Vislumbres. Una entrevista juguetona

Fotografía de Milenio/CuartoOscuro.

El lunes 6 apareció en Mileno TV/ Jalisco, una muy entretenida entrevista de un tal Fernando del Collado a José Ignacio Peralta Sánchez, preguntándole aparentemente de todo cuanto acontece en el estado que presuntamente gobierna.
Dicha entrevista, que de inmediato se ve intencionadamente juguetona y propiciadora de respuestas desinhibidas, nos muestra a un entrevistado de cara risueña, gestos simpáticos, rápido para responder, elusivo a veces, con un preocupante grado de insensibilidad y tal vez hasta cinismo.
Empieza con una pregunta que más parece saludo: “¿Todo bien?” Y la respuesta supera a la pregunta: “Todo muy bien, muchos ánimos”. Y se comienza uno a preocupar.
Luego afirma ser muy sincero, autocrítico, seguro de sí mismo y conocer “cada metro cuadrado” del territorio estatal. Para continuar diciendo que gobierna sin miedo, con mucho entusiasmo, con determinación y “sobre todo con la ley en la mano”, sin permitir ninguna transa a sus colaboradores y sin negociar tampoco con ninguno de los tres cárteles que el entrevistador menciona.
Dice también que el poder le ha servido para “transformar Colima”, que él y su equipo han “resuelto muchos problemas”, aunque más adelante aclara que él gobierna “solo y a plenitud”. Es decir, sin interferencias de nada y de nadie.
El entrevistado admite que ha habido ocasiones en que no se ha dado cuenta de que algunos de los integrantes de su gobierno han incurrido en actos de corrupción. Pero se autocalifica como un individuo limpio, honesto, y que cuando ha llegado a enterarse de algo que sus colaboradores han hecho mal, toma “medidas drásticas”.
Al ser cuestionado “¿Qué clase de gobernador es?” Responde que “uno que vino a cumplir su trabajo”, y anhela sentirse bien consigo mismo cuando concluya su mandato. Dando a entender que no necesita robar porque por el momento tiene “dos cuentas bancarias con fondos suficientes para salir adelante”.
Admite, sin embargo, que en la policía estatal “hay de todo”, y que igual sucede “en los ministeriales”, pero que están trabajando para depurar dichas instancias. Afirma que aun cuando él mismo no ha presentado el examen de confianza, Arnoldo Ochoa sí lo presentó y no lo reprobó, y que por eso sigue siendo su Secretario General de Gobierno.
Hábil para eludir.-
Hasta ese momento todo iba más o menos bien, pero en cuanto le comenzaron a preguntar por su militancia política, comenzó, digamos, “a cascabelear”, aunque debo reconocer que tuvo el valor de ostentarse como “orgullosamente priísta”, como un sujeto que “lleva el priísmo en su ADN”, orgulloso descendiente de su abuelo Manuel, fundador del PNR, y orgulloso, también de su tío Miguel de la Madrid.
El cascabeleo inició justo en el momento en que el entrevistador le preguntó si él reconocía ser parte del “nuevo PRI y de los jóvenes gobernadores priístas de los que presumía el presidente Enrique Peña Nieto”. Negando ambas cosas y yéndose por la tangente al decir que los delitos cometidos por todos esos pillos políticos “no califican al PRI”, sino sólo a cada uno de ellos. Porque para él “el PRI es su doctrina, sus principios políticos”, no sus militantes.
Las evasivas fueron siendo más visibles, como cuando dijo no saber que a su tío Miguel, el ex presidente, le habían mermado sus facultades mentales desde pocos años antes de morir; o cuando negó saber sobre “la partida secreta” que aquél dijo que usaba Carlos Salinas de Gortari; o cuando al hablar el periodista del incremento del índice de violencia en nuestra entidad, JIPS se lo achacó a factores externos, porque los “delitos dolosos” que hoy abundan “son del fuero federal”, y porque “los generadores de la violencia en Colima no están en Colima”.
“Un tema de percepción”.-
Sin ánimos de sólo ver los prietos en una buena sopa de arroz, algunas respuestas de José Ignacio al menos a mí me sacaron de onda, como aquella que dijo que el poder le ha servido “para transformar Colima”, y como esa otra con la que afirmó que han “solucionado muchos problemas”. Tal vez porque no logró decir cómo es que transformó Colima, ni cuáles son los problemas que ha solucionado.
Por lo demás, es desconcertante también que no conforme, por ejemplo, con limpiarse las manos en cuanto toca a “los delitos culposos del fuero federal”, haya acusado a los alcaldes de no haber podido avanzar más en la lucha contra el delito por su falta de coordinación y compromiso.
Pero lo más increíble de todo ese evento ocurrió cuando el reportero le preguntó cuántos muertos más habrá que esperar mientras dure su gobierno. Pues fue entonces cuando JIPS puso su cara más seria e intentó revirar: “No es un tema de contabilizar los muertos, sino un tema de tener estrategia, de hacia dónde debemos llevar… la seguridad”. Añadiendo inmediatamente que en ese punto “hay algo muy importante: la seguridad no es un tema de estadísticas, es un tema de percepción. Y por lo tanto debemos trabajar para crear claramente la sen-sa-ción de que Colima es nuevamente un estado seguro”.
“¿Tema de percepción?” – le preguntó, aparentemente incrédulo, el entrevistador. Y JIPS afirmó con la cabeza y lo repitió a viva voz: “Tema de percepción… Que lo escuchen los alcaldes y que lo escuchen quienes lo tengan que escuchar: la seguridad es un tema de percepción”.
Dijo más el ciudadano Peralta Sánchez, sobre otras cuestiones que frente a ésta parecen baladíes, pero ¿para qué gastar más tiempo resumiendo el resto de la entrevista?
