‏En una bolsa negra:


Caben las extremidades y el torso de un hombre que alguna vez fue niño, que tuvo amigos, hermanos, esposa, hijos. Cabe un país rico en miserias y en promesas que siempre serán promesas. Cabe la corrupción y la impunidad de los políticos depredadores, los sexenios de indolencia, las décadas de negligencia.

Cabe una campaña política con todas sus dádivas, lucros y falacias. Cabe una candidatura, un acta de mayoría, una curul, una investidura. Caben una o diez instituciones de gobierno y legajos de denuncias archivadas. Caben las declaraciones torpes y el “efecto colateral”.

Cabe la cabeza de un hombre del que ya no sabremos su razón, su porqué, su no tuve otra opción. Cabe la noche entera con torretas de patrulla iluminando intermitentemente el rostro de los jóvenes. Cabe el azoro y luego el miedo, también la impotencia. Caben las estadísticas con todos sus números que deberían ser nombres.

Cabe una ciudad que se despierta con noticias alarmantes, terribles. Cabe una balacera, el ulular de las sirenas y el nunca nadie vio nada. Cabe la confusión y la bala que no cambió trayecto pero sí el destino. Cabe el desprecio por la vida, los huesos mondos y enterregados y la carne que alguna vez fue un cuerpo.

Cabe, con sobrado espacio, la Constitución. Cabe toda una raza con su cultura e idioma juntos. Cabe la historia de este país.

Cabe el mismo país.

