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COLIMA

Los herederos renegados del capitalismo

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Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.

Malas Compañías

Pocas veces los colimenses habían padecido una clase política tan afecta a la simulación como la que gobierna actualmente, con personajes que se endilgan el calificativo de humanistas y progresistas, pero en realidad idolatran los modelos privados de desarrollo que postula el capitalismo más rancio.

Esos gobernantes con una mano y sobre todo con dinero ajeno reparten prebendas a través de múltiples programas sociales, pero con la otra acuden a la iniciativa privada para resolver problemas y necesidades que le correspondería atender a las instituciones del Estado.

Dicha incongruencia ha provocado, entre otras cosas, un desmantelamiento del sistema de salud y la precarización de los servicios públicos. Se engordan al máximo los padrones de beneficiarios en los programas asistenciales, mientras que en las clínicas y hospitales no existen los insumos mínimos para atender a los enfermos.

Tal contraste queda de manifiesto en Manzanillo, donde la alcaldesa Rosa María Bayardo y sus aliados en el cabildo aprobaron la privatización del relleno sanitario, tal como en su momento lo hizo Ignacio Peralta Sánchez con el depósito de residuos sólidos de la zona conurbada Colima-Villa de Álvarez.

Ambos políticos renunciaron a su obligación de atender la disposición final de la basura, como lo señala la Constitución; la diferencia estriba en que Ignacio Peralta siempre se presentó como un convencido neoliberal, en tanto que Rosa María Bayardo se define como integrante del movimiento lopezobradorista, es decir, en el polo opuesto al exgobernador priista. Está visto que eso solo ocurre en sus discursos.

La alcaldesa de Manzanillo no es la única que concibe al sector privado como paradigma de calidad y excelencia. Son muchas y muchos los miembros de la casta gobernante que mantiene a su descendencia en colegios privados. Quizá la escuela pública es muy poca cosa para sus aspiraciones.

Por si fuera poco, el gobierno estatal ha convertido en su objetivo prioritario de los últimos meses el respaldo a una marca privada, el Teletón, con el objetivo de que se construya una clínica de rehabilitación que con 40 millones, perfectamente podría edificar y operar la administración colimense.

Autoridades, trabajadores y representantes de todas las instituciones locales trabajan como pocas veces se les había visto para arrimarle recursos a una empresa particular que por si no fuera suficiente, es aliada de Televisa, el mismo consorcio que los morenistas hasta hace poco consideraban la encarnación de todo lo malo y corrupto en el país.

Las acciones de las autoridades locales, evidentemente contrarias a la ideología que pregonan, debilitan al Estado Mexicano y empoderan a los capitales privados, justo como lo hicieron durante décadas los gobiernos neoliberales que antes que extinguirse, en Colima parecen solamente reeditados.

Sin duda estamos ante una nueva camada de neoliberales en el poder, solo que en esta ocasión llevan un disfraz de izquierdistas-revolucionarios que les permite disponer de grandes cantidades de recursos para perpetuarse en sus cargos a través de los programas asistenciales.

Al tiempo que dispersan migajas entre la población, llevan una vida de lujo en fraccionamientos residenciales, visten de gala y atesoran la buena vida que garantiza la nómina oficial; aceptan los privilegios como un beneficio consustancial al ejercicio de la gobernanza. Otra vez, una visión completamente neoliberal.

El humanismo mexicano no existe en Colima, si así fuera no tendríamos ese indignante desprecio por el arte ni el castigo al disenso; las madres buscadoras no tendrían que procurarse la justicia escarbando la tierra con sus propias manos, ni tampoco prevalecería el silencio oficial ante las víctimas colaterales de la violencia.

Lo que sí tenemos es un gobierno simulador que sigue privatizando servicios y entregando recursos al sector privado, justo como lo hicieron en el pasado personajes cuestionables cuyas formas de ejercer el poder siguen vigentes en los tiempos de la fallida transformación.

BREVE HISTORIA PARA CAMILA. Cada mañana, camino a la escuela y mientras transitamos por calles en deplorables condiciones, bordeadas por camellones completamente sucios, la princesa y yo nos preguntamos ¿qué sucedería si no tuviéramos gobiernos municipales?. Absolutamente nada, fue nuestra triste respuesta, si acaso nos ahorraríamos unos cuantos millones de pesos que se podrían invertir es un esquema social para mantenimiento de las ciudades. Son solo nuestras reflexiones matutinas.

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