Esta fauna. La muerte de un burócrata


El edificio domiciliado en Juárez 100, en la municipalidad de Manzanillo, es una construcción que encierra profundos misterios. En su interior trabaja gente de todo tipo, de variada estructura ósea y estado mental. Empleados municipales que desempeñan labores de diferentes responsabilidad, pero igual de importantes y necesarios. Desde la presidenta, que es la máxima autoridad en lo que respecta a situaciones que atañen al territorio municipal y su habitantes, hasta el intendente, que es la máxima autoridad en el cuidado y limpieza de los lavabos públicos. Pasando, además, por directivos que todos los días sueñan con ser trabajadores sindicalizados, y por trabajadores sindicalizados que todos los días sueñan con ser directivos o, en su defecto, líderes sindicales.
Visto de lejos, la presidencia municipal parece un edificio inocuo e inofensivo; visto de cerca, o bien ya visto desde el interior, parece la residencia donde habita el desconcierto y la mala fortuna para todo aquél que se atreve a realizar un trámite “que urge”. Pero eso es sólo una mala apreciación, desde luego. En este edificio nada es tan malo y nada es tan bueno; o mejor dicho, todo está bien y todo está mal. No se asuste, así es el equilibrio del universo.
Los misterios de este sitio se clasifican en: a) de planta baja; b) de primer piso; y c) de segundo piso.
Tengo la dicha de estar familiarizado con cada uno de estos misterios, dado que alguna vez fui ocupante de un escritorio dentro del edificio. Uno de estos misterios solía darse de manera recurrente y tenía como escenario mi propia oficina. Era así: dos veces por semana se presentaba alguien —unos días era un señor despistado, otros una señora con niños gritones—, nomás a preguntar por “un licenciado medio gordito, no muy alto, de pelo ralo, que a veces trae lentes y otras no, que a veces se rasura y otras no, y que trabaja en una oficina de este piso”. Quien preguntaba decía desconocer el nombre de la persona que buscaba, y añadía que “ese licenciado lo había citado, para ver en qué iba su trámite de (aquí entraban asuntos que iban desde un divorcio, hasta el pago de una multa por estacionar una bicicleta en doble fila)”.
Quien preguntaba tampoco sabía decir si tal licenciado tenía algún cargo dentro del gobierno municipal, pero en cambio era capaz de dar informes sobre la vida íntima del buscado: “mire: a lo mejor es casado, pero tiene una amante que también es licenciada; ella fue quien me llamó para decirme que viniera a buscarlo”, decía el buscador. En todos los casos, el “licenciado” nunca era localizado, entre otras cosas porque (aseguraba una secretaria que siempre estuvo enterada de la vida íntima de todos), había por lo menos cinco “licenciados” que encajaban con la descripción y el estilo de vida.
En los días de paga se hacía patente otro acto misterioso que consistía en lo siguiente: Exactamente los días quince y último de cada mes, una bandada de señoras, equipadas con libretitas empastadas iban de oficina en oficina para realizar una tarea semejante a un ritual. Se paraban en el umbral de las puertas y preguntaban a bocajarro a la primer persona que se movía: “¿Stá Fulanito?”. Si la respuesta era afirmativa (sí, sistá), se pasaban hasta el último rincón de la oficina para demandarle a Fulanito el abono del perfume, de la cadenita de oro, etc. Si la respuesta era negativa (no, nostá), hacían una mueca de disgusto al tiempo que anotaban algo en su libreta. Aquí uno puede imaginar que escribían cosas como: “En esta oficina me niegan al droguero de Fulanito”. Esa misma situación se repetía en casi todas las dependencias y, por lo que sé, todavía se repite cada quincena. Según informes del cronista municipal, el origen de este comportamiento se remonta varias décadas atrás, más o menos por la época en que se creó el sindicato de burócratas.
Hay, por otro lado, misterios más simples, pero igual de intrigantes. Como por ejemplo el que existan empleados municipales que, a esta hora de la mañana, estén leyendo el periódico en lugar de atender sus pendientes. ¿Qué los mueve a perder el tiempo en su jornada laboral y luego cobrar, sin remordimiento alguno, un sueldo que se paga con dinero público? Uno casi los puede imaginar, con el periódico abierto frente a su cara y haciendo una pausa en la lectura para preguntarle al chismoso de la oficina cosas como “Oye tú, ¿quién será ese licenciado medio gordito, no muy alto, de pelo ralo…”.

