{"id":29599,"date":"2022-01-21T17:45:54","date_gmt":"2022-01-21T23:45:54","guid":{"rendered":"https:\/\/diarioavanzada.com.mx\/?p=29599"},"modified":"2022-01-21T17:46:02","modified_gmt":"2022-01-21T23:46:02","slug":"la-noche-del-terremoto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diarioavanzada.com.mx\/?p=29599","title":{"rendered":"La noche del terremoto"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tierra de Colima se sacude unos segundos y, en medio de la oscuridad, llega el caos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nos trastoca la angustia cuando esta noche sentimos un temblor distinto: m\u00e1s arrebatado, m\u00e1s violento, m\u00e1s apocal\u00edptico. Lo \u00fanico que nos queda es correr o rezar, oyendo sin ver los crujidos amenazantes de las construcciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cruel experiencia para quienes todav\u00eda no cumplimos diez a\u00f1os, que no vivimos o no recordamos octubre de 1995, mucho menos septiembre de 1985, enero de 1973, abril de 1941 o junio de 1932. Estremecedora vivencia tambi\u00e9n para los mayores, a pesar de que ya hemos testificado varias convulsiones de la tierra. A todos, al mismo tiempo y en cualquier lugar, nos urge ponernos a salvo, mientras el piso ejecuta su danza tect\u00f3nica. En la prisa, el instinto le gana a la raz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muchos escuchamos un tronido proveniente de no se sabe d\u00f3nde. Otros, confundidos, no nos damos cuenta de nada. El miedo nos dibuja escenarios que parecen tan reales y tan fant\u00e1sticos. Podr\u00edamos creer de momento que el asteroide de la pel\u00edcula impact\u00f3 al planeta, que lleg\u00f3 la esperada gran erupci\u00f3n del volc\u00e1n, que estamos frente al cumplimiento de la profec\u00eda b\u00edblica del fin del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No importa lo que sea, igual nos hace correr con piernas tan lentas, tropezando, cayendo, levant\u00e1ndonos otra vez, jalando puertas trabadas, vigilando con temor postes y cables transmisores de la energ\u00eda el\u00e9ctrica, deteniendo poco a poco el veh\u00edculo al descubrir que el baile de los \u00e1rboles no era ocasionado por el aire, resistiendo bajo una columna o el quicio de una puerta. En alguna humilde vivienda una anciana se juega la suerte con su esposo y permanece abraz\u00e1ndolo en su lecho de enfermo, cerrando los ojos mientras a su alrededor todo se sacude.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No sabemos si ya termin\u00f3 la fase cr\u00edtica, pero seguimos sintiendo un suave bamboleo en los cuerpos. Si elevamos la mirada vemos una luna rojiza. Si miramos hacia el sur apreciamos un gran resplandor. Se oyen las primeras sirenas y nos lanzamos a las calles a buscar a los familiares ausentes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sismo irrumpe en la rutina del martes 21 de enero de 2003, minutos despu\u00e9s de las ocho de la noche. Es la hora en que algunos ya estamos cenando. Hay ni\u00f1os que todav\u00eda hacemos la tarea en la sala. Grupos de j\u00f3venes jugamos en campos deportivos. Quienes somos madrugadores ya queremos dormir. Otros salimos del trabajo y vamos a nuestras casas, paseamos con nuestros hijos en parques infantiles, escuchamos en el jard\u00edn Libertad un concierto por el aniversario de la fundaci\u00f3n de Colima, leemos un libro tendidos sobre la cama, visitamos a familiares, seguimos en el trabajo, platicamos con el vecino\u2026 pero cuando el mundo se mueve, como nunca en una acci\u00f3n simult\u00e1nea, suspendemos abruptamente lo que hacemos para hermanarnos en la carrera por la vida. Parecen los segundos m\u00e1s apremiantes de la existencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quienes morimos es porque no logramos alcanzar la salida o somos sorprendidos por un derrumbe en la calle. Muros y techos son nuestra primera sepultura. Los que seguimos aqu\u00ed estamos marcados, con heridas como tatuajes en cuerpos o almas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El llanto, los gritos, los lamentos, el miedo, el dolor y, sobre todo, el azoro penetran la noche colimota m\u00e1s larga en la memoria. Qui\u00e9n olvidar\u00e1 que nos movemos como zombis de la madrugada, mirando sin creer, a trav\u00e9s de las nubes de polvo, los signos visibles de la destrucci\u00f3n y la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno, tres, seis, quince, diecinueve, veintiuno, veinticinco\u2026 N\u00famero tras n\u00famero, la lista de v\u00edctimas \u2014ni\u00f1os y adultos, mujeres y hombres, j\u00f3venes y viejos\u2014 se sumerge implacable en nuestros pechos, dej\u00e1ndonos la incertidumbre de no saber d\u00f3nde se detendr\u00e1 el conteo mortal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una certeza compartida nos acompa\u00f1a desde entonces: pocos colimenses vivientes hab\u00edan sufrido durante su existencia un sismo tan violento como \u00e9ste.