{"id":8184,"date":"2019-10-23T08:00:04","date_gmt":"2019-10-23T13:00:04","guid":{"rendered":"https:\/\/diarioavanzada.com.mx\/?p=8184"},"modified":"2019-10-23T08:03:46","modified_gmt":"2019-10-23T13:03:46","slug":"vislumbres-el-dia-del-ciclon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diarioavanzada.com.mx\/?p=8184","title":{"rendered":"Vislumbres. El d\u00eda del cicl\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Escrito por: Abelardo Ahumada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cLLUVIECITAS\u201d. \u2013<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La relaci\u00f3n de lo que sucedi\u00f3 en el tsunami que les anunci\u00e9 la semana pasada se las voy a deber por el momento, ya que el pr\u00f3ximo domingo se cumplir\u00e1n 60 a\u00f1os de que azot\u00f3 a Colima el m\u00e1s pavoroso hurac\u00e1n del que los m\u00e1s viejanos a\u00fan tenemos memoria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tuvo raz\u00f3n en ese sentido mi compa\u00f1ero Horacio Archundia Guevara, cuando en su participaci\u00f3n en el libro colectivo <em>\u201cCuentos, leyendas y narraciones colimenses\u201d,<\/em> escribi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cLos manzanillenses, cuando pronunciamos la palabra Cicl\u00f3n, nos referimos al del 27 de octubre de 1959. \u2018Lo dem\u00e1s han sido lluviecitas\u2019, como afirma mi madre. Y porque \u2018cicl\u00f3n s\u00f3lo ha habido uno\u2019, como dice un querido vecino de la ciudad: Don Eduardo Machetto. Dicho esto con todo respeto para los damnificados de huracanes y tormentas como el de 1982 que cobr\u00f3 algunas vidas, o como el coletazo del cicl\u00f3n \u2018Jova\u2019, que el a\u00f1o 2011 gener\u00f3 p\u00e9rdidas econ\u00f3micas y patrimoniales incalculables. Pero el Cicl\u00f3n es, en la historia de Manzanillo, por antonomasia, el que nos marc\u00f3 en 1959\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y yo coincido con \u00e9l porque habiendo vivido ya seis d\u00e9cadas tras haber atestiguado al menos una parte de lo que sucedi\u00f3 entonces, puedo afirmar, siguiendo el tono de la recientemente fallecida mam\u00e1 de Horacio, que los dem\u00e1s ciclones que hemos visto y padecido s\u00f3lo han sido \u201ccicloncitos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"767\" height=\"433\" src=\"https:\/\/diarioavanzada.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/image-25.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-8185\" \/><figcaption>Muchas embarcaciones y varios barcos de cierta consideraci\u00f3n fueron arrancados de sus amarras y hundidos o ladeados por las olas y el viento dentro del que se consideraba un puerto seguro. <\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cTRISTES RECUERDOS\u201d. \u2013<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y parafraseando ahora el t\u00edtulo de la canci\u00f3n que hizo famosa \u201cEl Charro Cantor\u201d Antonio Aguilar, entresacar\u00e9 algunas de las \u201cRemembranzas del cicl\u00f3n\u201d que public\u00f3 el cronista porte\u00f1o en el mencionado libro, para que nos demos una idea de lo que realmente pas\u00f3 esa trist\u00edsima ocasi\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cLuego de tres d\u00edas de lluvias tranquilas y de una semana de nubes tenues, el 27 de octubre de 1959, cuando se consideraba que el Cicl\u00f3n Linda hab\u00eda pasado lejos de las costas de Manzanillo, el meteoro \u2018retorn\u00f3\u2019 sobre la regi\u00f3n de Jalisco, Colima y Michoac\u00e1n, dejando destrucci\u00f3n y muerte a su paso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los c\u00e1lculos oficiales enumeraron entre mil 300 y mil quinientos muertos. Pero la realidad super\u00f3 esas cifras. El fen\u00f3meno natural alcanz\u00f3 proporciones insospechadas; hubo lugares donde el viento, las corrientes de agua y los deslaves, borraron todo a su paso, sepultando colonias o pueblos enteros. En Manzanillo, los derrumbes cobraron cientos de vidas. Tan s\u00f3lo en el barrio de La Pedregosa, los muertos se contaron por m\u00e1s de doscientos. Casas enteras quedaron enterradas y fue menester utilizar maquinaria para rescatar s\u00f3lo una parte de los cad\u00e1veres.