Vislumbres. Victorias que no son tanto

Día del Ejército.-

En el transcurso de los últimos dos sexenios el Ejército Mexicano en particular, y las fuerzas armadas en general, han desempeñado un papel protagónico en el combate contra la delincuencia organizada, recibiendo por ello tanto corrosivas críticas como numerosos aplausos.

Dentro del marco de las voces críticas hubo varias que, más por diferencias políticas que por tener razón, se mofaron del valiente papel que desempeñaron los soldados y los marinos durante la llamada “Guerra de Calderón”. “Guerra” contra la que, por cierto, cuando Enrique Peña Nieto fue candidato presidencial se pronunció, aunque posteriormente tuvo que continuar con una línea de acción muy similar, negándose desde los primeros días de su gobierno a devolver a los soldados del campo y de las calles a sus cuarteles, y a los marinos a sus bases navales.

Esas mismas voces han denunciado algunos yerros y abusos de las fuerzas armadas, unas ocasiones con motivos más que justificados, pero otras casi sólo nada más por llevar la contra. Pero ¿qué nos dice la realidad?

La realidad cotidiana nos dice que si aún estando las fuerzas castrenses enfrentando a los narcos, patrullando las ciudades y destruyendo plantíos y laboratorios clandestinos hay muchas partes del país en las que predomina el caos, estaríamos muchísimo peor si no se estuvieran realizando tales acciones, y que, por tanto, es válido reconocer (y aplaudir) al Ejército, en su día, como lo hicieron los alcaldes y los gobernadores de todo el país.

El caso Tecomán.-

Sin ir más lejos, tenemos el caso del municipio de Tecomán, Col., donde, desde prácticamente hace un año comenzó a ser demasiado evidente el enfrentamiento de algunos cárteles peleándose “por la plaza”, en eventos sangrientos que hacia finales del año pasado y principios de éste, producían docenas de muertos cada semana. Las policías estatales y municipales estaban rebasadas, y no por menos Guadalupe García Negrete, alcalde del lugar, se miraba desesperado y no hallaba qué hacer; hasta que rogó, pidió y exigió apoyo del gobernador para que éste a su vez demandara la ayuda presidencial, y ésta se presentó, apenas el día primero del mes en curso, con un impresionante operativo de tierra y aire, que al parecer comenzó en Cerro de Ortega (caluroso poblado que estaba más caliente que nunca), mediante un batallón de la Policía Militar que hasta paracaidistas dejó caer allí, “como sólo lo habíamos visto en las películas” - según comentaron testigos-, yendo directo a la captura de ciertas y cuales personas, que al parecer también ya tenían previamente identificadas y localizadas. Comenzando así, de manera casi inmediata, unos días en que la población local comenzó a respirar con cierta tranquilidad.

En atención a ello, y para agradecérselos de viva voz, el sábado 18 (víspera de los tradicional festejos del Día del Ejército), José Ignacio Peralta Sánchez, Arnoldo Ochoa González y el mencionado alcalde “Lupillo”, hicieron una visita a las instalaciones castrenses ubicadas sobre la carretera a Tecuanillo. En las que fueron recibidos por los altos mandos que por ahorita operan en la entidad.

Como acto de agradecimiento está muy bien, pero más tarde se publicaron unas cifras que se que se deben revisar y manejar con tino, si no quieren las autoridades que se desvanezca esa sensación (¿momentánea?) de triunfo que están queriendo transmitir.

Las cifras del Batallón.-

Usualmente, cuando hay una batalla, se suele emitir un informe pormenorizado de datos que al menos en las novelas que me ha tocado leer se conoce como “parte de guerra”. Y así, hace tres días fue emitido un “parte” en el que públicamente se informa que a raíz de la llegada del mencionado Batallón de la Policía Militar a Tecomán: “Se ha logrado la detención de 223 personas, 54 vehículos y 23 motocicletas; asimismo, se dio a conocer que se decomisaron 58 dosis de marihuana; 92 dosis de cristal, 2 de heroína y 3 jeringas”. Así como “se han aseguraron 6 armas cortas, 5 cargadores, 58 cartuchos, 1 granada de fragmentación [y…] 56 celulares. Habiéndose llevado a cabo 16 cateos, y decomisados 47 mil 852 pesos”.

La primera impresión que este redactor tuvo al enterarse de semejantes datos fue muy positiva, porque nos estaban implícitamente dando a entender que con la captura de tantos individuos “la batalla contra la delincuencia estaría prácticamente ganada en Tecomán”. Pero ¿realmente es así?