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por primera vez, se mezclan en todas partes los ululares apremiantes de sirenas de la Cruz Roja y los Bomberos. Heridos, incendios, fugas de gas, accidentes de tr\u00e1nsito y m\u00faltiples emergencias simult\u00e1neas reclaman la atenci\u00f3n de socorristas, m\u00e9dicos y rescatistas voluntarios. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La tragedia, que rebasa los l\u00edmites imaginados, hace aflorar tambi\u00e9n las expresiones de solidaridad humana. Incontables heridos y cuerpos de fallecidos son rescatados por los propios vecinos y familiares, mientras las instituciones oficiales de auxilio no se dan abasto. Veh\u00edculos particulares sirven para el traslado de lesionados a los hospitales, donde m\u00e9dicos y enfermeras atienden al aire libre, en el suelo o en camillas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Casi al amanecer sigue escuch\u00e1ndose el impacto de picos, palas y marros, chocando contra el concreto y separando escombros en busca de cuerpos atrapados. Ah\u00ed est\u00e1 el n\u00facleo de un drama colectivo tan intenso que estalla sin remedio y envuelve a la atm\u00f3sfera con una capa invisible que s\u00f3lo se puede oler y sentir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El \u00fanico alivio inmediato \u2014y vol\u00e1til\u2014 que por ahora tenemos a la mano es el sollozo y las l\u00e1grimas liberadas. Y abrazarnos como nunca, como nunca.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La luz nos sorprende despiertos, encandilados por los rayos que inauguran el d\u00eda siguiente de una noche fat\u00eddica. Recapitulamos y descubrimos apesadumbrados que la pesadilla era verdad. Avanzamos por la ciudad y una imagen nos obliga a revivir, impresionados, la magnitud de lo vivido: miles de naranjas amarillas descansan bajo los \u00e1rboles urbanos, sobre banquetas y camellones, y todav\u00eda se percibe su aroma que nos acompa\u00f1\u00f3, discreto, en la jornada nocturna.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de este episodio, el \u201cbuenos d\u00edas\u201d adquiere una connotaci\u00f3n especial, que deja tras de s\u00ed una sensaci\u00f3n de ahogo que se inicia en el t\u00f3rax y no acaba de terminar en la garganta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes de que lleguen las m\u00e1quinas retroexcavadoras, entre los montones de escombros quedan al descubierto los objetos que compon\u00edan la intimidad de las familias, los fragmentos de la vida de muchas personas:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La foto matrimonial enterregada, con sonrisas de tiempos mejores; la barbie de la ni\u00f1a; el rastrillo de pap\u00e1; la mochila escolar del ni\u00f1o; la secadora de pelo de mam\u00e1; el bast\u00f3n del abuelito que no alcanz\u00f3 a salir; el televisor convertido en chatarra; la sala adquirida en \u201cabonos chiquitos\u201d, inservible; la imagen rota de la virgen de Guadalupe\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En medio de la devastaci\u00f3n, una ni\u00f1a de siete a\u00f1os interrumpe de pronto sus pensamientos y expresa a su padre la primera certeza terrible que ha llegado a su vida:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfSabes qu\u00e9 es lo que no me gusta del mundo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfQu\u00e9, hija?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Que tiemble.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(Cr\u00f3nica publicada d\u00edas despu\u00e9s del terremoto del 21 de enero de 2003 en el semanario Avanza &#8211;posteriormente Avanzada&#8211; y compilada despu\u00e9s en el libro Memoria en movimiento, coordinado por las catedr\u00e1ticas Gabriela Gonz\u00e1lez Gonz\u00e1lez y Ada Aurora S\u00e1nchez Pe\u00f1a, editado por la Universidad de Colima).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>*Imagen tomada de video del gobierno de Colima.<\/em><\/p>\n<div class=\"fb-background-color\">\n\t\t\t  <div \n\t\t\t  \tclass = \"fb-comments\" \n\t\t\t  \tdata-href = \"https:\/\/diarioavanzada.com.mx\/?p=29599\"\n\t\t\t  \tdata-numposts = \"10\"\n\t\t\t  \tdata-lazy = \"true\"\n\t\t\t\tdata-colorscheme = \"light\"\n\t\t\t\tdata-order-by = \"social\"\n\t\t\t\tdata-mobile=true>\n\t\t\t  <\/div><\/div>\n\t\t  <style>\n\t\t    .fb-background-color {\n\t\t\t\tbackground:  !important;\n\t\t\t}\n\t\t\t.fb_iframe_widget_fluid_desktop iframe {\n\t\t\t    width: 100% !important;\n\t\t\t}\n\t\t  <\/style>\n\t\t  ","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La tierra de Colima se sacude unos segundos y, en medio de la oscuridad, llega el caos. 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