Ciudad de México, Avanzada (24/05/2026).- Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advierten que durante 2026 persisten condiciones que podrían favorecer el desarrollo de un evento de El Niño de gran intensidad, conocido popularmente como “Niño Godzilla” o “Super Niño”, aunque todavía existe incertidumbre sobre su evolución y no es posible confirmar si alcanzará niveles extremos.
La doctora María Luisa Machain Castillo, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, explicó que lo que ocurre en el Pacífico ecuatorial tiene repercusiones directas en el clima mundial.
“Lo que ocurre en el Pacífico ecuatorial no se queda ahí, tiene repercusiones en todo el planeta”, señaló la especialista.
El fenómeno se desarrolla cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se calientan por encima de lo normal durante varios meses. Este incremento altera la interacción entre el océano y la atmósfera, modificando patrones de lluvia y temperatura en diferentes continentes.
En condiciones normales, los vientos alisios desplazan las aguas cálidas hacia el Pacífico occidental y permiten el ascenso de aguas frías ricas en nutrientes frente a las costas de América del Sur, particularmente en Perú. Ese proceso, conocido como surgencia o afloramiento, sostiene la productividad marina y ayuda a mantener el equilibrio climático.
Sin embargo, cuando dichos vientos se debilitan o cambian de dirección, el agua cálida se redistribuye hacia el centro y el este del Pacífico, provocando un aumento de la temperatura superficial del mar y alterando la circulación atmosférica.
“El fenómeno no sólo puede generar más lluvia, sino además la redistribuye”, explicó Machain Castillo. “Por eso vemos inundaciones en algunas regiones y sequías en otras donde comúnmente no se presentaban”.
Durante eventos de El Niño, regiones como Indonesia y Australia pueden experimentar severas sequías, mientras que países como Perú y Ecuador suelen registrar lluvias intensas e inundaciones.
Además, el calentamiento oceánico puede favorecer la rápida intensificación de ciclones tropicales. La investigadora recordó que el océano funciona como combustible para estos sistemas atmosféricos y señaló que fenómenos recientes, como el huracán Otis en Acapulco, muestran cómo las altas temperaturas del mar pueden potenciar eventos extremos.
El término “Niño Godzilla” comenzó a utilizarse entre 2015 y 2016, cuando la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de E.U. (NOAA) documentó uno de los episodios más intensos de las últimas décadas, con anomalías superiores a 2.5 grados Celsius en extensas zonas del Pacífico.
Aunque la especialista aclaró que no se trata de un concepto científico formal, indicó que sirve para dimensionar la magnitud de estos eventos extremos.
Otros episodios severos ocurrieron entre 1982-1983 y 1997-1998, periodos en los que se registraron alteraciones importantes en la productividad marina y colapsos de pesquerías en costas mexicanas.
Uno de los principales impactos ocurre en los ecosistemas marinos. La disminución del afloramiento de aguas frías reduce la disponibilidad de nutrientes en la superficie, afectando al fitoplancton, organismo microscópico que constituye la base de la cadena alimenticia oceánica.
La consecuencia es una reducción en poblaciones de peces, aves y mamíferos marinos, además de cambios en la distribución y reproducción de diversas especies.
La investigadora destacó que el estudio del fenómeno no se limita al presente. Su equipo analiza sedimentos marinos y restos microscópicos de organismos como diatomeas y foraminíferos, considerados auténticos archivos naturales del clima terrestre.
Cada capa de sedimento conserva información sobre las condiciones ambientales del pasado, lo que permite reconstruir cómo han variado la temperatura y la productividad oceánica durante décadas, siglos e incluso millones de años.
En México, investigaciones realizadas en el Golfo de Tehuantepec y frente a Mazatlán han permitido observar cómo El Niño modifica la dinámica oceánica y reduce la productividad biológica. Durante el evento extremo de 2015-2016, los científicos detectaron cambios importantes en comunidades de microorganismos y una notable disminución de nutrientes en el mar.
Machain Castillo subrayó que comprender el comportamiento de El Niño en un contexto de calentamiento global es fundamental para anticipar riesgos y posibles transformaciones climáticas en los próximos años.
“Al reconstruir el pasado y observar el presente, la ciencia ofrece herramientas indispensables para comprender este sistema y anticipar sus posibles transformaciones en un escenario climático cada vez más incierto”, concluyó.