Centésimo cuarto aniversario del natalicio de doña Griselda Álvarez

VISLUMBRES. Levantamiento armado

Ayer, miércoles 5 de abril de 2017, se cumplieron años exactos 104 años de que “vio la primera luz” en un sanatorio de Guadalajara, Jal., una bebita que andando el tiempo se habría de convertir en maestra, poeta y política de altos vuelos. Me refiero, por supuesto, a doña Griselda Álvarez Ponce de León.

Ese mismo día, unos 270 kilómetros al sur de Guadalajara, ya en territorio de Colima, muy concretamente en el playón del Río Grande, por el lado que mira al pueblo de Juluapan, municipio de Villa de Álvarez, se llevó a cabo un primer y único combate entre las fuerzas armadas del gobierno estatal, encabezado por el gobernador J. Trinidad Alamillo, y un pequeño contingente de revolucionarios colimotes (alrededor de 50) que apenas un par de días antes se habían pronunciado en Comala, lanzando gritos de “¡Muera el mal gobierno!”

Dicho movimiento estuvo encabezado por el profesor comalteco J. Cruz Campos, quien por aquellos días era algo así como el “líder moral” del magisterio local (magisterio que, sin embargo, no estaba organizado, sindicalizado o cosa por el estilo), y por un joven e inquieto médico-escritor lleno de ideas románticas que se llamaba Miguel Galindo Velasco.

En la madrugada de aquel 5 de abril de 1913, previa denuncia que habían hecho las autoridades comaltecas, salió de Colima un fuerte destacamento con rumbo del Cerro Grande y, pasada la media mañana, cuando “los guachos” se disponían a cruzar por el puente del ferrocarrilito que había construido la Colima Lumber & Co. sobre el Río Grande, escucharon algunos disparos de carabina y trabaron combate con los alzados, con tan mala suerte para estos últimos, que el profesor Cruz Campos y otros cinco jóvenes fueron muertos allí mismo, mientras que el doctor Galindo y otros compañeros lograban huir; en tanto que fueron capturados media docena de revolucionarios más y un jovencito villalvarense también que, impulsado por ideas de similar romanticismo, se había convertido en reportero de un periodiquito local, y fungía en ese lance como un presunto “corresponsal de guerra”.

El movimiento tal cual habría quedado nada más en eso, de no ser porque los prisioneros fueron trasladados con una cuerda atada al cuello hacia Colima. Punto, sin embargo, al que nunca pudieron llegar vivos porque, obedeciendo algunas órdenes que les habría dado el gobernador, el oficial que jefaturaba el grupo decidió fusilarlos al pasar por el cementerio de Villa de Álvarez, utilizando como paredón el ruinoso muro de adobe que allí existía de frente al camino, y de no ser, también, porque en el colmo de la crueldad del milite, o acaso por dar señal de escarmiento a otros posible “revoltosos”, los cuerpos de aquellos incipientes revolucionarios fueron atravesados

sobre los lomos de algunas mulas, y llevados desde allí, por todo Villa de Álvarez, hasta Colima, provocando la repulsión de quienes tuvieron la mala suerte de observar tan macabro desfile.

No conformes con lo anterior, al llegar hasta el centro del actual Jardín Libertad, los militares se vieron en la penosa necesidad de atender otra orden que se les dio: colgar los cuerpos exangües de los fierros superiores que daban forma al kiosco del jardín. Acto nefando que la gente tranquila de Colima criticó acremente al gobernador Alamillo. Gente que más tarde, azuzada también por los enemigos del régimen, se manifestó en contra del “mal gobierno” de Alamillo, provocando que unos días después, el mismísimo presidente usurpador, Victoriano Huerta, decidiera retirarle el cargo y desterrarlo provisionalmente a Guadalajara.

Griselda y su formación.-

Volviendo al tema del nacimiento de doña Griselda, no pretendo insinuar que dicho evento bélico, acaecido el mismo día que nació, la haya marcado de por vida, sino que lo pongo de antecedente para imaginar qué tipo de pláticas pudo haber escuchado Griseldita cuando ya iba creciendo en la casa y en la hacienda de su padre, quien junto con tu tío Higinio Álvarez, era un individuo muy metido en la política de aquellos años, y le tocó igualmente gobernar.