“Yo percibo, tú percibes… etc.”-
Entiendo que cuando se trata de definir qué es, o en qué consiste el fenómeno de la percepción, uno transita por los ámbitos de la psicología; pero que cuando se habla de estadísticas transita uno por el ámbito de las matemáticas aplicadas. Y en ese tenor, si percibir es darse cuenta de algo. Ese “darse cuenta” implica un conocimiento de lo que nos circunda, nos beneficia o nos daña.
Si, por otra parte, nos percatamos que hay algunos eventos más o menos parecidos y comenzamos a tomar nota de ellos, hasta sin querer estamos iniciando una estadística con esos datos. Pero si esos eventos (no importa el tipo) se incrementan o se multiplican, hasta sin querer también llegamos a la conclusión de que algo muy fuera de lo usual está pasando en el lugar donde nos encontremos. Y cuando hay otras personas que nos aportan más datos y opiniones coincidentes, no hay duda que llegamos a la certeza de que ahí está ocurriendo algo completamente fuera de lo normal.
En un contexto no parecido, si cualquier ciudadano medianamente informado observa que los salarios caen en su país mientras que los precios de los productos de la canasta básica suben, es lógico que pueda pensar que algo anda mal en la economía de su país. Pero si luego ve que las tasas de interés se incrementan, que hay un déficit muy pronunciado en la balanza comercial y que su moneda se devalúa, es claro que supondrá que o se va a desatar una crisis en ese país, o que, de plano, ya está inserto en ella. ¿O no?
En ese orden de ideas no deja de ser extraño que un economista en funciones de gobernador se atreva a ningunear las estadísticas de la muerte violenta en su estado, y se anime a decir que “el tema de la violencia no es un tema de estadísticas, sino un tema de percepción”, y que, en vez de buscar una manera efectiva para abatir los indicadores del crimen, afirme que lo que se debe hacer es “trabajar para crear claramente la sen-sa-ción de que Colima es nuevamente un estado seguro”. ¿Será que para él si es posible tapar el sol con un dedo?
La feria.-
Algunas personas me preguntaron en estos días ¿qué tan antigua es la Feria de Todos los Santos? Y mi respuesta es la siguiente: No conozco ningún indicio anterior al siglo XIX en que se mencione una feria realizada en tierras colimotas en el sentido que la conocemos hoy. Pero sí hay varias referencias relativas a la celebración de la fiesta de Todos los Santos.
Estas referencias, en efecto, están inscritas tanto en el Misal Romano, como en el Santoral Cristiano desde hace mil años o más. Por lo que no debe extrañarnos que, desde cuando se inició el proceso de la evangelización en Colima (aproximadamente entre 1530 y 1533) los frailes y los señores curas de aquel tiempo, hayan celebrado dicha festividad religiosa, unida, como se sabe, a la de Los Fieles Difuntos, para contrarrestar, como era su propósito inicial, las creencias y prácticas idolátricas de los indios de cada región, a los que llamaban paganos.
Por otra parte, la primera mención que me he podido encontrar sobre la palabra feria en los documentos del siglo XVI en Colima, procede de la pluma de un Oidor Real que, tras de haber hecho una extensa “gira de revisión”, diríamos hoy, por la inmensa mayoría de los pueblos de la provincia de Colima, en septiembre de 1554 le envió al rey de España un informe pormenorizado de sus observaciones, en el que, entre mil otras cosas escribió que dada la abundancia que había de comerciantes, para regularizar un poco el comercio: “En todos los pueblos se dio y se puso orden de que hubiese, ciertos días de la semana en unos, y (ciertos días) en otros, tianguis, que son las dichas ferias o mercados; señalándoseles horas ciertas para tal efecto”.
Párrafo en el que los lectores podrán apreciar que feria, tianguis y mercado eran sinónimos en aquel tiempo. Y si tomamos el dato exclusivamente en este sentido, entonces tendríamos que considerar al licenciado Lorenzo Lebrón de Quiñones como fundador de la primera feria, en la medida que lo fue del primer tianguis organizado: “Ordené ansí mesmo y proveí que se hiciese tianguis en la Villa (de Colima), dos veces en la semana (con la participación) general de todos los pueblos de diez leguas a la redonda y que todos los indios trajesen bastimento, a los cuales se les puso precio moderado a contento de los indios, aunque no de los españoles, por baratos y bajos que eran dichos precios, pues estaban acostumbrados a comer y no pagar, y si algo pagaban era muy poca cosa”.
De lo anterior deriva que conforme fue creciendo la población, también es muy posible que las autoridades locales de Colima hayan decidido, de común acuerdo con las religiosas, extender los días de tianguis a todas “las fiestas de guardar” y que, coincidiendo con el inicio de las pizcas, al celebrarse las fiestas de los Fieles Difuntos y de Todos los Santos, se incrementara el flujo de gente que venía, ya con dinerito, a comprar y a vender en la plaza, siendo esos días más concurridos que otros. Aprovechándose tal vez esa numerosa concurrencia para promover algunos momentos de diversión, como carreras de caballos, corridas de toros y peleas de gallos, del mismo modo que ocurría esto también en muchos otros pueblos de la Península Ibérica y de la Nueva España. Pudiendo ser ésos los antecedentes locales de la feria como la conocemos hoy.