 

Vislumbres. De turistas, festivales y fiscalizadores a cuota

¡Ah, los turistas!-

Las vacaciones de primavera ya se terminaron y el asunto se presta para una pequeña reflexión:

Viendo las cosas desde la perspectiva de los prestadores de servicios da gusto que llegue la Semana Santa; pero viéndola desde la perspectiva de quienes no somos muy amantes de las multitudes, da un poco de miedo y flojera. Da gusto porque con las vacaciones rompe uno con la rutina, puede cambiar de actividad y hacer algo que pospuso, o que simplemente tenía ganas de hacer. Pero da miedo también porque casi tan súbito como el brote de una epidemia, se provoca una avalancha de turistas y los espacios que solían ser sólo para la gente de Colima de repente se ven invadidos por un cúmulo de personas muy parecidas entre sí, surgidas como por un acto de generación espontánea. Individuos que pululan como imitaciones o copias unos de los otros. Pues van con sus lentes negros, con sus pantaloncitos cortos, con las sandalias o con los huaraches que jamás usan en sus lugares de origen, con las zancas blancas a fuerza de no asolear, y con un aire de novedad en el que se perciben las ganas de tener un buen rato de reventón en los antros o en las playas. Sin que les importe un carajo dejar un mugrero por donde pasan o permanecen un rato.

En las carreteras, como vomitados por su propias ciudades, por sus escuelas, por sus negocios, por sus oficinas, algunos de los turistas son una suma de peligros, pues salen desaforados, manejan como cafres, y en muchos se ve que arden las ganas de llegar al sitio que se pusieron como meta vacacional. Máxime si son destinos de playa. Porque para ellos es como un dogma de fe aquel verso que dice: “En el mar la vida es más sabrosa”.

Pero el problema es que en su afán de llegar a su provisional destino cruzan como bólidos a través de cientos de kilómetros, viendo sin observar los paisajes por donde atraviesan, como si éstos no tuvieran belleza y encantos propios. Pero al ir tan raudos ponen en peligro sus vidas y las de los demás, y en cada vacación o “puente” las carreteras cobran sus cuotas de muertos.

Los turistas semanasanteros que por su buena suerte tienen un recorrido sin incidentes, no bien llegan a las playas cuando inicia su gran penar porque prácticamente son asaltados y desvalijados por los comerciantes del rumbo, los restauranteros, los hoteleros y hasta los vendedores de tacos, hot dogs y tostadas de simple ceviche. Porque siempre se da el caso de que aprovechando al máximo el esquema de la oferta y la demanda, todo en estos días de vacaciones cuesta un dineral: en la playa las sombrillas suben cosa de un cien o más por ciento; los mariscos vuelan más alto que las gaviotas, y todos los prestadores de servicios hacen su agosto en marzo o abril, según se haya movido la Semana Santa.

Y en su desapego por lo santo, el día en que los turistas regresan a sus lugares verán su realidad cual es: comenzando por las larguísimas colas de coches, camionetas y camiones que se forman sólo para entrar, por ejemplo a Guadalajara. Ya no se diga a Toluca o al Distrito Federal, y terminan con la visita forzada de muchos al Monte Pío, para empeñar las alhajas y recomenzar la rutina de la que salieron corriendo apenas cuatro o cinco días antes.

En la contraparte de todo este peregrinar turístico está la felicidad de los prestadores de servicios que los asaltaron en cada sitio de playa donde estuvieron. Y serán los secretarios o los directores de turismo de cada entidad o municipio quienes dentro de los días siguientes informen: “Hubo una derrama económica de tantos millones de pesos”. Mientras que, inextinguibles, irredentos, los turistas en sus trabajos ya estarán pensando a dónde habrán de ir las próximas vacaciones o el siguiente puente largo que aparece en el calendario.