Y hablando a propósito de esto mismo (y de la gubernatura que también ejerció brevemente su bisabuelo Manuel Álvarez Zamora, primer gobernador de Colima), en 1992, doña Griselda, usó un símil de los herraderos anuales que se realizaban en la hacienda de Chiapa, para afirmar que ella había quedado también “marcada con el fierro de la política”.1

No obstante lo cual, cuando ya estaba muy anciana en México, y retirada del mundanal ruido, dentro de sus Sonetos Terminales aportó uno, titulado Opción, en el que muy bellamente dice que, una vez llegada a la madurez de su vida, aceptó convertirse en candidata a la gubernatura del estado, casi nada más para “pasar a la Historia”, porque como lo explicaría en otros textos y entrevistas, su preferencia vital nunca fue la política, sino la poesía, la literatura.

Por eso, y tras considerar que sería muy útil que en este aniversario suyo algunos de nuestros paisanos se enteren cómo pensaba esta inteligente mujer, se los presento hoy aquí, como un homenaje de mi parte:

“Me dieron a escoger: hogar o gloria/ y en mis manos pusieron el mandato/ seis años nada más, que es un buen rato/ para abrirme las puertas de la Historia. /No sé si fue una pírrica victoria/ que ahora reflexiono y aquilato/ metí amor y familia en un retrato/ y fue el poder la línea divisoria./ El eco del aplauso es mi cortejo/ hoy el pueblo me baña de sonrisas, / ‘me porté bien’, quizá soy un consejo./ Adentro angustia pero afuera risas. / No es nostalgia es historia, no me quejo,/ mientras que lento Cronos me hace trizas”.

Dentro de ese mismo contexto, la culta y polifacética mujer todavía precisó más la índole de sus preferencias:

“De mis tres personalidades: la escritora, la política y la educadora, la que me agrada más es la de escritora […] En el hombre persiste el deseo de trascender, pero ¿de qué manera? La política, por ejemplo, no es el camino, pues en ese terreno lo que se queda grabado en

la memoria colectiva son los errores y, así, han existido demasiados perros llamados Nerón. La poesía que logra convertirse en un magnífico texto sobrevive en una biblioteca, en una antología o en una calle”.2

Un párrafo que al menos a mí me parece magistral, y del que podrían sacar varias lecciones aquellos que con tanta pasión se inclinan por la política y la efímera fama que eventualmente ésta genera.

(* Texto sintetizado de otro que titulé Griselda Álvarez Ponce de León, la mujer más allá de la política).

Vislumbres. El gran argüende

El mayor escándalo de tipo político que a nivel estatal se desató en estos días, derivó de la renuncia de la (¿ex perredista?) Indira Vizcaíno al gabinete del gobernador José Ignacio Peralta Sánchez, donde estuvo tratando de desempeñarse como titular de la Secretaría de Desarrollo Social del Estado de Colima. Una renuncia que en realidad no debería de resultar extraña a nadie, pero que levantó ampollas porque la ex diputada federal y también ex alcaldesa del municipio de Cuauhtémoc se negó a cargar con toda la culpa, y no quiso dejar un resquicio para que sus enemigos políticos y sus amanuenses tuvieran mayores motivos para criticarla.

En este sentido, pues, lo que Indira se atrevió a decir confirma una buena parte de lo que otros observadores ajenos al gobierno ya habían expuesto (o sospechado), pero evidencia otros temas sobre los que muy poco se podrían tener noticias, tales como el de que no sólo no la dejaron ejercer a cabalidad el presupuesto asignado para su oficina el año pasado, sino que tres cuartas partes del recurso asignado a uno de sus programas de trabajo, se lo traspasaron a la Secretaría de Educación para que ella no sólo no apareciera ejerciendo dichos recursos, sino, sobre todo, para evitar que al manejarlo pudiera ser bien vista por los futuros electores. Otro asunto que la llevó a renunciar es que, al parecer por órdenes del propio JIPS o por el enorme control que ejercen sobre su persona algunos de sus allegados, a Indira no la dejaban en libertad para hablar o declarar nada a los medios, ni siquiera sobre los tópicos de su incumbencia. Aplicándole, según sus palabras, una mordaza.