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"822\" height=\"578\" src=\"https:\/\/diarioavanzada.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/image-26.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-8186\" \/><figcaption>Uno de los primeros reportajes que se publicaron al respecto se debi\u00f3 a la pluma y a la lente del Profr. Ismael Aguayo Figueroa. Esta foto suya es del entonces min\u00fasculo pueblo de Minatitl\u00e1n, en donde fallecieron m\u00e1s de 150 personas. <\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero si bien se han descrito, en abundancia, los da\u00f1os que provoc\u00f3 el hurac\u00e1n en la zona urbana y en los principales pueblos, hasta ahora no se ha realizado un estudio minucioso de las vivencias que sufrieron los habitantes de la zona rural. Hasta ahora, las im\u00e1genes m\u00e1s conocidas de las afectaciones causadas por el cicl\u00f3n, generalmente tienen que ver con barcos hundidos, con casas sepultadas en los cerros, con techos \u2018volados\u2019 o bardas ca\u00eddas; se refieren a perjuicios en los patios de carga del muelle, o a las calles cubiertas de lodo y piedras. Pero no hay a\u00fan fotograf\u00edas de las monstruosas p\u00e9rdidas que se dieron en los pueblos campesinos. Con la excepci\u00f3n de Minatitl\u00e1n, que por ser cabecera municipal recibi\u00f3 especial atenci\u00f3n y fue m\u00e1s conocido su desastre, [pero] en general, los pueblos peque\u00f1os resultaron ignorados frente a la destrucci\u00f3n. Pareciera que nadie se acord\u00f3 de los campesinos. Cuando se escribieron los datos de las p\u00e9rdidas, se citan aquellas que tienen que ver con la agricultura y ganader\u00eda. Se nos ha dicho que se afectaron tantas hect\u00e1reas sembradas de ma\u00edz, frijol, arroz, ajonjol\u00ed, pl\u00e1tano, lim\u00f3n, coco y otros frutales. Sabemos que se perdieron cultivos en casi cien mil hect\u00e1reas. Pero pocos se han acordado de recoger los testimonios dram\u00e1ticos de las gentes del campo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estremece el testimonio de Sof\u00eda Carbajal, connotada y estimable vecina de Santiago, cuyo padre, Don Gilberto Carbajal, fue sorprendido por el meteoro en las parcelas de su propiedad, en Las Humedades, habiendo luchado afanosamente contra la corriente que lo llevaba hasta que, encontr\u00e1ndose con un brazo fracturado, le fue imposible sobrevivir, llev\u00e1ndoselo el r\u00edo sin que se haya vuelto a saber nada suyo nunca m\u00e1s. Por semanas enteras, Do\u00f1a Guadalupe Santana, su viuda, recorri\u00f3 con sus hijos y amigos las tierras donde su marido se hallaba trabajando y cientos de metros r\u00edo abajo, sin que haya encontrado jam\u00e1s el cuerpo de su amado esposo que la dej\u00f3 viuda y con nueve hijos qu\u00e9 sostener [\u2026]<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201c[Pero] el caso del se\u00f1or Carbajal es uno entre cientos. \u00bfC\u00f3mo no conmoverse, por ejemplo, frente a la forma dolorosa en que murieron los miembros de la familia Gonz\u00e1lez Flores, en Las Juntas? Jes\u00fas Gonz\u00e1lez viv\u00eda al oriente del entonces caudaloso r\u00edo, sobre una loma en la que hab\u00eda construido su casa de <em>venas <\/em>y palapas entrelazadas y tejidas tupidamente para impedir el paso del sol o las filtraciones del agua, y en la que habitaba con su mujer y sus cuatro hijos: uno adolescente y tres ni\u00f1os.