Fiscalizadores ciudadanos con cargo al erario.-

Desde que hace casi dos años hicieron su aparición en la escena política estatal, los integrantes de la asociación “¿Cómo vamos Colima?”, comenzaron a levantar ampolla por tratarse de algunos ciudadanos que jamás habían sido vistos en este escenario y por ser, varios de ellos, reconocidos hombres de empresa, poseedores de un gran capital.

Empezaron bien estos señores, invitando a los entonces candidatos a ocupar la gubernatura a dialogar con ellos y a asumir algunos compromisos muy específicos si ganaran la contienda, siendo por entonces el único de los candidatos que no les respondió, el panista Jorge Luis Preciado. Pero desde esos mismos días llamó la atención de muchos ciudadanos libres el hecho de que entre la serie de planteamientos que dichos asociados expusieron a los candidatos contendientes, hubiera uno en el que se le requería que, a quien resultara triunfante se le iba a pedir que aportara, para sostén o financiamiento de “¿Cómo vamos Colima?”, algo así como ocho millones de pesos al año, extraídos de un impuesto sobre la nómina que anualmente pagan también todos los empresarios que operan en la entidad. Pedimento sui géneris que, por supuesto, en su afán de ganar la contienda, JIPS suscribió sin meditar.

Cuando Nacho, finalmente obtuvo su ratificación como gobernador electo, reiteró su compromiso con dicho grupo, no obstante que el público en las redes (y no pocos analistas en los medios) habían criticado el hecho de que tales empresarios estuviesen reclamando un subsidio millonario anual para certificar los avances del gobierno encabezado por el propio JIPS.

El primer año del sexenio transcurrió sin que “¿Cómo vamos Colima?” recibiera su subsidio, pero los empresarios en cuestión se abstuvieron de reclamarlo, como si hubiesen entendido que deberían esperar un poco para el nuevo gobierno tratara de nivelar barco de la economía estatal. Sin embargo hoy han vuelto a lo suyo y reclaman el cumplimiento del compromiso firmado.

Es muy posible que para los señores de “¿Cómo vamos Colima?” ocho millones de pesos representen muy poca monta, pero para quienes no nos movemos en la esfera que ellos se mueven tal cifra es mucho dinero, y no aprobamos la idea de que les sea entregado año con año ni siquiera para calificar al gobierno estatal. Esperamos que los diputados locales no se presten a ese juego y que, si los empresarios de dicha agrupación quieren calificar al gobierno lo hagan manteniendo su independencia respecto de mismo régimen y con recursos propios, tal y como por cierto lo hacemos muchos ciudadanos desde nuestras respectivas trincheras.

Ferias y festivales que se empatan.-

Es muy claro que la décima edición de la Feria del Ponche, Par y Café Comala 2017, realizada durante las semanas Santa y de Pascua se superó respecto de las ediciones anteriores y que por lo mismo fue un gran éxito para las autoridades municipales, aunque no tanto para algunos vendedores y expositores que por ser tantos hoy quedaron fuera de las tres cuadras aledañas al jardín principal, donde cada una de las tardes y noches pasadas se concentraba la multitud de los visitantes. Una bonita feria de pueblo que nos hizo recordar las descripciones que otros cronistas hicieron de cuando la Feria de Todos los Santos, en Colima, se desarrollaba casi totalmente en los andenes del Jardín Núñez y calles inmediatas.

Colateralmente ya está por iniciar el Segundo Festival Internacional del Volcán, convocado y organizado por la presidencia del municipio capitalino, con un gran abanico de opciones para el público que lo visite, y que se llevará a cabo del 28 de abril al 7 de mayo.

En su primera y vistosa edición es indudable que dicho festival fue un éxito también, pero no sé por qué se eligieron para celebrarlo las mismas fechas en que desde hace décadas se llevan a cabo las tradicionales las Fiestas de Mayo, en Manzanillo, siendo que su realización simultánea puede influir en el no éxito de tan magnos eventos, porque ambos festejos se disputarán al menos a un segmento del público y de los posibles visitantes.