VISLUMBRES. El Salario del Miedo

Ése fue el título en español de una película franco-italiana que se proyectó hacia principios de la década de los cincuentas del siglo pasado, en la que de un modo muy crudo (pero creíble) se habla de los peligros que afrontaron cuatro empleados europeos de una empresa petrolera norteamericana para transportar, sobre unas brechas apenas dibujadas en cerros selváticos, varios camiones cargados con cajas con botellas de nitroglicerina, que serían usadas para taponear, mediante una explosión inducida, un pozo petrolero que se había incendiado en el corazón agreste de una de tantas “repúblicas bananeras” que existían entonces en Centro y Sudamérica.
Y el título “El Salario del Miedo” venía muy al pelo con aquella trama porque, siendo la nitroglicerina altamente explosiva, los tumbos que daban los camiones sobre la mala brecha y los ríos crecidos que tuvieron que atravesar, amenazaban con hacer trizas en cualquier momento a los conductores y sus copilotos que, por exponer sus vidas, iban cobrando miles de dólares.
Y salario del miedo parece ser, también, aunque muy exiguo, el que cobran los agentes de las diversas policías que hay en nuestra entidad, debido al terror que tienen por tantos muertos como siguen apareciendo en casi todos los municipios colimotes. Un salario, pues, que no se atreven a dejar de percibir porque, como cualquier hijo de vecino, tienen necesidades por satisfacer, pero que tampoco devengan con el arrojo que se le atribuye a los policías valientes, porque se estarían enfrentando a individuos desalmados y cabrones que, como bien se sabe, “tiran a matar”. Y aquéllos no quieren dejar huérfanos a sus críos.
Por otra parte hay varios indicios que nos dan pie para sospechar que algunos de los diez alcaldes colimotes, y tal vez hasta el gobernador, cobran también (aunque más jugoso) su propio salario del miedo, ya que no hacen gran cosa por atender y resolver el creciente problema de la inseguridad. Tal vez porque, una de tres: o están amenazados para no meterse donde no les llamen, o están comprados para hacerse disimuladitos, o ambas cosas a la vez. Porque no de otro modo se explica que mientras los espacios refrigerados del Semefo ya son insuficientes para recibir tanto cadáver, las capturas de los perpetradores son mínimas y los asesinos siguen sueltos, haciendo de las suyas.
Pero volviendo al tema de la película que reseñé, les recomiendo que si no la han visto aún, la busquen en la internet. Pues es una de esas películas que ya se hicieron clásicas y que, como solía decir nuestro buen amigo Héctor Flores, “mantienen al espectador al filo de la butaca”.
Después de la Ola Azul.-
Quienes ya tengan algunos años andados, sabrán, tal vez, que durante la segunda década del siglo XX hubo en nuestro país unos grupos pseudo-revolucionarios que fueron conocidos como los “batallones rojos”, impulsados en Colima por el ex seminarista zapotitlanese Basilio Vadillo. Y que igual hubo en Tabasco, en la tercera y cuarta décadas de dicho siglo, unos grupos de golpeadores y asesinos a sueldo que se llamaban “camisas rojas”, impulsados y sostenidos por el entonces gobernador tabasqueño Tomás Garrido Canabal, de feroz espíritu jacobino. Y que, aquí en Colima, hace unos poquitos años, hubo asimismo, evocando aquellos viejos ayeres, varios grupos de militantes del que ahora se conoce como “el otro PRI”, que encabezaba (o tal vez encabeza aún) el ex gobernador Fernando Moreno Peña, quien como distintivo los hacía portar, igual que su antecesor tabasqueño, camisas y blusas rojas. Llegando al grado de que, por ser tantos y tener el propósito de contrarrestar “la Ola Azul” impulsada por Vicente Fox y aliados, fueron conocidos como “la Marea Roja”. Marea que como ocurre usualmente en las costas, desde hace un buen rato ha ido “a la baja”, y que según se avizora (no nada más en los municipios costeños) no será durante el próximo año electoral cuando recupere los altos niveles que tuvo.
“El efecto Peje”.-
A diferencia de como está ocurriendo en otros estados, en Colima no figura el partido de Andrés Manuel López Obrador, aunque él afirme que “Morena no tiene dueño”.
El hecho de que Morena casi no figure ni haga bulto en Colima no quiere decir, sin embargo, que no figurará y que no crecerá exponencialmente dentro de unos poquitos meses, porque como bien se sabe, ya se comienza a sentir en todo el país “El Efecto Peje”, como cuando en vísperas de las elecciones del años 2000, se comenzó a sentir también “El Efecto Fox”, que hizo ganar incluso a muy malos candidatos que en algunos lugares puso el PAN.
Esto que digo, y que no es pronóstico sino una realidad que se está palpando, ya lo percibieron también, a nivel local, algunos actores políticos de todos tipos y colores desde cuando menos el primer mes del año en curso. Mismos que estuvieron todo este tiempo a la expectativa de cuanto ocurriría, sobre todo en el Estado de México, durante las elecciones del primer domingo de junio. Espectadores políticos a su vez que, aun viendo la derrota de “la maestra Delfina”, valoraron los votos que tuvo Morena “con el sabor de una victoria”, porque los dos puntitos que con muchísimos trabajos le ganó el primo del presidente Peña Nieto, no sólo le costaron miles de millones a los gobiernos estatal y federal, sino porque al obrar así se pusieron en evidencia delante de todos los electores más o menos inteligentes del país, que les cobrarán carísimo ese “triunfo” el año que viene.
Pruebas fehacientes de que dichos actores políticos colimotes ya ventean en el aire los influjos del “Efecto Peje”, fueron, por ejemplo, las presencias que concitó durante su pasada visita a Colima el ex jefe del gobierno del Distrito Federal, aun cuando algunos de esos elementos hayan sido evidenciados y mal recibidos por la raza que desde hace años o meses se afilió a Morena.
El dilema que viene.-
El problema que gracias al “Efecto Peje” enfrentará Morena en muchos estados, es que, intuyendo que ahora sí sus candidatos tendrán muy grandes posibilidades de ganar, habrá, en consecuencia, muchos querendones para quedarse con las candidaturas y se armarán, obvio, grandes disputas para quedarse con ellas.
En Colima se ha visto que hay, lo menos, tres corrientes: la que encabeza su primer dirigente estatal, Vladimir Parra Barragán, hoy presidente del Consejo local; la que encabeza o encabezó el general José Francisco Gallardo Rodríguez, ex candidato por ese mismo partido a la gubernatura estatal, y la que dirige Sergio El Tigre Jiménez Bojado, su actual presidente y líder estatutariamente legítimo.
A ésas tres fuerzas internas (pequeñitas cada una por sí) les debería caber en la cabeza que lo que menos deben de hacer es jalar cada cual “como mayate con su hebra”, y que, si quieren aprovechar la oportunidad que les brindará el 2018, lo primero que deben hacer es unirse y jalar parejo, no como yunta de bueyes o mulas acicateadas por un picador, sino como veloz y eficiente cuadriga de un carro de guerra romano.
Tiempo tienen para meditar en esto. Ojalá tengan cacumen para percibirlo.
Y en cuanto a SJB, actual presidente de dicho organismo, le tendría que quedar muy claro también que aun cuando no debe negarse al ingreso de nadie que quiera participar en Morena, sí debe tener un ojo avizor para detectar quiénes entran, qué aportan, en qué se comprometen y qué tanto quieren obtener por participar, porque a estar alturas nadie puede ser tan iluso como para negar que muchos de quienes buscarán incorporarse a ese partido, lo harán porque quieren ser candidatos a cualquier cosa. ¡Faltaba más!
Alerta de género.-
Desde cuando se comenzó a manejar la idea de proclamar la famosa alerta de género por el aparente incremento de asesinatos de mujeres, vi que había una mirada muy chata y egoísta de parte de algunas personas que la promovieron, y me negué a dar mi insignificante apoyo al respecto.
Duele, ¡por supuesto que sí!, que algunos hombres perversos y desalmados maten muchachas, señoras e incluso niñas y adolescentes. Pero ¿acaso no duele (o tendría) que doler igual que los hombres se maten entre sí y que en esos desventurados afanes se acribillen o se acuchillen a docenas por semana?
Algunas de esas personas que digo no parecen, empero, tomar muy en cuenta esa otra incidencia de hombres y jóvenes asesinados, pues nada dicen en cuanto al número de cuantos están matando. Número que, lamentablemente, no tiene comparación con el que se refiere a las mujeres asesinadas porque es indiscutiblemente mayor. Número, asimismo, que nos debería llevar a emitir, en su caso, una alerta general y no nada más una alerta de género.
Todo ello sin haber precisado aún que la insistencia en ya no llamar homicidio a un asesinato de mujer, y designarlo “feminicidio”, no deja de ser una pifia legal con su paralelo gramatical, porque la palabra latina homo, de la que proviene, no designa al hombre en tanto que varón, sino al género humano. De ahí que cuando los científicos dijeron: Homo sapiens no se referían al macho humano que logró darse cuenta que “sabía que sabía”. Sino a la especie humana, a la especie que, sin tomar en cuenta que sus individuos tuvieran pene o vulva, tomó consciencia de saber.

