Vislumbres. Cosas de vivos y muertos

Paradoja.-
Resulta paradójico que, a veces, cuando alguien tiene la mejor intención de hacer las cosas bien, le va más mal de lo que le había ido antes. Y eso le pasó a José Ignacio Peralta Sánchez la semana anterior cuando, habiéndose puesto de acuerdo con altos mandos de la SEDENA para ir a dar el viernes 9 una conferencia sobre “La Política del Estado de Colima en Materia de Desarrollo y Seguridad”, hubo otra gran matazón en nuestra entidad, realizada, según se volvió a decir, por enfrentamientos entre los miembros de algunos cárteles que se disputan como quien dice la plaza entera y ya no, nada más el puerto de Manzanillo, convertido, según parece, en un enorme zaguán de entrada para cientos de kilos de drogas ya procesadas por mes, o de los precursores químicos que se requieren para ello.
De lo que muy poco que se publicó en cuanto al contenido de la conferencia brindada, se destacaron algunas cifras de lo que en materia de seguridad se ha podido hacer durante el año y meses que lleva JIPS al frente del gobierno estatal: “se han llevado a cabo 3 mil 393 operativos, 209 cateos; se han asegurado 158 bienes inmuebles, 667 armas y mil 286 vehículos”, aparte de que según eso también “se han revisado 141 mil 166 personas y 76 mil vehículos”. Cifras estadísticas que, de ser ciertas, podrían estar revelando la realización de un esfuerzo gigante; pero como los robos y los asesinatos siguen al por mayor, uno tiende a creer que muy poco ha servido todo eso para detener, aplacar o aun dar baja a los enemigos del orden y la sociedad, porque en eso se convierten los que delinquen, ¿o no?
Sociedad culpable.-
Muchos lectores recordarán que desde el mismo día en que Felipe Calderón recibió en su pecho la banda presidencial, le declaró la guerra a los narcos y demás miembros de la delincuencia organizada (y desorganizada, que también la hay), comenzando por enviar cientos de militares sacados de sus cuarteles a patrullar las carreteras y algunas brechas para desalentar, según eso, el trasiego de las mafias locales, inicialmente de Michoacán. Pero recordarán también que inmediatamente hubo reacciones críticas de los enemigos políticos del “Hijo Desobediente” y, éstas (las críticas) lo acusaban de estar errando las estrategias y de combatir el mal, pero no las causas, etc.
El gabinete de seguridad de aquel entonces comenzó a corregir las estrategias iniciales y, después de andar realizando rondines sin ton ni son, enderezaron las investigaciones a individuos y organizaciones ya más bien definidos y localizados, y comenzaron a capturar capos, y a desarticular sus nomenclaturas. Pero más tardaban en capturar o en eliminar a uno, cuando del mismo cártel surgían dos o más con ganas de quedarse con las jefaturas y el poder (económico y de todo tipo) que al parecer disfrutaban, y se iniciaron así las diputas internas que propiciaron después una guerra entre ellos, generando una mortandad creciente que, para qué negarlo, nos metió miedo a todos los individuos pacíficos que nos gusta andar libres y desarmados por todas partes.
Cuando todo eso comenzó a ser cada vez más notorio, los críticos más acérrimos comenzaron a decir que Calderón tenía la culpa de toda esa mortandad y que, por ende, todos esos miles de muertos eran “los muertos de Calderón”. Y éste tuvo que aguantar la vara porque simplemente no pudo hacer más contra esa parte corrupta de la sociedad mexicana que lo mismo trafica con drogas, que mata, secuestra o prostituye a sus semejantes.
Cinco años después, Enrique Peña Nieto, candidato presidencial entonces, queriendo ganarse las simpatías de los electores, utilizó esas mismas críticas contra Calderón, y salió a decirle al mundo que, de llegar a ser presidente, él sí sabría muy bien cómo atacar y extirpar ese cáncer social. Pero llegó a la presidencia y… Se tuvo que tragar todas sus críticas, porque su propio y recién estrenado gabinete de seguridad le recomendó seguir haciendo casi totalmente lo mismo que hacía su antecesor. Aunque buscó el modo de que los medios ya no difundieran con tanto aspaviento las cifras de muertos, secuestros y extorsiones a la gente pacífica y productiva, que no sólo crecieron sino continuaron, al grado de propiciar la aparición de las guardias comunitarias. A las que posteriormente quiso (y logró) aplacar, encarcelando a sus líderes.
Hoy, a casi cinco años también de haber asumido la presidencia, igual se habla “de los muertos de Peña Nieto”, que ya rondan los noventa y tantos mil. Pero yo insisto, ¿fueron Calderón y sus gentes los que mataron a diestra y siniestra? O ¿son hoy Peña Nieto y su gente los que continúan asesinando gente por todas partes? ¡No, mil veces no! Los asesinos son una parte corrupta de la sociedad, y eso no puede negarlo nadie.