Indira, pues, aunque cuando aceptó la invitación del todavía entonces gobernador electo a formar parte de su gabinete, sabía poco más o menos a qué le iba tirando, pero ahora reconoce que pecó de ingenua porque los demás miembros priístas del gabinete nachista (en su noventa y tantos por ciento supuestamente varones), siempre la estuvieron viendo como una muy posible contrincante con miras a lo electoral y, obvio, buscaron el modo de no dejarla brillar.

Según acaba de manifestarse, la ex secretaria de la Sedescol tiene pensado volver al redil perredista de donde salió, pero ya hay quienes la ubican haciendo campaña en favor de Andrés Manuel López Obrador, con quien en otros tiempos tuvo buenas migas, y porque la mayoría de los opinadores profesionales considera que el PRD, en 2018, será ampliamente superado por Morena, si no es que llega a desaparecer.

En la contraparte panista hay varios dirigentes y ex dirigentes que por lo mismo están de plácemes y ven en la renuncia que hizo ahora Indira una especie de “castigo de los dioses” porque, habiendo podido ella, en 2015, aliarse con los panistas para que ningún priísta ocupara la gubernatura, prefirió darle la espalda a Jorge Luis Preciado y apoyar al candidato tricolor,

contribuyendo de algún modo a que la muy anhelada alternancia se pospusiera al menos por un sexenio más.

Cero polémicas.-

Por su parte, cuando los reporteros le preguntaron al gobernador su opinión al respecto de las aclaraciones que Indira había hecho en los medios luego de presentar su renuncia, JIPS decidió evitar mayores líos y revires y declaró: “No quiero polemizar, ni dar repuesta puntual a este tipo de declaraciones. A Indira se le dio oportunidad para qué colaborara como secretaria de Desarrollo Social, sus resultados están a la vista de todos y [la] evaluación [es] de [los] colimenses. Puedo decir que [le] agradezco que durante un poco más de 1 año se haya incorporado al equipo como parte del gabinete y haya hecho su mejor esfuerzo para cumplir a colimenses”.

El hombre, desde luego, está en su derecho de evitar cualquier otro asunto que empañe aún más su propia actitud respecto a su antigua colaboradora, pero al callarse (o no aclarar nada de lo que aquélla expuso) le dio la razón, y los ciudadanos así lo han entendido. Bien, pues, en este caso, por la ex secretaria, que se atrevió a decir un poco de cómo están las cosas allá adentro.

El conflicto que viene.-

Hace ya casi año y medio, cuando se supo que la ex alcaldesa perredista había aceptado formar parte del gabinete nachista, Martha Zepeda del Toro, ex candidata a la gubernatura por parte del PRD, y su amiga y entusiasta colaboradora, publicó una encorajinada carta en la que le reclamaba a Indira haber traicionado sus principios y a su amistad: “Desde la campaña ordinaria –expresó Martha- fue claro para todos quienes fuimos candidatos, que tus intereses personales estaban muy por encima del compromiso con los tuyos y tu partido”; que pactaste con el PRI y que por eso “tu designación como Secretaria obedece más a un pago de favores que” a la supuesta “pluralidad política”, alegada por el gobernador.

Y dijo más: “Me abandonaste en la campaña” aun cuando “ambas nos debíamos una doble lealtad: ¡la ideología por la que luchamos y la amistad!”.

Hoy, Martha Zepeda es la delegada del Comité Ejecutivo Nacional del PRD en Colima, ¿perdonará a su amiga arrepentida de haber colaborado con el enemigo político? ¿Se vengará de ella o evitará en lo posible su reinserción? Las preguntas están como aquéllas, de la radionovela de Kalimán, en la que todos los días al final se decía, por ejemplo: “¿Logrará Kalimán derrotar al Conde Bartok? ¿Podrá Solín escapar de las garras de sus captores?. No deje usted de escuchar el siguiente capítulo de esta interesante radionovela”…

Sea cual sea el desenlace de toda esta trama, lo cierto es que si bien todos los seres humanos fallamos y cometemos errores, también tenemos derecho a rectificar. Y ese parece ser ahora el caso de Indira Vizcaíno, quien habría aprendido en este lapso que en la lucha por el poder no hay tregua ni consideración y que, si no va uno muy bien armado, no debe meterse en la cueva de los leones.

