Colima, México, Avanzada (08/07/2025).- El Obispo de la Diócesis de Colima, Gerardo Díaz Vázquez, expresó su profunda preocupación por lo que calificó como una “pérdida del gusto por la vida” entre la juventud, una situación que, dijo, ha sido descrita por el propio Papa como una “enfermedad social”.
Durante un encuentro con medios de comunicación, el jerarca católico señaló que muchos jóvenes no encuentran sentido en actividades fundamentales como el estudio, el trabajo, la vida familiar, el matrimonio e incluso en el esparcimiento. “Si yo no le encuentro gusto a nada de esto, entonces estoy en una situación muy vulnerable”, advirtió.
El obispo relacionó este fenómeno con un entorno social cada vez más angustiante, violento y deprimente. “Quizás el ambiente social ha llevado a los jóvenes a decir: ‘¿Y para qué lucho? ¿Para qué vivo? ¿Para qué la familia? ¿Para qué estudiar?’. Es ahí donde tenemos un área de oportunidad para intervenir”, explicó.
Como una respuesta pastoral a esta problemática, Díaz Vázquez anunció que en el mes de septiembre podrían iniciar un proyecto piloto de centros de escucha en algunas parroquias de la diócesis. Estos espacios, dijo, ofrecerían atención personalizada con psicólogos, sacerdotes y, de ser necesario, abogados. Su objetivo será brindar un lugar seguro y confiable donde jóvenes y adultos puedan ser escuchados y expresar sus emociones y experiencias.
“Vemos que los espacios cercanos al templo son percibidos como seguros, y eso puede facilitar que la gente se abra. Queremos probar si este modelo funciona, y luego evaluar su ampliación”, detalló.
El obispo también señaló que el fenómeno de la pérdida de entusiasmo y esperanza entre los jóvenes no se basa en un estudio formal, pero sí en “indicadores visibles” como el desinterés por la vida y el impacto negativo de las redes sociales y videojuegos. “El joven ve un mundo complejo, difícil, negro, y se refleja en sí mismo. Muchos entran en dinámicas digitales que les quitan el entusiasmo”, lamentó.
Además, urgió a los gobiernos a asumir su responsabilidad para cambiar el entorno que genera miedo e inseguridad. Recordó que en Colima se han disparado los índices de violencia, particularmente en los municipios de Tecomán y Manzanillo, donde, dijo, la desaparición forzada y la extorsión son alarmantes. “No podemos ignorar que el joven también tiene miedo de salir, de divertirse, porque sabe que podría ser objeto de una agresión violenta”, subrayó.
Finalmente, el obispo hizo un llamado a las autoridades para fortalecer programas de atención integral a la juventud y generar oportunidades reales de desarrollo, más allá del entretenimiento. “La diversión no lo es todo. También se necesita esperanza, sentido y seguridad para vivir”, concluyó.