 

Viñetas. Corrupción Vs. Anti Corrupción

El Estado de Colima, además de ostentar el primer lugar en crímenes dolosos en México, es también uno de los estados que tiene pendiente el establecimiento del Sistema Estatal Anticorrupción. Si bien es cierto, las modificaciones a la Constitución ya se hicieron, queda aún mucho por hacer, hay una gran cantidad de Leyes que se deben de aprobar para que todo este sistema empiece a funcionar.
El 18 de Julio próximo se vence uno de los plazos fatales para que en Colima se apruebe la Ley que creará el Sistema Estatal Anticorrupción y es que en esta fecha se cumple un año de que La Ley General fuera emitida a nivel nacional, sin embargo y a pesar de que la Legisladora Martha Sosa ya presentó la iniciativa correspondiente, ésta, junto con otras 60 más que han presentado los diputados del PAN se encuentran en la congeladora de la Comisión de Estudios Legislativos y Puntos Constitucionales que preside el Diputado del PRI por el VIII Distrito, Héctor Magaña Lara y es que los diputados priistas tiene por costumbre, así lo han demostrado, mantener las iniciativas, por muy buenas que sean, en pausa, esperando a que les lleguen las similares que envíe el Gobernador del Estado para entonces si ponerse a trabajar, vaya en una palabra que les den luz verde, y claro, siempre anteponiendo la iniciativa que manda el Ejecutivo antes que la de los demás diputados.
La Corrupción en el Estado de Colima es uno de los principales problemas que afecta a todos los ciudadanos, y que también por qué no decirlo, de la que muchos ciudadanos participan, la corrupción es el inicio de todos de los males que hoy se viven en el estado, desde el ministerio público que por medio de una lana deja libre a un delincuente hasta el policía de tránsito que recibe “pa los chescos” para no emitir una multa, es por ello que si como sociedad queremos avanzar y cortar de raíz muchos de los problemas de los que hoy padecemos, debemos tener instituciones y marcos legales que propicien la rendición de cuentas, la transparencia y sobre todo que los corruptos paguen por sus actos y omisiones, porque la omisión también genera corrupción.
Hace ya unas semanas los empresarios de todo el estado adheridos a COPARMEX iniciaron una campaña en la que se pretende generar conciencia para evitar los actos que desde la ciudadanía se puedan dar para fomentar la corrupción, la campaña se denominó “YO NO DOY MORDIDA” en la que se han pegado calcas y firmado convenios con Presidentes Municipales y el Gobernador, quienes, me imagino, se comprometieron a que ellos y sus equipos no pedirán ni recibirán mordida, eso espero.
Aplaudo los esfuerzos del sector empresarial y máxime, y lo voy a decir claro, cuando los empresarios a nivel nacional y también en Colima, no todos aclaro, son los principales corruptores de los políticos, que si les dan lana para sus campañas esperando que al llegar se vean favorecidos con contratos o compra de insumos, u ofreciendo el famosísimo diezmo para que les adjudiquen contratos de obra o adquisiciones o simplemente para que les agilicen las licencias o permisos, vuelvo a aclarar, no todos lo hacen, conozco y me consta, que hay muchos empresarios que han seguido todos y cada uno de los tortuosos trámites que requiere el gobierno para instalar una empresa, es más, algunos de ellos siguen en este viacrucis esperando que la presidenta municipal de Manzanillo les dé el Visto Bueno para instalar una atracción turística.
El combate a la corrupción debe ser la piedra basal para la reconstrucción del Estado y es imperdonable que faltando menos de un mes la Comisión de Estudios Legislativos y Puntos Constitucionales siga durmiéndose en sus laureles, esperando las órdenes que desde casa de gobierno y en forma de Iniciativa llegarán, espero, en los próximos días, para sacarla a todo vapor, así como saben, al quince para las doce, habremos de ver cómo viene y que tanto retoma esta comisión, liderada por un priista, las propuestas que con antelación hiciera llegar la Diputada Martha Sosa en representación del Grupo Parlamentario del PAN.