En este 2017 ya no sólo serán simultáneos las Fiestas de Mayo, en Manzanillo, y el Segundo Festival Internacional del Volcán, en Colima, sino que lo será también (aunque sólo durante tres días) el Festival Mítica Comala, cuyas realizaciones anteriores han sido esporádicas y no han contado con un público suficiente, tal vez porque la mayoría de los colimotes no son muy “rulfianos”, que digamos, y porque el tema recurrente de dicho festival ha sido el de Juan Rulfo y sus escritos. Un gran escritor, por cierto, quien, de estar vivo, este año cumpliría 100 de haber nacido.

Pero como quiera que sea es preferible que haya muchos festivales culturales a que no haya ninguno. Aunque lo más recomendable sería que los de inicio más reciente adoptaran nuevas fechas para que no se empaten o compitan con los más añejos y tradicionales.

Esta fauna. Día tres: retrato hablado del político

Le conté ya que adopté un político. Fue hace dos semanas. Y lo adopté, se lo vuelvo a decir, como quien adopta una culpa, una tristeza o una desgracia. También le conté que adoptar un político nos da la ventaja de conocerlo mejor. Y es que uno no termina de conocerlos hasta que defraudan. O nos roban. O abusan de su poder. O huyen del país. O se pasean impunemente en cabalgatas mientras las arcas públicas lloran de pura tristeza. Por eso, digo, hay que adoptarlos.
Sé lo que usted está pensado: que si acaso adoptara un político lo tendría amarrado en el patio de su casa. Y aunque es muy buena idea, no se trata de eso. Se trata de estar al pendiente de él. De evitar que cometa barbaridades cuando detente un cargo de elección popular. De impedir que, en nombre de todos, tome decisiones para su propio provecho y/o en perjuicio de muchos.
Hay que adoptarlos, pues, como una responsabilidad. Dejar a un político que haga y deshaga su labor sin estar al pendiente de él, es como dejar al firulais en casa, solo, y con el refrigerador abierto.
Adopte un político. No queda de otra, porque nuestra democracia es imperfecta. Los ciudadanos, reunidos en colectividad (hipnotizados por la propaganda electoral) somos una caterva de inútiles, incapaces de diferenciar entre un mono y un perro. Ahí tiene nuestro lamentable y gran error electoral llamado Enrique Peña Nieto.
Salvo honrosas excepciones, pareciera que nuestro sistema político está plagado de advenedizos o torpes. Siempre habrá vivales que quieran convertirse en parte de la élite gobernante porque, es obvio, no saben hacer otra cosa que timar. Y lucrar con las esperanzas de los ciudadanos. Y refocilarse en la impunidad, desde luego.
Dicho todo esto, le contaré algo sobre el político que adopté. Mi adoptado no es el gran figurín, pero podría llegar a serlo. Por lo pronto es es un político de poco pelo; más chico que pequeño, menos útil que incapaz, más sangrón que simpático y con tendencia a hablar en tercera persona sobre sí mismo. Asegura tener un padrino colmilludo. (Nota: un padrino político es alguien, las más de las veces detestables, que ha hecho fortuna y nombre gracias a los cargos públicos que desempeñó y que se vende como mentor o asesor de otros que quieren seguir el mismo camino).
Por lo demás, mi político presenta un leve cuadro de megalomanía y una tendencia irremisible al ridículo. Actualmente tiene, por pura chiripa, un cargo público, y trabaja arduamente dentro de su partido para ser candidateable, otra vez. Reparte despensas (que no le cuestan), hace brigadas (nomás para hacerse notar), saluda de mano a todo el que se deje, cuentas chistes (muy malos) a la menor provocación, habla de su partido mejor que de su señora madre, defiende a su gremio (también lo utiliza), y a veces (muy pocas) pone dinero de su propio bolsillo para festividades barriales. Es, en suma, el típico político que debe uno vigilar.

