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Adán y la disyuntiva del morenismo

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Malas Compañías

Autor: Mario Alberto Solís Espinosa.

El caso del senador Adán Augusto López, su silencio, la evidente relación de Hernán Bermúdez Requena (militante y exfuncionario en Tabasco) con el narcotráfico, colocan a Morena frente a uno de sus momentos más complejos desde que fue fundado por Andrés Manuel López Obrador.

La aprehensión de quien fuera secretario de Seguridad en Tabasco durante la administración de Adán Augusto López, extitular de Gobernación e incluso aspirante presidencial, tendrá severas repercusiones en las relaciones de poder al interior del partido oficialista.

De entrada, el coordinador de Morena en el Senado de la República está obligado a explicar con claridad y de cara a la sociedad por qué mantuvo en su cargo a un presunto delincuente. Tal posicionamiento no es a contentillo, sino una acción lógica que debe realizar como representante popular, más allá de que alguna autoridad jurisdiccional lo llame a declarar, lo que parece improbable.

Hasta el momento, el exsecretario de Gobernación ha preferido que otros hablen sobre el tema, incluyendo a la presidenta Claudia Sheinbaum, lo que resulta inconcebible, pues es el senador, como servidor público, debe dar la cara públicamente, toda vez que evidentemente no lo hará ante Ministerios Públicos o Jueces.

Por otro lado, Morena y el movimiento lopezobradorista explotaron, durante años, el encarcelamiento de Genaro García Luna y su relación con el expresidente Felipe Calderón. Al oficialismo ese asunto le sirvió para desactivar cualquier señalamiento contra sus liderazgos y librarlos de cuestionamientos por sus relaciones con la delincuencia.

Ahora, le corresponde a Morena asumir posturas, enfrentar el veredicto social y no acudir al manido pretexto de las estrategias mediáticas, las campañas de los conservadores y todos esos espantajos que han servido como escudo a los ya inocultables casos de corrupción entre sus huestes.

La coyuntura exige una postura contundente del partido oficial, toda vez que comienza a perder efecto el mantra del “no somos iguales”, ahora el morenismo tendrá que demostrarlo, pues al menos en este asunto, Adán Augusto López está actuando exactamente como lo hizo Felipe Calderón con Genaro García Luna, por lo tanto, cada vez se parecen más.

El oficialismo se encuentra ante la disyuntiva de arropar a su coordinador en el Senado o aprovechar la oportunidad para sacudirse a ese alfil del lopezobradorismo. Esa última posibilidad no está cancelada, pues incluso hay quien afirma que todo este tema se fraguó desde la propia cúpula en el poder.

La decisión, aparentemente sencilla, pasa por calibrar la fuerza que todavía tiene el expresidente Andrés Manuel López Obrador, a quien la inmensa mayoría de actuales funcionarios y autoridades de todo el país deben su cargo. ¿Está listo Morena para trascender al exmandatario y consolidar a los actuales liderazgos? ¿la fuerza del morenismo es real o está anclada definitivamente al tabasqueño?

En el pasado reciente, las principales figuras del oficialismo, incluyendo a la presidenta, optaron por respaldar a personajes impresentables como el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, frente a las inocultables evidencias de corrupción y relaciones con el crimen organizado.

Cerrar filas en un caso tan escabroso como el de Tabasco podría traer severas consecuencias. De entrada quedará cada vez más claro que algo de razón deben tener las autoridades de Estados Unidos al exigir que se desmonte la estructura política que aceita las operaciones del narcotráfico en México.

También será manifiesta la incapacidad de la estructura de Morena para hacerle frente a los excesos de su militancia, una degradación peligrosa en el ejercicio del poder que ya en el pasado reciente, a la derecha mexicana solo le permitió conservar dos sexenios la presidencia de la república.

Cualquiera de las alternativas tendrá repercusiones que la cúpula gobernante pretende amortiguar con el enorme dispendio de recursos destinados a los programas asistenciales, una estrategia político-electoral que podría volverse insostenible de mantener el ritmo actual.

BREVE HISTORIA PARA CAMILA.  Este martes murió un ícono del rock. El personaje no estaba entre mis favoritos, pero sin duda me hizo falta la princesa para comentar el hecho, como lo hacemos siempre con otros músicos que nos interesan o que por el contrario, nos parecen intrascendentes. En realidad este acontecimiento me llevó a la conclusión de que extraño las tardes apacibles en que escucho a la exmoconeta tocar la guitarra, afinar el instrumento o simplemente conservarlo sobre su cama. Ya falta menos para su retorno y aunque todos los días hablamos, no veo la hora de estrecharla fuerte y regresar a las tardes de complicidad salpicada de silencios.

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