Los 32 estados con ciberataques a periodistas. Lydia Cacho Plan b*

Cimacnoticias | Ciudad de México.- 21/06/2017 En febrero de 2005 nos reunimos un equipo de 22 defensoras de los Derechos Humanos, todas dirigíamos refugios para mujeres, niñas y niños víctimas de violencia extrema. Cuando saqué mi radio satelital y hablé de seguridad de las comunicaciones, de encriptar los datos de las víctimas, casi todas me miraron con aburrimiento.

En aquel entonces las medidas de seguridad que el periodismo me había enseñado a tomar por mi propia cuenta, después de tantas amenazas de muerte, parecían absurdas para la mayoría de colegas, hombres y mujeres.

No importaba de qué forma les explicara (por más simplificada que fuera), que las búsquedas de internet dejaban rastro, que todos nuestros correos electrónicos estaban intervenidos y los virus servían para robar carpetas de investigación enteras con nombres de víctimas, testigos y abogadas.

Gobernaba ya el PAN con Vicente Fox. Las viejas técnicas de espionaje del PRI se habían renovado gracias al acceso y uso cada vez más generalizado, de correos electrónicos y teléfonos celulares.

No una, sino varias veces, mis fuentes militares del área de investigación de la Fiscalía antidrogas perteneciente a la Procuraduría General de la República (PGR) me lo habían explicado: las y los periodistas y activistas por los derechos humanos estábamos, de forma natural, en las “listas negras” del centro de espionaje para la protección de la seguridad nacional, CISEN.

Las viejas prácticas con nuevas herramientas tecnológicas y mayor facilidad para acceder a nuestras llamadas eran facilitadas por el monopolio telefónico de Carlos Slim: Telmex y Telcel estaban al servicio del gobierno en turno.

No hacía falta una orden judicial para pedir la “sábana” de llamadas telefónicas de una o un reportero incómodo para un gobierno estatal o federal, bastaba que la PGR o el propio fiscal, luego Subprocurador, José Luis Santiago Vasconcelos lo pidiera: él mismo me lo confesó en una entrevista mientras yo escribía en 2004 el libro Los demonios del edén: el poder detrás de la pornografía infantil.

Periodistas como Blanche Petrich y Lucía Lagunes, reporteando por todo el país, o defensoras de mujeres como Lucha Castro en Chihuahua y las mujeres migrantólogas de Sin Fronteras I.A.P, todas eran espiadas sistemáticamente. Sus correos electrónicos eran desviados directamente al centro de inteligencia, que entonces tenía algoritmos mucho menos sofisticados para diferenciar la vida personal de la profesional.

Las llamadas telefónicas tanto de líneas que ahora llamamos “de tierra”, como de celulares, eran intervenidas a cualquiera que documentara con seriedad el movimiento zapatista, los femincidios en Ciudad Juárez, o el narcotráfico en Quintana Roo. El filósofo Luis Villoro era uno de esos tan espiados que los expertos se aburrían con sus llamadas poco interesantes. Él pertenecía a la generación de los que todo lo hablaban en persona.

Desde 2005, las y los más vulnerables a ataques personales basados en el espionaje de su vida privada han sido, sin duda, quienes viven en los 32 estados de la República, las y los activistas y reporteros de los medios regionales de provincia, considerados como enemigos de gobernantes de diferentes calañas, periodistas que han ido desgajando, poco a poco, los despojos de país que dejó el PRI y que los demás partidos han esquilmado hasta la saciedad.

En 2009 conocí a un famoso hacker que me invitó a participar en un grupo cerrado de especialistas de todo el mundo que tenía como meta detectar el alcance de la pornografía infantil, directamente vinculada a la trata de personas para detectar de dónde eran los niños y niñas y forzar a los gobiernos a actuar en consecuencia.

Internet era ya el medio idóneo para la transmisión de archivos que los pederastas compartían con diferentes programas, muy elementales comparados con los nuevos. Ya convivían de forma opaca en el ciberespacio lo ilegal con la legalidad.

Todavía para esas fechas la mayoría de colegas periodistas, famosas y desconocidos, incluido mi expareja, eventualmente director de un diario nacional, me respondían risueños ante la petición de usar mejores instrumentos tecnológicos para comunicarnos. Decían que no tenían nada que ocultar, sin entender el fondo del asunto.