¿Qué hacer entonces? He ahí el gran dilema. Pero por lo pronto algo que verdaderamente urge es que admitamos que así son las cosas, y que en todas las familias, las escuelas, las iglesias y los medios de difusión tenemos que volver a enseñar valores, respeto a la vida, respeto a la propiedad, amor por el trabajo productivo, decencia en el actuar. Educar, pues, a las nuevas generaciones y darles mejores expectativas de vida. Y en eso, o para eso, el gobierno solo no puede actuar, tenemos que hacerlo nosotros, los integrantes sanos y bien intencionados de la sociedad.
¿Asesinos seriales?
Dentro de tristísimo y escalofriante contexto sangriento que impera en Colima, ya son varios los muertos contabilizados entre las filas de los paisanos que tienen inclinaciones (o preferencias) sexuales a las que antes se creía ser las más naturales del mundo. Y eso nos lleva a pensar que, como bien concluyó un antiguo sabio anónimo, “siempre hay gente mala que se aprovecha del barullo que producen otros para cometer sus chingaderas”. O sea, que existe la posibilidad de que haya por ahí, aparte de las presuntas “parejas sentimentales” aquejadas por celos y rabietas inaguantables, uno o más individuos (o individuas) perversos que, aprovechando lo entretenidos que andan los policías y los detectives con tantos cadáveres como aparecen ya casi diario, se dedican a asesinar a quienes odian o desprecian, sólo para deshacerse de ellos y de la antipatía o la envidia que experimentaban cuando los veían.
Es una posibilidad, pero muy bien puede convertirse en una línea de investigación.
“La zona”.-
Y ya que hablamos de orientaciones sexuales y cosas por el estilo, desde la pasada semana se mencionó la idea que según parece tiene Héctor Insúa, presidente municipal de Colima, de remover o desaparecer la actual zona de tolerancia, para regular mejor las actividades que allí se realizan. Tal y como ocurrió hace unos cuarenta años, cuando don Arturo Noriega Pizano, entonces gobernador, decidió remover, también para mejorar, la que existía entonces.
En ese sentido recuerdo muy bien que desde que su servidor tenía unos ocho años e iba desde La Villa al colegio a Colima, el autobús urbano en que nos regresábamos al pueblo, pasaba por el puente de la calle Independencia, y casi por lo regular se paraba a recoger pasajeros en la esquina noreste del cruce con la calle Cuauhtémoc, enfrentito de la famosa tienda “El Agua Fría”, cuya existencia era un motivo de morbosa curiosidad para su servidor y los compañeros más precoces que viajaban en el mismo camión, porque según oíamos decir a los muchachos más grandes, o a los albañiles, a los jornaleros, a los mecánicos y, a uno que otro señor “de respeto”, allí era “La Zona”, un lugar aparentemente tenebroso al que a los niños nos estaba prohibido entrar. Prohibición ciertamente tentadora porque aun con mi corta edad, a mí sí se me antojaba entrar, porque yo creía que ahí había fiestas constantes, ya que cuando pasaba uno por ahí en el camión ya por las tardes o entrada la noche, era frecuente escuchar música guapachosa en alto volumen, que salía del primer tugurio que estaba a la vista por la parte sur de la calle Cuauhtémoc, como quien iba uno hacia la calle España, que si mi memoria no me falla, se llamaba el Waikiki.
Y en cuanto a la calle España (de la que por cierto mi amigo escritor Salvador Márquez Gileta, que en paz descanse, escribió una excelente novela), cabe mencionar que allí, y en sus calles y callejones adyacentes para el lado de las huertas ubicadas también hacia el sur y hacia el Río Colima, vivían, casi como si lo hicieran en un gueto, “las güilas y los taraláilos”, nombres despectivos que se les daba por aquellos años a quienes se dedicaban a la prostitución.
En aquel tiempo se levantaron (igual que está sucediendo hoy) críticas muy fuertes en contra del gobernador Noriega, porque presuntamente había decidido el cambio de manera muy unilateral. Pero cuando ya todo ocurrió y se trasladaron los prostíbulos y los cabarets desde el barrio del Agua Fría hasta las nuevas, mejores y más higiénicas instalaciones de lo que se llamó “la zona de tolerancia”, ya nadie dijo nada y todo mundo quedó, si no contento, en paz.
Sobre este sitio escribió alguna vez el profesor Roberto George Gallardo, cronista municipal del “Pueblo Chigülinero”, algunas anécdotas, entre las que recuerdo una en la que mencionaba que cuando se pusieron de moda los antros que allí existían, los sábados en la tarde, cuando sus paisanos que trabajaban en Colima ya volvían a Coquimatlán, solían detenerse en la zona “nomás a tomarse una cervecita” y acababan llegando a sus casas, “a pata”, en la madrugada siguiente, sin un solo cinco “pa’l chivo”, como le decían también coloquialmente al gasto diario.
Esperemos, pues, que se medite muy bien lo que se piensa hacer al respecto y que todo sirva para mejorar los al parecer indispensables servicios que en dicha “zona” se brindan, y que, por supuesto, mejoren también, por encima de todo, las condiciones en que las y los sexoservidores viven.

