VIVENCIAS: Inseguridad segura

Los días pasan, minutos, horas transcurren, amanece y anochece, la población colimense no ha logrado concebir eso de los primeros lugares con premios “patitos” de nuestros gobernantes ineptos, como tampoco ese nada terrible primer lugar nacional en homicidios, éste si es confiable y a ojos vistos que la delincuencia navega a puerto seguro.
El cambio de gobernante es una esperanza pendiente de la mano con sus otros poderes (legislativo, judicial) sin embargo el ciudadano de a pie, sí, ese que sale a buscar sustento de manera honrada, ya no puede confiar ni en su sombra misma que puede ser alcanzada por un proyectil ajeno a la misma.
Sin políticas públicas de corto o largo plazo que tiendan a generar confianza, certeza en quienes habitamos esta patria chica nos manda mensajes claros quien “gobierna” que todo es una monotonía a la que debemos acostumbrarnos los colimenses, a decir de ellos, “ el pueblo se acostumbra a todo” menos a no comer.
Como nada es producto de la casualidad, dicen los que saben que –que hasta la existencia es accidental- esperemos que nuestras autoridades encargadas de prevenir los índices delictivos no vean los l fallecimientos de ciudadanos con la misma lupa de la existencia, por que caerían en un error de teorías al ser o no ser o al deber ser de su encomienda.
La realidad es algo con lo que convivimos a diario, levantones, decesos, robos etc. Etc a lo cual no nos hemos acostumbrado los colimenses, esperamos más de un obeso poder legislativo que va a paso de tortuga en crear leyes que redunden en brindar seguridad, tomar en cuenta a los habitantes para de la mano crear esos mecanismos que den paz y tranquilidad al medio en el que nos toco vivir, un poder judicial entrampado en la nueva modalidad de los juicios orales que tienden a expedir una pronta justicia (tengo mis dudas de ello).
Convencido de que en la medida en que sumen nuestra clase política a nuestros gobernados, tendremos resultados favorables en cualesquiera área llámese salud, seguridad, educación, campo, movilidad, los foros de participación ciudadana podrían ser un aliciente para emprender un mejor vuelo en busca de una mejor convivencia social para oxigenar y revivir el abandono y deteriorado tejido social que vivimos, pensando en un mejor mañana para las futuras generaciones recuerden nuestros gobernantes siguen en deuda con las mayorías. ¿A poco no?

A MANERA DE COMENTARIO..
*Con días de anticipación es mi deber felicitar a mis compañeros de gremio, raza, espíritu y lucha, 15 de mayo DIA DEL MAESTRO en especial a aquellos que transmiten carácter y despiertan conciencias con un toque de lucha social a sus alumnos.
*Todo un rotundo éxito fue el festival internacional del volcán,
*Agradezco de nuevo la puerta abierta de mi casa editorial avanzada para opinar acerca del acontecer , retomando la actividad d3e articulista de opinión.

 

Vislumbres. Optimismo contra mala leche


Saludo a las madres.-
En primerísimo lugar y antes de exponer cualquier tema, quiero enviar desde mi rincón de trabajo un muy atento y cordial saludo a todas las señoras mamás que se dignan en gastar su tiempo para leernos, y en especial, por supuesto, a mi madre anciana que todavía está aquí, con nosotros; a mi esposa Olga, madre de mis dos críos, y a mis hermanas que son madres también.
Foto equívoca.-
De ningún modo me gusta dar pie a chismes ni difundir los que por razón de trabajo tengo que leer, pero sí quiero comentar que en su edición del pasado 3 de mayo, los editores de cierto diario local se pasaron de tueste al publicar, en vez de cualquier foto sobre los numerosos e interesantes eventos presentados durante el Segundo Festival del Volcán, una foto con una caca humana localizada muy temprano el día 2, junto a la entrada de la Escuela Tipo República Argentina.
Si trataban de ensuciar lo más bonito que tuvo el festival en cuestión, lo cierto es que se equivocaron de foto, y que quienes quedaron embarrados con el producto fecal fueron ellos, porque a la inmensa mayoría de nuestros paisanos el festival les gustó, y mucho.