 

Ajedrez político... por el Che Charly Olvera


***Algo anda mal en Secretaría de Educación. Al parecer el titular de la misma está empecinado en sostener a quienes no debe, recontratados, ineptos, incapaces, bañados de soberbia y prepotencia, mejor que se vayan a donde deben estar, en el ostracismo político.
***La inseguridad no hay quien la frene, menos quien le meta zancadilla, los mandos policiacos duermen en sus laureles, soñando en que los diputados locales despierten y destinen recursos económicos para combatir ese flagelo en el presupuesto 2018.
***Ya que andamos por ese recinto legislativo, hay que recordarle a la ciudadanía, que ante el “famoso gasolinazo” los diputados habrían quedado de renunciar a los vales de gasolina, quedaría en buenos deseos o aplica solo para los que no comulgan con el que preside la comisión de gobierno interno.
*** De profesor, político chapulín, brinco a abarrotero, el diputado camaleónico Nicolás Contreras, quien en un pasado reciente compraba voluntades con despensas, hoy eso es otra historia, ahora el sufrido y trabajador "representante popular" las vende a “bajo costo” salió generoso el señor.
***No sabemos a qué se dedique el delegado del ISSSTE, en dicha oficina se pasan de burócratas, se vive la pachorra, ante cualquier trámite en dicha dependencia lo mínimo son de cuatro a seis meses, para obtener una respuesta ante un oficio (derecho de petición) ahí sí que se ocupa paciencia y resistencia.
***Una más señor delegado de ISSSTE, el colmo del cinismo o ineptitud, es la ausencia de anestesia para extraer molares por más de un mes, así como la reparación inmediata de los equipos de rayos “X”, a lo que se ve le quedó grande el paquete, no se puede dirigir una delegación a control remoto desde ciudad de México, aún con los adelantos tecnológicos de que gozamos.
***No todo es negativo en los cabildos hay regidores pertenecientes al gremio magisterial que hacen su trabajo por la sociedad, Rosalba Farías, Cristian Joaquín Sánchez Cosío, Carlos Cardona, a quienes sus respectivos partidos políticos están obligados a reconocer con una posición de mayor nivel políticamente hablando, esperemos así sea.
*** Vecinos de la colonia El Cortijo, estamos hasta el copete del gobierno insensato, de oídos sordos, vista perdida del gobierno municipal que encabeza la ciudadana Yulenny Cortés, quien no resuelve la problemática de su municipio, no pueden poner alumbrado público en dicha colonia, o ¿no quieren o no pueden sus funcionarios cambiar unas lámparas? Que no le extrañe que se le haga una manifestación pacífica en la presidencia Municipal.
***Ciudadanos al frente, hizo su aparición en Colima, se espera mucho de esa naciente organización, pero más esperan muchos trabajadores y gente que no destaca ni vive de la política, en ser invitada a participar para juntos construir que la sociedad civil, gobierne, con optimismo espero así sea.
***La economía está para el carajo, muchos empleados burócratas federales, están ansiosos por saber si el gobierno federal, adelantará el aguinaldo para el “Buen Fin” esperemos que Secretaría de Educación, avise con tiempo y no “jineteen” los recursos de la clase trabajadora.
***Los hombres de los negocios económicos en el gobierno de JIPS, “alushe” Noriega así como Meiners tienen sus maletas listas de recursos para aventurarse en la política en el 2018, con la bendición de su patrón, los cuales vienen a desplazar a gente del partido y uno que otro oportunista chapulín.

 

¿Y Mario para cuándo?