Esta fauna. “Considero yo”

En Colima vivimos un presente distópico. En un contexto social enervado, el procurador de justicia declara, pese a las ejecuciones, los feminicidios, las desapariciones y los crímenes de odio que “la gente sigue asistiendo a las ferias, a las fiestas, siguen los niños yendo a las escuelas, seguimos asistiendo a nuestros lugares de trabajo (y) la gente sigue haciendo, considero yo, una vida normal”. (Avanzada, 11/06/17)
La declaración del procurador Guadalupe Franco dice mucho, pero muy mal, de su labor frente a la Procuraduría. Ese “considero yo que la gente sigue haciendo un vida normal”, revela la propensión a la impunidad no solo de un funcionario, sino también de la institución a su cargo. Ponerle al problema una pantalla de aparenta normalidad no hará que la procuración de justicia se cumpla por sí sola. Tampoco va a cambiar el hecho de que la gente se sienta insegura y/o a disgusto con la nulidad de sus gobernantes.
Es ruin pensar que “hacer una vida normal” es olvidarse de las muertes violentas, de las víctimas sin justicia, de las desapariciones. Si la gente sigue yendo a trabajar, a la escuela y a divertirse es porque lo necesitamos, es parte del entramado que sostiene nuestra convivencia social. Pero eso no repara el daño generado por el crimen, ni justifica la ineficiencia de una administración de gobierno para prevenir y combatir la delincuencia. No quita la percepción de que, en Colima, la justicia y el valor por la vida se han devaluado a límites casi dolorosos.
Ahora bien, la consideración emitida por Guadalupe Franco es tan facilista que ofende la inteligencia de cualquiera. Uno quisiera que personas así, en ese cargo y con tal responsabilidad, hicieran consideraciones de mejor vuelo y mayor alcance al abordar el tema de la inseguridad o el narco. Quizás uno pide mucho. Pero, ¿de verdad es tan difícil para un funcionario o un gobernante considerar y reconocer que en Colima tenemos un serio problema de inseguridad, corrupción e impunidad? De ahí, de algo tan sencillo, habría que partir. Pero no. Prefieren la ridícula indolencia de invocar la falsa normalidad.