Coloquio volcánico.-
En ese mismo contexto se llevó a cabo el muy interesante Coloquio Internacional del Volcán, que se realizó en el Auditorio del Archivo Histórico Municipal de Colima durante los días 2,3 y 4 de este mayo que inicia, enfocado a la ciencia, la literatura y (un poco) a la historia.
No tuve la oportunidad de escuchar los trabajos expuestos allí por Ada Aurora Sánchez, Gloria Vergara, Miguel León Govea y algunos otros catedráticos y ex alumnos de la Facultad de Letras de la U. de C., pero conociendo la seriedad y el profesionalismo con que Ada, Gloria y Miguel se desempeñan, no dudo en asegurar que debieron de haber sido temas muy bien desarrollados.
Por otra parte sí me tocó asistir a las exposiciones de los científicos participantes, y quiero decir que los felicito porque con sus estudios metódicos han venido a dar luz para conocer más a fondo el comportamiento del gran “Coloso de granito”, como nombró al volcán el extinto profesor Gregorio Torres Quintero en un famoso soneto que publicó hará unos 114 años.
La mayoría de los científicos participantes en este Coloquio trabajan en el Observatorio Vulcanológico de la U. de C., y aun cuando varios de ellos recibieron su formación en el extranjero, no dudan en reconocer que “El Colima”, como también denominan al volcán, es uno de los más activos actualmente en el mundo y, por decirlo así, un verdadero laboratorio natural en el que por mencionar un ejemplo, se producen varios lahares al año, mientras que, por ejemplo también, en el gigantesco y muy famoso Popocatépetl, sólo se produce un lahar allá cada cuatro años, según lo dijo la doctora Lucía Capra, procedente de la UNAM.
A propósito de lahares.-
Y si algún lector todavía no sabe o pregunta ¿qué es son los lahares?, podríamos resumir la explicación diciendo que son avalanchas de lodo, piedras y árboles que se produce en los volcanes más o menos activos a partir de que llueve abundantemente en sus cimas, debido a que el agua precipitada disuelve o licúa, por así decirlo, los materiales que aquellos arrojan por sus cráteres durante las erupciones.
Dichos lahares descienden, por lo regular, durante sus respectivas épocas de lluvia o nevadas, por los lechos de los arroyos que existen en los costados de los edificios volcánicos. Caso concreto en cuanto al Volcán de Colima son, por ejemplo, las barranquillas del Río de la Lumbre, del Arroyo del Cordobán y la del arroyo de Monte Grande, por las que sin ir demasiado atrás, las lluvias que trajo consigo el huracán Patricia a finales de octubre de 2015, bajaron, estrepitosa y destructivamente varios tremendos lahares que arrasaron cientos de árboles que durante los años previos habían logrado crecer en sus riberas.
Poblaciones en riesgo.-
Entre los muchos datos que me tocó escuchar en dicho coloquio, vale la pena mencionar que realmente son muy pocas (y demasiado pequeñas) las poblaciones que eventualmente pudieran ser afectadas por los “ríos de lava” que descienden del volcán, porque, según lo explicaron los científicos, el material que compone el magma de nuestro volcán es muy espeso y rara ocasión desciende más allá de los siete kilómetros, y casi siempre hace por las muchísimas barrancas que hay en la parte alta de su cono. Pero lo que sí nos explicaron fue que los asentamientos donde se hallan todas las poblaciones que van desde la ciudad de Colima hacia el norte, como El Chanal, Comala, Suchitlán, Cofradía de Suchitlán, Cuauhtémoc y Quesería, por mencionar algunas, no sólo están situadas en las verdes “faldas del volcán”, como coloquialmente se dice, sino sobre los restos de algunas gigantescas y destructoras avalanchas volcánicas que se produjeron al derrumbarse partes de otros antiguos edificios volcánicos mediante la ocurrencia de violentísimas erupciones de caldera, que son las más destructivas, violentas y dañinas que existen. Avalanchas, por cierto, cuyos deslizamientos se pueden observar en los diversos estratos (capas) de tierra y piedras que fácilmente se miran en algunos cortes hechos en cerros para construir carreteras, y que para quienes saben “leer” o interpretar estos datos, les indican que tales cataclismos comenzaron a ocurrir hace ya más de 99 mil años (cuando se supone que habría nacido el “Proto-Volcán”, o primer volcán existente en esta área), y de los que algunos de las más recientes se pueden fechar hace 14 mil, siete mil y tres mil quinientos años, aproximadamente.