Si nos fijamos con un poco de mayor atención en las cifras, tendríamos que aceptar que 223 de individuos capturados son un montón de personas; pero que seis armas cortas, 58 cartuchos y 47 mil 852 pesos incautados o decomisados son muy pocos. ¿Acaso eran sólo esas seis armas las que produjeron tantísimos muertos y heridos?

Los asesinatos en la costa colimota han, ciertamente, disminuido desde el impactante arribo del batallón en comento, pero no han terminado, por lo que se puede deducir que aún andan sueltos otros matarifes. Pero volvamos a la pregunta: ¿En dónde están, pues, las armas con que se cometían tantos crímenes si sólo se han detectado e incautado seis pistolas? ¿Qué no hubo todo un arsenal en la supuesta batalla entre los grupos en pugna?

Estas preguntas generan dudas, y por consiguiente, las dudas nos llevan a otras indagatorias: Si sólo fueron seis sujetos a los que se les hallaron armas y a los demás unas cuantas dosis de mariguana y cristal ¿de qué tipo de delincuentes están hablando las autoridades que como quien dice claman victoria? ¿Acaso son, en su mayoría, vendedores callejeros de dosis mínimas de droga o consumidores viciosos de las vecindades y de las colonias más pobres de Tecomán?

Hasta el momento no me he percatado de que el gobernador, o el secretario general de gobierno, hayan informado, por ejemplo, cuántos matones aprehendieron durante las redadas realizadas a partir del primero del mes, ni si hubo entre todos ellos algún capo importante que haya sido capturado. No en vano ya otras mentes suspicaces advierten que no hubo ningún pez gordo que cayese en el trasmallo, y que sólo han sido sardinitas las que se pescaron. ¿Es realmente así?

Ahora, bien, si no cayó ningún pez gordo, ¿fue porque no había ninguno en todas las casas o guaridas que se revisaron, o porque hubo alguien que habiéndose enterado del operativo que estaba organizándose les dio, como vulgarmente se dice, “el pitazo”?

Estas preguntas andan de voz en voz entre muchos lectores y gente que observa lo que pasa en las calles. Y mientras que no se responda con veracidad a ninguna de ellas, el silencio que se mantenga deslucirá los pretendidos logros, hasta convertirlos en datos de muy poca monta. Todo ello sin dejar de reconocer que ya es un triunfo el que se consiga que en vez de docenas de muertos por asesinato cada semana, sean sólo cuatro o cinco, como hoy parece ser la cifra semanal promedio.

Un dato para la historia.-

Y para que no vayamos a creer que hoy todo está peor que antes, quiero comentarles que hace justamente un siglo, cuando los mexicanos acababan de enterarse que los integrantes del Congreso habría logrado al fin ponerse de acuerdo para promulgar la entonces nueva Constitución Mexicana, acá en Colima el gobernador Juan José Ríos (general zacatecano, por cierto), impuesto a la entidad por el presidente Venustiano Carranza, andaba todavía peleando contra unos presuntos guerrilleros villistas, entre los que destacaban los grupos (ya muy mermados) del general ex maderista Eugenio Aviña, y de Vicente Alonso Teodoro, mejor conocido como “El Indio Alonso”. Un período, pues, en el que todavía se miraba muy distante la paz que se había perdido durante “La Bola”. Como popularmente la raza denominó al movimiento armado en que, por puros intereses de caudillos, murieron miles de paisanos.