VIVENCIAS: Realidad o Ficción.

Hombres y mujeres transitan a pie, en transporte público o privado de manera desprotegida, por calles en pésimo estado, sin alumbrado público por que las luminarias están fundidas, sin rondines policiacos, sin esperanza, no es un párrafo de una novela de corte narrativo de inseguridad de cualquier país del mundo, no, esto es Colima, donde nada es ficción como tampoco nada es seguro, bueno si -la inseguridad-.
Con un fin de semana violento y sangriento, que impiden bajar ese nada honroso primer lugar Nacional en homicidios, con un silencio que demuestra indiferencia de nuestr@s gobernantes corruptos que se limitan a señalar que células delictivas hacen de las suyas.
Lugar donde la existencia lo es todo y nada, lugar donde la realidad supera cualquier fantasía, donde nadie puede escapar a un proyectil perdido.
Me parece profundamente incorrecto que ante el espiral de violencia que ha azotado el estado, las autoridades correspondientes sigan de brazos cruzados en los brazos de Morfeo, cuando lo mínimo y humanamente posible es reconocer, admitir que hay un problema, desarrollar estrategias, ideas, tecnología, de lo contrario estaremos condenados al fracaso sociedad y gobierno, contra esto que nos afecta a tod@s.
Si bien es cierto que la inseguridad va de la mano con las condiciones sociales en que se desarrolla todo individuo, es y ha sido trabajo de nuestros gobernantes que no han podido brindar mejores oportunidades de progreso y desarrollo, por ello la reducción de la pobreza y la solución de las condiciones sociales es a largo plazo -esa es otra historia- a la brevedad se ocupa que se atienda esa inseguridad que tal parece llegó para quedarse.
¿Qué hacen nuestros gobernantes al respecto? ¿qué hacen nuestros diputados federales y locales al respecto? ¿qué hacen los alcaldes? -acrecentar la brecha entre ricos y pobres- esa no es su función. Con suma tristeza escuche en entrevista radiofónica a un legislador local coordinador de una bancada representada en ese poder, que las cámaras de vigilancia están obsoletas, no sirven, algo tan elemental ¿ahora quien podrá ayudarnos?
Hablar de inseguridad y de una política exitosa contra esta, es referirnos a Rudolph Giuliani a quien le preguntaron como le hizo para bajar los índices delictivos en la ciudad de New York quien de manera contundente respondió “hace falta voluntad y decisión política, así como terminar con la corrupción, si les sirve de referecia a quienes dicen gobernar ahí esta el dato.
Por lo pronto, ya es historia aquellas tardes noches oscuras, que familias colimenses sacaban sus equipales a las puertas de sus casas para dialogar largo y tendido, sobre el acontecer en ese extraño y seguro Colima, que a las nuevas generaciones ya no les tocó vivir, en las cuales se convivía a acompañado de una buena tuba, café y por qué no hasta una cerveza o un buen tequila, que tiempos... inolvidables.
Sin duda gobierno y sociedad debemos trabajar de la mano, los primeros más y los segundos exigiendo lo que merecemos, seguridad, tarea hay y mucha.