Si bien es cierto que nuestro derecho a la privacidad se distingue claramente de aquél de los políticos que investigamos, porque aquellos cometen ilícitos contra la sociedad, pocas personas entienden la importancia del derecho a la privacidad y la dificultad de regularnos sin censurarnos o dejar que los dueños de la economía controlen las redes.

La discusión cayó siempre en oídos sordos, mientras los gobernadores comenzaron a comprar programas de espionaje cibernético y telefónico más sofisticado, no para asuntos de seguridad nacional, sino para saber quién investigaba sus cada vez más comunes vínculos con la delincuencia organizada.

Usaban esa información para exigir a los dueños de los medios que despidieran a reporteros, columnistas y conductoras de noticieros en los estados de todo el país; pruebas e historias sobran; las cosas se hicieron más evidentes cuando estas prácticas llegaron a los medios radicados en la Capital del país.

El espionaje se convirtió en un accesible instrumento de venganza directa y expedita, pero como antes los ataques les sucedían a periodistas y activistas de la sierra de Guerrero, Oaxaca o Chiapas, o a reporteras de Campeche, Tabasco, Yucatán, Durango o Coahuila, los medios nacionales casi nunca miraron dos veces. Los hackers eran, para la mayoría de colegas periodistas, personajes de película, geeks aislados, chicos que querían llamar la atención o héroes espías como Ed Snowden.

LOS ATAQUES
Para quienes advertíamos lo que venía en términos de seguridad personal, derecho a la privacidad e información, pero sobre todo por seguridad de las víctimas y de nuestras fuentes periodísticas, fueron años frustrantes.

El primer gran ataque que atestiguamos fue documentado científicamente y reconocido por expertos como John-Graham Cummings, Mathew Prince y Mathew J. Schwartz; sucedió en 2009, pero no fue sino hasta el 2013 en que el ataque más grande hasta entonces pasaría a la historia: se dieron embestidas DDoS (denegación de servicio) con picos de 300 giga bites por segundo, algo nunca antes visto.

En 2014 vimos los primeros de 400Gbps. Justo en esa época floreció la industria de la ciber-seguridad. Bancos y grandes empresas comenzaron a contratar a los pocos expertos en seguridad y protección de data. El cliente de una empresa que pagaba once mil pesos por proteger sus equipos, un año después comenzó a pagar 200 mil. Los expertos del NSA de Washington y los del HaMosad de Israel, se convirtieron en entrenadores de espionaje gubernamental al mejor postor.

En 2014 Mathew J. Schwartz se refirió a los nuevos niveles de ciberataques con fines de espionaje virulento como un nuevo récord. Los ataques llamados WannaCry/WannaCrypt (quieres llorar/quieres encriptar) dejaron a los especialistas boquiabiertos.

Quienes empezamos a entender que el periodismo independiente daría su mayor batalla frente al viejo periodismo corrupto en las plataformas digitales en aquél entonces, buscamos formas de asegurar que nuestros medios estuvieran alojados en los servidores más seguros.

Los atacantes de medios con periodistas que de verdad hacemos un trabajo ético, no eran los hackers aburridos, ni los cibernautas defensores de la transparencia, estaba claro que desde que los ciber-espías del gobierno británico y los del Israelita habían perseguido a los Anonymous usando programas especializados, varios expertos miraron con ambición a una creciente industria para vender herramientas de espionaje y de protección; es decir crearon el virus y la medicina para curarlo temporalmente.

Anonymous ganó fama luego de que lograra su primer Tango Down (cuando tiras un servidor) como acción política. Aunque ya en junio de 2013, el ex agente de la CIA, Robert Snowden había hecho pública la existencia y uso gubernamental de los programas PRISM y XKeyscore que el gobierno usaba desde la agencia de seguridad nacional (NSA) para espiar a políticos, periodistas y activistas, las y los colegas mexicanos siguieron su camino mientras pequeños grupos especializados dialogaban sobre el derecho a la privacidad, acceso a la información y el ciber-espionaje gubernamental.

EN MÉXICO

En los últimos tres años, en México, documentamos periodísticamente una decena de reportajes de los ataques DDoS NTP a medios electrónicos justo cuando salieron, o estaban por salir, reportajes sobre gobernadores de diferentes estados o contra los aliados presidenciales y el mismo Peña Nieto.

Ya desde el 2007 (es decir, hace 10 años) la PGR tiene denuncias de periodistas, entre ellos dos mías, con evidencia científica que demuestra que usaban los teléfonos de nuestros familiares para desviar llamadas, amedrentarnos y hostigarnos, así como el uso ilegal de nuestros correos electrónicos para manipular información personal a fin de desacreditar nuestras investigaciones.

