Vislumbres. Burlas y medias verdades

Burla máxima, salario mínimo.-
Como si enero fuera una continuación del Día de los Inocentes, resulta que el primer día del año apareció un boletín oficial en el que, como si fuera el logro más grande de la administración pañanietista, se anunció el ¡mayor aumento del salario mínimo durante las últimas cuatro décadas! Hágame usted el favor, ya ni la burla perdonan.
Pero por si usted, amigo lector, no ha tenido acceso a dicho monumento a la estulticia, permítame transcribir su parte más esencial para que se entere y vea hasta dónde han llegado los amigos de EPN y sus contertulios de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos:
“Hoy – dice el boletín- entró en vigor el nuevo salario mínimo en México, de 80.04 pesos diarios, que representa el incremento en pesos más alto de los últimos 17 años y permitirá recuperar el poder adquisitivo de la población, sin afectar la estabilidad de precios o el empleo formal.
Así, por primera vez en cuatro décadas, el salario mínimo recupera 15 por ciento su poder adquisitivo, luego de que el pasado 1 de diciembre el Consejo de Representantes de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami) decidió elevarlo de 73.04 a 80.04 pesos diarios.
De acuerdo con el Gobierno federal, tal incremento, sin precedentes, representa 9.5 por ciento más que el salario mínimo vigente de 2016.
Así, con base en cifras del INEGI y el Coneval, el ingreso de los trabajadores que ganan esta percepción ha tenido una recuperación de 578 pesos mensuales en lo que va de la presente administración federal”.
Si revisamos el texto con atención, tendríamos que reconocer que, visto desde la relación peso-a-peso, dicho incremento al salario es, como lo afirman sus redactores, “sin precedentes” pero… Pero si, por otra parte, lo revisamos en comparación con los aumentos que antes de concluir el año se anunciaron para la gasolina y demás combustibles, resulta que éstos ¡no tienen madre! Porque son dos veces más altos, y porque como consecuencia de “la cascada de precios” que el incremento de los combustibles está generando, el “aumentazo” de los salarios no sólo se anuló antes de aplicarse, sino que fue superado por el “gasolinazo”. Por lo que quedamos muchísimo peor que antes.
Existe, además, la posibilidad de comparar el salario no sólo en relación peso a peso, sino en relación peso a dólar. Así las cosas, recuerdo muy bien que cuando en febrero de 1975 comencé a trabajar como obrero de una maquiladora en Ciudad Juárez, ganaba $103 pesos diarios. Lo que equivalía a decir que ganaba 8 dólares con 23 centavos al día, porque la relación peso-dólar era de $12.50. Así que los obreros de hace 41 años ganábamos más del doble de lo que ganan los obreros de hoy, porque con esos $80.04 que percibirán, no ganarán siquiera el equivalente a cuatro dólares por jornada.
Ahora bien, cuando estos señores afirman que el incremento al salario es el mayor de los últimos cuarenta años, están en lo cierto, porque fue el 1° de septiembre de 1976 cuando, terminando el Sexto Informe de Gobierno de Luis Echeverría Álvarez, el peso se puso “en flotación”, dizque porque había estado sobrevaluado en relación al dólar, y al día siguiente cada billete verde costaba $29 pesos, y al tercero $36, iniciándose así una era de inflación y devaluaciones que continuó hasta 1995 cuando, Ernesto Zedillo Ponce de León, avergonzado quizá por las tarugadas macroeconómicas que habían cometido sus antecesores en la Presidencia, decidió meter el freno y generar un tiempo de estabilidad. Acierto que le tuvimos que reconocer hasta quienes habíamos votado en su contra.
Hoy, cuarenta años después de las torpezas que cometió el gabinete de Luis Echeverría, estamos volviendo a escuchar los mismos discursos justificatorios pero con una novedad muy grande: la de que, como país, ya casi no tenemos petróleo y Pemex está privatizándose.
Otra burla más.-
Inserta en el mismo mensaje que comentamos, aparece la idea de que el aumento al minisalario “representa el incremento en pesos más alto de los últimos 17 años y permitirá recuperar el poder adquisitivo de la población, sin afectar la estabilidad de precios o el empleo formal”. Siendo que, para comenzar, todos los patrones realizarán una erogación mayor para pagar el incremento a sus trabajadores, y que el único modo de compensar la diferencia entre ambas sumas, es el de aumentar los precios de los productos o servicios que oferten porque perder ¡eso nunca!