Eventos todos de gran destructividad que, de volver esto a ocurrir en nuestros días, pondrían en peligro la vida de los 350 mil habitantes que, pocos más o menos, poblamos esta hermosa porción del suelo colimote, porque si se suscitara una nueva erupción de caldera, los “flujos piroclásticos” que ésta provocaría, se desplazarían a ochenta o más kilómetros por hora y con enormes temperaturas, y no nos darían pie para evacuar ninguna de las poblaciones mencionadas a partir de que se diera la alarma al respecto.
Todo eso, sin embargo, no debe preocuparnos gran cosa a los colimenses, no sólo porque sabemos perfectamente que tan catastróficos acontecimientos sólo ocurren cada un montón de miles de años, y sino porque hay otros, en cambio, frente a los que sí debemos de estar prevenidos, como los terremotos y los huracanes que, sin ser tan destructivos y violentos como las erupciones de caldera, son muchísimo más frecuentes en nuestra región. Todo ello aun sin mencionar aquí los vendavales de la política y las malas administraciones públicas que tantos damnificados provocan en cada trienio (o sexenio) en nuestra entidad.
El Seminario Conciliar, pionero en la observación científica.-
Un dato de gran interés que aportaron en el Coloquio tres participantes de Ciudad Guzmán, Jal., fue que hacia 1896 (o 1898) el padre José María Arreola, nativo de esa ciudad, pero perteneciente en aquel momento al Obispado de Colima, fue el fundador del primer Observatorio Científico que hubo en toda esta parte del mundo, dedicado tanto a la observación del Volcán de Colima como al “estado del tiempo” y las precipitaciones pluviales.
Según esa misma información (que se puede cotejar acá, en otros datos brindados por el cura historiador Florentino Vázquez Lara) un observatorio similar estableció posteriormente el padre Arreola en el Seminario Conciliar de Colima. Cura al que, luego de ser trasladado a la ciudad de Guadalajara, fue sucedido en el observatorio de Ciudad Guzmán por el también cura Severo Díaz Galindo, y en Colima por el profesor (y al parecer ex seminarista) Aniceto Castellanos, de muy grata memoria los dos.
La Piedra Lisa.-
Y como cosa curiosa déjenme comentarles que, al término de unas charlas que se suscitaron durante el mencionado coloquio, uno de los asistentes del público preguntó a los científicos del Observatorio Vulcanológico qué tan cierto es lo que mucha gente de Colima dice en torno a que la famosísima Piedra Lisa es un monolito arrojado por el Volcán.
La respuesta del investigador fue, contra lo que yo mismo suponía, afirmativa, pero explicó poco más o menos lo siguiente: “Sí, la Piedra Lisa es una piedra procedente del volcán, pero no fue arrojada por éste como si fuera una bomba, sino que estuvo alguna vez en su cima, cuando la última época glaciar, antes de que explotara el volcán”.
Habló también de la existencia de muchas otras piedras lisas que están desparramadas en diversas parcelas y potreros de toda esta región, explicando que le lisura que muestran se debió no tanto a las talladas de miles de calzones y pantalones sobre su superficie, sino a la fricción o rozamiento que fueron sometidas con otras materias duras mientras que muy poco a poco iban siendo arrastradas por los glaciares que debieron existir durante aquella helada era.