La sanción interpuesta a Mario Anguiano por el desvío de más de mil 800 millones de pesos del erario durante su administración quedó muy “light”, los legisladores se quedaron cortos en este sentido, pues mientras otros ex mandatarios locales enfrentan procesos penales y órdenes de arresto, al ex “gober” del estado se le sanciona con 23 años de inhabilitación para ocupar algún cargo público y además una multa de un poco más de 38 millones de pesos. Gran castigo para la cantidad de dinero que desfalcó. Seguramente pagará la sanción riéndose.
Esta situación es muestra de que lo último que le interesa a los compañeros de partido de Anguiano, y al actual gobernador, es que la justicia le cobre factura por el desfalco al erario en la entidad durante su administración, pues a dos años de haber dejado el cargo, este personaje sigue libre y al parecer sin preocupación, ya que lo hemos visto presentarse a eventos públicos y hasta convivir con los asistentes.
Esto puede asumirse como una consecuencia de la falta de alternancia en el estado, pues no hemos conocido a otro partido que gobierne que no sea el PRI, lo que en consecuencia termina siendo una gran tapadera de antecesores administración tras administración, por ello la ausencia de acciones reales y sanciones después de dos años de que Anguiano Moreno dejara de ser gobernador, pues el actual, Ignacio Peralta, no ha mostrado mucho interés en apresurar a las instancias correspondiente a que la situación avance, ya que se cuenta con tres denuncias penales contra el ex mandatario, pero al parecer están resguardadas en la congeladora.
Situación contraria la que pasa en estados como Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua, los dos primeros con sus ex mandatarios presos por el mal manejo de recursos públicos y el del último se cuenta ya con órdenes de aprehensión en su contra. Estos son solo por mencionar algunos de los casos más emblemáticos y mediáticos, pues existen muchos más ex gobernadores que en su momento actuaron como auténticos virreyes y que actualmente son sujetos de un proceso penal en su contra. En su mayoría estos hombres gobernaron bajo la bandera del PRI. Vaya contradicción con lo dicho hace algunos meses por el actual dirigente de ese partido, pues aseguraba que la gran mayoría de los priítas son “honestos”. Si así son siendo honestos, ¿cómo serán siendo deshonestos?
En casos mencionados antes, la alternancia en el gobierno estatal, la voluntad política de los gobernadores entrantes, así como la mediatización de los casos, jugaron un papel importante, pues a prácticamente un año de que estos personajes dejaran el cargo, dos de ellos; Javier Duarte y Roberto Borge, ex gobernadores de Veracruz y Quintana Roo respectivamente; se encuentran detenidos y el otro, César Duarte, ex gobernador de Chihuahua, es buscado por la justicia nacional e internacional.
Así pues, a falta de la alternancia, es necesario un poco de mucha voluntad por parte de nuestro mandatario y legisladores locales para que la justicia se haga presente en Colima y hagan valer las palabras del presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, que se jacta de que su partido es un ejemplo de combate a la corrupción, tanto es así, que la combaten inhabilitando a los que han desfalcado… para que otros más tengan la oportunidad de hacerlo, se llenen las manos y mandarlos a descansar unos 23 añitos.

 

Vislumbres. Asuntos de vida y muerte

La fecha es propicia no sólo para visitar panteones, sino para reflexionar en lo que nos espera cuando concluya nuestro efímero paso por La Tierra. Reflexión que hoy quiero iniciar citando uno de los varios poemas nahuas que justamente hablan de la brevedad de ese tránsito: “Por eso yo digo:/ sólo por breve tiempo,/ sólo como una flor de elote,/ así hemos venido a abrirnos,/ así hemos venido a conocernos/ sobre la tierra./ Así hemos venido a marchitarnos./ ¡Oh, amigos!

En efecto, y aunque parezca contradictorio, la muerte es una parte importante del ciclo vital, porque lo cierra para unos seres y lo abre para otros y, al percatarse de lo anterior, todos los pueblos del mundo han dado tratamientos especiales a los muertos, llegando a veces a creer que, más allá del morir, es posible renacer, reencarnar o tener una vida eterna.

Los nahuas, que racial y culturalmente son antecesores de los mexicanos colimotes, creían en un más allá; hablaban de un lugar en el que paradójicamente moraban los descarnados y que, pese a la inculturización que derivó de la conquista, aun se pone de manifiesto en las ofrendas con que no pocos de los actuales mexicanos suelen dedicar a sus difuntos la noche del 2 de noviembre.

Por su parte, los conquistadores hispanos, creyentes de la doctrina judeo-cristiana, tenían también la idea de que había “una vida perdurable”, de índole espiritual, que se manifestaba no sólo en la manera de sepultarlos, sino en los preparativos para velarlos y encomendarlos a Dios, rogando siempre por su perdón y la salvación de sus almas.

Cuando se suscitó el encontronazo bélico de la conquista no sólo chocaron, pues, las armas de los dos pueblos contendientes, sino dichos modos de creer y entender la vida y la muerte, dando como resultado una cultura mezclada, como mestiza fue la raza que surgió de la fusión de las dos sangres. Cultura que asumió formas propias y que, con las variantes que le ha ido adicionando el tiempo, pudo llegar hasta nuestros días. Días éstos en que, gracias a los medios masivos de comunicación, se están dando otras mezclas socio-culturales de México con otros pueblos del mundo, y muy particularmente con nuestros vecinos de los Estados Unidos. Convivencia e interacción que han contribuido a transformar la manera ancestral en que los mexicanos solían enfrentar la muerte. Transformación de la que comenzamos a ser testigos todos los que hoy contamos con más de 50 años de edad, y que comenzó cuando aparecieron las primeras funerarias en nuestra entidad. Mismas que hoy están, como quien dice, “poniendo de moda” los hornos crematorios y las urnas funerarias para contener las cenizas de nuestros amigos, conocidos y familiares.