Colateralmente, como si los mexicanos fuéramos cada vez más brutos de lo que tal vez somos, el multicitado boletín oficial insiste en decir medias verdades, al proclamar a los cuatro vientos que, “con base en cifras del INEGI y el Coneval, el ingreso de los trabajadores que ganan esta percepción (se refiere al salario mínimo) ha tenido una recuperación de 578 pesos mensuales en lo que va de la presente administración federal”. Pero para nada mencionan que cuando EPN asumió la Presidencia de nuestro país uno podía comprar más con lo que ganaba entonces que con lo que percibe hoy. Todo ello por defecto de las devaluaciones del peso, cuya cotización del 3 de enero de 2013 fue de $12.77 y hoy alcanzó los $20.97. Con lo que padecemos una devaluación superior al 55% en sólo cuatro años. Siendo ésta la verdadera dimensión de la pobreza a la que nuestros patrióticos gobernantes nos han reducido.
La burla que está detrás.-
Uno de los primeros argumentos que se manejaron para fundamentar la necesidad de realizar “una Reforma Energética a fondo”, fue el de que los mantos petroleros de la franja terrestre que abarca desde Tamaulipas hasta Campeche se estaban agotando, y que lo mismo estaba sucediendo con los mantos ubicados en “aguas someras”, aunque se tenía comprobado que bajo las “aguas profundas” del Golfo de México, existía como quien dice otro mar de petróleo y gas. Mar de petróleo, sin embargo, al que con la pura tecnología de que disponía Pemex, era imposible acceder.
Para reforzar esa idea se nos dijo, también, que al estar México sometido al Tratado Internacional de Aguas Continentales, tiene derecho a perforar bajo las aguas (someras o profundas, no importa) que cubren las 200 millas orilleras que reconoce el dicho tratado. Pero que, tomando como base ese mismo documento, ¡todas las empresas petroleras del mundo tienen también derecho a perforar la tierra bajo esas mismas aguas!, siempre y cuando hagan sus agujeritos de la milla 200 en adelante. ¡Perforaciones que ya estaban haciendo desde hace varios años al menos la Shell, la Exxon, la Mobil Oil y la Texaco!, por mencionar algunas, arrebatándole a Pemex, como quien dice, el petróleo delante de sus narices, porque esta grandiosa empresa “nuestra” no sólo estaba mortalmente obesa con una nómina improductiva y gigantesca, sino porque jamás había actualizado su tecnología.
La conclusión de todo esto fue: necesitamos asociarnos con otras empresas que sí tengan esa tecnología y que, en su caso, compartan todos los riesgos de perforación en aguas profundas, los que, para que nos demos una idea muy sencilla de lo que significan, equivaldrían a meter una hilera de popotes pegados con plastilina en una alberca acapulqueña cualquier día de calor en vacaciones.
Hace dos años, sin embargo, leí en un artículo especializado de CNNExpansión, que aun cuando “las reservas estimadas [por Pemex] en aguas profundas, superan en 28% a las reservas Probadas, Probables y Posibles” que la misma empresa tenía “contabilizadas en 43,000 millones de barriles” en la franja terrestre y en las aguas someras, se requerirían “cerca de 299,000 millones de dólares anuales [sólo] para poder extraerlos”. Mientras que el presupuesto con que Pemex contaba para ese mismo 2014 rondaba apenas los “28,000 millones de dólares para producción y exploración”. O ¿sea? Que saldría más caro el caldo que las albóndigas y que, en consecuencia, sería preferible importar combustibles de otros países que extraerlos, transportarlos, refinarlos y re-distribuirlos a todo lo ancho y lo largo del territorio nacional. Dato que, obvio, se abstuvieron ellos de explicar al público consumidor, pero que ahora les viene al pelo porque la presunta la “flexibilización de los precios de la gasolina” no es otra cosa que el mejor negocio que Pemex haya hecho en toda su historia, pero ya no como productor, sino como importador neto y descarado, comprando fuera de México la gasolina a $11 el litro para vendérnosla a nosotros a 16 pesos y más. Precios que todavía variarán por zonas, porque es obvio que cada litro costará más mientras más lejos esté cada pueblo de la frontera o del puerto por donde ingrese al país la gasolina comprada. ¡Qué chingones son! ¡No cabe duda!