Yo no sabía, tampoco, que en nuestra muy cálida Colima se hubiesen manifestado los efectos de antiguas glaciaciones, pero me parece muy lógico que sí haya sucedido eso incluso si hoy tanto hablamos del “calentamiento globlal”. Por otra parte también me parece una hipótesis muy creíble la que nos dice que tales piedras pisas tampoco fueron expelidas como bombas volcánicas, sino formando parte de los muchos millones de metros cúbicos de material que, al explotar todo o algunas partes de los edificios volcánicos anteriores, fueron arrojados sobre el antiguo Valle de Colima, durante las erupciones de caldera mencionadas. Suma de materiales que al ser derramados desde lo alto de la montaña hasta el valle, fue lo que, junto con las lluvias caídas durante miles de años después, que lo erosionaron, configuraron su actual relieve.
Saludo final.-
Y como ya viene también el Día del Maestro, y no podré la semana próxima dedicarles ningún saludo a tiempo. De una buena vez aprovecho la ocasión para expresar mis felicitaciones a todos aquellos colegas (o ex colegas) que verdaderamente dan (o dieron) lo mejor de lo suyo para realizar la noble labor de ayudar a forjar mentes y caracteres; y envío mi muy enfática reprobación a todos aquellos otros que sólo van a las aulas a cumplir con un horario y, a veces, ni siquiera a eso, convirtiéndose en rémoras del proceso educativo, en vez de ser sus líderes o actores.

Esta Fauna. La vida en una llamada


En este mundo abundan los perseguidores. En el nuevo sistema económico ya no existen los consumidores: existen los perseguidos. Nadie sabe, por ejemplo, de qué manera nuestros nombres y números telefónicos llegan hasta las listas de telemercadeo. El empecinamiento de las empresas por ofrecernos bienes o servicios, a través de llamadas telefónicas, merma nuestro derecho a la privacidad y la reclusión voluntaria.
A estas alturas nadie puede declararse ermitaño y encerrarse a odiar, tranquila y respetuosamente, a la humanidad. Hasta en los sitios más recónditos habrá un agente de ventas, insistiendo en ofrecernos una tarjeta de crédito o un seguro de vida. El infierno del misántropo es una habitación donde cada minuto recibe llamadas telefónicas para ofrecerle membresías de un centro comercial, cursos de idiomas o tiempo compartido en alguna cadena hotelera.
Nadie sabe a ciencia cierta en manos de quién están nuestros nombres, direcciones y números telefónicos. Son las consecuencias de vivir en un mundo donde el secreto personal agoniza. La benefactora cobija del anonimato es ya un mero mito. Además de los vecinos impertinentes, también las instituciones bancarias y las compañías telefónicas saben dónde trabajamos, a qué horas llegamos a casa después del trabajo y cuántos hijos tenemos y de qué edad.
Esto, que en apariencia es información irrelevante, se convierte en un recurso inquisitorio para los agentes de telemercadeo que suelen preguntar, del otro lado de la línea, si es que acaso queremos que nuestros hijos queden en el desamparo luego de nuestra muerte. “Por eso le estamos informando que tenemos buenas referencias de usted, y lo acreditan como un buen candidato para gozar de uno de nuestros seguros de vida”, suelen añadir en tono de quien nos está haciendo un gran favor.
Todavía no logró entender cómo es que una institución bancaria me consideró “buen candidato” para ofrecerme un seguro de muerte accidental por un monto de quinientos mil pesos. ¿Acaso sabrán que soy un pésimo conductor? ¿Llevarán un historial de todos mis percances automovilísticos? ¿Cómo se enteraron de mi imprudencia casi suicida al momento de cruzar a pie una avenida?
Estas preguntas me la he estado haciendo desde que recibí la llamada telefónica en la que una mujer, identificándose como empleada de un banco y hablando con la misma firmeza de un oráculo, me reveló las probabilidades que yo tenía de morir en un accidente. Sólo me consuela el hecho de saber que, de por sí, mi nacimiento también fue accidental. Por otro lado, quinientos mil pesos no es una suma muy halagadora para una muerte trágica. Morir de manera espectacular amerita mejores números.
Pero lo marcadamente preocupante es esa insistencia de los molestos vendedores para convencernos, vía telefónica, de que realmente es necesario y apremiante comprar un seguro de vida en ese mismo instante. Como si el futuro inmediato fuera funesto y nuestra muerte aguardara en el plato de enchiladas verdes que dejamos pendiente en la mesa.