Esta Fauna. Contra el feminicidio

Un hombre asesina a una joven y se dispone a matar a otra. La muchacha que está a punto de morir, ajena a su fatal futuro inmediato, vive y se pelea con la vida, indefensa, confusa, aturdida. Mientras, la madre de la futura víctima presiente, casi espera, el inevitable golpe de la fatalidad, el hachazo que segará los 16 años de su hija. Un poeta extraviado conoce la identidad del feminicida y se plantea la posibilidad de cobrar una vida para salvar otra. Una dramaturga, guiada por el fantasma de Antígona, escribe una obra sobre la desaparición y muerte de la joven, quiere entender los motivos del feminicida, quiere humanizarlo, detenerlo.
Todo esto sucede en una caja negra, en un escenario de siete por nueve metros. Es una obra de teatro (“Antígona, una oración que nos defienda”) escrita y dirigida por la manzanillense Raisa Robles. Los personajes son interpretados por seis o siete adolescentes, actores aún en formación. No obstante, al ver su trabajo teatral, el espectador entiende que estos jóvenes están haciendo más de lo que son capaces de hacer nuestros gobernantes en el tema de inseguridad. Vaya, ahora mismo están haciendo más que nosotros (los ciudadanos con edad para votar) sobre un problema social que no dimensionamos. La violencia en las calles ya se salió de toda proporción. Y tan acostumbrados estamos a las muertes brutales y al miedo, que dejamos de lado la indignación, las acciones solidarias, la exigencia de justicia para las víctimas. Los actores, dirigidos por Raisa Robles, asumen con su trabajo que se debe hablar, reflexionar, poner en perspectiva, dar un poco de consuelo. Será porque todos tenemos algún familiar, un amigo o un conocido a quien le ha tocado vivir, directa o indirectamente, alguna situación violenta emanada de esta guerra. De algún modo, todos somos víctimas colaterales.
Y uno quisiera que el asunto abordado en el teatro por este puñado de jóvenes fuera mera ficción. Pero no: los feminicidios están, suceden, acontecen. En reciente nota (30 de marzo), el periodista Pedro Zamora consigna que, en el primer trimestre del año, más de diez mujeres han sido asesinadas en Colima. Y, según cifras del Centro de Apoyo a la Mujer, en el 2016 fueron casi cincuenta los feminicidios. ¿Qué se ha hecho? Mucho, pero casi nada. Desde hace mas de dos años, diversas instancias han solicitado a la Segob que emita declaratoria de la Alerta de Violencia de Género para Colima. La Alerta permitiría tratar la situación como una emergencia y compromete a las instancias de gobierno, en especial al Estatal, a realizar acciones concretas para prevenir, combatir y erradicar la violencia de género. Al mismo tiempo, y esto es indefectible, la Alerta declarada causaría estragos es la imagen política de un gobierno estatal ya de por sí dañada. Porque la gran cantidad de asesinatos en Colima va más allá del género y la edad, y muy raras veces se detiene a los culpables. Por eso mismo dice mucho (y mal), que un gobernante se tome el tiempo para ofrece una rueda de prensa en la que anuncia la preparación de un ceviche y, en cambio, olvida condolerse, pronunciarse y poner empeño en atender las desapariciones, en resolver los homicidios. La indiferencia institucional hacia las víctimas y su familiares, que muchas veces son criminalizados (“si les pasó tal cosa fue porque andaban en malos pasos”, mascullan), nos habla de la poca empatía que un funcionario tienen con los ciudadanos. La canallada de un gobernante, rebasado por la inseguridad, es que no quiera o no sepa dar consuelo. No saben acompañar en el trance social a una ciudad que se duerme con la noticia de la desaparición de una mujer, y despierta con el hecho de que encontraron su cadáver en un lote baldío.
No es extraño, por eso, que los ciudadanos empiecen a detestar al gobernante indolente. Y es lo peor que puede pasar con la sociedad civil: odiar como desfogue y desquite, como si fuera una manifestación de su impotencia. Como si nos rindiéramos.
(…)
La temporada de “Atígona, una oración que nos defienda”, tendrá dos últimas funciones el 7 y 8 de abril, a las 19:00 hrs, en el Centro Cultural Salagua. En Manzanillo.
.