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando comenz\u00f3 la lluvia, Jes\u00fas le dio poca importancia al fen\u00f3meno. El r\u00edo hab\u00eda estado aumentando su caudal, pero a pesar de todo no le dio importancia, sabedor de que, a seis metros de altura era cosa muy dif\u00edcil que subiera la corriente. \u2018Era algo que no hab\u00eda pasado nunca\u2019, recuerda Miguel Gonz\u00e1lez, el hijo mayor de Jes\u00fas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Relata Miguel que, un rato antes de que ocurriera la desgracia, su padre le orden\u00f3 cruzar el r\u00edo por un puente muy elemental que ellos ten\u00edan para cruzar las corrientes fuertes durante los temporales, y que hab\u00edan hecho aprovechando la presencia de un tronco ca\u00eddo de palma de <em>cayaco.<\/em>&nbsp; Dice que lo mand\u00f3 a cortar unos chaltomates \u2013 especie de tomate min\u00fasculo, de exquisito sabor, que usan los campesinos para preparar salsas deliciosas-, porque Luc\u00eda Flores, su madre, estaba torteando para comer; ya atardeciendo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Miguel Gonz\u00e1lez llora cuando describe que tuvo que alejarse algunos metros en busca de una buena cantidad de chaltomates. Ten\u00eda diecis\u00e9is a\u00f1os entonces y recuerda con dram\u00e1tica precisi\u00f3n que oy\u00f3 un \u2018tronido\u2019 impresionante en el r\u00edo que lo hizo correr a la orilla, impulsado por el deseo de volver a su hogar. Dice que cuando lleg\u00f3 al bordo de la correntada, no pod\u00eda dar cr\u00e9dito a lo que vieron sus ojos. Estaba oscureciendo y cuando pretendi\u00f3 cruzar el r\u00edo se dio cuenta de que no estaba la palma que les serv\u00eda de puente y que el nivel del agua hab\u00eda subido tanto que cubr\u00eda no s\u00f3lo el cauce del r\u00edo, &#8211; no muy ancho en esa parte, pero ciertamente algo profundo-, sino parte de la \u2018labor\u2019 que \u00e9l y sus padres ten\u00edan del lado poniente, es decir, donde \u00e9l andaba cortando chaltomates.&nbsp; Ahora calcula que el agua hab\u00eda subido entre doce y catorce metros y que lo que \u2018bramaba\u2019 era la cantidad pasmosa de agua arrastr\u00e1ndolo todo a su paso. Cuenta Miguel que lo invadi\u00f3 el terror y que sus gritos lastimeros le han quitado el sue\u00f1o muchos a\u00f1os. Cuando busc\u00f3 con la vista la casita de palapas donde viv\u00eda con su familia, no la encontr\u00f3 por ning\u00fan lado. El sitio donde recordaba que era su casa hab\u00eda sido socavado de golpe por la corriente y a gran distancia pod\u00eda ver ropa, ganado, \u00e1rboles arrancados de cuajo y pedazos de madera que el r\u00edo llevaba rumbo a donde sus padres le dec\u00edan que estaba el mar. Miguel gime cuando le vienen a la mente aquellos momentos. Todav\u00eda le parece imposible que en diez o quince minutos pueda pasar algo as\u00ed. Como pudo, volvi\u00f3 sobre sus pasos y trep\u00f3 en un enorme zalate que soport\u00f3 los embates del agua con dificultad.&nbsp; Afirma Miguel que ni la muerte de su hijo mayor, en un accidente, le caus\u00f3 tanto dolor como la p\u00e9rdida horrenda de su familia, aquel 27 de octubre. Solo, desamparado, en la m\u00e1s completa orfandad y en la penuria absoluta, ech\u00f3 a andar r\u00edo abajo hasta que lleg\u00f3 a la casa de un t\u00edo lejano suyo, situada en el cerro del Tecolote. De aquellos instantes recuerda que se le nubl\u00f3 la vista y el llanto y el profundo dolor lo ten\u00edan como \u2018ido\u2019. A otro d\u00eda, cuando el temporal amain\u00f3 un poco, sus parientes con \u00e9l agregado emprendieron el viaje rumbo a El Colomo, donde se hospedaron en casa de Do\u00f1a Lupe Osorio.