No dan tregua. Si hoy fue una aseguradora, mañana es una institución bancaria y más tarde un corporativo de tiendas departamentales. Nadie nos asegura que nuestros nombres y direcciones no estén en manos de una partida de cretinos. El telemercadeo devino terrorismo telefónico. Saben bastante de nuestra vida privada, nos acosan e intimidan. Nos tienen en sus manos.

Vislumbres. Festival del Volcán

Es claro que, exceptuando un poco de lo ocurrido durante el Desfile del Día del Trabajo y los seis (o más) muertos por asesinato en el puente vacacional en Manzanillo, el tema que esta semana acaparó la atención de la mayor parte de los ciudadanos no tuvo, por esta vez, nada que ver con la política-política ni con el de la inseguridad que prevalece en el Estado, sino con la cultura y los espectáculos promovidos por al Ayuntamiento capitalino, durante la realización del Segundo Festival Internacional del Volcán, que ahora tuvo como ciudad invitada a San Cristóbal de La Laguna, otra ciudad volcánica ubicada en la isla española de Tenerife, perteneciente al famoso archipiélago de Las Canarias.
Este segundo festival, en efecto, mucho más ambicioso que el del año anterior, ha sacado de sus hogares a decenas de miles de colimenses, villalvarenses, comaltecos, coquimatlenses y cuauhtemenses, para ir a presenciar las muy nutridas y diversas actividades que diariamente ocurren en seis foros distribuidos tanto en las cuatro plazas o jardines principales del casco histórico de la ciudad, como en el patio de la Presidencia Municipal y en el Archivo Histórico Municipal.
Y aunque no es ni el primero ni el único de los festivales culturales que se hayan promovido en la ciudad, debo reconocer que en cuanto al número de eventos realizados y al público tan numeroso que asiste a ellos, este “segundo del volcán” no tiene precedente, aunque, como es obvio, tuvo algunas fallas que no se previeron desde su organización, como la carencia de suficientes sanitarios públicos y el cierre de algunas vialidades importantes.
Recuerdos festivos.-
Ignoro si sus organizadores sabrían que desde 1906 hasta 1957 la Feria de Todos los Santos se realizó en el Jardín Núñez y sus alrededores, pero me parece una feliz coincidencia el hecho de que una buena parte de los eventos artísticos, de las exposiciones de venta y de los espacios para comer y cenar se hayan instalado, junto con algunos juegos mecánicos, en dicho jardín, porque para muchos adultos mayores les ha resultado muy evocador el hecho, en la medida de que a ellos les tocó ir a la Feria cuando ésta se realizaba precisamente allí, y les parecía una feria muy pueblerina, y por lo tanto entrañable.
Por otra parte noto una coincidencia más, ésta con la realización de la Primera Feria que hubo en todo Colima, allá por el año de 1827. En este sentido vale la pena comentar que hace como 20 años, el ingeniero José Levy Vázquez rescató una investigación que hiciera y publicara en 1963, en un diario local, el profesor Felipe Sevilla del Río, en la que se indica que, en noviembre de 1824, por mandato explícito del Ayuntamiento local de Colima, don Leandro Bravo, “el segundo de nuestros diputados federales”, hizo un viaje especial a la ciudad de México, y que habiendo llegado allá, probablemente a mediados del mes, el día 21 presentó ante el Congreso y la Presidencia de la República entonces naciente, una solicitud formal para que les concedieran a sus representados “la gracia de efectuar una feria al año en la ciudad de colima, de 8 a 10 días”.
En respuesta a dicha solicitud, un año y medio después, el 21 de abril de 1826, el presidente de la república, don Guadalupe Victoria, emitió su dictamen en un decreto que dice:“... Se concede a Colima una feria anual que durará quince días contados del cinco al veinte de marzo, con libertad de todos los derechos por diez años”.
La organización de esa primerísima fiesta con carácter oficial parece haber sido de carácter municipal, y tuvo como escenarios “la plaza mayor de esta ciudad”, donde se realizó “el comercio principal”; “la plazuela que se halla a espaldas de la cárcel” (actual jardín Torres Quintero), donde se ubicarían “las figoneras o cocineras”, y la Plaza Nueva (hoy Jardín Núñez) “para sólo los arrieros que lleguen con carga o sin ella”.