Vislumbres. Vieja mercadería

Lo nuevo que no es tanto.-

Hace quince días, el Secretario de Educación, Aurelio Nuño Mayer presentó el que según él es el “Nuevo Modelo Educativo” que se pretende implantar en nuestro país y, al hacerlo, dijo que de todas las reformas introducidas al sistema gubernamental por Enrique Peña Nieto y su gente, “la educativa es la más importante”, pues “tiene el potencial de darle un cambio de fondo al país en el mediano y al largo plazo”.

Al desarrollar el tema precisó que el primer objetivo de dicha reforma tiene que ver directamente con la escuela o, para ser más precisos, con los procesos que diariamente acontecen en el aula y con el concepto (o los conceptos) enseñanza-aprendizaje. Aunque, cabe aclarar, él no lo dijo así, sino que así lo interpretó este redactor. Pero veamos sus frases y emitan los lectores sus juicios: De conformidad con Nuño y sus palabras, lo primero por atender es la escuela, y en ella, o para ella: “se plantea un sistema educativo horizontal, con autonomía, con participación de alumnos, maestros y padres de familia. Parte de un enfoque humanista y toma en cuenta los avances en los estudios del aprendizaje”.

Pero la pregunta es ¿en dónde, de toda esa larga frase está lo nuevo? ¿En qué porción de tan interesante párrafo hay algo que no se haya dicho, reclamado y demandado antes por el mismo (y criticado) magisterio?

Yo, la verdad, incluso como profesor jubilado (o tal vez por eso), no veo ninguna novedad, y menos en la fraseología de los spots radiofónicos que por miles se han hecho repetir a todas las estaciones del país, cuya cantaleta final habla de desterrar de la escuela el muy superado proceso didáctico de la memorización, para cambiarlo, según ellos, por la novedosísima idea de “aprender a aprender”. Que se resumiría en que en vez de memorizar los alumnos razonen.

Hace como 25 años, cuando Ernesto Zedillo Ponce de León fue convertido, provisionalmente, en la máxima figura administrativa de la SEP, ya se hablaba de la horizontalidad que ahora se cacarea, consistente ésta en que aun dentro de la escuela los padres de familia tendrían manera y espacio para opinar sobre la educación de sus críos, formando parte de los Comités de Participación Social en la Educación que habrían de substituir a las tímidas Sociedades de Padres de Familia, que para lo único que realmente servían era para acordar las cuotas que se les requerían cada principio escolar, para organizar la festividad del Día del Maestro y para ir cada mes a las juntas que los profesores de grupo los convocaban con miras a darles las calificaciones de sus hijos, y a plantearles las quejas que aquéllos tenían con los chiquillos rebeldes, poco atentos o de plano incapaces.

También se constituyeron Comités de Participación Social en la Educación a nivel municipal y estatal, y se les elegía o nombraba muy pomposamente a principios de cada ciclo escolar, pero nunca (o casi nunca) pasaban de allí porque aun cuando se les daban muy gloriosas u honrosas comisiones a los padres de familia y a los maestros más destacados de cada municipio / o estado, nunca se les daba un peso para que pudieran finalmente operar, y todo acababa en un enganche de buena voluntad.

Desde hace años, asimismo, los profesores más críticos hablaban y proponían que se les dejará ser, que se les dejara actuar conforme a las condiciones socioeconómicas de sus planteles; es decir, con alguna autonomía, pero jamás se consintió en todo ello, porque, curiosamente, la SEP es la Secretaría de estado que más centraliza sus funciones, y lo único que tolera en cuanto autonomía es la de las universidades. Fuera de ahí, nada más, porque ésta es la más vertical y controladora de todas cuantas secretarías existen. O ¿a poco ya va a cambiar?