Los refugios para víctimas están hackeados para bajar información, una y otra vez expertos amigos han ayudado a rescatar los servidores de Organizaciones de la Sociedad Civil hackeadas, casi siempre, por los servicios de espionaje de los gobiernos locales o del federal en casos de quienes ayudan a víctimas migrantes.

La aparición de los teléfonos inteligentes, de la mano de la popularidad de las redes sociales, han terminado con la privacidad que conocimos antes de los años noventa. Ellos crean la tecnología, los virus y la cura para la enfermedad; el negocio perfecto creció frente a la mirada de millones que daban por sentado que no había nada que perder perdiendo la privacidad.

Ya sabemos, por la notoriedad y credibilidad de Carmen Aristegui y un par de activistas más, que el gobierno federal compró Pegasus y en lugar de utilizarlo para investigar y encontrar a los líderes de la delincuencia organizada, espía a periodistas, activistas y sus familiares con recursos de nuestros impuestos.

Lo que no sabemos es en manos de quién queda esa información, pues los vínculos de la delincuencia organizada y los servicios de espionaje (Inteligencia es un insulto) son cada vez más evidentes y sólidos. Peña Nieto y Osorio Chong hacen exactamente lo mismo que hizo con más de un centenar de periodistas, intelectuales y activistas Felipe Calderón, con Genaro García Luna y el programa FinFisher/FinSpy.

LO QUE SIGUE

Lo que sigue ahora es lo verdaderamente trascendental: poner sobre la mesa la auténtica discusión de cómo las universidades que enseñan a jóvenes el desarrollo y uso de TICs dejaron fuera la ética; por qué centenares de millennials privilegiados están dispuestos a trabajar para destruir la libertad de información, entrometerse en la vida de las y los periodistas y activistas que se juegan la seguridad y la vida por el país y la democracia.

Debemos entender que en la medida en que la sociedad logró avances legales en pro de la transparencia, la necesidad de ocultamiento que tienen los gobiernos es directamente proporcional a nuestra capacidad para exigir legalidad e imponer una cultura de justicia y acceso a la información. El espionaje es una oleada desventajosa contra los avances efectivos que han provocado periodistas y activistas.

Debemos preguntar por qué los congresos de los estados aprueban los recursos para el manejo de Community Managers de los gobiernos que en realidad operan como espías, saboteadores de medios, creadores de FakeNews, bots y trolls que operan para desactivar los procesos democráticos y el acceso a las verdades periodísticas, tal como hemos demostrado con pruebas plenas al menos en Quintana Roo.

Quienes sonreían frente al tema de ciber-seguridad deben tomarse muy en serio lo que ya vimos y lo que viene; estamos en la era de la pérdida de privacidad, en un mundo que se divide entre quienes se informan en el ciberespacio y quienes no se interesan por esa vía de comunicación o carecen de acceso a ella.

La verdad es la verdad, no existen la pre-verdad ni la post-verdad. Estamos frente a una sociedad dividida, en que los derechos se pulverizan en la medida en que más gente joven decide habitar en el lado de la corrupción y el enriquecimiento ilícito devastador de la democracia, en el que la violencia concreta se ha volcado en un mundo aparentemente virtual al que hemos entregado nuestras vidas privadas, a través de herramientas cuyo uso desconocemos.

APRENDER

La gran batalla radica en evitar quedarnos en el enojo que provoca el espionaje, para movernos hacia la tarea de aprender a utilizar las herramientas con las que nos atacan, a nosotras y a nuestros hijos e hijas; tomar en serio el uso de las tecnologías para las labores socialmente útiles como el periodismo, la defensa de los derechos humanos y la educación.

En la era de la superficialidad de la estética tecnológica debemos ir a contracorriente tras la ética del conocimiento, porque nuestro instrumento fundamental es el cerebro, lo demás es, por ahora, sólo herramientas que dependen de nuestras decisiones. Conspiremos pues; para los que no tienen a la mano Google, viene del latín spirare-conversari: respirar juntas el mismo aire de libertad, para evitar la autocensura.

* Plan b es una columna cuyo nombre se inspira en la creencia de que siempre hay otra manera de ver las cosas y otros temas que muy probablemente el discurso tradicional, o el Plan A, no cubrirá.