Esa primera feria inició el 5 de marzo de 1827; es decir hace exactamente 190 años; pero lamentablemente “no arrojó ventajas económicas notables a Colima”, porque se interponía con las fiestas patronales de San Felipe de Jesús (realizadas la primera semana de febrero), y con el traslado en masa que un buen número de pobladores realizaba cada año a las salinas costeñas.
No obstante lo anterior, se realizó, según Sevilla, diez años, hasta que se dejó de organizar por las causas acabadas de mencionar.
La urgencia es canija.-
Volviendo al tema de la falta de sanitarios públicos para este tipo de eventos, cabe señalar que aun cuando no sea éste un tema agradable de tratar, debe de ser abordado con toda seriedad y empeño porque como bien lo sabe cualquier gente, “cuando urge, urge”, ¿o no?
Esta carencia no es para nada nueva, ni es exclusiva de la ciudad de Colima, sino que se repite todos los años en ésta y las demás cabeceras municipales, sobre todo durante los desfiles multitudinarios, la celebración de las Fiestas Patrias y la realización de las fiestas patronales, sin que lamentablemente haya empresarios que se decidan a invertir hasta para hacer negocio, o autoridades municipales para cumplir con su obligación de brindar servicios públicos de calidad.
Cualquier ciudadano que se haya dado cita en las cabalgatas de Villa de Álvarez, en la famosa “Entrada de la Música” en Comala o Cuauhtémoc, el Día de la Candelaria en Tecomán, o en las Fiestas Guadalupanas de Colima y Manzanillo, se habrá dado cuenta de que simplemente no hay dónde ir a evacuar los intestinos y liberar las vejigas, siendo que en otras ciudades y pueblos de otros estados, que incluso tienen mucho menor actividad comercial y o presencia turística, tienen buenos baños y sanitarios a disposición del público.
Urge, en ese sentido, que los empresarios de cada una de las poblaciones mencionadas, o las autoridades municipales en cuestión, se pongan, como se dice, las pilas, para resolver ése, que por momentos, se convierte en un muy agudo problema, cobrando desde luego por su utilización, para que tengan ganancias y un buen soporte de mantenimiento.
En el caso de la ciudad de Colima habría que recordar, por ejemplo, que cuando la primera Central Camionera operaba en el espacio que anteriormente ocupó el famoso Mercado Grande, había allí, como en una especie de sótano, unos sanitarios públicos muy funcionales, y que, posteriormente hubo otros a los que desde que se quitó la central de allí no se les ha dado ni el mantenimiento ni la atención suficiente. Por lo que se les podría habilitar de nuevo, o reconstruir en su totalidad para ponerlos al servicio de los numerosos paisanos que como en este festival se congregan en el centro de la ciudad.
Recuerdo, por otra parte, que el primer o segundo año de la administración municipal de Mario Anguiano Moreno, la CANACO-SERVITUR, encabezada entonces por Xavier Odenbourg Ceballos, propuso la construcción de unos servicios sanitarios en un prado del jardín Torres Quintero, donde se disimularía su presencia con la instalación, primero, de una réplica del tranvía que se utilizó en Colima desde finales del siglo XIX y durante las tres primeras décadas del XX. Propuesta que, sin embargo, no se pudo llevar a cabo porque a ciertos burócratas de mirada chata empotrados en la delegación estatal del INHA no les gustó la idea, no obstante la urgencia biológica que, como bien se sabe, impele a numerosas personas cuando por ejemplo terminan de desfilar, como acaba de suceder este lunes primero de mayo, cuando los sanitarios del ya muy deteriorado Palacio de Gobierno simplemente no se daban abasto.