Esta fauna. Día dos: conociendo al político


Adopté un político. La semana pasada. Y lo adopté, le decía en el texto anterior, como quien adopta una culpa, una tristeza o una desgracia. Cualquiera pensará que no hay nobleza en adoptar (o rescatar) un ejemplar de esta especie. Mejor sería, lo sé, participar en campañas de control canino. O hacerse cargo de una tortuga de río que, como ya se sabe, tiene un caparazón más o menos de la misma densidad y dureza que cualquier aspirante a candidato. Las tortugas agradan porque son congruentes con su condición: lo único que piden es un poco de lechuga. Nada de palmadas en el lomo, nada de rascarles la oreja y nada de consideraciones extras. Un político, por el contrario, siempre demanda atención (“mírenme, soy tan simpático como un cachorro”), lo que demuestra el abandono emotivo en el que están sumidos y su marcado déficit de amor propio. Cuando uno menos se lo espera ya están pidiendo un voto. ¿Para qué? Para lo que sea. Piden votos con la misma vehemencia que un perro labrador cuando espera que la lancen la pelota. Pero lo que hagan, tanto el perro labrador con la pelota, como el político con el voto (y con el posible cargo público), ya es asunto que debe competer a uno mismo, al ciudadano. Es decir, no se debe dejar que el perro, en su lúdica estupidez, extravíe la pelota; tampoco que el político, al ser votado (y acaso electo) haga que se pierda, con sus acciones, la dignidad y esperanza de todos sus electores.
Pongo un ejemplo inmediato para quienes en Colima vivimos (aunque cada vez ya vivimos menos): El ex gobernador Mario Anguiano. Tanto lo dejamos hacer y deshacer con el cargo (y ahí somos culpables todos los sectores de la sociedad) que terminó defraudando no solo a quienes votaron por él, sino también a los que no votaron. A estos días, tan apenados estamos de haber tenido un gobernador como el antes citado, que nadie quiere, por mera vergüenza, ni pronunciar su nombre. Otro ejemplo es el ex gobernador Javier Duarte, de quien ya sabemos las penurias por las que tuvo que pasar, el pobre, en Guatemala. Tengo tantos ejemplos y tan poco tiempo. A lo que voy es a decir que es muy peligroso dejar solos a los políticos cuando les entregamos un cargo. Son como un fresh pool de seis meses: apenas los descuidamos destrozan la sala o se comen el papel sanitario. Y alguien dirá: “sí, pero son tan adorable”. Los fresh pool, desde luego, no los políticos.
De ahí la importancia de conocerlos, de estar al pendiente de sus pretensiones (todo político, sin excepción, pretende algo que el resto de los ciudadanos, nomás por pura dignidad, no estamos dispuestos a hacer). Y para conocer a un político hay que adoptarlo. No me salga con que no tendría tiempo para atenderlo, que el alimento es muy caro, que las vacunas cuestan, etc. Nada de eso. Ellos mismos se procuran lo que necesitan. Lo único que usted debe hacer es aleccionarlos. Mostrarles, por ejemplo, el concepto de probidad. Porque ellos son tan convenientemente inocentes que piensan que ser probo es como ser pobre. Y en su ignorancia sobre la probidad y la pobreza, terminan destrozando la sala y comiéndose el papel sanitario. Que sería lo de menos, porque también suelen saquear las arcas públicas. En nuestras manos está evitarlo, y debemos saber cómo. Hay que conocer al político, le digo: saber cómo habla, qué hace (si es que acaso hace algo), de dónde viene (o a dónde va), si es de origen larvario o se desarrolló como embrión, etcétera….

 

