Colima, México, Avanzada (11/03/2026).- La planeación urbana que ha guiado el crecimiento de la capital colimense durante las últimas dos décadas se sustentó en proyecciones demográficas que no se cumplieron, lo que derivó en una expansión territorial sobredimensionada y en desequilibrios urbanos que hoy impactan la distribución de la vivienda, los servicios y la dinámica social de la ciudad.
De acuerdo con el Programa Municipal de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano (PMOTDU) de Colima 2024, el instrumento de planeación vigente desde el año 2000 estimó que para 2020 el municipio alcanzaría una población cercana a los 211 mil habitantes. Con base en esa proyección, las autoridades autorizaron la apertura de reservas territoriales equivalentes al 44 por ciento de la mancha urbana de aquel momento.
Sin embargo, el crecimiento poblacional resultó menor al previsto. El censo de 2020 registró alrededor de 157 mil habitantes en el municipio de Colima, una diferencia considerable respecto a la estimación inicial.
Una evaluación realizada por el Instituto de Planeación para el Municipio de Colima (IPCO) determinó que, debido a la sobreestimación demográfica, las reservas urbanas decretadas a inicios de siglo tendrían una vigencia potencial de más de 400 años si se mantiene el “ritmo actual” de crecimiento poblacional.
El documento señala que la disponibilidad de grandes extensiones de suelo urbanizable incentivó el desarrollo inmobiliario hacia la periferia, generando un patrón de crecimiento disperso.
Mientras nuevos fraccionamientos se han desarrollado principalmente hacia el sur y el poniente de la ciudad, las zonas centrales —que cuentan con infraestructura consolidada y servicios— han experimentado procesos de despoblamiento y abandono de vivienda.
El PMOTDU describe además una segregación territorial por grupos de edad: la población adulta mayor se concentra en las áreas centrales más antiguas de la ciudad, mientras que los sectores más jóvenes se ubican en fraccionamientos recientes localizados en la periferia.
A ello se suma que varias de las zonas habitacionales de interés social, especialmente al sur del municipio, presentan rezagos en servicios y condiciones de marginación, en parte debido a procesos de urbanización que no cumplieron con los requisitos necesarios para su municipalización.
El modelo de ocupación del suelo también ha generado presiones sobre la provisión de infraestructura y servicios públicos, al obligar a las autoridades municipales a extender redes de alumbrado, recolección de residuos, seguridad y transporte en una ciudad cada vez más extensa y con baja densidad poblacional en algunos sectores.
De acuerdo con el diagnóstico del programa, este patrón de crecimiento ha contribuido a profundizar desigualdades territoriales entre zonas consolidadas con infraestructura y nuevas áreas habitacionales con menor acceso a equipamientos, transporte y servicios.
Ante este panorama, el PMOTDU 2024 plantea la necesidad de corregir el modelo de ocupación del suelo vigente durante las últimas décadas, priorizando la regularización de colonias de interés social, el fortalecimiento de corredores de desarrollo y un mayor equilibrio territorial en la distribución de oportunidades urbanas.
El documento también advierte sobre la presión inmobiliaria hacia municipios vecinos, como Villa de Álvarez y Cuauhtémoc, donde han comenzado a desarrollarse nuevos fraccionamientos de baja densidad fuera de los límites tradicionales de los centros de población.
Con la actualización del instrumento de planeación, el Ayuntamiento de Colima buscaba orientar el crecimiento urbano hacia un modelo más equilibrado, que permita aprovechar la infraestructura existente y mejorar las condiciones de desarrollo y bienestar en la capital del estado, lo que hasta el momento no ha sucedido.