Las protestas inútiles.-

Aunque sean muy dignas de aplaudir y hasta de admirar las personas que en casi todo el país están protestando por el “gasolinazo”, tendrían que admitir que de nada, o de muy poco sirve que durante algunas horas o días tomen, por ejemplo, algunas gasolineras, edificios del SAT o hasta presidencias municipales, como ocurrió aquí con la de Villa de Álvarez, puesto que lo legal, aunque no sea justo, es lo legal. Y porque las leyes de ingresos y egresos para este año ya fueron aprobadas por el Congreso desde, al menos, noviembre pasado.

Frente a dicha situación, y con ganas de verdaderamente parar los abusos que implica tan impopular medida, ya dije, desde mi colaboración anterior, que la única posibilidad radica en conminar (u obligar sería mejor) a nuestros diputados y senadores a que velen por nuestros intereses y se comporten realmente como nuestros representantes populares.

“Pero ¿a ellos cómo los apretamos?” – me preguntó alguien. -Vamos pensando el modo - le respondí. Y alguien ha sugerido, aparte, darles una visitadita masiva en sus casas.

¿Cómo si no?

A propósito de visitas masivas a las casas de los legisladores, hoy se ha sabido también que ya son varios los gobernadores que apoyan el gasolinazo, y hay al menos un articulista local que afirma que Nacho Peralta aprueba el hecho de que EPN asuma los costos políticos ante tal medida.

Hablando sobre la verdad, ni a los gobernadores ni a los legisladores priístas les queda otra opción, o ¿se ha visto alguna vez que un gobernador tricolor se oponga a un dictamen del presidente de la república? Los costos políticos, sin embargo, no sólo los asumirá ENP, sino toda su camada de administradores públicos, incluidos, por supuesto los mandamases locales en turno.

Mientras son peras o son manzanas…

Un día ya lejano de 1985, mientras conversaba con mi padre acerca de los efectos de la crisis que comenzábamos a sentir en el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado, él (mi padre), nacido en 1912, me preguntó: “¿Crisis? ¿Cuál crisis?” - Pues ésta que estamos viviendo – le respondí con un ademán, y él se sonrió con una leve mueca y me dijo: “Ustedes [los de su generación] no saben lo que es una crisis”. Y me empezó a describir los efectos que tuvo la Rebelión Cristera que durante tres años y meses se mantuvo en Colima: “En 1928 ya casi nadie quería sembrar porque cuando no eran los cristeros que bajaban del cerro o del volcán a cortar los elotes, eran los guachos los que se los robaban y cortaban hasta las milpas para darles de comer a sus caballos y mulas. Las vacas casi se acabaron también, los puercos igual, y se iba la gente desde los ranchos hacia las ciudades y los pueblos grandes pero tampoco allí había nada para comer. Así que ¿de cuál crisis me hablas?”

Por otro lado, totalmente ajena al concepto de los gazolinazos, mi muy querida maestra Cuca Chapula Perales, me platicó alguna vez: “En aquellos años andábamos siempre a pie. Casi nadie tenía coche y no había, tampoco, sino unos cuantos camiones de pasaje, y ésos no iban para todas partes”.

“Hoy – me comentó luego, mi suegro en Comala-, las señoras no quieren ir por las tortillas si no van en coche, y lo mismo pasa con los chiquillos para ir a sus escuelas”. Datos que (sin soslayar el tema tratado) menciono para que no nos extrañe cuando no tengamos para pagar la gasolina que hoy gastamos en exceso.

¿Tomar gasolineras? Acción inefectiva

El gobierno sabe que después de la tormenta viene el olvido, esto viene a cuento porque con la "reforma a la ley de educación" vino un tsunami de protestas, manifestaciones, marchas solidarias de todos los grupos de la población y con ellas homicidios de personas activistas por la causa, pero después, nada pasó.
Y es que en todo México vimos cómo el gobierno apresó manifestantes; otros, aún no se sabe quién los mató pero están muertos y unos más, los afortunados, despedidos. ¿Y por qué digo afortunados? Pues porque dejaron de pertenecer a un sistema que no los quiere, en donde su forma de pensar no es ad hoc para las necesidades "productivas" de generaciones de personas poco pensantes, inducidos así por una pésima educación pública.
Hoy, poco se sabe de los detenidos, muertos y despedidos, el caso es que de ese penoso pasaje histórico ya nadie se acuerda.
La historia se repite con el incremento al precio de la gasolina. Los mexicanos alzan la voz, protestan desorganizadamente o tal vez guiados con la ayuda de alguien operando desde el gobierno, pero es idéntico el caso, después vendrá un periodo de tiempo que desdibujará el tema entre otros que generarán mayor estridencia mediática hasta olvidarnos de él.
¿Para qué tomar gasolineras? Es un sinsentido. Tomar los congresos estatales es lo conducente. Son los representantes del pueblo los que deberían enérgicamente accionar los instrumentos políticos necesarios para frenar esta puñalada al contribuyente. Son ellos, la oposición, quienes deberían estar activos frente a este episodio que polarizará más la brecha entre los ricos y los trabajadores de los ricos, los pobres, ayudando así, a exterminar la "clase media".

