El Partido Revolucionario Institucional (PRI) no tiene intenciones de cambiar ni de renovarse. Continúa atrapado en los viejos y anquilosados métodos antidemocráticos de la imposición, que lo llevaron a perder el poder en Colima durante la pasada elección de gobernador.
Los mecanismos cupulares utilizados para llevar a cabo la elección de Arnoldo Ochoa González como presidente estatal del PRI, así lo demuestran. Baste mencionar que desde la llegada de Ochoa González como dirigente interino del tricolor, a principios de 2021 —en pleno inicio de campaña de Mely Romero por la gubernatura— se recurrió al viejo truco de la prelación, primero mediante el nombramiento de Ochoa como secretario de Organización para permitirle llegar a la presidencia mediante el desplazamiento de José Manuel Romero Coello y la secretaria general a través de una renuncia obligada.
En aquel momento, fue tan burdo el mecanismo y tan grande el descontento del propio Romero Coello, que prefirió irse de candidato del PVEM a la alcaldía de Colima, donde pese a haber perdido alcanzó una regiduría de representación proporcional.
Mientras tanto, ahora, meses después de la aparatosa derrota del PRI en la elección de gobernador, en el PRI estatal fue escenificada una pieza teatral en la que Arnoldo Ochoa se ratificó a sí mismo en el puesto de dirigente, con su supuesta renuncia para registrarse como ¡candidato único! a convertirse en presidente sustituto del tricolor, para el periodo 2020-2024, que había sido iniciado por el propio Romero Coello.
Y, como en los viejos tiempos, el Consejo Político Estatal del PRI ungió al exgobernador, exsecretario general de gobierno y exdiputado federal como dirigente para concluir todo el periodo.
Aunque hubo una corriente que apoyaba a la excandidata Mely Romero Celis para encabezar al PRI, ésta fue invisibilizada y borrada de un plumazo por las fuerzas dinosáuricas que siguen controlando al PRI estatal, que ni siquiera le dieron la oportunidad de participar
La propia Mely Romero, en una publicación en Facebook, informó a sus seguidores que “había decisiones que estaban ya tomadas”.
Esto fue lo que expresó la excandidata:
“A mi familia priista:
“Al igual que ustedes, me motiva la posibilidad de reinventarnos como partido, porque al hacerlo habremos demostrado ser capaces de escuchar a la ciudadanía de Colima que nos señala habernos convertido en una institución lejana, tradicionalista y poco democrática, y que nos pide respuestas innovadoras, acordes a las exigencias actuales. Sé que esa reinvención es posible y estoy dispuesta a trabajar con todas y todos ustedes que me han expresado sus ganas de lograrlo.
“Quiero que sepan que así mismo lo he comunicado a la dirigencia nacional de nuestro instituto político, porque en el PRI ante todo somos eso, institucionales, y tenemos vías establecidas que priorizan la unificación del partido. Sin embargo, había decisiones que estaban ya tomadas.
“Agradezco de corazón la confianza que muchas y muchos de ustedes han depositado en mi persona. Sepan que mi trabajo se mantendrá y se fortalecerá en todo el estado, y les pido que me permitan seguir haciendo equipo con ustedes, especialmente en estos tiempos de incertidumbre política y social, porque es cuando más se requiere del auténtico compromiso y convicción de servicio que tenemos quienes conformamos esta gran familia partidista.
“No dejemos a un lado el anhelo que tenemos de ver un partido revitalizado. Cambiando, podremos ayudar a la sociedad y ese es precisamente el fin de nuestro trabajo. Porque no sólo se trata del PRI, se trata de nuestro estado. Lo hemos demostrado antes y confío que podremos nuevamente demostrarlo”, concluyó Romero Celis.
Por la forma en que realizó su proceso interno, que dejó el control en manos del grupo político que lo ha manejado desde hace varias décadas, es un hecho que el PRI estatal va a la elección de 2024 con sus viejas ideas, con sus obsoletas prácticas y con escasas posibilidades de recuperar algo del poder perdido.