Vislumbres. Colimenses en peligro

Gigantesca evacuación.-
Muy al margen de que los agentes del Servicio de Inmigración de los Estados Unidos han intensificado su actividad para atrapar “mojados” y devolverlos a México, el fin de semana anterior sucedió que varios miles de paisanos que viven en las poblaciones situadas al norte de California fueron obligados a evacuar sus casas y pertenencias; pero no por “La Migra”, sino por las autoridades estatales y el sheriff del Condado de Butte, quienes tomaron tal decisión debido a que, como consecuencia de las intensas lluvias y nevadas ocurridas durante las últimas dos semanas, en las sierras situadas al norte del California, E. U., la presa de Oroville, la más alta de aquel país, se llenó prácticamente hasta el tope y comenzó a desbordarse arrojando alrededor de tres mil metros cúbicos de agua por segundo.
La orden de evacuación alcanzó a casi doscientas mil personas que viven en Oroville, Biggs, Gridley, Palermo, Termalito y otras numerosas poblaciones aledañas, en las que, como dije arriba, radican y trabajan muchos colimotes.
Yo he tenido dos veces la oportunidad de visitar Oroville y sus alrededores durante varios días, y de haber caminado por encima de la cortina de la presa, sobre la que pasa una carretera de cuatro carriles y hay todavía amplísimos andadores por ambos lados. Y he visto, también, caer un poco de agua por el vertedero principal, pero las imágenes que he estado viendo a través del internet son verdaderamente impresionantes. Y mis parientes y amigos que viven allá, dicen que padecieron varias horas de angustia cuando, tras haber abordado sus respectivos vehículos con unos cuantos cambios de ropa, abrigos, cobijas y algo para comer, se fueron a las carreteras y se las encontraron atestadas por tantísima gente que huía también para salvar sus vidas, mientras que a lo lejos, o en sus tablets o en las pantallitas de sus teléfonos veían la presa a punto de colapsar.
Lo peor, sin embargo, no ha pasado aún porque se esperan más lluvias para los próximos días, y porque no tarda mucho en calentar lo suficiente el sol como para que se comience a derretir la nieve situada en las cimas más altas de la sierra. Y por lo pronto la orden de no regresar a sus casas se mantiene en toda esa área, donde, por supuesto, se han detenido todas las actividades y las calles de los pueblos y ciudades aparecen totalmente desiertas. Como lo muestran las fotos y los videos que han sido tomados por drones y helicópteros de los medios informativos.
“¿Gavilán o paloma?”
Algunos ya lo llaman “cínico, desvergonzado”, mientras que otros, en cambio, lo califican de “valiente”. El caso es que, como quizás ya todos los lectores lo saben, Mario Anguiano Moreno, ex
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gobernador de Colima acusado de malversación y desvío de fondos, reapareció la noche del viernes 10, haciendo algo de lo que más le gusta: montando en su penco en la cabalgata inaugural de los Festejos Charro-taurinos del Villa de Álvarez.
Su presencia, según lo pudimos observar en algunos videos tomados por telefonitos que luego se “subieron” a las redes, dejó atónitos a varios, y causó curiosidad en muchos espectadores entre los que alternativamente se experimentó, coraje, alegría y aún cierta admiración. Siendo por demás notorio que “el hombre de Tinajas” tiene más simpatizantes que críticos y que, obvio, gozó con las muchas muestras que de ese sentimiento tuvo. Pero más allá del hecho de que a Mario le encanten las cabalgatas, es un hecho, también, que está pendiente sobre su cabeza un juicio político. Y entonces muchos paisanos se han preguntado ¿por qué se decidió a participar y a exhibirse en público estando en dicha situación?
El cerebro, obviamente, funciona más rápido que los dedos que pulsan las teclas de una computadora, y bueno, es claro que cuando unos lo llamaron cínico y otros lo volvieron a aplaudir, cada cual estaba emitiendo, a su modo, un juicio moral. ¿Fue gavilán o paloma? ¿Será exonerado por el pueblo, o declarado culpable por las autoridades? Saque usted, lector, sus propias conclusiones.
Tradiciones cambiantes.-
A propósito de los festejos que acabo de mencionar, es de notar también que aun cuando haya muchos villalvarenses que añoran las fiestas como eran antes, éstas ya nunca serán iguales, no sólo porque nunca se puede invertir la marcha del tiempo, sino porque los cambios que éste va trayendo en su devenir son irrefrenables. Sin ir muy lejos, hace algunos días Manuel Hernández Luna, director del Ballet Folclórico de Villa de Álvarez (y el más antiguo y persistente de cuantos existen en todo el estado hasta la fecha), comentaba en un evento público: “¿En donde están las muchachas vestidas como ‘manolas’ o son sus trajes de ‘chinas poblanas’?” E igual dije yo cuando lo oí: “Y ¿en dónde están los vaqueros, los caporales y los charros colimotes que participaban en esas cabalgatas”.