&nbsp; En el camino a El Colomo se dio cuenta de que no estaba solo en la desgracia. Antes de llegar al \u2018Paso Ancho\u2019 -un paraje conocido de la regi\u00f3n- sus t\u00edos ordenaron detenerse para sacar el cuerpo de una mujer ahogada y casi despedazada que enterraron como pudieron en la parte m\u00e1s alta de una lomita, poni\u00e9ndole luego encima unas piedras y una cruz mal armada de madera. Hicieron lo mismo dos veces m\u00e1s con otros cuerpos, hasta que su t\u00edo decidi\u00f3 no seguir sepultando v\u00edctimas \u2018porque va a ser el cuento de nunca acabar\u2019 y porque tem\u00edan que la lluvia regresase y el r\u00edo creciera m\u00e1s. De su familia no supo nunca nada\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y hasta aqu\u00ed la redacci\u00f3n de Horacio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">MUY AJENOS A LO QUE SOBREVENDR\u00cdA. \u2013<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por aquellos d\u00edas de finales de 1959, a Minatitl\u00e1n s\u00f3lo se pod\u00eda llegar desde Colima en bestia, y desde Manzanillo por una brecha temible que hab\u00eda ido a inaugurar el gobernador Jes\u00fas Gonz\u00e1lez Lugo, el 20 de noviembre de 1950.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por obra de la intensa lluvia que hab\u00eda estado cayendo desde la antev\u00edspera de la cat\u00e1strofe que azot\u00f3 a sus pobladores en el amanecer del 27 de octubre, la brecha se hallaba cortada en varios tramos, de modo que la cabecera municipal qued\u00f3 totalmente asilada y la indispensable ayuda m\u00e9dica que se requiri\u00f3 tard\u00f3 mucho tiempo en llegar.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"822\" height=\"623\" src=\"https:\/\/diarioavanzada.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/10\/image-27.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-8187\" \/><figcaption>Arroyos que normalmente parecen (y son) insignificantes de repente crecieron a rebosar, arrastrando con la fuerza destructora de sus aguas embravecidas todo lo que encontraron al descender de los cerros al mar. <\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el aniversario n\u00famero 35 de aquella fecha fat\u00eddica entrevist\u00e9 creo que a once de los sobrevivientes y, de entre todos ellos, les transcribir\u00e9 hoy algunos dram\u00e1ticos testimonios, respetando en todo momento las expresiones de cada cual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Empezar\u00e9 con el relato de don Antonio Michel, un hombre delgado, chaparrito, de marcada ascendencia ind\u00edgena:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEl lunes en la noche, cuando comenz\u00f3 lo mero fuerte del cicl\u00f3n, yo estaba de visita en ca\u00b4 <em>Josito<\/em> Figueroa. Andaba yo en burro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces, por ai como a las cuatro de la ma\u00f1ana, pens\u00e9 irme a mi casa porque viv\u00eda [en el rancho de] Las Gu\u00e1simas. Entonces le dije a <em>Vitoria<\/em>, la madre de mi compadre <em>Cuco<\/em> [y me respondi\u00f3]: \u2018\u00bfA poco te vas a ir? \u00bfQu\u00e9 no ves c\u00f3mo est\u00e1 el mundo?\u2019<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">[Aunque] no pod\u00eda uno asomarse a ninguna parte porque lo arropaba a uno el viento, de todos modos le dije a <em>Vitoria<\/em>: \u2018Yo ya me voy, y el burro ya tiene hambre\u00b4.