Sin ir más lejos baste decir que en nuestra entidad, por ejemplo, después del Secretario de Educación (y no me estoy refiriendo al titular en turno, sino al puesto tal cual) hay un Director para cada nivel educativo, luego los directores de las “mini-seps”, como les dice la raza a todas las filiales de la secretaría en los municipios, luego los jefes de sectores, más abajo los supervisores escolares, después los directores de cada turno en el plantel, supuestamente obedecidos por los maestros de grupo y, por último, “nuestra materia de trabajo”, es decir, los alumnos, a quienes por lo regular casi nunca llegan las novedades pedagógicas aterrizadas, y se tienen que enfrentar cotidianamente con lo que cada profesor, bueno, malo o regular, puede por sí solo idear o hacer. No más, pero tampoco menos, aunque se me pasaba decir que formando parte de toda esta telaraña burocrático-administrativa, más que docente, está, ¡el Sindicato de Trabajadores de la Educación!, con sus diferentes secciones y delegaciones, muchas veces interfiriendo, o de plano mandando a la tiznada la calidad educativa que tanto se pregona, y que hoy quiere volver a ponerse de moda mediante un supuesto y muy “Nuevo Sistema Educativo”, que de novedoso no tiene realmente nada, porque como dijera el sabio autor del libro del Eclesiastés: “No hay nada nuevo bajo el sol”. Pasaje bíblico, sin embargo, que por lo visto tampoco conoce Nuño Mayer, quien compra como conceptos nuevos, algunos que ya son vieja mercadería.

Súper-cínico.-

¡Qué bárbaro! ¡Ese sí que no tiene ni un gramo de vergüenza! Pues ahora resulta que Humberto Moreira Valdés, ex presidente nacional del PRI, ex reo en España y ex gobernador de Coahuila, al que dejó endeudado por más de 35 mil millones de pesos, y uno de los “diez hombres más corruptos” del mundo, según una edición de la revista Forbes, en 2013, quiere volver a la política y se ha apuntado ya como candidato a diputado federal para contender con un supuestamente llamado “Partido Joven” (como sí él se pudiera “cocer al primer hervor”), por el distrito de Saltillo.

Cuando Ciro Gómez Leyva le preguntó por qué se metió a estas nuevas andanzas electorales, el muy descarado ex amigazo de Elba Esther Gordillo, respondió: “Yo busqué participar en el PRI, pero el presidente Enrique Ochoa, de manera unilateral dijo que no”. Y, previamente, cuando los dirigentes estatales del “Partido Joven”, al parecer lo habrían buscado para proponerle una candidatura, les habría dicho también: “Primero déjenme hablar como mi gente del PRI, pero si ellos me cierran las puertas, entonces sí participaré con ustedes”.

Entre las viejas novedades que Moreira mencionó, puso una queja: Que Enrique Ochoa lo rechazó a pesar de seguir siendo él (Moreira) “consejero municipal, estatal y nacional priísta”. Y uno, ingenuo, que creía que ya lo habían expulsado del tricolor.

No obstante mi ingenuidad y lo dicho, algo tendríamos que reconocerle al actual presidente nacional del PRI: que tuvo el valor de no darle a su antecesor la posibilidad de volver a conseguir un puesto con fuero.

Poner el ejemplo.-

Enrique Peña Nieto se aventó (aunque lo más seguro es que él no la haya escrito ni pensado) una hermosa frase durante la inauguración, el lunes 27, del Tianguis Turístico de Acapulco: “México es un mundo en sí mismo”. Refiriéndose a todo el abanico de playas, montañas, lagunas, ciudades y más lugares de interés que puede ofrecer al resto de los habitantes del orbe que tienen suficiente dinero para viajar. Y dijo adicionalmente que, gracias a toda esa colorida gama de ofertas, México está a punto de dejar de ser el noveno país más visitado por los turistas internacionales, y convertirse en el octavo. Ensalzando de paso la actividad que para impulsar la también llamada “industria sin chimeneas” ha desplegado Miguel de la Madrid Cordero, actual Secretario de Turismo.