Las ‘manolas” eran muchachas vestidas a la usanza española que iban a los cosos taurinos a participar en las aquí llamadas “corridas formales”, y se ataviaban con amplios y coloridos vestidos llenos de holanes, llevando sobre sus trenzas mantas sevillanas y grandes peinetas. Mientras que las “chinas poblanas” eran muchachas que en Villa de Álvarez se vestían con blusas blancas, floreadas, generalmente adornadas a mano, y anchas faldas lentejueleadas, por considerar que de algún modo portaban, a falta de uno local, “el traje nacional”. Pero todo eso fue una moda, como moda es hoy que vayan portando pantalones “untados” de mezclilla y blusas de manga larga muy parecidas a las camisas de los varones. E igual pasó con lo de los vaqueros y caporales que prácticamente ya casi no existen en todo Colima, pues en su lugar van puros jóvenes que de ranchos y de ganado no saben nada, aunque gasten decenas de miles de pesos al año para mantener preciosos caballos que tampoco sirven para gran cosa, salvo para, precisamente, ir a ser presumidos en las cabalgatas. Vestidos casi todos ellos a la usanza norteña o tejana, olvidándose de las vestimentas “típicas o tradicionales”, como los calzones de manta, el ceñidor colorado, los
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sombreros de “de cuatro pedradas”colimotes y hasta del traje de charro; y llevando, en vez de las otrora muy visibles pistolas al cinto, sus modernos teléfonos celulares.
El primer año.-
Generalmente se ha visto que el primer año de un gobernador es un año de aprendizaje, pero también suficiente para “dar color”, o para “enseñar el cobre”.
Entre los mandatarios que “dan color” ese primer año es un ciclo que sirve para acrecentar el poder, para afianzarse y para decir a los gobernados que no se equivocaron al elegir, puesto que hay obras, hay logros que así lo demuestran. Pero entre los que no son capaces, ese primer año sólo sirve para probarle a la gente que “les quedó grande el saco” y que, por lo contrario, fueron, tal vez, buenos candidatos, pero no sirven para gobernar, y a la hora de la hora lo más y mejor que pueden hacer es ir “nadando de muertito”, para mantenerse a flote el mayor tiempo que les sea posible hacerlo.
Aquí, en Colima, el sábado 11 de febrero se cumplió ese primer año para el gobernador José Ignacio Peralta Sánchez, y ¿qué pudo decir él y que dijo la demás gente al respecto?
Lo más que pudo decir él es que se ha logrado cierta estabilidad económica en el manejo de las finanzas públicas, que se han tenido ‘significativos’ logros en salud y educación y que, aun cuando se han dado avances también en materia de seguridad, lo cierto es que falta mucho por hacer.
En las voces críticas, sin embargo, lo que se afirma es que dicha relativa estabilidad económica es lo menos que se podría esperar de él, puesto que se presume ser economista con grado de maestría. Pero que, por otra parte, esa estabilidad es magra y no se nota en los bolsillos de la gente porque no se ha promovido ninguna obra pública de consideración y porque las pocas que había son de carácter federal y van más que lentas, como las del túnel ferroviario de Manzanillo, que ya se abrió pero que todavía no se acaba de acondicionar.
En cuanto a los logros “significativos” en educación, el gobierno no puede jactarse de los primeros lugares que obtengan los maestros de su estado, ni de los dieces que obtengan sus alumnos, porque esos son los resultados de individuos ajenos al poder que tratan de cumplir con su obligación año con año, independientemente de quién esté gobernando o no. Por otra parte, si tan significativos fueran los logros alcanzados en materia de salud ¿por qué renunció el titular de esa secretaría exactamente al cumplirse el primer año de su período? Las señales no son buenas, y los hechos dicen más que las palabras.
Y aunque me queda muy claro que los delitos contra la seguridad (sobre todo los asesinatos, los robos y los secuestros) no necesariamente los comete el gobierno, sino una parte corrupta de la población, también es claro que las autoridades legalmente constituidas tienen la responsabilidad de limitar, si no impedir, la comisión de esos delitos, y de castigar a los delincuentes. Mismos que, como se ha podido ver este primer año de sexenio, superaron al gobierno en todas sus instancias, ubicando a nuestra entidad en lo más alto del “top ten” de los crímenes sangrientos. ¿Ineficiencia, incapacidad o franca impotencia? No sé, pero de todo parece un poco.
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Supresión de cultos.-
Un amigo con una larga carrera en el poder judicial, me llamó este martes para comentar algo que para muchas personas pudiera ser insignificante, pero que para otras podría representar un escándalo de carácter religioso.
La información (limitada, sin mayores datos) va en el sentido de que el jueves de la semana pasada, en Tepames, se metieron al templo de San Miguel, unos individuos, tal vez borrachos, quizá drogados, pero “dañeros”, con la aparente intención de robar algo de valor. Y al no hallarlo, descubrieron unas botellas de vino de consagrar, se las bebieron y, aparte, mordisquearon y pisotearon las ostias, algunas al parecer ya consagradas.
No sé sabe, con certeza, qué más pasó allí, pero de lo que sí se enteró mi amigo, es que desde el viernes, y al parecer cuando menos hasta el domingo, se aplicó en dicho templo la suspensión del culto, dejando sin “misa de cuerpo presente” a unos deudos que padecieron la muerte de un familiar, y sin misas dominicales a todos los que allá viven y siguen asistiendo a esos rituales.
Imagino que el señor cura de Tepames no tomó solo esa decisión, y que, si lo hizo fue con el consentimiento del señor obispo. Pero esto no nada más por el sacrilegio ahí cometido, sino por la suma de otros que con relativa frecuencia se han venido suscitando en los templos católicos, porque de plano hay gente que no respeta nada.