Nuevas costumbres que contrastan con los velorios, los sepelios y los entierros que vimos de niños, y que hoy están desapareciendo sobre todo en las grandes ciudades, tal y como desparecieron también, en su momento, las prácticas mortuorias que realizaban nuestros ancestros indígenas, en la medida que se fueron incorporando las creencias traídas por los españoles.

Los más antiguos antecedentes.-

Pero para que entendamos un poco más todos estos asuntos relativos a la muerte en nuestra cultura mestiza, permítanme, amigos lectores, comentarles otros interesantes detalles más:

La palabra panteón viene del griego y se compone del prefijo pan, que significa todo y del sustantivo Teós, que significa Dios. De manera que en su raíz original dicho término se utilizaba para denominar, como al Olimpo, el sitio en donde moraban “todos los dioses”, a diferencia de la teoría del panteísmo que sostenía que “todo es Dios”.

Como los lenguajes evolucionan y los significados de las palabras se van adaptando a las nuevas circunstancias, al influir la cultura griega en los romanos, éstos le comenzaron a decir panteón al templo en donde rendían culto o adoraban a sus deidades, y después, al conjunto de monumentos con que representaban a los dioses mismos.

Por otra parte, cabe mencionar que, si en un principio de la cultura helénica la gente solía cremar a sus muertos, o enterrarlos junto a sus casas, al crecer las poblaciones y reducirse los espacios de las viviendas, designaron un sitio especial para sepultarlos a todos. Sitios a los que denominaron necrópolis. De nicro = muerto; y de polis = ciudad. O ciudad de los muertos.

Ahora bien, como hubo gente rica y con sentido artístico que decidió adornar las tumbas de sus difuntos con monumentos de sus dioses tutelares, no tardó demasiado en que la palabra panteón comenzara a designar los monumentos funerarios, en lo particular y, al sitio en donde estaban dichos monumentos, en lo general; convirtiéndose asimismo en un sinónimo de la necrópolis.

Al avanzar el tiempo surgió otra palabra que también fue sinónima del panteón: me refiero al término cementerio (que también viene del verbo griego koimenterion, que en su acepción más simple significaba ‘estar acostado’). Y ya en una época muy avanzada del cristianismo (quizá en Italia, o quizá en España), apareció igualmente el término camposanto para designar a esos sitios. Palabra compuesta que alude a un lugar que ex profeso se bendice (o santifica), y que resulta propio para que reposen allí los muertos.

“Al menos flores, al menos canto”.-

Con su muy especial manera de ver las cosas, y enmarcando los aconteceres de la muerte en una serie de creencias que todavía no alcanzaba a convertirse en sistema doctrinal, muchos de nuestros pueblos prehispánicos, convencidos de la brevedad de la vida, hablaban de disfrutar lo mejor de ella, con poemas que aludían a lo mismo: Si no estamos aquí más que de pasadita, disfrutemos el momento en la contemplación y en el goce de las cosas bellas: “al menos flores, al menos canto”. Decía uno de ellos.

Y dentro de esa misma perspectiva, hay bases suficientes como para poder afirmar que los aztecas y los teco-colimecas tenían costumbres funerarias similares fundamentadas en tres tipos básicos: la cremación en piras funerarias (por lo que no hay restos de la gente); los sacrificios humanos (que se evidencian, por ejemplo, en un gran osario circular situado junto a la pirámide de El Chanal) y las sepulturas hechas en tumbas simples o en otras más elaboradas que se conocen como tumbas de tiro. Las cuales consistían en precisas y dificultosas excavaciones hechas en el tepetate, compuestas de una perforación cilíndrica inicial, muy semejante a las de los pozos de noria o de los tiros de minas, con una o más cavidades laterales excavadas al término de dichos tiros; en las que colocaban a los difuntos con sus ofrendas, pero sin echarles tierra encima y sólo cerrando la entrada con una piedra laja. Secreto que conocieron muy bien los saqueadores de piezas arqueológicas, quienes destrozaron muchos de los “entierros” de los dos tipos que hubo en nuestra región.

La muerte en la época virreinal.-

Con la llegada de los conquistadores españoles y sus creencias cristianas, todas las instituciones y maneras de ser y creer de los pueblos autóctonos de la región sufrieron un choque y comenzaron a colapsarse. Mientras que, paulatinamente se fueron imponiendo las costumbres cristianas. Apareciendo así el primer camposanto católico junto a la también primera capillita que se construyó en alguna porción del terreno en donde hoy se halla la Catedral de Colima.

Hay varios documentos del siglo XVI que ya hablan de ese camposanto, y hay otros que nos indican que a ciertas personas “pudientes” y a algunos clérigos locales, se les comenzó a sepultar en criptas al interior del templo. Criptas de las que no hay restos visibles porque ese edificio se ha derrumbado (y vuelto a construir, cada vez más grande) al menos media docena de veces.