Vislumbres. Primera Legislatura y primer Gobernador

El jueves de la semana pasada me tocó dar una charla en el Congreso, y les comenté ahí a los diputados unos cuantos datos relacionados con lo que política, social y militarmente ocurrió en los años previos a que en Colima se instalara la que vendría siendo la Primera Legislatura Estatal, y a que se eligiera el que tendría que ser, igualmente, el primer Gobernador del Estado.
Hoy, luego de agradecer la oportunidad que se me dio para subir a esa tribuna, retomaré muy brevemente el tema porque resulta que este martes 21 de junio se cumplieron 150 años exactos de que se llevaron a cabo las elecciones para elegir a dichos diputados y gobernador. Habiendo sido electos, en lo Legislativo, los señores Francisco Vaca, Ramón R. de la Vega, Pedro Brizuela, Miguel Escoto, Juan N. Salazar, Antonio Cárdenas y Liberato Maldonado. Mientras que como titular del Ejecutivo fue electo el Gral. Manuel Álvarez Zamora.
En aquel tiempo la población del Territorio de Colima era todavía muy escasa y estaba mal distribuida; pues de conformidad con el Ensayo Estadístico sobre el Estado de Colima, el Territorio tenía apenas un poco más de los 61 mil 243 habitantes contabilizados en un censo local de 1846, y que estaban distribuidos en una pequeña ciudad (Colima), con alrededor de 31 mil 500 habitantes; la Villa de Almoloyan (hoy Villa de Álvarez), con sólo 5,163 pobladores dispersos en numerosos barrios de grandes huertas y solares; 13 pueblos (entre los que curiosamente todavía se mencionaban Tecalitlán y Jilotlán), 13 congregaciones, 20 haciendas y un buen montón de pequeños ranchos. Siendo entonces Manzanillo tan diminuto que apenas tenía 40 habitantes.
Con motivo de semejante distribución poblacional sólo hubo entonces siete distritos electorales, de los cuales tres fueron asignados al municipio de Colima, uno a Almoloyan, otro a Comala, uno más a Tecomán, y el último a Ixtlahuacán, pueblos últimos, estos tres, que hasta la época de la Guerra de Independencia habían sido reconocidos por las autoridades virreinales como “Repúblicas de Indios”.
Así, pues, si las elecciones se programaron para el 21 de junio de 1857, la toma de protesta del gobernador y los diputados electos se programó para el martes 19 de julio siguiente. Por lo que podríamos tomar esta fecha como la que se concretó, hace siglo y medio, el largo anhelo de nuestros tatarabuelos en el sentido de que el Territorio se convirtiera, después de tantas vicisitudes, en el Estado Libre y Soberano de Colima.
Moraleja.-
Aunque no es pertinente abundar sobre esos asuntos, sí quiero recalcar un punto que ya no alcancé a exponer ante nuestros actuales legisladores: me refiero a la noticia de que a ninguno de aquellos primeros diputados se les ocurrió siquiera que tendrían que cobrar un peso por ser representantes populares, porque tal cargo “era honorífico”, y bastaba entonces el honor de ser reconocido como tal para sentirse completamente satisfecho de estar sirviendo a Colima.
En cuanto al gobernador Manuel Álvarez también debe saberse que, muchas veces, en lugar de cobrar el pequeño sueldo que tenía asignado, solía poner dinero de su propio peculio para completar o realizar algunas obras de carácter público.
Proporcionalmente los pocos jueces que había entonces también recibían un salario decoroso, y ninguno soñó siquiera en que hubiese de llegar un día en que un miembro del Poder Judicial pudiese cobrar las ingentes cantidades que perciben los magistrados de hoy.
Estos datos (que no invento y que están perfectamente documentados) deberían de servir para que nuestros actuales diputados, los magistrados en funciones y el mismísimo gobernador, hicieran un profundo análisis de conciencia para que resolvieran si son merecedores (o no) de recibir los altos emolumentos que mensual y anualmente perciben, en comparación con los míseros salarios que reciben los trabajadores manuales.
Creo en ese mismo tenor que si dichos funcionarios y representantes populares hicieran, con honestidad, el análisis que menciono, tendrían que llegar a la conclusión de que, en solidaridad con los más desposeídos de sus paisanos, deberían reducir sus dietas e ingresos cuando menos un 50 por ciento, porque aun cuando sea legal lo que perciben, no es justo que así sea.
Desaire mayúsculo.-
Totalmente desairada estuvo la marcha y manifestación por la seguridad que durante casi toda la semana anterior estuvieron convocando las directivas de las diferentes cámaras patronales existentes en nuestra entidad, como la Coparmex, la Canirac, la Canadevi, la Canaco, la Canacintra y otras.
A pesar de que en todo Colima existe una enorme preocupación por los altos índices de robos, extorsiones y violencia que nos acosan, y no obstante el lema que se utilizó para la convocatoria era: “#LaSeguridadNosUne”, todo parece indicar que a la raza en lo general no le pareció coherente asistir a una marcha convocada por dichas cámaras, como si en nuestra pequeña entidad estuviese muy viva la “lucha de clases” que pregonaban los antiguos marxistas.