A MANERA DE COMENTARIO...
*De mal gusto cayo la reunión de la ex titular de la Sedescol con los altos mando del partido MORENA en Colima, esperemos congruencia que es lo que pregona AMLO, quien por cierto cerro la posibilidad de aliarse con partido político alguno rumbo a la elección presidencial del 2018, lo cual sin duda dicen varios actores políticos de peso, como Fernández Noroña y Juan Zepeda hacen imposible la llegada al poder presidencial por un candidato de izquierda.
*Recomendable que el movimiento anti eco park, informe cuantas firmas van recabadas para ¿qué nos pregunten?. Mucho agradeceremos a Martha Zepeda informe al respecto.
*Carlos Cardona Regidor en el municipio de Villa de Álvarez, no descansa en apoyar a colonos de esa demarcación atraves del programa NUTRIENDOSE-C en la cual mes a mes, llega a cien familias en apoyo a su economía, este mes los beneficiados fueron de la colonia Lomas Altas, cuando hay voluntad se puede apoyar de una y mil formas, pero ante todo llegar muy lejos al brindar apoyo a los semejantes.
* La gris dirigencia del sindicato del ISSSTE, está metiendo la mano, mañas y cuerpo entero en la sucesión de esa sección convirtiéndose en juez-parte, nada nuevo en los sindicatos “charros” tal como lo denuncio la trabajadora Ramona Cruz, quien encabeza la planilla azul, la de mayor rentabilidad que garantiza una real defensa entre la clase trabajadora del ISSSTE, de ahí que traiga ocupados y preocupados a la actual dirigencia sindical que solo ve por sus allegados, por fin ¡!! Se pondrá término a un cacicazgo de treinta años en ese sindicato.

* Vocero del Frente Magisterial independiente en Colima. Sígueme en Facebook che charly Olvera twiter@checharlyolvera