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces me ensart\u00e9 <em>la china<\/em>, porque en ese tiempo no se usaban capotes sino <em>las chinas<\/em>. Me acomod\u00e9 el barbiquejo de mi sombrero y me le sub\u00ed al burro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el arroyo que le decimos \u2018El Bonete\u2019, a la salida de aqu\u00ed [hacia Camotl\u00e1n y Manzanillo], el burro, como iba para su querencia iba r\u00e1pido, y se meti\u00f3 de repente al arroyo. Ah\u00ed me perd\u00ed. Me tumb\u00f3 el arroyo, me ech\u00e9 unas cuantas maromas y sal\u00ed con el amarradijo de la china enredado en el buchi, y el barbiquejo del sombrero tambi\u00e9n enredado en el buchi, ahorc\u00e1ndome, echando agua por la nariz y la boca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como pude agarr\u00e9 el buro que ya estaba del otro lado y me volv\u00ed a ir. M\u00e1s all\u00e1 est\u00e1 otro arroyo que le dicen \u2018El Pi\u00f3n\u2019. Tambi\u00e9n me dio otra revolcada pero me volv\u00ed a salvar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegando a un puertecito (la parte m\u00e1s alta de alguna trepada. Nota del entrevistador), en una parota, ya para trastumbar pa\u2019 los ranchos de Las Gu\u00e1simas, ah\u00ed el aironazo le daba vuelta pa\u2019 tr\u00e1s a la bestia en vez de darle pa\u2019 delante, y a poco ya me volv\u00eda, hasta que en una escampadita del aire, llegu\u00e9 a mi casa, desensill\u00e9 la bestia y avent\u00e9 el fuste.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La familia estaba gritando. La tempestad estaba muy fuerte. Amarr\u00e9 el burro en una parota. [Pero] a poco cay\u00f3 la parota, campane\u00f3 pa\u2019 un lado y el burro cay\u00f3 pa\u2019l otro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al otro d\u00eda [ya que se termin\u00f3 la lluvia], me vine yo a Minatitl\u00e1n, a la casa en donde habitaba cuando ven\u00eda de visita. <em>Vitoria,<\/em> la madre de <em>Goyita<\/em>, dos veces me dijo: \u2018\u00a1Arr\u00e1ncate al r\u00edo a ver d\u00f3nde ves a tu comadre!\u2019. Total, que sal\u00ed al [play\u00f3n que hab\u00eda dejado el] r\u00edo, pero ya desde antes otros hab\u00edan empezado a sacar gentes. En partes hall\u00e1bamos el chongo de una mujer, escarb\u00e1bamos hasta que la sac\u00e1bamos, y as\u00ed familias enteras. Pero a mi comadre no la hall\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tardamos cuatro d\u00edas sacando muertos, hab\u00eda muchos\u2026 Cosas de las tiendas, vacas muertas o muri\u00e9ndose. Unos por fuera de las tacoteras, en el monte, en lo seco, estaban haciendo pozos; otros sacando cuerpos, pedazos de cuerpos, ech\u00e1ndolos en [o sobre] tablas, y entre dos o tres los llev\u00e1bamos a los pozos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y yo no s\u00e9 c\u00f3mo, en esos cuatro d\u00edas llev\u00e1bamos bastimento, y regres\u00e1bamos con el como nos lo hab\u00edamos llevado. No nos daba hambre\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Continuar\u00e1.<\/p>\n<div class=\"fb-background-color\">\n\t\t\t  <div \n\t\t\t  \tclass = \"fb-comments\" \n\t\t\t  \tdata-href = \"https:\/\/diarioavanzada.com.mx\/?p=8184\"\n\t\t\t  \tdata-numposts = \"10\"\n\t\t\t  \tdata-lazy = \"true\"\n\t\t\t\tdata-colorscheme = \"light\"\n\t\t\t\tdata-order-by = \"social\"\n\t\t\t\tdata-mobile=true>\n\t\t\t  <\/div><\/div>\n\t\t  <style>\n\t\t    .fb-background-color {\n\t\t\t\tbackground:  !important;\n\t\t\t}\n\t\t\t.fb_iframe_widget_fluid_desktop iframe {\n\t\t\t    width: 100% !important;\n\t\t\t}\n\t\t  <\/style>\n\t\t  ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escrito por: Abelardo Ahumada. \u201cLLUVIECITAS\u201d. \u2013 La relaci\u00f3n de lo que sucedi\u00f3 en el tsunami que les anunci\u00e9 la semana pasada se las voy a deber por el momento, ya que el pr\u00f3ximo domingo se cumplir\u00e1n 60 a\u00f1os de que azot\u00f3 a Colima el m\u00e1s pavoroso hurac\u00e1n del que los m\u00e1s viejanos a\u00fan tenemos memoria. 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