Colateralmente a lo anterior, cuando comenzaron a establecerse aquí los primeros conventos, y los primeros hospitales regenteados por frailes, se sabe también que todas esas instituciones tuvieron también sus propios camposantos. Y como prueba de ello aún son visibles en nuestros días algunas lápidas y monumentos mortuorios en algunos viejos templos, como los de La Salud y el Señor de la Expiración, en Colima, y como el de San Miguel, Comala.

Elementos externos.-

Hay muchísimos más datos que he podido reseñar en mis libros: Entierros laicos y religiosos en la historia de Colima, y Un día de muertos en el Cementerio Municipal. Pero como no tenemos espacio para publicarlos concluiré con que, así como las modas cambian, así también lo han hecho las costumbres funerarias. Debiendo por mi parte señalar que las grandes romerías que ahora vemos en los cementerios colimotes, y los famosos “altares de muertos”, no eran (NO ERAN, INSISTO) costumbres que prevalecieran en Colima apenas unas cuatro décadas atrás. Pues todavía en las décadas de los 60as y de los 70as, a lo más que se llegaba en los panteones locales, era a llevar algún ramillete, o alguna corona de flores a los familiares muertos, y a rezarles, quizá, un rosario “por el descanso de su alma”. Pero, contrario a como sucede hoy, nadie llevaba comida, adornos, mariachis o conjuntos norteños para cantarles a los muertitos. Y nadie, tampoco, ponía los mencionados “altares” de muertos en sus casas, y menos en las instituciones públicas.

Muchas de estas tradiciones las fueron trayendo, por una parte, paisanos provenientes de los estados del centro del país, e imponiendo, por otra, profesores y autoridades educativas, al darse cuenta que, hacia mediados de los 80as, una gran parte de los colegios particulares y las escuelas públicas, estaban promoviendo entre sus actividades de estos días, la “fiesta de Halloween”, con sus criterios netamente agringados. Y porque creyeron necesario adoptar lo venido del centro, “para fomentar nuestros valores culturales, y reforzar nuestra identidad nacional”.

Hoy, se puede con toda seguridad afirmar que las festividades vinculadas con el “Día de los Fieles Difuntos” (según el Santoral Cristiano) son, en Colima, casi “auténticamente mexicanas”, pero no necesariamente colimotas. Aunque sí ya bastante alejadas de las celebraciones anglo-norteamericanas.

Dentro de este mismo contexto, es claro, también, que mucha gente de Colima ya se “achilangó” en cuanto al tema de la muerte, y se ha incorporado, como sucede por ejemplo en Xochimilco, a la “Fiesta del Día de Muertos”, con borracheras, comilonas y conjuntos musicales en las tumbas.

Y para concluir citaré un fragmento de aquel antiguo poema de Juan de Dios Peza, que hablaba de un gran cómico inglés “de mirar sombrío”, que al parecer había caído en una depresión, y consideraba a los muertos sus amigos, y a los vivos sus verdugos, teniendo como su “única ilusión la muerte”. Un gran conocedor, pues, de estos temas: “Cuántos hay que, cansados de la vida,/ enfermos de pesar,/ muertos de tedio,/ hacen reír como el actor suicida,/ sin encontrar para su mal remedio!... ¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora! / ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, / porque en los seres que el dolor devora,/ el alma gime cuando el rostro ríe!... Si se muere la fe, / si huye la calma, / si sólo abrojos nuestra planta pisa, / lanza a la faz la tempestad del alma, / un relámpago triste: la sonrisa./ … El carnaval del mundo engaña tanto, / que las vidas son breves mascaradas;/ aquí aprendemos a reír con llanto/ y también a llorar con carcajadas”.

Aunque, obviamente, amigos lectores, su servidor no les desea una “breve mascarada”, sino una vida plena de satisfacción y encanto.

 