El control del sexo en Colima

Twitter:@caspercolima

En relación al trabajo sexual en el estado conversando con el antropólogo social César González*, pionero en estudios de la diversidad sexual en el estado, autor del libro Travestidos al desnudo: homosexualidad, identidades y luchas territoriales en Colima (Ciesas y Porrúa, 2003), nos comenta “de poco sirve aislar el comercio sexual o implementar controles sanitarios con el apoyo policíaco cuando no hay ni un mínimo respeto o entendimiento por la prostitución o por los derechos humanos de estos trabajadores. En este sentido, la noción de prostitución ha sido criticada por aquellos que ejercen el comercio sexual, pues simplemente ha prolongado el estigma sobre esta actividad, lo cual es considerado como ineficiente en el marco de los derechos humanos y laborales”.
Y afirma “la noción de trabajo sexual no distingue sexos, pero reconoce que el vender sexo es una opción y una elección para un sector vulnerable de individuos. Esta perspectiva distingue que aquellos que son forzados a vender sexo o que son menores de edad no deben ser entendidos como trabajadores sexuales sino víctimas de explotación. Asimismo, al entenderse la venta del sexo como un trabajo se reconoce que un servicio es ofrecido. Son varias las causas que orillan a las personas a pagar un servicio sexual. Entra las documentadas: insatisfacción sexual, excitación de hacer algo “riesgoso” o “prohibido”, el deseo de conquista, o simplemente el tener sexo sin compromisos. Otro punto importante es que la idea de trabajador sexual reconoce que hay actividades que van más allá “del pararse en una esquina y vender cuerpo”. Es decir, existen formas más elaboradas para vender sexo; las negociaciones entre clientes y trabajadores sexuales se pueden dar a través de internet o por teléfono, o en salas de masajes o en el lobby de hoteles. Asimismo, el sexo puede cubrir diferentes prácticas, por ejemplo: un masaje, una masturbación, un fellatio o un coito. Sin embargo, no es ocultando el trabajo sexual que se logra un mejor control sanitario, ni tampoco criminalizando unas prácticas más que otras”.
Por lo tanto “al dotar a ciertas prácticas sexuales de un sentido moralista o criminal, se pierde la objetividad en los controles sanitarios. Las autoridades muestran su preocupación hacia el sexo por dinero no necesariamente por cuestiones de salud sino morales. Esta perspectiva invisibiliza la función real de regular el trabajo sexual, la cual debe ser ante todo una preocupación por la salud sexual. Pues no debemos olvidar que el sexo por dinero o por amor o placer puede ocurrir en moteles y hoteles, o a través de citas a ciegas; es decir, la relación sexual es la misma, lo que cambia es la connotación moral”.
¿Entonces qué deben hacer nuestras autoridades en Colima?
La propuesta –creo más viable- es que no se regule el trabajo sexual desde una perspectiva moral sino de salud sexual. En este sentido, sugiero que el trabajo sexual se reconozca como legítimo; ello se lograría con la expedición de licencias de salud, las cuales deberían expedirse no sólo para la zona de tolerancia, sino reconocer que el trabajo sexual traspasa dichas fronteras. Sería responsabilidad de las autoridades de salud otorgar dichas licencias, pero sin criminalizar el trabajo sexual. En otras palabras, el Código Penal del Estado ya previó sanciones contra el lenocinio, el sexo en la vía pública o contra aquél, que en la vía pública, invite al sostenimiento de relaciones sexuales; en consecuencia, la regulación de sexo por dinero no debe sobre-regularse, pero sí se debe poner énfasis en ser sujeta a un control de salud sexual.
Las autoridades al otorgar dichas licencias deberán crear una conciencia sanitaria entre los dueños de bares, centros nocturnos y los mismos trabajadores sexuales. Ello no está sucediendo en Colima; actualmente, el sistema de tarjetas sanitarias que son dadas a los trabajadores sexuales no cumple con su función. Por ejemplo, en la zona de tolerancia de Colima las condiciones de higiene son mínimas y la corrupción es rampante; por otro lado, afuera de la zona roja existen servicios sexuales que incluso se anuncian en la sección amarilla.
¿Para qué sirven las tarjetas sanitarias que se expiden hoy en día?
De poco a nada. Otro punto de mi propuesta es que las licencias deberán operar a manera permiso para ejercer el trabajo sexual; será tarea de las autoridades de salud y de los mismos trabajadores sexuales el exhortar a que todo trabajador sexual obtenga una licencia. Inicialmente, se podría tratar de un exhorto; posteriormente, tras ver los resultados y respuestas y opiniones de los trabajadores sexuales se pudieran implementar sanciones o multas para aquellos que se nieguen a solicitar o renovar dichas licencias.
Las licencias darían mayor seguridad no sólo a los que ejercen la venta del sexo sino a los clientes mismos, de tal modo que se podría construir una cultura sexual. Mi sugerencia es que la expedición de licencias se acompañe de talleres jurídicos y de sexualidad, donde se capacite a los trabajadores sexuales no sólo en materia de educación sexual, sino de derechos humanos y obligaciones jurídicas y civiles.
Un sector de la población colimense tiene conocimiento de que el sexo sin protección es una vía de trasmisión del VIH; pero la gran mayoría ignora que la saliva o el frote de piel enferma puede provocar enfermedades, como sucede en los casos de hepatitis, gonorrea, sífilis, herpes y condilomas – estos últimos pueden degenerar en cáncer. La expedición de licencias para el trabajo sexual sin dudas generará un número más real de los trabajadores del sexo en nuestra entidad a la vez que habría un mejor control epidemiológico y jurídico. Es decir, qué mejor control sanitario puede haber si un cliente, antes de pagar por sexo, tuviera la certeza que la persona a quien paga se ha sometido a una serie de exámenes médicos, o que un trabajador sexual al momento de ofrecer sexo por dinero estuviera mejor protegido, pues ha recibido la educación sexual y jurídica necesaria para ejercer dicho oficio. Estas medidas bajarían los índices de lenocinio, corrupción de menores, y sobre todo contribuiría a dignificar los estilos de vida de aquellos que recurren a la venta del sexo como alternativa de subsistencia ante la fragilidad e incertidumbre del mercado laboral.


*César Octavio González Pérez es licenciado en Comunicación Social por la Universidad de Colima, con maestría en Antropología Social por Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Occidente. Estudio el doctorado en la Universidad de Essex en Londres, Inglaterra.