Vislumbres. Ser optimistas

Hacer lo que se puede.-
Pasaron, pues, finalmente, los 10 primeros informes de los presidentes municipales colimotes, y creo que algunos ciudadanos nos quedamos con la sincera y grata impresión de que en esta camada de munícipes no hay ninguno que desbarre o desentone, como sí ha sucedido en otros no muy lejanos tiempos, pero… con la triste impresión, también, de que ninguno de ellos ha podido hacer todo lo que hubiese querido hacer, sino, nada más, lo poco que lo han dejado, lo poco que ha podido.
No percibo (y lo digo con cierto aplomo) que ninguno de los ocho alcaldes o de las dos alcaldesas que están en funciones sean individuos realmente incapaces. Ni vislumbro alguno al que los asuntos de sus municipios se le estén yendo de las manos; aunque sí es notoria la enorme dificultad con que están trabajando, y evidentemente los lastra para operar como realmente quisieran.
Hay, si no me equivoco, al menos tres individuos que ha han sido dos y hasta tres veces alcaldes (Armería, Ixtlahuacán, Minatitlán), cuya capacidad probada nadie puede negar, pero ¿qué hacen hoy en comparación con lo que pudieron hacer las ocasiones anteriores en que ya fueron alcaldes? Hacen lo que pueden, aunque cada vez hagan menos que las anteriores. ¿Por qué? – Pues porque como derivación de viejos vicios administrativos (en los que tal vez ellos mismos incurrieron por ignorancia en sus primeras experiencias) las alcaldías están ahogándose en deudas, siguen sobrecargadas en sus nóminas y los gobiernos estatal y federal se lavan las manos al respecto. ¿Qué hacen, pues? Insisto, sólo lo poco que pueden.
Logros.-
¿Logros? Todos tienen pequeños y medianos logros. El problema del público consiste, sin embargo, en que distraído como está en sus propias ocupaciones, en las telenovelas, en los reality shows y en los eventos de la nota roja, no observa lo bueno que pasa en sus propios municipios y llega, falsamente, a la percepción de que sus alcaldes no hacen nada, o casi nada.
Este redactor, por necesidades de trabajo, visita varias veces al año las diez cabeceras municipales y conversa, ocasionalmente, con algunos de los alcaldes en funciones, pudiendo, a lo largo del tiempo, observar cómo es que hay administraciones en que el desarrollo de dichas cabeceras parece que se estanca y no evoluciona, mientras que en otras, como serían las actuales, en el primer año que llevan, son fácilmente perceptibles los esfuerzos que cada uno en su lugar y modo, están llevando a cabo.
En Armería, por ejemplo, el presidente Ernesto Guerrero Márquez, nos comentó que había estado reuniéndose con un grupo foráneo de empresarios que pretenden instalar un gigantesco “Puerto Seco” en un terreno infértil de su municipio, aledaño a lo que otrora parece haber sido un remanente de la laguna de Cuyutlán y paralelo a las vías del ferrocarril que, de instalarse, no sólo servirá para disminuir un poco la enorme afluencia de tráileres hacia o desde Manzanillo, sino que generará una suma importante de empleos directos e indirectos en Armería. En Ixtlahuacán, donde repite como alcalde un antiguo y muy próspero agro productor melonero, el alcalde nos participó también su idea de seguir aprovechando el potencial de las tierras de regadío que su municipio tiene, pero orientándolo hacia otros productos. En Minatitlán, el alcalde Mancilla nos mostró, en el balneario de El Salto, unos anexos que estaban construyendo (tal vez ya los terminaron) para instalar allí una especie de museo de lo natural, con una tecnología muy interesante que consiste en utilizar la tierra del mismo sitio para fabricar grandes bloques como del tamaño de unos veinte adobes, con un gasto realmente mínimo de cemento, metal y otros materiales. En Comala (donde no hemos tenido el gusto de conversar con el alcalde) salta a la vista, sin embargo, el muy hermoso acondicionamiento que durante los últimos cinco meses han estado haciendo del andador que desde dicha cabecera municipal, cruza por el Paseo de las Parotas y avanza hacia Villa de Álvarez. En la Villa, la presidenta nos manifestó su afán por seguir apoyando la cultura (Festival Padrino Mis Empanadas), y ha sido evidente el esfuerzo que desarrollaron para hacer más atractivo el centro con motivo de las Fiestas Patrias y de Navidad. En Tecomán, Lupillo nos comentó que aun cuando ha tenido que realizar inauditos esfuerzos para tratar de cubrir todas las demandas del sindicato municipal, una de sus principales apuestas está orientada en la idea de volver a convertir las tierras de Tecomán en el emporio agrícola que fue, y al parecer lo está logrando. Y así podría decir un poco de cada uno de los demás municipios, pero quiero concentrarme en destacar un poco más lo del municipio capitalino.
Insúa y su pensamiento diferente.-
El alcalde Héctor Insúa ha sido un individuo estudioso que no sólo tiene una maestría de Ciencias Sociales, sino que ya estaba estudiando el doctorado en la U.de C. cuando circunstancialmente se vio en la necesidad de meterse a candidato del PAN para la presidencia municipal de Colima.
