Por la dignidad del maestro, a luchar contra la reforma educativa

Fotografía tomada de la red social Facebook.

Llama la atención que buen número de comentaristas políticos en Colima tratan al SNTE como una organización con gran potencial capaz de hacer temblar a gobernadores, directores y hasta altos funcionarios locales y federales, y se impresionan cuando la organización convoca, como sucedió hace unos días, a marchas, por cierto muy insípidas, como la de automóviles y otra con la participación directa de trabajadores de la educación a favor de las “demandas” en defensa de privilegios y prebendas de la burocracia sindical entremezcladas con demandas legitimas del magisterio. La prensa otorga a la organización magisterial una fuerza inexistente al titular sus ocho columnas con encabezados como :”El SNTE muestra músculo”. Al título le falta agregar que es un músculo flácido que nunca hizo uso de instrumentos de lucha para su fortalecimiento, como las asambleas democráticas, la huelga, el paro general, el cuestionamiento a políticas gubernamentales estatales y federales, entre otros.
Hoy se encuentra en sus últimos estertores el charrismo sindical después de haber firmado su carta de defunción al aceptar la reforma educativa; es imposible que un cadáver pueda levantarse y efectuar un paro de labores, que ni en sus mejores tiempos fue capaz de realizar. El mitin que mantienen a las puertas del edificio de la SE es un engaño a los trabajadores por parte de la dirigencia sindical de la sección 6 y 39 encabezada la primera por Héctor Prisciliano González Aguilar y la otra por Heriberto Valladares, pues el enojo de estos está en haber sido marginados por parte del gobierno de Peralta Sánchez en la asignación de plazas en definitividad e interinato de trabadores administrativos, último reducto de poder que le queda al SNTE al haber aceptado el fin de toda relación bilateral en cuestiones laborales para el personal docente regulado hoy por la Ley del Servicio Profesional Docente que tiene en la indefensión total al magisterio, traicionado por su dirigencia sindical.
Como lo hemos señalado, ahora resulta que los garantes de la Ley de Servicio Profesional que va contra los docentes es la dirigencia sindical que exige al gobierno, autor de la misma y principal beneficiario, su correcta aplicación. No faltaba más para evidenciarse; es más papistas que el papa. La actitud pasiva de los trabajadores es por falta de una cultura de participación independiente debido a su apoliticismo que los lleva al inmovilismo; un ejemplo extremo es la sección 39 dominada por la parálisis, producto del paternalismo sindical. Esa sección sindical lleva años sin que grupo alguno haya siquiera cuestionado el dominio corporativo y enfrentado al charrismo sindical reivindicando la democracia sindical, y menos han existido voces contra la Ley de Servicio Docente. En las marchas que hiciera el magisterio disidente colimense contra la reforma educativa fue triste percatarse de la inasistencia de miembros de la 39; en su totalidad eran de la sección 6. Esto debido a que los diferentes grupos hegemónicos que han existido en el SNTE se han encargado de formar cuadros para la clase política que en estos momentos embiste contra los derechos magisteriales; en Colima tenemos actualmente como ejemplo a los hermanos Rangel Lozano y Nicolás Contreras y demás burócratas que o son legisladores de partidos políticos que hacen suyo el programa neoliberal o prestan sus servicios en dependencias gubernamentales, principalmente en la SEP como Directores de escuela y supervisores de zona. Todos avalan la política privatizadora y extractivista del actual gobernador del estado, y la aplicación de la Ley de Educación.
Las últimas movilizaciones dan muestra de lo señalado; no fueron eventos propios de los trabajadores del magisterio emanados de las asambleas delegacionales, por el contrario, fueron acciones sin consulta y discusión previa entre los agremiados. La tradición se impuso; al llamado de la dirigencia corrupta y traidora, los trabajadores concurren creyendo todavía en ellos. Actualmente los maestros ven la urgencia e importancia de construir una corriente de sindicalismo revolucionario para luchar por la recuperación del SNTE y desarrollar una cultura democrática en el seno magisterial con una visión de amplio aliento, reivindicando pan, techo y el buen vivir para la población. El miedo a ello por parte de la dirigencia sindical es notorio; evita la realización de asambleas e impide -y lo seguirá haciendo- que los participantes porten demandas laborales, educativas y de bienestar social en sus protestas. En las manifestaciones convocadas por el SNTE, la imaginación y lo festivo de toda protesta de los de abajo fueron liquidadas para convertir los actos en eventos burocráticos: sin gracia, sin colorido y sin contenido. Como todo contingente que es engañado a participar, era claro el desanimo de los participantes al corear consignas sin referencia a la defensa de sus derechos laborales, sin entender la razón de su movilización. La demanda más coreada por mandato de la burocracia sindical, fue la solicitud de la destitución del Secretario de Educación Oscar Hernández, acción que para el magisterio democrático no es fundamental, lo importante es impedir los despidos y garantizar la permanencia en el trabajo, acompañado de una capacitación de calidad para el desempeño de las labores.
No hay nada que esperar de la dirigencia sindical del SNTE, el charrismo sindical está en su fase final, no porque se haya democratizado a la organización, sino porque la función asignada es distinta hoy en día por los cambios en el aparato de Estado en el sector educativo al aprobarse e implementarse la reforma educativa. Su función como sindicato de servicio, como gustan llamarse, es coadyuvar con las autoridades educativas en la aplicación de sus políticas y programas. Son los guardianes o mejor dichos, los policías del área educativa en las filas de los trabajadores, sin grandes prebendas y privilegios como antaño. En sus análisis los comentaristas de prensa alargan excesivamente el tiempo de la otrora estructura sindical y dejan de lado la contextualización y, por ende, no captan lo nuevo de la etapa actual, debido a ello, sus análisis carecen de objetividad y veracidad, que los lleva a asustarse con la llamarada de petate del paro de labores con la que amenaza la gerontocracia sindical al gobierno neoliberal de Ignacio Peralta.
La burocracia sindical negociará sus prebendas y privilegios y dejará a los trabajadores de la educación, como siempre lo ha hecho, “colgados de la brocha”. Una defensa real de la dignidad del magisterio inicia con la realización de asambleas democráticas en cada centro de trabajo de donde emane un pliego de demandas que tenga como articulación la exigencia a derogar la Ley educativa, pues la exigencia de un secretario “humanista” y “sensible”, es una demanda que da risa. El asunto es un problema de leyes y proyectos, no de personas. No se trata de tener dirigentes con sotana en la dirigencia sindical, de lo que se trata es de establecer, con la participación de los trabajadores de la educación, un proyecto educativo gratuito en todos sus niveles y de calidad que contribuya al desarrollo de la capacidad crítica del estudiante, y a la vez, queden garantizados los derechos de los trabajadores.
La defensa de la dignidad magisterial inicia levantando la bandera en que se exija la derogación de la reforma educativa, causante de la desaparición de turnos, de los despidos de profesores, de la falta de promociones, de la incertidumbre laboral y de la fusión y saturación de grupos. Es decir, causante de todo lo que hoy afecta al magisterio. La bandera debe ser entonces: “A luchar: organicémonos escuela por escuela y salgamos a enfrentar la Reforma Educativa”.