 

Vislumbres. “El menos malo”

En algún momento a principios de mayo pasado, el líder del Movimiento Antorchista del Estado de de México anunció que él y sus seguidores votarían por Alfredo del Mazo, candidato a gobernador por la Coalición PRI/PVM/Nueva Alianza y PES, por considerarlo “el menos malo” de los contendientes en pugna. Dato, observación o valoración que nos preocupa por reiterativa; dado que es prácticamente la misma que se menciona en relación a casi todos los demás candidatos que durante los últimos años se han convertido en ganadores en todos los cargos de elección. Dato, observación o valoración que a fuerza de ser aplicada a tantas y tantas personas ya es mucho más que una simple frase, porque nos muestra la constante de una realidad: que con el sistema de partidos que se nos ha impuesto, los mexicanos estamos condenados a que nos gobiernen los menos malos de los políticos en funciones, y no los mejores hombres y mujeres que produce y tiene nuestra sociedad.

Churumbela.-

¿Se acuerdan los lectores de la churumbela? Era un pequeño artefacto parecido al trompo que se podía girar con la presión de dos dedos, y que en sus costados tenía algunas leyendas para jugar cierto juego de azar: “todos ganan, todos ponen, toma todo” etc.

Bien, pues eso me vinieron pareciendo las elecciones del domingo anterior en los estados de Coahuila, México, Nayarit y Veracruz porque casi todos los partidos jugaron y para casi todos hubo también algo, así fueran nada más pequeñas alcaldías ganadas que sirvieron como premios de consolación.

Por otra parte, esos mismos resultados nos dan otra serie de indicadores que podrían resultar preocupantes. Siendo uno de ellos el de la torpísima pulverización de los opositores (sobre todo los de las izquierdas) que no han sabido (o no han querido) aliarse para triunfar. Y como prueba está, de nuevo, el Estado de México, en donde de haberse unido y bajado de su respectiva soberbia, los morenos y los perredistas hubieran no sólo ganado la elección para gobernador, sino brindado una paliza electoral al candidato del Grupo Atlacomulco y del PRI. Pero no, la soberbia les ganó a ellos, y mientras persistan en esa actitud quedarán “en el ya merito”, como han quedado hasta la fecha.

Notable fue, sin embargo, el gran asenso que tuvo en dicha entidad la candidata de Morena, y casi igual de notable la notoria ausencia que en ese mismo estado tuvo el famoso Movimiento Ciudadano que tanta buya hizo en Colima en las elecciones anteriores y hoy gobierna una buena parte del vecino estado de Jalisco. En efecto, el MC para nada se dio a notar en las elecciones del domingo. Mala señal para Locho y sus amigos con miras al año que entra.

2018.-

Y a propósito de 2018, ya todo mundo está haciendo sus cábalas: por un lado el gobierno federal como que respiró tantito con el apretado triunfo del primo del actual Señor de los Pinos, y ahora en la residencia oficial creen que con suerte y un buen candidato (¿quién será el menos malo de todos ellos?) todavía pueden ganar las elecciones presidenciales dentro de un año. Máxime que, por lo pronto, ya conocen a quien será el candidato opositor a vencer: el muy persistente, pero a veces contradictorio, Andrés Manuel López Obrador. Quien, si no la vuelve a regar defendiendo con plantones en las calles el supuesto triunfo arrebatado de “la maestra Delfina”, ya es, desde de hace mucho, si no el mejor, sí el muchísimo más conocido y placeado candidato presidencial de cuantos existen en México. Y tiene, por eso mismo, un récord de conocimiento entre los electores que es prácticamente imposible de superar.

Nacho y Alfredo.-

Según nos pudimos enterar, JIPS asistió, en su momento, tanto al inicio como al cierre de la campaña electoral de Alfredo del Mazo. De lo que dedujimos dos cosas: o que son muy buenos amigos y el mexiquense invitó al colimense; o que éste se invitó solo nada más para dejarse ver y demostrar que es un partidario solidario.

Otra coincidencia es que ambos fueron candidatos de una coalición político-electoral en la que intervinieron, además del PRI, el Partido Verde y Nueva Alianza y, dentro de ese tenor, aparte de ser muy flacos los dos, también fue claro que ninguno pudo ganar su respectiva elección con los votos que les brindaron sus correligionarios del tricolor, y sólo pudieron sacar el cuello del agua para respirar por encima de sus respectivos contendientes gracias a los sufragios que les aportaron los electores y simpatizantes de sus partidos aliados.