Vivía en Guadalajara pero ya tiene buen rato viviendo en Colima, y creo que la primera ocasión que vino a trabajar en algo acá fue cuando lo mandaron como coordinador de algunas actividades en la campaña presidencial de Vicente Fox. Anduvom más tarde, como asesor del Presidente Municipal de Zapopan, y finalmente se vino a radicar acá cuando lo nombraron Delegado de la Corett. Trabajó posteriormente en la Sedesol y hasta un tiempo pequeño fue mi compañero de página cuando ambos publicábamos algunos artículos en el hoy ya desaparecido periódico Milenio-Colima. Luego se metió de lleno a la política y fue diputado local.
Es un individuo bastante sencillo y franco (o al menos a mí así me lo pareció) porque en la primera entrevista que tuve con él, hace aproximadamente un año, me reveló el dato de que él no había estado seguro de que pudiese ganar la presidencia en la contienda electoral, porque se daba cuenta que había muchos paisanos que ni siquiera lo conocían, y que no tenía ninguna duda de que quien lo ayudó a ganar fue Jorge Luis Preciado, por el impulso que le dio a su propia campaña en su papel de candidato a gobernador.
En ese momento observé que era un individuo también agradecido, y más tarde me pareció, incluso, un hombre un tanto visionario, con un pensamiento diferente a cuantos demás alcaldes capitalinos había podido conocer y tratar antes, notando que no sólo quería administrar bien lo que tuviera que administrar, sino mejorar en todo lo posible a Colima y… proyectarla como ciudad, no tanto en el sentido urbanístico, como se podría creer en un primer momento, sino, más bien, como una ciudad muy digna de ser conocida, una ciudad llena de atractivos a la que vale la pena conocer y visitar. Le pregunté si no se sentía abrumado por el hecho de ser él, en estos tres años, algo así como el pararrayos de los problemas que aquejan a la población, y me respondió que no, y que si algo le gustaba ser, políticamente hablando, es presidente municipal y ni siquiera gobernador, porque le gusta estar en contacto con la gente, pensar con ella y a favor de ella. Había ido, o estaba por ir en esos días a un par de ciudades colombianas que desarrollaron proyectos exitosos para la ciudadanía, y andaba metido, junto con el Ing. Jesús Ríos Aguilar, director del Instituto de Planeación de Colima (IPCO), en dos proyectos muy interesantes: uno el de la revitalización del Río Colima en su tramo que atraviesa desde la avenida de Los Maestros hasta la 20 de Noviembre, y otro para insertar a nuestra bella pero pequeña ciudad en un programa de la Fundación Rockefeller, que se titula (o titularía) Cien Ciudades Resilentes (del que hablaré un poquito más adelante). Y finalmente me comentó que trataría de impulsar, junto con su equipo, dos festivales muy grandes y notorios. El primero fue, lo vimos muchos, el Primer Festival Internacional del Volcán, con gran éxito. Y del segundo todavía tenemos una grata sensación: “Sabora Fest”. Innovador, de buen gusto, con un abanico muy amplio de posibilidades gastronómicas hasta para los más selectos paladares, aunque a mí no me gustó el nombre que le pusieron, habiéndole podido poner, dignificando nuestro español, algo así como “Festival del Sabor Colima” o “Fiesta Colimota del Sabor”. Y un poco, también, para estar en sintonía con el Festival Internacional del Volcán.
Ciudades Resilentes.-
¿Qué es o quiere decir resilente? Es un adjetivo para calificar al individuo capaz de recuperarse frente a los golpes que da la vida. Y buscando en los diccionarios más a la mano, descubro que resilencia es un sustantivo que en Psicología se define como “la capacidad que una persona tiene para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido, un accidente, etc.”. Aunque hay otra definición que le agrega un interesante elemento al tema: “es la capacidad que alguien tiene para recuperarse ante la adversidad y seguir proyectando el futuro”.
Así, pues, resulta que Héctor Insúa y su equipo entendieron muy bien que, por estar localizada en donde está, y por haber padecido una larga serie de traumas derivados de los terremotos y los ciclones que de tanto en tanto nos golpean, Colima es una ciudad resilente, aunque ni sus habitantes ni sus anteriores autoridades conocieran el término y sus significados.
En ese contexto, al parecer Jesús Ríos Aguilar ya estaba metiéndose más de lleno en el tema, y de algún modo supo que dentro de los muchos miles de ciudades que hay en el mundo, la Fundación Rockefeller estaba apoyando con recursos para la investigación y el estudio a Ciudad Juárez, Chih., y a la Ciudad de México, para que sus propios expertos y autoridades supieran cómo proyectar su futuro e incrementar su poder de resilencia. Insúa, quien al parecer también ya tenía alguna información al respecto, fue muy sensible a los planteamientos que se le hicieron y hoy puede informar, con satisfacción, que nuestra pequeña ciudad está inserta en el programa de Cien Ciudades Resilentes a nivel mundial. Pudiendo esperarse de ello información de primera mano que ayudará, no sólo a nuestra capital, sino al resto de las ciudades vecinas, a saber cómo enfrentar las adversidades que se nos presenten, con el menor número de daños, y con la mayor capacidad de respuesta.
Datos que nos invitan a reflexionar en que pese a todo lo negro que se presenta nuestro panorama para 2017, podemos, en lo municipal, ser razonablemente optimistas. Optimismo con el que de todo corazón me dirijo a todos ustedes, conocidos y desconocidos lectores, para desearles una muy saludable y Feliz Navidad, así como un muy bonito fin y principio de año.

