Jalisco, México, Avanzada (12/04/2025).- Era un sábado como cualquier otro, pero en la avenida Tesistán, justo en el cruce con Santa Margarita, el horror se sentó en el asiento del copiloto. Dentro de un vehículo gris, un Aveo que avanzaba sin destino cierto, viajaban una joven madre, su pequeño hijo de dos años y un hombre armado con algo más que una pistola: con furia.
Eran casi las tres de la tarde del 5 de abril cuando la discusión comenzó. Nada parecía indicar que terminaría en tragedia. O tal vez sí, pero nadie lo supo hasta que fue demasiado tarde. El hombre al volante, Eduardo “N”, de 31 años, desenfundó un arma calibre .22, disparó dos veces a quemarropa. El cuello y el brazo de la mujer de 24 años recibieron los balazos. Todo, frente a la mirada inocente del hijo de ambos, que viajaba en el asiento trasero.
Pero la joven no se rindió. Con la fuerza de quien sabe que la vida se le escapa, abrió la puerta del auto aún en movimiento y se arrojó al asfalto. La caída no detuvo su voluntad. Aun herida, sobrevivió. Y entonces, el mundo reaccionó.
Testigos corrieron a auxiliarla. Alguien llamó al 911. Alguien evitó que todo terminara peor.
Cámaras de seguridad registraron la secuencia de terror. Gracias a esas imágenes, la policía de Zapopan localizó a Eduardo poco después, sobre avenida Juan Gil Preciado. En el asiento del copiloto aún llevaba el arma. En la guantera, una navaja. Y en la cajuela, los restos del silencio: ese que tantas veces acompaña a las víctimas de violencia de género.
Eduardo fue detenido y puesto a disposición de la Fiscalía del Estado bajo cargos por tentativa de feminicidio. Su víctima, aún con heridas de bala, se encuentra estable y fue trasladada a la Clínica 45 del IMSS, donde continúa en recuperación.
El pequeño fue entregado, al menos por ahora, a su abuela materna. Nadie sabe aún si el niño entendió lo que ocurrió ese día. Pero sí es seguro que su vida cambió para siempre.
Presuntamente, todo comenzó porque ella pidió el divorcio. Un acto legítimo, convertido en sentencia por quien creyó que amar era poseer.
Y mientras en el Ministerio Público se acumulan carpetas y en redes circula el video del intento de feminicidio, en algún lugar de Zapopan, una mujer respira hondo y agradece seguir viva. Porque aquel salto desde un auto en marcha no fue una huida: fue un acto de valentía.