En este contexto los militantes y los dirigentes del Partido Verde y de Nueva Alianza en Colima no están muy contentos que digamos con el trato que les brindó JIPS ya como gobernador. ¿Les sucederá lo mismo a los del Edoméx cuando más allá de las impugnaciones que se esperan del Mazo asuma también su gubernatura? En ese caso serán, también, muy desagradecidos los dos.

7 de junio.-

La celebración anual del Día de la Libertad de Expresión es un tema raspado pero obligado que nos sigue llevando a considerar que nada tiene que hacer el gobierno en relación a ese acto que dimana del derecho que todos los ciudadanos tenemos a expresar públicamente lo que nos plazca, siempre y cuando entendamos nosotros también que para todo hay límites, y que, en este caso, el primero que debemos de atender es el derecho que también tienen los demás a no ser ofendidos ni difamados por nadie.

Fuera de allí la muy terca realidad nos dice otras cosas: que la relación prensa-gobierno es, por lo regular, malsana; como la simbiosis entre ciertas plantas parásitas que viven abrazadas a troncos perennes en la que, por supuesto, los medios son los parásitos y el gobierno es el tronco que con su savia (nuestros impuestos) los nutre mediante pagos de anuncios y prebendas para que sigan

apareciendo, con la condición de que no lo ataquen demasiado, de que no rebelen sus maquinaciones y de que, dada la necesidad, lo defiendan de sus críticos más feroces. Como evidentemente sucede en nuestra entidad, donde los principales medios informativos han sido siempre partícipes de esta relación perversa, de la que sus dueños o socios principales suelen salir enriquecidos mientras que sus pobres reporteros tienen que bregar todos los días para medio irla pasando. Viéndose muchas veces obligados en su necesidad a corromperse también para poder adquirir una pequeña casa de interés social, tener un pequeño auto, llevar a sus hijos a la escuela y satisfacer sus necesidades económicas más imperantes.

Lo otro.-

Analizando lo que antes de celebraba (y hoy nada más se conmemora) en esta misma fecha, el otro dato a considerar es el peligro a que constantemente se exponen quienes de verdad ejercen su derecho a expresar lo que piensan u opinan delante de otras fuerzas activas de nuestra sociedad, que lastran sus avances, como los cárteles de los narcos y las asociaciones delictivas en las que intervienen tanto simples “personas de la calle”, como elementos pertenecientes a diversas instancias de gobierno. Entre las que hoy serían, por decir ejemplares, las de los famosísimos rateros de petróleo y gasolina a los que inexplicablemente se les denomina “huachicoleros”. Que no sólo roban los combustibles de los ductos de PEMEX, sino que los almacenan y sacan después a vender con pleno conocimiento de las autoridades de ciertas localidades que precisamente se hacen también disimuladas, ya sea para que les toque algo del “riego” de las ganancias ilícitas, o para evitarse broncas con los organizadores de dichas redes, o con sus protectores dentro del mismo PEMEX o del gobierno estatal en turno.

Y ese riesgo lo están afrontando todos los días también, las familias de quienes ejercen su libertad de expresión al máximo, pues las denuncias que hacen algunos periodistas dañan no tanto la fama pública de los delincuentes declarados y encubiertos, sino sus cuotas de poder, sus fuentes de recursos y, eventualmente, hasta su libertad. Por lo que se vuelven violentos y buscan callar de cualquier modo a quien les estorba, dejando en la orfandad o en la miseria a las familias de ellos.

Nada qué celebrar.-

Viendo las cosas en este contexto no hay nada que nosotros queramos celebrar este 7 de junio, salvo el hecho de que seguimos estando vivos y de que, como quiera que sea, cada uno de nosotros, dentro de sus propios alcances y limitaciones mentales está tratando de hacer clara la verdad, y de aportar así algo al bien de nuestro país.