Por otra parte fue muy notoria la ausencia de la muchachada. ¿Cómo interpretar todo eso? ¿Será que a il pópolo no le preocupa su seguridad?, o que ¿no quiere es convertirse en comparsa de los patrones ni con el gobierno al que los percibe aliados? Y en cuanto a los jóvenes, sin importar que sean estudiantes, trabajadores o ninis, ¿acaso les vale grillo ver la matazón que está ocurriendo cada día en nuestros alrededores? O ¿tampoco les interesó responder a la clase social que los convocó?
Su servidor, la verdad, no tiene respuesta para ninguna de esas interrogantes, pero de que fracasó la convocatoria, las fotografías que se publicaron demuestran completamente que sí. Porque a las 7 pm del lunes 19 (hora y fecha para las que fue convocada), los manifestantes no llenaban ni la parte central de la rotonda del monumento del Rey de Coliman.
Lluvias escasas.-
La lluvia, por lo regular, no suele ser motivo de atención y preocupación para los citadinos, porque para la inmensa mayoría de ellos el agua les llega a sus casas por una gigantesca red de tuberías que ya tiene muchos años ampliándose. Cosa contraria sucede con los campesinos y con los ganaderos que viven (o sobreviven) sólo si cae suficiente lluvia en sus predios y en sus pequeños embalses.
Para ellos es tan terrorífico que no llueva, como que llueva de más, y son contentísimos cuando hay un buen temporal. Pero… resulta que en muchos terrenos de nuestra entidad el estiaje se prolongó demasiado y ya son muchas las cabezas de ganado que a la gente del campo se les han ido muriendo de hambre y de sed.
Todas estas personas claman a Dios (y a San Isidro, o al Señor del Rancho de Villa, en su caso) para que ya caigan las lluvias y comiencen a fluir los arroyos y a crecer nuevamente los pastos. Pero algún funcionario de la Comisión Nacional del Agua vaticinó que este verano será muy poco llovedor en Colima y que, en consecuencia, habrá una precipitación menor al promedio que por lo regular cae cada año en las diversas áreas de nuestra entidad. ¿Estamos preparados para la sequía? ¿Tendremos que recurrir al más estricto racionamiento? ¿Somos conscientes de que siendo cada vez “más muchos” es, por obvias razones, menos agua la que nos toca a cada uno?
Creo que todo esto debería de preocuparnos en serio, y que así como el municipio capitalino tiene cuando menos el proyecto de revitalizar el Río Colima en el tramo que va desde la avenida de Los Maestros hasta la 20 de Noviembre, así deberían iniciar todas las municipalidades algunos proyectos concretos para revitalizar también sus principales ríos y arroyos, si no quieren que dentro de muy pocos años “el destino los alcance” y no tengan de donde agarrar para tomar un simple vaso de agua.
Casos diferentes.-
Cada uno de nuestros diez municipios ha ido resolviendo su propia escases del vital líquido de diferentes maneras, pero conociendo toda la entidad y habiéndola recorrido casi “palmo a palmo” durante varios años, puedo afirmar que no hay un solo municipio en que los ríos, los arroyos, o los diversos “cuerpos de agua” naturales (nacimientos, marismas, lagunas y manglares) no hayan padecido la violencia y los malos tratos que irracionalmente les hemos dado los seres humanos.
Debido a esas causas ahí está, por ejemplo, la resequedad que hace unas poquitas semanas se publicitó en cuanto a la laguna de Carrizalillos, al norte de Comala; pero también están resecos, desde hacer varios años, las lagunas Cuata y “de Pastores”, en Villa de Álvarez; los arroyos de El Manrique, Santa Gertrudis, El Tecolote y La Estancia, en Colima; los de La Caja, El Seco, Suchitlán y Cofradía, en Comala también; el de Agua de la Virgen en Ixtlahuacán; el de Las Adjuntas, el de Punta de Agua y el de Chandiablo, en Manzanillo; el arroyo del Peón y río Minatitlán, en el municipio del mismo nombre; los arroyos de El Frijol y Las Gruyas al menos, en Cuauhtémoc, y el Agua Zarca en Coquimatlán. Siendo Tecomán y Armería un par de casos no tanto excepcionales, sino diferentes porque aun cuentan con los esquilmos (cada vez menores) del Río Grande-Armería.
El hecho, pues, es que hay una constante en cuanto a la resequedad de ríos, arroyos, pequeños embalses y lagunas naturales, y que una de las principales causas de todo eso es la deforestación realizada en todas las regiones de nuestra entidad. ¿Qué estamos haciendo para remediar todo eso? Es más ¿estamos los ciudadanos, y están nuestras autoridades conscientes de la gravedad del caso? La verdad creo que no, porque tengo años insistiendo en todo esto y no veo nada que estemos haciendo para resolver esa problemática, que cada lustro se agrava más y más.