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COLIMA

Noé despareció en Colima en 2018, ese mismo año lo encontró Jalisco, pero tardaron 8 años en avisar a la familia

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Colima, México, Avanzada (20/05/2026).— Noé Martínez Bernal desapareció el 12 de noviembre de 2018 en Colima y, dos días después, el 14 de noviembre, su cuerpo fue localizado sin vida en Zapopan, Jalisco. Sin embargo, su familia recibió la notificación oficial hasta el pasado 14 de mayo de 2026: ocho años después de su hallazgo, Noé permaneció en el Servicio Médico Forense de Jalisco, mientras sus seres queridos continuaban buscándolo entre listas, fosas, oficinas y esperanzas rotas.

La noticia sacudió a colectivos de búsqueda y volvió a exhibir la crisis forense y la descoordinación institucional que enfrentan miles de familias en México. La presidenta de la Red de Personas Desaparecidas en Colima, Carmen Sepúlveda, agradeció que la familia haya encontrado a Noé, pero también destacó una cadena de negligencias y omisiones por parte de las autoridades.

En su cuenta de Facebook, Sepúlveda explicó que durante años madres, padres y familiares de personas desaparecidas han viajado constantemente a Jalisco para entregar muestras de ADN, recorrer instalaciones forenses y participar en búsquedas, sin recibir respuestas claras.

“Cuando me enteré pensé que quizá había sido localizado en alguna de las fosas de Colima, pero mi sorpresa fue saber que Noé estaba en Zapopan desde 2018. La familia lo buscó muchísimas veces”, señaló.

Sepúlveda cuestionó la falta de sensibilidad institucional y advirtió que este caso podría no ser el único.

“Los colectivos siempre hemos colaborado; las familias entregan ADN. ¿Cuántos más estarán en el Semefo y nosotros sin saberlo?”, reclamó.

No es el único caso. El pasado 15 de mayo, familiares de personas desaparecidas protestaron frente al Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses para denunciar casos de “desaparición administrativa” y negligencia institucional.

Señalaron que el caso más reciente era el de la señora Concepción Belmontes, cuyo hijo, Juan Antonio Olmeda Belmontes, permaneció durante diez años en las gavetas del instituto sin que su familia fuera notificada. Aunque sus restos ingresaron al IJCF poco después de su desaparición en 2016, la identificación oficial ocurrió hasta 2025.

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