Plan B. Revolución alimentaria: gracias, Trump

CIMACFoto: César Martínez López.

Cimacnoticias | Ciudad de México.- 13/02/2017 Entre otras cosas positivas, Trump ha logrado despertar en México una importante discusión sobre seguridad alimentaria; nos está forzando a mirar más allá del norte. Desde diciembre las reuniones entre las y los especialistas, productores e importadores de la industria agroalimentaria con miembros de la Secretaría de Agricultura mexicana, han despertado a un gigante que durante décadas caminaba lentamente a fuerza de un Tratado de Libre Comercio que lo tenía amarrado todo.

Lo cierto es que los desquiciados argumentos de Trump contra las importaciones mexicanas y chinas (los dos países con mayores producciones alimenticias para la sociedad norteamericana), darán al traste con la economía del país del norte. Los datos son contundentes: si los Estados Unidos deja de vender a México y nuestro país se apura como debería, a aprobar los tratados y reglas fitosanitarias con Argentina, Brasil, Australia y Ucrania, no dependeríamos en absoluto de los alimentos que no producimos de forma suficiente, en particular los granos y oleaginosas sembrados en Estados Unidos. Es claro que Trump está pateando a su mejor y más cercano socio comercial, y con ello puede causar una crisis económica insospechada para la sociedad norteamericana. La mexicana ya la teníamos antes de su llegada.

Las cifras no mienten: son 180 empresas norteamericanas las que mueven la industria agroalimentaria del país de Trump. Exportan a México 190 mil millones de dólares al año solamente de granos (maíz, sorgo, etc.), que son cultivados en la zona de medio oeste, es decir los productores republicanos tradicionales que durante las últimas ocho elecciones han apoyado al partido que hoy gobierna y amenaza con atacar economías externas. Esos empresarios próximamente darán la gran batalla contra su propio presidente en el Senado, en Washington. Ellos, los racistas, los supremacistas blancos del Medio Oeste, los terratenientes que tienen sembradíos con trabajadores y trabajadoras del campo de origen mexicano y latino a quienes pagan salarios de hambre, sin seguridad social ni derechos, viven de la siembra y exportan el 35 por ciento a México. Cada vez que Trump amenaza con cerrar las fronteras al comercio, olvida que una cuarta parte de sus ganancias agroalimentarias dependen del mercado más cercano, de la frontera del sur y de la mano de obra barata mexicana.

¿Qué sucederá con México luego de la decisión de Donald Trump de terminar el TLC y amenazar con impuestos insostenibles a productos agrícolas mexicanos? Pregunté a Juan Carlos Anaya, director del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas. Él asegura que hay estrategias factibles y datos duros que muestran que nuestro vecino del norte sufriría peores consecuencias que México y que nos abriremos al resto del mundo. Más allá del tema de pobreza alimentaria mexicana (para otra columna), somos el país número 10 del mundo en producción agroalimentaria; el primer exportador mundial de aguacate, jitomate, chiles y pepino con un valor de 30 mil millones de dólares. Exportamos 61 por ciento más que el sector petrolero, y después de la manufactura y el sector automotriz, vendemos más alimentos que ninguna otra cosa. Somos el quinto productor de naranja, el segundo de limón sólo detrás de la India. El quinto productor mundial de mango; el número diez en siembra y cosecha de tomates y número cuatro en frijol.

Ahora bien, Estados Unidos es el primer productor en carne de res y México importa más de 188 toneladas de los cortes más baratos, aunque nuestro país está en el número 6 de productores cárnicos también exporta cortes finos a Japón. Producimos el 1.8 por ciento de la carne de cerdo del mundo contra el 46 por ciento que produce China. También el país de Trump ocupa el primer lugar en producción-exportación de pollo y México el quinto. Importamos más de 780 mil toneladas de carne de pollo mensuales. Les vendemos los productos más finos, como la pechuga, y compramos los más baratos: vísceras, patas, alas, pierna y muslo. Esto se debe a los patrones de consumo de México y a la economía que exige que compremos lo más barato.

China, a quien Trump también está amenazando, es el mayor productor y exportador de huevo; México el número 5 en producción interna. Exportamos 42 mil 159 toneladas de miel de abeja al mes, mientras que a los Estados Unidos de Norteamérica le compramos 140 mil toneladas de leche de vaca, porque somos número 16 en producción. El cultivo más valioso del país, sin duda, es la caña de azúcar; aunque somos el sexto productor nuestra cercanía al país del norte nos convierte en su proveedor principal de azúcar. México tiene denominación de origen en los productos de agave, en especial tequila y mezcal y produce el 97.6 por ciento mundial.