 

Vislumbres. Despiporre en Hacienda

 

¿Lucha secreta?

Cualquier buen observador sabe que la ocurrencia (y la difusión) de un hecho aislado no demuestra ni explica gran cosa, y que es necesaria una sucesión de hechos para entender que algo anda bien o mal en un proceso.

Menciono lo anterior porque en estos momentos es perfectamente notorio que algo muy grueso está sucediendo al interior del gabinete económico del presidente Enrique Peña Nieto, y que éste, aun estando enterado de la situación, no sabe qué hacer para remediarla.

La primera idea que hoy quiero esbozar tiene que ver con hace tres meses Luis Videgaray, primer secretario de Hacienda del sexenio peñanietista, se vio obligado a renunciar a su puesto, siendo que hasta ese momento había sido considerado como el individuo más influyente en la toma de decisiones del gran tlatoani de Los Pinos, y con que hace apenas cinco días, Agustín Carstens, gobernador del Banco de México desde hace siete años, anunció también que dejará su cargo ¡en julio de 2017! Lo que no deja de ser una extraña manera de proceder, porque ningún funcionario de ese tamaño anuncia el abandono de su responsabilidad con tantos meses de anticipación.

Y la segunda idea, evidentemente ligada con la otra, es que en medio del maremágnum macro y microeconómico que en estos precisos momentos existe en nuestro país, hay una lucha interna, secreta, y casi como quien dice a muerte entre los colaboradores de Peña Nieto que tienen algo que ver con las cuestiones administrativas. Un espacio del gobierno en el que, usando palabras de El Peje, se debaten, por decirlo de algún modo, “dos diferentes proyectos de nación”: uno con evidentes reminiscencias y modos de proceder de los gobiernos priístas de antaño, anteriormente representado por el ex secretario Videgaray, y hoy representado por Idelfonso Guajardo Villareal, Secretario de Economía; frente a otro, representado por Agustín Carstens, Gobernador del Banco de México, y Antonio Meade Kuribeña, actual secretario de Hacienda, que (al parecer) tiene muchísimo más que ver con una administración más razonable, prudente y honesta, hasta donde tales cualidades puedan ser posibles en el manejo del erario público.

Así que, sólo para fundamentar el dato recordemos que la renuncia de Luis Videgaray Caso se atribuyó al hecho de que él fue quien convenció a Peña Nieto de lo muy conveniente que sería invitar a Hillary Clinton y a Donald Trump, como candidatos, a venir a México, para conversar con él. Y que si se le forzó a renunciar fue porque la candidata demócrata no aceptó venir y el candidato republicano sí lo hizo. De lo que derivaron tantas y tan abrumadoras críticas para Peña Nieto, que éste tuvo que pedirle a su amigo la renuncia.

Antes, sin embargo, de despedir a Videgaray, es obvio que Peña Nieto buscó un sustituto con suficientes luces que pudiera sustituir a su muy cercano colaborador, encontrándose con José Antonio Meade, economista de 47 años, graduado con honores en Economía en el ITAM (donde también estudió Nacho Peralta) y doctorado en lo mismo en la Universidad de Yale, quien ya había sido secretario de Hacienda ¡al final del sexenio de Felipe Calderón!

Pero lo más extraño de dicho acontecimiento no fue que dicho secretario hubiese sido colaborador de Calderón, porque desde al principio del sexenio peñanietista quedó incluido en su gabinete, sino que el recambio de titulares se diese justo un día antes de que la mencionada Secretaría (¿en disputa?) tuviera que presentar al Congreso la propuesta de presupuesto para 2017.

Al referirse al cambio de estafeta, EPN dio a entender que Meade Kuribeña tendría la encomienda de sacar adelante el paquete económico de 2017, y que aun cuando ello implicará la búsqueda de la consolidación de las finanzas públicas, “ni habrá nuevos impuestos, ni aumentarán los existentes y sí se hará un ajuste del gasto público”. Por lo que será “al gobierno, y no a los ciudadanos ni a los empresarios (sic) al que le tocará apretarse el cinturón”.

Ese anunció fue terrorífico para mí, porque me hizo recordar los sexenios devaluatorios y de hiperinflación de José López Portillo y Miguel de la Madrid Hurtado, quienes precisamente fueron los primeros presidentes de la república en mencionar apretones de cinturón.

Desde la renuncia de Videgaray han transcurrido sólo noventa días, pero contra lo que se esperaba, ganó Trump las elecciones presidenciales de los Estados Unidos y, cosa ¿curiosa?, apenas se supo que el candidato republicano había resultado triunfador cuando Agustín Carstens y Antonio Meade, evidentemente de acuerdo, citaron a los periodistas relacionados con las cuestiones económicas ¡a las siete de la mañana!, para darles la noticia de que el primero estaría abandonando su puesto ¡en julio de 2017! ¿Por qué tanta prisa por anunciar un hecho al que le faltan casi ocho meses para que ocurra?