Esta fauna. La muerte de un burócrata


El edificio domiciliado en Juárez 100, en la municipalidad de Manzanillo, es una construcción que encierra profundos misterios. En su interior trabaja gente de todo tipo, de variada estructura ósea y estado mental. Empleados municipales que desempeñan labores de diferentes responsabilidad, pero igual de importantes y necesarios. Desde la presidenta, que es la máxima autoridad en lo que respecta a situaciones que atañen al territorio municipal y su habitantes, hasta el intendente, que es la máxima autoridad en el cuidado y limpieza de los lavabos públicos. Pasando, además, por directivos que todos los días sueñan con ser trabajadores sindicalizados, y por trabajadores sindicalizados que todos los días sueñan con ser directivos o, en su defecto, líderes sindicales.
Visto de lejos, la presidencia municipal parece un edificio inocuo e inofensivo; visto de cerca, o bien ya visto desde el interior, parece la residencia donde habita el desconcierto y la mala fortuna para todo aquél que se atreve a realizar un trámite “que urge”. Pero eso es sólo una mala apreciación, desde luego. En este edificio nada es tan malo y nada es tan bueno; o mejor dicho, todo está bien y todo está mal. No se asuste, así es el equilibrio del universo.
Los misterios de este sitio se clasifican en: a) de planta baja; b) de primer piso; y c) de segundo piso.
Tengo la dicha de estar familiarizado con cada uno de estos misterios, dado que alguna vez fui ocupante de un escritorio dentro del edificio. Uno de estos misterios solía darse de manera recurrente y tenía como escenario mi propia oficina. Era así: dos veces por semana se presentaba alguien —unos días era un señor despistado, otros una señora con niños gritones—, nomás a preguntar por “un licenciado medio gordito, no muy alto, de pelo ralo, que a veces trae lentes y otras no, que a veces se rasura y otras no, y que trabaja en una oficina de este piso”. Quien preguntaba decía desconocer el nombre de la persona que buscaba, y añadía que “ese licenciado lo había citado, para ver en qué iba su trámite de (aquí entraban asuntos que iban desde un divorcio, hasta el pago de una multa por estacionar una bicicleta en doble fila)”.
Quien preguntaba tampoco sabía decir si tal licenciado tenía algún cargo dentro del gobierno municipal, pero en cambio era capaz de dar informes sobre la vida íntima del buscado: “mire: a lo mejor es casado, pero tiene una amante que también es licenciada; ella fue quien me llamó para decirme que viniera a buscarlo”, decía el buscador. En todos los casos, el “licenciado” nunca era localizado, entre otras cosas porque (aseguraba una secretaria que siempre estuvo enterada de la vida íntima de todos), había por lo menos cinco “licenciados” que encajaban con la descripción y el estilo de vida.
En los días de paga se hacía patente otro acto misterioso que consistía en lo siguiente: Exactamente los días quince y último de cada mes, una bandada de señoras, equipadas con libretitas empastadas iban de oficina en oficina para realizar una tarea semejante a un ritual. Se paraban en el umbral de las puertas y preguntaban a bocajarro a la primer persona que se movía: “¿Stá Fulanito?”. Si la respuesta era afirmativa (sí, sistá), se pasaban hasta el último rincón de la oficina para demandarle a Fulanito el abono del perfume, de la cadenita de oro, etc. Si la respuesta era negativa (no, nostá), hacían una mueca de disgusto al tiempo que anotaban algo en su libreta. Aquí uno puede imaginar que escribían cosas como: “En esta oficina me niegan al droguero de Fulanito”. Esa misma situación se repetía en casi todas las dependencias y, por lo que sé, todavía se repite cada quincena. Según informes del cronista municipal, el origen de este comportamiento se remonta varias décadas atrás, más o menos por la época en que se creó el sindicato de burócratas.
Hay, por otro lado, misterios más simples, pero igual de intrigantes. Como por ejemplo el que existan empleados municipales que, a esta hora de la mañana, estén leyendo el periódico en lugar de atender sus pendientes. ¿Qué los mueve a perder el tiempo en su jornada laboral y luego cobrar, sin remordimiento alguno, un sueldo que se paga con dinero público? Uno casi los puede imaginar, con el periódico abierto frente a su cara y haciendo una pausa en la lectura para preguntarle al chismoso de la oficina cosas como “Oye tú, ¿quién será ese licenciado medio gordito, no muy alto, de pelo ralo…”.