesos por habitante, mientras que el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), incluido en productos como gasolina, diésel, refrescos, alcohol y tabaco, aportó unos 5 mil 33 pesos por persona.

A esto se sumaron los aranceles a productos importados, con aproximadamente mil 302 pesos por habitante, y los derechos cobrados por trámites y utilización de bienes públicos, que representaron alrededor de mil 40 pesos.

Los ingresos petroleros que Pemex entrega al Gobierno federal aportaron otros mil 798 pesos por persona. La cifra contrasta con la registrada en 2007, cuando esa contribución llegó a unos 17 mil 83 pesos por habitante.

La dimensión de los recursos públicos es mayor cuando se consideran los ingresos de otras instituciones y empresas del Estado. En 2025, el sector público recibió aproximadamente 7.9 billones de pesos, equivalentes a 59 mil 797 pesos por habitante.

Dentro de ese monto se encuentran las cuotas destinadas al IMSS y al ISSSTE, que financian servicios médicos, pensiones e incapacidades. El promedio fue de unos 5 mil 349 pesos por persona, aunque al considerar únicamente a los trabajadores formales la aportación promedio se eleva considerablemente.

También están los ingresos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). El pago de la electricidad representó alrededor de 3 mil 856 pesos por habitante, una cifra 14% menor que una década atrás, entre otros factores por el aumento de los subsidios a las tarifas.

En el caso de Pemex, la empresa retuvo para su operación recursos provenientes del petróleo por aproximadamente 7 mil 364 pesos por persona, una cantidad superior a la que entregó directamente a la Federación.

A nivel estatal y municipal existen, además, otras contribuciones como el impuesto predial, la tenencia vehicular y el impuesto sobre nómina. Los montos varían dependiendo de la entidad y el municipio.

Las aportaciones al Infonavit y a las Afore forman parte de otro esquema. Aunque se realizan de manera obligatoria, los recursos quedan individualizados a nombre de cada trabajador y tienen un propósito específico relacionado con vivienda o retiro.

También los pagos por agua, recolección de basura y transporte público representan ingresos para entidades gubernamentales locales.

La encuesta de México Evalúa e Identa, aplicada a mil 200 hogares de Veracruz, Ciudad de México, Monterrey, León, Mérida y Juchitán, muestra que el IVA es el impuesto que más fácilmente identifica la población.

El 81% de los encuestados reconoció que paga IVA. En contraste, apenas 19% sabía que también paga IEPS, pese a que este impuesto está incorporado en productos de consumo cotidiano como la gasolina y los refrescos.

Con el ISR ocurre algo similar. Sólo 30% de los participantes afirmó pagarlo, aunque millones de trabajadores formales tienen este impuesto retenido directamente de sus salarios.

La diferencia entre conocer un impuesto y pagarlo resulta particularmente relevante en el caso de la informalidad. Alrededor de 45% de los trabajadores se encuentra en la formalidad, por lo que sus obligaciones fiscales y cuotas de seguridad social pueden ser retenidas y reportadas directamente por sus empleadores.

La falta de conocimiento sobre los impuestos no sólo representa un problema de información. También puede limitar la capacidad de los ciudadanos para exigir cuentas sobre el destino de los recursos públicos.

Los impuestos que ingresan a una bolsa común, como el ISR, el IVA y el IEPS, permiten al Estado financiar distintos rubros del presupuesto, entre ellos educación, salud, seguridad, infraestructura y operación gubernamental.

En otros casos, como las aportaciones a las Afore o al Infonavit, los recursos están vinculados directamente con cada trabajador y tienen un propósito determinado.

Entender esta diferencia permite plantear preguntas más concretas sobre el manejo del dinero público: cuánto se recauda, dónde se gasta, qué servicios se financian y si los recursos están llegando al destino previsto.

La idea de que sólo contribuyen quienes reciben una nómina o presentan una declaración fiscal deja fuera una parte importante de la realidad. Los impuestos también están incorporados en los productos que se consumen y en los servicios que se pagan todos los días.

Reconocer esa condición de contribuyente cambia la relación entre ciudadanía y Gobierno: si buena parte de los recursos públicos proviene del bolsillo de las personas, también existe el derecho de saber cómo se administra ese dinero y exigir que se utilice con transparencia y eficacia.

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