Vislumbres. Una lección periodística

El día 17 pasado, un telenoticiero local transmitió una nota de la reportera Alejandra Aréchiga, cuyo sencillo y directo abordaje me llamó la atención. No tanto porque haya contenido toda una revelación periodística, sino precisamente porque careciendo de un verdadero interés noticioso, ella supo, sin embargo, dárselo.
La nota se refiere al muy conocido hecho de que nuestra entidad padece una intensa radiación solar, pero la reportera pensó que podría tener un ángulo capaz de suscitar ese interés, y decidió trabajar en ello, esmerándose por encontrar una explicación que lo hiciera creíble, y que de paso pudiera ayudar al público a entender no sólo el porqué de ese fenómeno climatológico, sino los posibles daños que nos pudiese provocar. Actitud con la que deberían trabajar algunos colegas que se contentan con publicar supuestas “noticias” que carecen de la más mínima investigación, y son fácilmente obtenidas en improvisadas “entrevistas banqueteras”, en las que “fulano dijo”.
En efecto, para ningún paisano es un secreto que nuestra piel se puede quemar si nos exponemos demasiado al sol y, por tanto, este asunto podría, por sí mismo, carecer de importancia o interés noticioso. Sólo que, insisto, Alejandra quiso convertir lo muy sabido en una nota de interés, y decidió consultar a un funcionario local del Observatorio Meteorológico de la Comisión Nacional, para que le aportara los datos que quizás a ella misma le faltaban. Logrando al final una nota interesante, completa y bien desarrollada.
Más allá de la bonita lección periodística que esta reportera dio, el funcionario entrevistado brindó al público inteligente la posibilidad de entender por qué, por ejemplo, los salineros que desde siglos atrás han trabajado en nuestras salinas costeras, acostumbran iniciar sus labores a las tres de la mañana y suspenderlas a las 11 a.m. O por qué sigue siendo costumbre, en las huertas de Armería, Coquimatlán, Manzanillo y Tecomán, iniciar las labores antes del amanecer y concluirlas antes del medio día.
Y como derivación de lo que reportera y entrevistado aportaron, muchos de quienes escuchamos la nota sabemos hoy que para referirse a algo que intuitivamente entendíamos, los científicos le han dado el nombre de “índice de radiación ultravioleta”. Un índice cuyos rangos van desde el “muy bajo” hasta “el extremo”. Siendo “alto” a partir del seis; “muy alto”, a partir del ocho y “extremo” al llegar al 11. Notificando, además, que ese punto “extremo” suele alcanzarse en nuestra región muchos días del año entre las 2 y las 3 de la tarde. Por lo que se recomienda que durante esas precisas horas deberíamos evitar hacer ejercicio o trabajo físico bajo el sol.
Finalmente, con profesionalismo, la reportera concluyó la nota diciendo que, no obstante lo que acababan ella y su entrevistado de referir, esos niveles de irradiación no están fuera de lo normal en nuestra latitud y siguen estando dentro de “los parámetros históricos” con que dicha radiación se manifiesta aquí. Evitando con ello el amarillismo al que tan inclinados son otros colegas menos éticos y/o cuidadosos que esta compañera.
Otras lecciones.-
Abundando sobre otros temas de la misma índole (y que aparentemente tampoco podrían contener un interés periodístico), un buen profesor de Geografía que tuve en la Secundaria nos decía que todo lo que sucede sobre la superficie del Globo Terrestre tiene una explicación lógica que muchísimas veces NO TIENE NADA QUE VER CON LO QUE OCURRE EN UN ÁREA CONCRETA O DETERMINADA, sino con fenómenos de alcance global, como los llamados Vientos Alisios que muchísimo tienen que ver con la formación de ciclones, tifones y tornados en diferentes partes del mundo, y que acaban convertidos en terribles noticias cuando cada año azotan en tal o cual lugar.
Así las cosas, permítanme los lectores sacarlos de sus preocupaciones cotidianas y de sus lecturas favoritas para preguntarles, por ejemplo: ¿Saben por qué en los meses de diciembre y enero están las aguas de nuestras costas tan tibias siendo precisamente el invierno, y por qué, en cambio, durante las semanas Santa y De Pascua, ya en primavera, están muchísimo más frías que el resto del año?
Comentando sobre esos asuntos, dicho profesor (que tuve en el segundo grado de la Secundaria 13, en Villa de Álvarez, pero del que lamentablemente no recuerdo su nombre), nos explicó que así como en la atmósfera hay numerosas corrientes de aire viajando en diferentes direcciones, alturas y temperaturas, en el mar también existen algunas gigantescas corrientes, aunque no sean localmente visibles, y que algunas de ellas son tan anchas, tan profundas y tan kilométricas, que comparadas con ellas, el caudaloso Río Amazonas sólo sería un simple arroyito.
Motivado por aquellas lecciones, cuando ya a mí me tocó también ser profesor de primaria y tener que dar clases de Geografía Física a mis alumnos, indagué un poco más de lo que los Libros del Maestro decían, para tratar de entender con mayor profundidad los temas, y para que a la hora de exponerlos pudiese, en su caso, explicarlos mejor pero con sencillez.
En esa misma línea de ideas, y adelantando un poco la repuesta a la pregunta que formulé tres párrafos arriba, resulta que en el Océano Pacífico existen algunas muy notables y poderosas corrientes marítimas cuya ocurrencia explica no sólo las temperaturas cambiantes del agua superficial, sino, también, al combinarse con los efectos que provocan las corrientes aéreas, explican, igual, diversos eventos de carácter meteorológico, como “los nortes”, que de tanto en tanto pegan en las costas de Veracruz; como los tornados que golpean las llanuras fluviales de Texas, Arkansas y Oklahoma, o la existencia de cimas nevadas en las montañas más altas del mundo, por mencionar sólo tres casos.
