Vislumbres. ¿Existe el municipio libre?

Gigantesco alboroto se ha generado en nuestro pequeño estado por el simple y sencillo hecho de que al alcalde del municipio de Cuauhtémoc, deseando beneficiar a sus paisanos carentes de coche propio, decidió aprobar la idea de introducir el servicio de mototaxis en su cabecera municipal.
Luego de la sorpresa inicial, la titular de la Secretaría de Movilidad del Gobierno del Estado dijo que dicho servicio de transporte no estaba contemplado en nuestra entidad por ser peligroso, cuando la mera verdad era que simplemente “no estaba contemplado”.
Sabedor de eso, el alcalde cuauhtemense partió del dato de que lo que no está expresamente prohibido se puede llevar a cabo y puso en marcha los mototaxis y ahí debió parar el asunto. Pero el problema creció porque no queriendo dejar mal parada a la administración nachista, sus locutores y redactores afines dijeron que, al no estar contemplado ese servicio en la Ley Estatal de Movilidad, es ilegal, y se lanzaron en bola contra el alcalde que lo aprobó. Pero no tanto porque éste hubiese cometido realmente una ilegalidad, sino porque es panista, y porque, siéndolo, se brincó las trancas y fue el primero en aprobar el establecimiento de un medio de transporte que, por barato, se podría convertir muy pronto en un servicio muy popular que dañaría los bolsillos de todos los concesionarios de coches de sitio y las mafias sindicales que los controlan desde la CTM, la CROM y anexas. ¿O no?
No pienso participar en las alegatas que sobre tan minúsculo asunto parece que habrán de seguir, pero preguntaré algo: ¿Qué no puede un presidente municipal emitir un bando ídem para aprobar alguna propuesta que beneficie a sus gobernados? ¿Existe o es sólo una ilusión la Ley del Municipio Libre? ¿Es el servicio de mototaxis más maléfico que benéfico para los usuarios por lo pronto de Cuauhtémoc?
Creo que respondiendo a estas interrogantes podríamos resolver con mayores luces este insignificante dilema que los redactores a sueldo han agrandado para echarle tierra a lo que parece ser una buena idea.
Tristeza.-
El domingo anterior falleció Víctor Manuel Cárdenas, poeta colimense muy galardonado a nivel nacional y este martes falleció también el gran cartonista zamorense Eduardo del Río, Rius, que tantísimo contribuyó a educar y abrir la mente a los jóvenes de mi generación.
Víctor fue una persona de trato amable y agradable conversación que hace no muchos años tuvo, incluso, aspiraciones políticas que pretendieron capitalizar los miembros del “Clan de los Sotelo-Vizcaíno”, invitándolo como “candidato ciudadano” a contender por la alcaldía de Colima con las siglas del PRD, dejándolo posteriormente “colgado de la brocha”.
Era, igualmente, un hombre muy enterado del acontecer político y cultural de todo el país y un buen redactor que supo cultivar sólidas relaciones con gente parecida a él en otros estados y la capital del país.
Con él tuve la oportunidad de convivir un poco cuando, en el inicio del sexenio de Elías Zamora Verduzco nos tocó laborar en el Complejo de la Casa de la Cultura de Colima, bajo la coordinación entonces de Ernesto Terríquez Zámano, pues aún no existía la Secretaría de Cultura.
Compartimos, igual, la mesa en algunos foros y mesas redondas, siendo él ya un poeta laureado y su servidor un escritor incipiente.
Volvimos a colaborar otro ratito cuando él fue director de Cultura del Ayuntamiento de Colima, y este redactor comenzaba a desempeñarse como Cronista Municipal. En ese tiempo Víctor era también director de una revista nacional muy famosa que se llama Tierra Adentro, y recuerdo que entre otros, nos invitó a Socorro Arce, Sergio Briseño, Armando Martínez de la Rosa, Ada Aurora Sánchez, Marco Jáuregui, Irma López Razgado, Ernesto Terríquez y a mí a colaborar en un número dedicado casi enteramente a Colima, participando su servidor con un capítulo sobre la historia del Camino Real de Colima.
Va desde aquí mi pésame a la maestra Marisol López Llerenas, su esposa, y para los hijos de ambos.
Muerte igualitaria.-
Hablando de muertos digamos célebres no puedo dejar de mencionar el hecho de que durante la semana pasada fallecieron también, en varias partes de nuestra entidad, algunos otros paisanos y avecindados que ni siquiera llegamos a conocer. Víctimas en su mayoría de una presunta guerra entre dos cárteles del narcotráfico que, conforme a versiones oficiales, “se disputan la plaza”.