En el tema de aranceles y tratados de comercio alimentario la realidad es que Trump es sólo un bully ignorante; México puede y debe aprovechar esta oportunidad para cuestionar y plantear tratados comerciales que beneficien a nuestro país y a Latinoamérica de verdad en lugar de marchar contra sus estridencias.

* Plan b es una columna cuyo nombre se inspira en la creencia de que siempre hay otra manera de ver las cosas y otros temas que muy probablemente el discurso tradicional, o el Plan A, no cubrirá.

A un año del desgobierno de Sánchez

Desde antes que Silverio dejara la gubernatura inició la "guerra" contra el narcotráfico en Colima, llegó MAM y recrudeció, entró Sánchez y colapsó la seguridad en el estado. Ante la incapacidad, colusión o dolosa omisión en la responsabilidad a su cargo, la sociedad no tiene garantías de seguridad.
Los saldos de esta "guerra" son terribles para el estado, incluso, teniendo la concentración de marinos más importante en el pacífico mexicano en el puerto de Manzanillo, son los soldados los que llegan a reforzar la seguridad en aquel lugar.
El número de homicidios diarios se registran en una cifra mayor a 2 y menor a 6.
Esta "guerra" no tendrá fin, veremos en próximas fechas el uso de helicópteros militares disparando desde el aire a los "Bad Boys", para "abatir" sin éxito a una estructura criminal que sólo con un sistema de inteligencia se podría combatir y peor, porque en medio de ese fuego cruzado estaremos nosotros.
A un año del desgobierno, José Ignacio Peralta Sánchez se dice satisfecho por los logros obtenidos, por la "estabilidad económica alcanzada" y refrenda su letanía de "defender" y "enaltecer" el "hogar" que Colima representa, palabras más o menos. Sus hechos dicen más que su pésimo discurso, peor su retórica, al verlo cómo en público desprecia sus amigos (José Manuel Romero) al cuestionar a los reporteros si les gusta el "chisme", evidencia no sólo sus miserias, sino su nula intelectualidad.
Cuando el doctor Carlos Salazar renunció a la titularidad de la Secretaría de Salud, expuso una problemática muy grave en términos sociales al interior de este sector, los trabajadores están de fiesta y el gobernador Sánchez no se fajó los pantalones por temor al sindicato.
La Procuraduría de Justicia de Colima se encuentra acéfala desde el 15 de noviembre de 2016, en la Secretaría de Educación permanecen inconclusos todos los procesos administrativos, contables y fiscales, que dan cuenta del desorden administrativo que la anterior administración dejó. En resumen, Sánchez no gobierna, realiza turismo político en otras entidades, porque eso si, lo hemos visto viajar a la Ciudad de México en repetidas ocasiones, Jalisco, Michoacán, Puebla, Nuevo León, Nayarit, Campeche, San Luis Potosí y hoy se encuentra en la "Casa Colima" en Estados Unidos, donde se reunirá con los inmigrantes en aquel país, para ofrecerles lo mismo que a los radicados en el estado: nada.