Meade, hay que recordar también, es un economista de 47 años, graduado con honores en Economía en el ITAM (donde igualmente estudió Nacho Peralta) y doctorado en lo mismo en la Universidad de Yale (donde estudió Ernesto Zedillo). Agustín Carstens, por su parte, es otro economista de 58 años, doctorado en la Universidad de Chicago, que también fue el primer secretario de Hacienda de Felipe Calderón, y que tuvo como su coordinador de asesores nada menos que a Meade Kuribeña.

Hoy recae en ambos ex colaboradores de Felipe Calderón la responsabilidad de hacer que en México las cosas vayan bien en cuanto a las finanzas nacionales se trata, y eso no ha de ser muy grato a los priistas que hicieron campaña por el mexiquense Peña Nieto, pero ¿por qué renuncia El Gordo si sabe que su puesto de gobernador bancario abarcaría tres años más del siguiente sexenio?

Carlos Fernández-Vega, un analista de La Jornada dice que Carsens no es tonto y que, por lo mismo, sabiendo “que la situación financiera del país está a un tris (sic) de convulsionarse […] teme que la bomba le estalle en la cara” y organizó “su exilio dorado”, yéndose a radicar en Basilea, Suiza, ciudad en donde está la sede del Banco Internacional del Pagos, del que será gerente a partir de octubre de 2017, y donde recibirá “una beca igual de jugosa que maravillosa”.

Coincidiendo sobre esto último, otro articulista del Grupo Reforma dice: “Vaya salto que está dando Agustín Carstens al primer mundo”, porque “de acuerdo con un reporte anual del Banco Internacional de Pagos”, ganará en él algo así como 15 millones y cuarto de pesos al año. Suma que no gana aquí ni el Presidente de la República.

Es obvio que don Agustín tiene todo el derecho para mejorar sus ingresos y aumentar su currículum, pero si ya de por sí las finanzas y el mercado de valores en México andan más convulsos y temblorosos que un teporocho crudo, resulta que el puro aviso de su renuncia no sólo contribuyó a desestabilizar las finanzas nacionales, sino que ayudó (o sirvió de pretexto) para que nuevamente se devaluara el peso y arrastrara consigo al salario y el poder de compra de los mexicanos. ¿Qué no piensan esos señores el mal que hacen sólo con hacer anuncios tan precipitados?

 

Salario en picada.-

Relacionado con eso mismo, un amigo muy inteligente y madrugador me envió este lunes, tempranísimo, una imagen comparativa del salario que se comenzó a pagar desde el 1 de diciembre de 2015, y del que se aprobó apenas hace una semana, confirmándose una vez más que el gobierno federal y los más grandes patrones del país, quieren, de nuevo, no sólo darle atole con el dedo a los trabajadores, sino engañarlos mediante ya muy utilizadas argucias.

En dicha gráfica comparativa se precisa que si bien el 1 de diciembre de 2015, el salario que se comenzó a pagar era de $73.04, y el que se aplicó a partir hace apenas seis días es de $80.04, ello no significa que haya existido un aumento real, porque debido a los malos manejos macroeconómicos del gobierno federal, al depreciarse el peso frente al dólar, hace un año dicho salario representaba 4 dólares con 40 centavos, y el de hoy sólo representa 3 dólares con 90. Por lo que realmente, el salario mínimo general, en vez de subir bajó. Y ello no sólo lo saben, sino lo sufren cabalmente los trabajadores que a duras penas sobreviven en las ciudades mexicanas fronterizas. Porque es en ellas donde con mayor crudeza se manifiestan las diferencias en la correlación peso dólar.

 

Extraño a Fox.-

Frente a esta situación (que mucho nos recuerda los períodos gubernamentales de Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo y Miguel de la Madrid Hurtado), yo, que no voté por Vicente Fox y nunca confié en su capacidad para ser buen gobernante, puedo afirmar que lo extraño, no sólo porque ese gigantón botudo y dicharachero pagó gran parte de la deuda externa que se había acumulado durante los presidentes acabados de mencionar, sino porque sostuvo una mejor

paridad peso-dólar y no hubo devaluación significativa mientras estuvo al frente del gobierno. Ya que si en 2001 el peso se cotizó a 9.68 por dólar, en 2006 se cotizó a 10.55 pesos.

¿Qué pueden decir hoy, para defender la capacidad administrativa de Enrique Peña Nieto quienes votaron por él para la presidencia de la república?

Las encuestas que últimamente se han estado publicando demuestran que, al iniciar el quinto año de su des-gobierno, el mexiquense se halla en el punto más bajo de aprobación, aceptación, reconocimiento o popularidad que se haya encontrado jamás. Sin que aparentemente lo sepa o lo reconozca, porque en vez de dar un vigoroso golpe de timón para nivelar la nave, todo parece indicar que continuará con el mismo, fallido derrotero.

En noviembre de 2012, cuando EPN tomó su protesta como presidente la relación peso-dólar era de 12.93 pesos por cada billete verde. Hoy ya está cerca de los 21 por dólar. ¿En cuánto habremos de parar hacia el final del sexenio?