Si nos pusiéramos a considerar que lo mismo se mueren gentes notables que “ilustres desconocidos”, podríamos arribar, tal vez, a la muy resignada conclusión de que “la muerte nos iguala a todos”, de que “no respeta a nadie” y nos “carga por parejo”. Pero no tendríamos que admitir, en cambio, la idea de que también nos iguala la vida, porque ésta, como bien se observa, es bastante dispareja entre un medio social y otros, donde se carece de instrucción y oportunidades no sólo para ser personas con un buen estatus social, sino para vivir con cierto decoro, formar una familia y construir un pequeño patrimonio.
A éstos, y a muchísimos muertos más, ni los igualó la vida, ni los igualó el sistema político-social en el que logran sobresalir unos pocos y se debaten en la miseria los muchos, como lo acaba precisamente de ratificar la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), al declarar, hace unos cuatro días, que 55 millones de mexicanos no pueden adquirir siquiera “los bienes de la canasta básica”, puesto que malviven en la pobreza extrema.
Más allá de todo esto habría que recordar también que, según reporte del Grupo Milenio, desde el primero de enero hasta el primero de agosto de este preciso año 2017, se habían producido en nuestra entidad 478 asesinatos dolosos, quintuplicando la cifra de los muertos por similares causas que hubo en 2014. Una gran tristeza porque como dije arriba, independientemente de que hayan sido sicarios o no, la mayoría de ellos fueron jóvenes que carecieron de oportunidades para crecer y desarrollar el potencial con que indudablemente su genética los había dotado.
El Tapiro, su lente y su premio.-
El Tapiro me platicó un día que cuando le alguien le llamaba Sergio ni siquiera se daba por enterado, porque desde chiquillo lo apodaron así, y el mote se le quedó como nombre. Aunque acabo de leer una nota internacional que, al nombrarlo en relación al premio que le acaba de brindar la revista National Geographic, ya no le dicen Sergio El Tapiro Velasco, sino simplemente Sergio Tapiro, como si ya Tapiro fuera su apellido inicial o, de plano su nombre artístico.
Algún mes y durante 10 días de 2018 se irá, según comenta en otra entrevista, a visitar por cuenta de National Geographic las Islas Galápagos, donde podrá encontrarse con uno de los pocos paraísos naturales que aún se conservan en su estado casi original. Un premio muy merecido a su tesón para estar retratando el comportamiento del Volcán de Colima durante más de 10 años consecutivos. Van desde aquí mis felicitaciones para un gran y querido amigo.
Respuesta decente.-
A mediados de la semana pasada supimos que, con miras a las elecciones del año que viene, el historiador Enrique Krause propuso el nombre de José Woldenberg, famoso investigador y ex funcionario del INE, para que él fuese un posible candidato independiente a la presidencia de la república, por considerarlo un hombre altamente calificado para desempeñar, por encima de los precandidatos que se mencionan, una responsabilidad tan grande como ésa.
Pero un ratito después, cuando ya un reportero había logrado contactar a Woldenberg, éste, con la mayor decencia y humildad del mundo, primero le agradeció a Krause el hecho de pensar tan positivamente de él, pero luego se negó a admitir semejante designación diciendo que no tiene él “ni la capacidad ni el ánimo” para meterse en una aventura electoral como la que se avecina, y menos para creer que él podría, realmente, ser un buen presidente de México.
Alguien, al respecto, le podrá criticar porque habiendo podido demostrar precisamente una preparación y una capacidad fuera de lo común, se dice limitado y se niega a participar. Pero habrá otros que le aplaudirán tal gesto porque se han dado cuenta que la mayoría de los prospectos que se manejan NO TIENEN EL MÁS MÍNIMO SENTIDO DE AUTOCRÍTICA y sí se sienten, por ende, no sólo capaces, sino súpercapacitados para ser presidentes (o presidenta) de México. Tal vez porque dicen: “Si Enrique Peña Nieto llegó a serlo, ¿por qué yo no?”
Pero el asunto es que todos ellos pecan de vanidad, y que aun así, sus partidos los apoyan y promueven como si en efecto fueran los mejores hombres y las mujeres que hay en nuestro país. Siendo ése un fenómeno muy lamentable que no sólo se verifica en el nivel de las candidaturas presidenciales, sino en las de los candidatos a senadores y diputados federales, las gubernaturas, las alcaldías y hasta las simples regidurías, donde nunca, nadie, compite “por oposición”. Como debería de ser.