Por otra parte, dando evidentes muestras de que “el turismo es una oportunidad clara para el crecimiento económico” de los estados que lo reciben, JIPS, ese gran viajero internacional que es nuestro gobernador, primero se fue el domingo 26 a Toluca para brindar su apoyo político-electoral al candidato priísta Alfredo del Mazo, en su arranque de campaña para gobernador del Estado de México, y el lunes se fue directo a Acapulco, para, según eso, “supervisar el stand de Colima en el tianguis turístico”. Como si su titular estatal, César Castañeda, no fuera capaz de hacer buenas cosas per sé. No en balde JIPS tiene ganada la fama de ser uno de los gobernadores que más millas recorridas acumulan a su favor, pero a costa del erario colimote, por supuesto.

Esta fauna. Tengo un diputado

Somos propietarios de cosas que nunca quisimos tener. Calamidades que llegan a uno sin saber el cómo ni el porqué. A veces es una sospechosa verruga en el cuello; otras, una camisa con mangas bombachas en el ropero y, más de las veces, un diputado incompetente en nuestro distrito local. Sé que meter estas tres desgracias en un mismo saco hace pensar que la vida se nos va en nimiedades. ¿Y no es así? No, no lo es. Para toda tontería siempre hay remedio.
Pienso en la probabilidad de que, ahora mismo, usted sea dueño de los infortunios que recién refiero. Si no de los tres, al menos lo será de uno (del diputado local pocos se escapan). Si le sirve de consuelo, confesaré que yo mismo enfrenté estos tres males. Y gracias a mi optimismo y fe en la humanidad me deshice de dos de ellos. La verruga en el cuello se fue después de un par de visitas con el dermatólogo (fue difícil despedirme, porque llegué a considerarla como una más de mis extremidades). La camisa con mangas bombachas se la obsequié a un compañero priista que, cuando no anda “gestionando apoyos con el gobernador”, es maraquero en una agrupación de música tropical: nunca unas mangas bombachas han lucido tan espectaculares en un indigente moral.
En cuanto al asunto del diputado incompetente, reconozco que ha sido una batalla complicada de librar. Uno no termina de hacerse a la idea. Y sé que es una barbaridad lo que diré, pero hubiera sido más fácil lidiar con la posibilidad de que la verruga resultara un melanoma. Con esto no quiero decir que un diputado incompetente sea peor que el cáncer. ¿O sí? No, de ningún modo. Pero si lo ponemos en perspectiva, resulta que hasta un cáncer es curable. Y el hecho de que un representante popular negligente decida, emita posicionamientos y hasta tome acciones sobre asuntos relevantes para la sociedad, es un mal que afecta, incluso, a generaciones venideras. El daño que su ineptitud propicie en la tarea legislativa será largo y perdurable.
Para nuestra poca fortuna, siempre habrá honrosas excepciones. De vez en cuando aparece un político capaz que, a la postre, llega a ser un diputado competente. Aunque alguien podría argumentar, con suficiencia, que la expresión diputado competente es una contradicción, un oxímoron. Y estoy de acuerdo.
Llegado a este punto vale la pena preguntarse si acaso es sano preocuparse por la poca o nula competencia moral, intelectual o laboral de alguien a quien, por democracia, decidimos mantener con nuestros impuestos. A lo mejor conviene olvidar que tenemos esta clase de políticos representándonos en el Congreso. O hacer de cuenta que es como tener una tasa despostillada, con el asa rota, que no tiramos a la basura nomás por pura lástima.
Ahora que lo pienso, me parece que haberle dado la oportunidad laboral a quien es diputado en mi distrito, fue la mejor acción caritativa que los habitantes de mi colonia pudieron haber hecho. Estoy seguro que votamos por él con la misma piedad de quien regala una camisa con mangas bombachas a un maraquero. Y nunca, sepa usted, una curul se ha visto tan espectacular bajo las posaderas de alguien tan insulso.