Y hablando ya sobre la frialdad de nuestras costas en primavera y su tibieza en invierno, la explicación se refiere al flujo enorme, pero imperceptible a simple vista, de una famosísima corriente marina que algunos antiguos navegantes europeos detectaron (para no decir “descubrieron”) hará unos 450 años; pero que los chinos, los japoneses y algunos otros pueblos asiáticos habían detectado y usado desde varios siglos antes.
Esta gigantesca corriente, que atraviesa en doble sentido una gran parte del Océano Pacífico, pero nada más en el hemisferio norte de La Tierra, es muy conocida por los marinos de habla hispana como La Corriente del Japón. Pero los nipones le llaman Kuro-Shivo, que significa algo así como Río Azul, porque alude a las aguas de un muy intenso azul oscuro que la caracteriza. Color que evidentemente contrasta con otras tonalidades de azul, como el azul-gris del Atlántico norte, o el azul-casi-turquesa de las aguas del Caribe, que tanto llama la atención de quienes visitan por ejemplo Cancún.
Simplificando el dato, la explicación que buscamos resulta más o menos así: que dependiendo de la época del año en que la Corriente del Japón se desprende de Asia y se dirige hacia Norteamérica, es también la temperatura que lleva hacia ese destino. O que, igual, cuando regresa hacia Asia, lleva la temperatura que prevalece en esta región de América hacia allá, y contribuye, por ende, a mejorar o empeorar el clima de aquellas regiones, dependiendo también de la época del año.
Simplificando todavía más esos datos, tenemos que dicha corriente choca, por decirlo así con América, en la parte norte de California, y desde allí desciende hacia el sur, siempre costeando, pasando frente a las costas mexicanas, incluidas las de Colima, dando vuelta de regreso hacia Asia, cuando, poco más o menos frente al estado de Oaxaca, choca también con la corriente Ecuatorial, de temperatura más cálida, y ambas viajan, como en paralelo, hacia las costas de China y Japón. Durando casi todo el año en completar su circuito. De tal modo que cuando las aguas que, por ejemplo, pasaron por San Francisco a finales del verano pasan tres meses después frente a Colima, llegan tibias; mientras que las que pasaron por San Francisco al inicio del invierno, llegan a Colima frías, durante el inicio de la primavera. Siendo ésa pues, en síntesis, la respuesta más elemental a la pregunta planteada. Aunque, como dije, ésta no sea una noticia por la que se ocupen o preocupen normalmente los reporteros.
Cuarenta años.-
El número cuarenta es uno de los números a los que desde hace miles de años se le atribuyeron significados cabalísticos, entre los que destaca la idea de que alguien es “puesto a prueba”, o es sometido a un castigo grande por una desobediencia que cometió.
El primer referente que podemos encontrarnos en este sentido, es el de los supuestos cuarenta supuestos días que duró “El Diluvio” del que mitológicamente habría servido Dios para castigar a la humanidad pervertida en tiempos de Noé. Otra referencia se halla en relación a los cuarenta años que el pueblo de Israel hubo de peregrinar por el desierto en busca de “la tierra prometida”, luego de haber desobedecido a Moisés y Los Diez Mandamientos, al pie del Monte Sinaí. Una más los cuarenta días de ayuno y penitencia a los que voluntariamente se sometió Jesús antes de iniciar su ministerio delante de los hombres. Pero también pudiese esta cifra carecer de sentido alguno, o tener, incluso, un motivo alegre. Como sería hoy en mi caso particular, cuando justo este 24 de octubre cumplí cuarenta años exactos de haber llegado a la Sierra Tarahumara con mi plaza titular como profesor de primaria y con mis órdenes de comisión para irme a trabajar en el muy bello pueblito de Urique, Chihuahua, en el fondo de la muy profunda y espectacular Barranca del Cobre.
Sé perfectamente que los asuntos de índole particular tampoco son noticia, y que uno debe evitar hablar en público de ellos, pero hoy quiero desobedecer esta consigna para compartirles con sencillez este humilde festejo personal, porque aun cuando ya sea un profesor “jubilosamente jubilado”, hubo otro tiempo, que inició hace 40 años, en el que iba a mi destino profesional con entusiasmo pero con temor; con muchas ganas de aportar algo, pero ignorante de métodos eficaces que me pudieran convertir en un buen docente; con un gran deseo de enseñar lo poco que sabía, pero con el miedo de no ser capaz de poder hacerlo.
Hoy, a cuatro décadas de haber iniciado aquella aventura profesional, el balance que hago me parece más positivo que negativo: siento que sobre todo en mis primeros años como profesor me entregué muy alegremente y lo más que pude a mi trabajo. Ya no recuerdo los nombres de todos los alumnos con quienes conviví en las aulas, pero estoy casi seguro que si volviera a ver sus rostros reconocería a muchos; y que no pocos de ellos, si me recuerdan, me recuerdan con cariño. Porque con los que he tenido la suerte de volverme a encontrar me saludan de buen modo y no desdeñan abrazarme, o darme, mis ex alumnas, inclusive un beso.
Tengo muchísimos y muy gratos recuerdos tanto de los que fueron los más brillantes, como de los más callados, de los más inquietos y hasta de los que menos facultades parecían tener. Aunque estoy consciente que muchos de éstos últimos no es que fueran incapaces para aprender, sino que carecían de cariño, apoyos familiares y aun de comida.
En fin, no puedo afirmar que fui un buen profesor, pero que traté de serlo; y que valoro cuanto me aconteció durante 34 años de servicio docente bajo diferentes facetas. Un trabajo, una vocación, por los que estoy muy agradecido con Dios y con la vida.