Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.
Malas Compañías
El Mundial de Futbol dejó de ser para todos. En países como México se convierte en un evento reservado para aquellos segmentos ya no mayoritarios que pueden pagar su acceso a los estadios o, al menos, costear las transmisiones televisivas de los partidos.
La masificación que sirvió como emblema y característica propia del futbol ahora transcurre en reversa. A diferencia de las justas que se realizaron en México en 1970 o 1986, actualmente solo tienen un lugar reservado los aficionados que disponen del poder adquisitivo para cubrir los estratosféricos precios de los boletos.
Ya ni siquiera queda la alternativa de la televisión, pues debido al alto costo de los derechos de transmisión de los partidos y para recuperar su inversión, las empresas solo abren la señal completa a los consumidores que pagan exageradas cantidades por su pase mundialista.
Tampoco funciona el Mundial como un catalizador del sentimiento nacional, como ocurrió en las dos ediciones pasadas. No existe ese ánimo de unificación en torno al evento. La sociedad mexicana tiene otros asuntos prioritarios y el futbol no sirve para adormecer las preocupaciones colectivas.
Se imponen en estos tiempos los problemas irresueltos por la Cuarta Transformación: la inseguridad, la violencia la corrupción, el rezago en materia de salud y educación, el nulo avance económico, la marginación que ahora se esconde entre los múltiples programas sociales ejecutados por el gobierno.
A la par y ante la inconformidad social, el régimen señala, desdeña, humilla y traiciona a sectores que antes necesitó y procuró como aliados. El descontento que ya es palpable en diferentes segmentos de la población sufre los embates del oficialismo y es descalificado por norma.
Maestros, madres buscadoras, estudiantes y otros grupos sociales fueron los últimos testigos de una cúpula gobernante cada vez más encerrada en sí misma, desconectada de las múltiples realidades que conforman a un país complejo y de claroscuros.
Resulta paradójico que, en los días y horas previas al inicio del Mundial, las autoridades de la Cuarta Transformación, originalmente alineadas al progresismo y a la izquierda, combatieran por diversos medios la inconformidad social en las calles, con el único objetivo de proteger a los miles de asistentes al estadio, la mayoría de clases privilegiadas, esos mismos machuchones que antes eran satanizados. Este hecho es quizá una metáfora del camino que ha tomado el régimen.
La fiebre mundialista lejos está de opacar el hecho de que el gobierno de Claudia Sheinbaum evitó el tema de los miles de desaparecidos y, por el contrario, el aparato gubernamental que encabeza emprendió una campaña de desprestigio en contra de los familiares de las víctimas.
El futbol tampoco esconde que ante la demanda de los profesores de todo el país para reformar el sistema pensionario, la presidente elige mantener un esquema neoliberal, por cierto, propuesto y aprobado por Felipe Calderón Hinojosa, el mayor enemigo (solo en el papel parece ahora) del lopezobradorismo.
Tampoco es admisible y resulta ofensivo para diversos sectores sociales, afirmar que la gente está feliz con el Mundial. Con su dicho, la titular del Poder Ejecutivo se muestra insensible y soberbia, una faceta que hasta ahora no se le conocía a la mandataria.
El régimen buscó aprovechar la justa balompédica para distraer la conversación nacional, sin embargo, el efecto podría resultar adverso, pues la manera en que se gestionaron las protestas de días previos evidenció una administración del poder intolerante, indolente y escasamente comprometida con las verdaderas causas sociales.
De manera preocupante, las principales figuras del oficialismo se manifestaron más proclives a la protección de los intereses de las élites que a escuchar y atender la inconformidad de grupos que fueron agraviados antes y también lo son ahora.
El Mundial para México terminará pronto, pero los problemas fundamentales del país seguirán ahí, sin posibilidades de resolverse, al menos no mientras el gobierno federal muestre la cerrazón, desmemoria e incongruencia de estas últimas semanas.
BREVE HISTORIA PARA CAMILA. Hace una semana la princesa inició su trabajo de verano lejos de su tierra natal. Han sido días complicados sin su presencia, sin embargo, me conformo al escucharla todos los días y la normalidad con que me cuenta vivencias que a mí me parecen extraordinarias. La extraño sí, pero en la ausencia también se fortalecen los lazos que nos unen desde que hizo su debut en este mundo.