En volandas. Textos fundamentales

 

La vida pública de Colima gravita en el naufragio intelectual. Esta visión luego se traslada, herida de muerte en su credibilidad, a los medios de comunicación, muchos de los cuales son correos guiados de información sesgada que los grupos del poder anhelan colocar en el imaginario colectivo. De esta manera, más o menos, funcionan los estratagemas equivocados de los sistemas varados en los años cincuenta del siglo pasado. Faltan teoría y práctica nuevas que encaucen el dinamismo que originaron los enfoques de la lingüística, la semántica, publicidad, mercadotecnia, hermenéutica y pragmática, sumados al estudio sistemático de la neurociencia.

La pifia mayúscula consiste en el despliegue de una ignorancia conceptual en muchos estratos administrativos, académicos y gubernamentales, cuyas consecuencias lastran la formación sensible y cultural de miles de colimenses.

El cambio raíz debe provenir del ámbito público para que sus ramificaciones empiecen una proximidad con el ciudadano escéptico, aburrido e, incluso, desinteresado de los temas que le atañen, pero que deja sus soluciones al arbitrio y dominio de políticos sordomudos de la etimología de su función: mandatario no es quien ordena más, sino quien obedece más el imperativo de sus representados. Esta miopía cancela vecindad; el estrabismo deforma fines.

Colima necesita un periodismo de ideas, sólido en panorámicas, menos repetidor de estilos nocivos, explorador de climas profesionales, adaptador de tendencias exitosas en otros lares.

Un esfuerzo estimulante es el que inició el semanario francés Le Point. Puso en circulación ideas y textos fundamentales que alejan anfibologías, evitan galimatías, derrotan equívocos y acercan exactitudes. Va un caso, a guisa de ejemplo, con la palabra liberalismo.

¿Hay que tener miedo del liberalismo? El término es un insulto cuando “comunista” solo es ordinario. ¿Por qué? En los países de cultura profundamente partidaria del estatismo, el liberalismo versifica con desregulación, privatización, pérdida de empleos, despidos, paro y desigualdades sociales. ¡Aunque en ciertas redes sociales no vacilan en compararlo con fascismo, a riesgo de practicar el oxímoron!

En efecto, si bien es un pensamiento que no puede ser asimilado por el totalitarismo de derecha o izquierda, justamente el liberalismo, aun practicado excesivamente, defiende a, pesar de todo, la libertad del individuo contra todos los poderes, incluso del egoísmo más desenfrenado.

No se reduce a la economía.

El liberalismo posiblemente comparte más elementos con el anarquismo que con el fascismo. Y aunque con frecuencia se le asocia con el capitalismo, no puede ser confundido con él. Primero, debido a que la ley del beneficio máximo se adapta mal con ciertos principios económicos liberales, como la transparencia del mercado…

No se limita a la economía.

Le debemos, por cierto, algo a la Organización Mundial de Comercio (OMC), pero también al principio de la separación de los poderes, a la Declaración de los derechos de hombre y del ciudadano de 1789, a la abolición de la esclavitud, la libertad de opinión y asociación, la prensa libre y los sindicatos (la que Jules Guesde, el socialista, no quería). El liberalismo puede ser un humanismo, todo depende cómo se sirva de eso. Es un pensamiento global que toca tanto lo político, económico como lo social.

Y otra idea recurrente: no es invención puramente anglosajona, aunque encuentre sus orígenes en Inglaterra con Locke y los principios de la monarquía constitucional; se le atribuya la mayoría de las veces su paternidad a Adam Smith, inventor de “la mano invisible del mercado”, y a John Stuart Mill, pensador utilitarista que defendió primero los derechos de la mujer.

Para liberarse de todo despotismo.

No, el liberalismo ampliamente es de origen francés, hasta “made in Francia”, ya que después de Montesquieu, al principio de una reflexión fundamental sobre el papel de la ley como fiadora de las libertades individuales, y en el siglo XIX, encontrará a sus teóricos más grandes: Benjamín Constant, François Guizot y Alexis de Tocqueville, para el pensamiento político, y Jean-Baptiste Say y Frédéric Bastiat para la economía.

Cada uno desarrolla “su” diseño mejor del liberalismo, lo cual prueba que esta doctrina no es monolítica. ¿Entonces por qué lo detestamos tanto? Buena cuestión. Posiblemente, porque en los países de fuerte cultura se incorporó a una valoración del individualismo. El más egoísta. Posiblemente, porque los poderosos desviaron sus principios solo para su beneficio.

¿Será el tiempo de redescubrir estos principios? Redimir al hombre de cualquier despotismo -Iglesia, Estado o poderes económicos ciegos- es el motor del pensamiento liberal. Conclusión: hay que saber conducir la máquina para que no se vuelva contra la condición humana, a costa de los más frágiles. Por eso resulta indispensable conocer los resortes para comprender los debates que agitan hoy al planeta: reforma del Estado, inmigración, códigos laborales. Sin visiones a priori.