Vislumbres. Celebrando la Constitución

Clima tenso.-
Muy en su papel (o al menos de los dientes para afuera), los gobiernos federal y estatal, acaban de festejar el domingo pasado el Centésimo Aniversario de la Promulgación de la Constitución Mexicana de 1917, y como era de esperarse pronunciaron sendos discursos enalteciendo la gesta y el desempeño de los diputados constituyentes.
Colateralmente, la Cámara de Representantes de la Ciudad de México y Miguel Mancera, el titular del Poder Ejecutivo allá mismo, promulgaron la primera Constitución que regirá la vida de dicha ciudad ya como entidad de la república y, por supuesto también, pronunciaron mil loas al respecto, mientras que el Arzobispado de México le llamó “Constitución Asesina”, porque entre otras cosas, no sólo descriminaliza sino que alienta el aborto, que no es, desde la perspectiva del clero católico, más que una matazón de inocentes.
Todo esto da pie para recordar el clima tenso que prevalecía en nuestro país hace 160 años, cuando se promulgó la también llamada “Constitución Liberal”, que dio pie, en lo local, a la elevación del Territorio de Colima a la categoría de Estado y, en lo nacional, a una rebelión generalizada que tradujo en una guerra civil que duró tres larguísimos años.
La ley Juárez, “chispa del incendio de la Reforma”.-
En este contexto, me parece oportuno hablar un poco al menos de todos esos interesantes asuntos. Por lo que a partir de esta colaboración iré mencionando y desarrollando algunos de los acontecimientos más importantes que se suscitaron en dichos niveles durante todos esos tres años sangrientos, sin soslayar lo más notable de cuanto está ocurriendo hoy también, para que se vea qué tanto, a veces, la historia de un país parece de algún modo repetirse.
Antes, sin embargo, de comentar tales hechos, me permito presentar a nuestros lectores, algunos párrafos aclaratorios atribuidos a don Benito Juárez; quien los habría anotado en un cuadernillo que tituló “Apuntes para mis hijos”. Texto que habría permanecido inédito hasta principios de 1972, cuando se publicó con motivo del “Año de Juárez”, proclamado por el presidente Luis Echeverría Álvarez, para conmemorar el centenario del natalicio del prócer oaxaqueño.
“[Cuando triunfó la Revolución de Ayutla, ya con don Juan Álvarez como presidente de la República y yo como Ministro de Justicia – habría escrito el presidente Juárez] me ocupé de trabajar la Ley de Administración de Justicia [porque …] era preciso hacer efectivas las promesas reformando las leyes que consagraban los abusos del poder despótico (se refería al dictador Antonio López de Santa Anna y su gabinete) que acababa de desaparecer. [Mismas que] establecían tribunales especiales (Militar para los soldados, Eclesiástico para los curas, etc.) para las clases privilegiadas, haciendo permanente en la sociedad la desigualdad que ofendía a la justicia […] no sólo en este ramo, sino en todos los que formaban la administración pública […] extinguí igualmente todos los demás tribunales especiales, devolviendo a los comunes el conocimiento de los negocios (asuntos, litigios) de que aquéllos estaban encargados.”
“[Aún] imperfecta como era esta ley, se recibió con grande entusiasmo por el partido progresista, fue la chispa que produjo el incendio de la Reforma, que más adelante consumió el carcomido edificio de los abusos [de unos] y las preocupaciones [de la mayoría]; fue, en fin, el cartel de desafío que se arrojó a las clases privilegiadas, y que el general Comonfort (que era su compadre y amigo) y todos los demás, que por falta de convicciones en los principios de la revolución, o por conveniencias personales, querían detener el curso de aquélla [pero] fueron […] arrastrados a su pesar”.
Ignoro si tal manuscrito fue redactado realmente por don Benito Juárez y como he leído muchas de las cartas que aparecen recogidas en su “Epistolario”, tengo algunos motivos para considerar que el estilo de aquéllas no coincide con el de los “Apuntes”, pero independientemente de quién haya escrito éstos últimos, sí me parece correcto afirmar que la promulgación de la Ley Juárez, el 23 de noviembre de 1855, fue uno de los detonantes de la guerra civil que se desató en México desde diciembre del año siguiente, y que tuvo su primera pausa hasta enero de 1861.
Ello junto con la Ley Lerdo, expedida el 25 de junio de 1856 (sobre la Desamortización de las Fincas Rústicas y Urbanas de las Corporaciones Civiles y Religiosas de México), y la Ley Iglesias, que incidía en el cobro y manejo de las obvenciones (cobros) parroquiales, para quitarle también poder económico al clero católico, que desde cientos de años atrás llevaba el registro de los nacimientos, las defunciones, los entierros y los matrimonios.
Leyes todas que inspiraron a los diputados el “espíritu liberal” que inflamó a la Constitución de 1857, y con la que el presidente Comonfort, antiguo jefe militar de la Revolución de Ayutla, creyó que no era posible gobernar a un pueblo eminentemente católico.
Los rebotes de la Constitución en Colima.-
Según informes de aquellos años, el Lic. Antonio Brizuela, diputado federal suplente de Colima (u otro diputado cuyo nombre ignoramos), “el 26 de noviembre de 1856 [...] hizo un espléndido alegato de por qué Colima y Tlaxcala debían ser ya estados”.

Derivando de ello que el 9 de diciembre siguiente Colima fuera elevado, de territorio a la categoría de estado, “sin discusión y por unanimidad de 82 votos”.

Cuando la noticia se supo en Colima no hubo mucho gusto por ello, debido a que si bien se les concedió a sus habitantes la autonomía estatal, se les negó la devolución de las tierras que habían sido parte de su jurisdicción como Alcaldía Mayor, y que ahora estaban en manos de Michoacán y Jalisco. Pero eso no fue lo peor, sino lo que siguió; pues, como el encono entre liberales puros y conservadores extremos persistía, al promulgarse la Constitución el 5 de febrero de 1857, los diputados liberales lograron ganar el último gran debate e imponer su propio criterio, decretando que todos los funcionarios y empleados del gobierno federal, de los estados y de los ayuntamientos de la república, deberían jurar el documento en fecha próxima. Advirtiéndoles que si no lo hacían, tendrían que separarse del cargo.