Vislumbres. Mensajes que se revierten

EPN y sus compañeros de ayer.-
Hoy ya es un tema común el de los dos ex gobernadores (Tamaulipas y Veracruz) capturados en Italia y Guatemala con menos de diez días de diferencia. Se dice que tanto Tomás Yarrington como Javier Duarte eran, desde los inicios de sus respectivos sexenios, dos sujetos a quienes muchísima gente de los estados que gobernaban calificaban como pillos; pero a la vez se afirma que contaban, como ha sido siempre, con el apoyo, el cobijo y la defensa de las cúpulas de sus partidos, y en el caso del veracruzano, hasta del mismísimo presidente Peña Nieto.
En torno a esto último hay varios videos que confirman la presencia de EPN (entonces gobernador del Estado de México) en el mitin del cierre de campaña de Javier Duarte como candidato a la gubernatura veracruzana (fecha: último domingo de junio de 2010,). En dicho mitin, yendo como invitado de honor, y ataviados los dos con sus respectivas camisas rojas, el gobernante mexiquense fue uno de los principales oradores, y durante su discurso no dudó en calificar al joven candidato tricolor como “un hombre de convicciones, de lealtad para su partido y sobre todo para la gente a la que hoy le está pidiendo su confianza… Un hombre que representa a las nuevas generaciones del PRI”, y otros calificativos por el estilo.
Dos años después, en mayo, cuando ya EPN era candidato presidencial, acudió a una entrevista colectiva en Televisa, donde, acompañados entre otros por los periodistas Adela Micha y Javier López Dóriga, le preguntaron sobre la corrupción de los gobiernos estatales y él respondió a Denise Maerker: “Si tú observas, hoy los gobernadores de la gran mayoría de las entidades son jóvenes actores de la nueva generación política: el Gobernador de Quintana Roo, Beto Borge; el Gobernador de Veracruz, Javier Duarte; César Duarte, Gobernador de Chihuahua…”, y en cuanto a su partido afirmó que éste pasaba por un proceso de “renovación interior”.
En octubre del año pasado, estando participando en un foro público con otros periodistas, uno le preguntó a EPN acerca de lo que había dicho en aquel último domingo de junio respecto a Javier Duarte, y le cuestionó si aún seguía poniéndolo como ejemplo del “nuevo PRI”. El presidente no se inmutó y levantándose de la butaca en donde había estado sentado, tomó el micrófono para eludir el bulto diciendo: "No recuerdo yo la alusión, pero seguramente en algún momento la hice, si es la referencia que hacen… [En cuanto a mi partido, éste] ha tenido dentro de sí mismo una enorme renovación al paso de los años. El PRI ha sido artífice y constructor de las grandes instituciones. No exento de errores, no exento de fracasos, no exento de desaciertos, como me parece ocurre en todas las fuerzas políticas del País". Y en eso tuvo razón, pero ¿qué pasaba con sus antiguos amigos?
Hoy, desde noviembre de 2016 para acá, ya son cuatro gobernadores (tres del PRI y uno del PAN) los que han sido aprehendidos o están en proceso. Pero hay quienes afirman que estas dos últimas capturas (la de Yarrington y Duarte) sólo son dos eventos mediáticos para ayudar al candidato Alfredo del Mazo júnior, para ganar la gubernatura del Estado de México, la más preciada joya que después de la Presidencia de la República tiene todavía en su poder el poderosísimo grupo político del que proviene Enrique Peña Nieto. Es decir, dos sacrificados a los dioses para obtener un nuevo triunfador.
Futurismo desatado.-
Y a propósito de candidatos y de sucesores, ya todos los mexicanos deben de saber también que el futurismo está desatado y que las encuestas con miras a la sucesión presidencial de 2018 están siendo más consultadas que el Oráculo de Delfos y los resultados del Melate y la Lotería Nacional, siendo muy de notar que la mayoría de ellas (las encuestas) ponen al ya muy cascado y repetitivo Andrés Manuel López Obrador como el puntero de la mayoría de los aspirantes, aunque Morena, su partido, no esté suficientemente consolidado en las 32 entidades del país, como sería el caso particular de Colima.
Para no abundar demasiado en los temas de las pitonisas y los augurios político-electorales, hoy me concretaré a presentar y comentar un poco de lo que revela la última de las encuestas publicadas por El Universal, difundida apenas hace dos semanas: ahí dice que tomando en cuenta los resultados obtenidos por los encuestadores contratados desde “el inicio de la serie” (allá por noviembre de 2016) “el partido de López Obrador ha crecido 11 puntos, el PAN siete”, mientras que “el PRI ha perdido 12 puntos”. De tal modo que hoy “la preferencia electoral por partidos” estaría prácticamente “empatada entre Morena (con 24%) y el PAN con 23%”, frente a un PRI que en este momento apenas estaría alcanzando “el 13% de las preferencias, por primera vez desde su aparición como partido político”.
Y en cuanto a los precandidatos que se mencionan, el 5 de abril El Universal “publicó que a 15 meses de elegir Presidente de la República… los escenarios electorales muestran a AMLO como “el más favorecido en una contienda con Margarita Zavala, Osorio Chong, Miguel Ángel Mancera y Jaime Rodríguez El Bronco: con 33% de las preferencias para AMLO; seguido por Zavala con un 27%, con Osorio con un 13% y con El Bronco con un 7%”. Cifras jamás antes vistas por el PRI a poco menos de un año de que los partidos políticos tengan que ya elegir a sus propios candidatos.
Pero ¿qué resulta de esta “fotografía del momento”? Pues nada todavía porque recuérdese que en el 2006, aun cuando AMLO era también puntero, su soberbia lo arrojó al barranco cuando le dirigió al entonces presidente Fox aquel estentóreo grito de “¡Cállate chachalaca!”, y nada, tampoco, porque muchos cambios habrá en estos escenarios futuristas cuando finalmente se conozcan los resultados de las elecciones gubernamentales de julio próximo. Elecciones en las que, como ya dije, la joya más preciada es, sin lugar a dudas, el muy rico y sobrepoblado Estado de México, cuna del actual presidente de la república y donde todo el poder presidencial y de los priístas ambiciosos (y deseosos de no perder el poder) están poniendo todo lo que está de su parte para que gane su candidato del Mazo, incluido obviamente entre ellos el gobernador de Colima, quien lo estuvo acompañando en su arranque de campaña.
Las mantas y otros trapitos al sol.-
Muchos ardores y gran comezón causó entre la clase política priísta la aparición de al menos tres mantas en otros tantos de los sitios más transitados de la zona conurbada de Colima-Villa de Álvarez, y que a la letra decían: “Nacho, no vivimos ni felices ni seguros, ¡Vete! Artículo 39 constitucional. El pueblo te lo demanda”.
Muchos ciudadanos escuchamos posteriormente al gobernador aludido, afirmar que las autoridades competentes se dedicarían a investigar quién puso las lonas en la Glorieta del DIF, la Glorieta de Los Perritos y en un tramo de la Avenida Benito Juárez, ignorando por el momento –dijo- qué pretendían sus autores con ello.
Pero no tardaron algunos pseudo-periodistas a sueldo en declarar tres presuntos culpables de su colocación: por un lado a su villano favorito, el ex candidato panista Jorge Luis Preciado; por otro a dos militantes del mismo partido y, en otra de sus hipótesis, al G8, un grupo de compañeros periodistas con los que me suelo reunir para platicar.
No puedo hablar ni por JLP ni por sus dos correligionarios, pero puedo asegurar que si hay una cualidad que unifique a los miembros del G8, es que todos y cada uno de sus integrantes tenemos el valor de firmar con nuestros nombres los escritos que publicamos. Así que si no necesitamos “bules para nadar” ¿por qué y para qué tendríamos que pagar por hacer y colocar mantas anónimas para pedirle al gobernador que renuncie?
Pero para que se vea cómo es de curiosa la guerra por el poder, resulta que no bien acababan los empleados de JIPS de retirar las corrosivas mantas de las glorietas, cuando ya otros le estaban tratando de sacar otros “trapitos al sol” a Jorge Luis Preciado, su ex contrincante, acusándolo de que trabajadores de la fundación que lleva su nombre habían estafado a gente humilde, pidiéndole dinero por adelantado para entregarles algunos bienes baratos que nunca les entregaron. Pero, bueno, ya le corresponde al Senador limpiar o lavar esos trapos, y defenderse si puede.
Y otra cosa interesante que sucedió al respecto, es que si bien las fotografías de esas lonas se difundieron en las redes sociales, no apareció ninguna publicada en los medios impresos de mayor consumo en la entidad. ¿Querrían ellos defender al gobernador o evitarle un enojo? O, como se dice coloquialmente, ¿querían tapar el sol con un dedo, o negar el contenido y el significado de los mensajes que éstas enviaron?