Decisión, puede decirse, infortunada, pues para lo único que realmente sirvió fue para “echarle más leña a la hoguera”, puesto que los católicos mexicanos tenían muy dentro de su convicciones el “no utilizar el nombre de Dios en vano”, y porque jurar la Constitución implicaba, por esa misma razón, un arduo caso para su conciencia.

Las reacciones eclesiásticas no tardaron mucho en manifestarse, y si bien hubo algunos clérigos que no tuvieron ninguna objeción en seguir ejerciendo su ministerio al margen del poder político y económico, hubo otros que sí objetaron la jura de la Constitución, a la que el arzobispo de México, Lázaro declaró en marzo, durante un sermón, “hostil a la Iglesia”. Benito Juárez, por su parte, se apresuró, ya como gobernador de Oaxaca, a promover dicha “jura”, poniendo el ejemplo a otros gobernadores. Mientras en Colima, don Manuel Álvarez Zamora, todavía Jefe Político del Territorio, pero aspirante a convertirse en el primer gobernador del naciente estado, se debatía también entre la idea de jurar él, y hacer jurar a sus empleados la nueva Constitución federal, o renunciar a su cargo.

Pudo más, sin embargo, la segunda de sus opciones, y a principios de abril anunció que sería el día 13 la ceremonia oficial para esos efectos, citando a todos los empleados gubernamentales y al personal del ejército a participar en ella.

Ignacio Rodríguez, un cronista de aquella época, escribió al respecto: “El 12 de abril… se publicó solemnemente en Colima la nueva Constitución [...], y al día siguiente, un imponente é inusitado aparato hacía afluir multitud de gentes á uno de los portales de la plaza de armas. Allí estaban todas las autoridades del Estado y se juró con toda solemnidad la Carta Federal [...], acontecimiento memorable y nunca visto en esta ciudad”.

El acarreo, pues, estuvo en grande, y las presiones para los empleados fueron muchas, pero cuatro días después, el 17 de abril, el arzobispo de México anunció, mediante Carta Pastoral, a todos los obispos del país, que los católicos que obedecieran aquella orden para él ilícita, quedarían excomulgados ipso facto, y no podrían volver a recibir ninguno de los sacramentos a no ser que “se retractasen públicamente”. Y lo mismo replicó a los pocos días don Pedro Espinosa, Obispo de Guadalajara y Colima. Metiendo en un gran conflicto a la gente que había participado en la jura.
Haciendo eco de esos llamados, varios sacerdotes locales subieron al púlpito para arengar a sus fieles a desdecirse del juramento, y así como había ocurrido en otras partes, donde los empleados del gobierno se negaron a jurar, comenzaron aquí a retractarse.
Francisco de Paula, otro cronista de la época dice: “La mayor parte de los empleados de la República siguió el ejemplo del clero secular y regular, perdiendo por consiguiente, sus empleos y quedando reducidos a la mayor miseria, pues era muy raro el que tenía más recursos que su sueldo, y muchos que había entre ellos contaban treinta y cuarenta años de servicio...”
Y como consecuencia, don Manuel Álvarez ordenó el encarcelamiento y la persecución de algunos sacerdotes, entre los que destacaba el P. Luis Michel, párroco de la Villa de Almoloyan y rector del apenas recién nacido Seminario Conciliar de Colima, quien tuvo que andar “a salto de mata” refugiándose con sus fieles de Comala, Suchitlán y sus alrededores, como lo refirió el padre Florentino Vázquez Lara.
Colofón.-
A reserva de continuar comentando sobre todos esos hechos históricos realmente muy poco conocidos, es bueno traer a cuento otro gran párrafo del prócer oaxaqueño que, aun cuando se cita en casi todas las ceremonias conmemorativas hechas en su honor, no hay político que lo tome en cuenta:
“Bajo el sistema federativo los funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad; no pueden gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes; no pueden improvisar fortunas ni entregarse al ocio ni a la disipación sino consagrarse asiduamente al trabajo, resignándose a vivir en la honrosa medianía que proporciona la retribución que la ley haya señalado”.
Leyes, sin embargo, las actuales, hechas a modo con el consentimiento y la complicidad de todos los partidos políticos, para que cualquier paisanito ignorante, electo como diputado o presidente municipal (y de ahí para arriba) se haga rico, o siente las bases de su futuro económico con sólo hacerle al menso tres años. He dicho.