Venezuela, por una salida popular a la crisis

Para la izquierda socialista latinoamericana es fundamental reflexionar acerca de los procesos progresistas que en la región se han llevado a cabo desde el año 2000, en la que establezca las limitaciones estructurales y los errores que las fuerzas democráticas han cometido durante su resplandor en que han gobernado con un programa de izquierda. En estos momentos está la situación de Venezuela, en donde dos fuerzas con características diferentes, pero no alternas se enfrentan haciendo a un lado cualquier mediación institucional para la solución del conflicto. Como toda fuerza social, las hoy en conflicto han variado su composición, principalmente la fuerza caracterizadas como de izquierda que reivindica derechos sociales y cuyos beneficiarios son los estratos medios y bajos principalmente, que ante su debilidad orgánica tendieron agruparse en torno a un caudillo carismático y su equipo político militar, hablamos del célebre Hugo Chávez que dio origen a la corriente conocida como chavismo, por las características personales que introdujo a la manera de gobernar y la nueva manera de articular Estado y sociedad.

La idea fuerza que emana del pensamiento de Chávez, para entenderla, es necesario contextualizarla, pues va estructurándose en la lucha misma de los desheredados de la tierra, en el combarte cotidiano, en el día a día. El sistema oligárquico existente en ese país por años, no logra la satisfacción de las demandas más apremiantes de los sectores populares, de la clase campesina y obrera. El malestar de la gente era grande; el encono, el hambre y el desempleo lanza a la gente a las calles. En 1989 hubo entonces fuertes protestas y disturbios en la Ciudad de Caracas teniendo como principal protagonista a los habitantes más humildes, acontecimiento que tuvo como respuesta una masacre perpetrada por el gobierno de Carlos Andrés Pérez; el malestar de la mayoría de la población creció aún más al aplicarse una política económica neoliberal de ajustes macroeconómicos que ahondó la exclusión social, hasta volverse definitivamente explosiva la situación para el régimen oligárquico existente, dominado por el bipartidismo de Acción Democrática (AD) y Copei incapaz de canalizar las demandas y de reconocer las formas embrionarias de lucha que emergían. Esa inquietud aprovecha una grieta en el régimen político para que, por la vía institucional, en 1998, lleve al triunfo a Hugo Chávez Frías, como Presidente de Venezuela.

A partir de este momento inicia una serie de reformas políticas y económicas de mayor inclusión, que forman parte sustancial de la llamada Revolución Bolivariana. Con un amplio consenso entre la clase obrera y estratos bajos, y una fuerte oposición de la oligarquía criolla, Hugo Chávez impulsa programas que posibilitan un mayor acceso de la gente en la obtención de servicios de vivienda, de sanidad y educación. La riqueza obtenida por los ingresos petroleros se socializa y redefine su distribución evitando su centralización en los empresarios nacionales e internacionales, quienes al perder privilegios de antaño serán acérrimos opositores del chavismo en tanto representante de lo popular.

Como todo proyecto político, como es el pensamiento Bolivariano, busca su realización; las fuerzas afines tendieron a constituir instituciones para guiar la acción de la fuerzas, es así que dan vida a una columna vertebral como soporte fundamental del nuevo régimen político en ciernes, para ello, confrontan de inicio a la Confederación Nacional de Trabajadores de Venezuela hegemonizada por una dirección conservadora vinculada a AD y a Copei; nace así, en el año de 2003, la Unión Nacional de Trabajadores de Venezuela, que más tarde tendrá fuertes vínculos con el recién formado: Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), que jugará un papel importante en la disciplina de las fuerzas bolivarianas en el sector popular y en el poder legislativo. Tenemos entonces un nuevo régimen político en el que están presentes viejos y nuevos actores, con una manera diferente de articulación entre Estado y sociedad que permite la participación popular en la toma de decisiones y una mejor distribución de la riqueza; en palabras de Hugo Chávez: “Sin la participación de fuerzas locales, sin una organización desde abajo, de los campesinos y de los trabajadores por ellos mismos, es imposible el construir una nueva vida”. Es el principio del fin del régimen oligárquico.

Los logros del proyecto y la alta legitimidad obtenida durante su mandato, se observan en los resultados electorales, que le permitieron a Chávez reelegirse en tres distintos periodos presidenciales hasta que fuera alcanzado por la muerte, venció en las urnas a sus acérrimos opositores: a la burguesía criolla y al imperialismo que en todo momento han mostrado ser una oposición primitiva (o como la llaman algunos: una “elite de forajidos”), incapaz de reconocer sus derrotas y edificar un proyecto de nación con justicia social, y mucho menos, defender el estado de derecho, que tanto dice hacer. Hace uso de sicarios, pirómanos y francotiradores, no de ideas y proyectos. Manipula a través de sus medios de comunicación la información, con lo que deja en claro que no le interesa la verdad, sino el poder mismo, sin importar los medios para lograrlo. Lo que acontece hoy es una prueba irrefutable.

El chavismo, como manera de ver, entender y actuar, se convirtió, durante los 14 años de gobierno de Hugo Chávez, en el pensamiento hegemónico en los sectores populares y en la clase obrera de Venezuela. Como toda ideología, tiene que materializarse para ser creíble, y eso sucedió durante esos años. Los sectores populares disfrutaron de beneficios sociales negados por años, construyeron organismos sociales de distinto tipo como nunca antes, se sintieron por primera vez actores de la historia, su nivel de vida se transformó positivamente, de manera que Chávez encarnó esas esperanzas y triunfos, lo que explica que al llamado del poder en cualquier momento en defensa de las conquistas sociales y de la soberanía nacional, la gente se moviliza, las sabe suyas; siente suyo al Estado. No todo es positivo, unas fracciones de clase y sectores sociales lograron mantener su independencia política de clase, otros se incorporaron al partido oficial (PSUV) que con el tiempo se volvió en un instrumento del poder, y su estructura tendió a ser más vertical, mientras la democracia se eclipsaba. Esto último fue más evidente en el periodo presidencial de Nicolás Maduro, en que se anquilosan las estructuras de participación popular.

Nicolás Maduro fue una persona cercana a Hugo Chávez, por quien luchó para su liberación cuando éste fue puesto preso al fracasar el golpe de Estado de 1992; a su muerte, fue electo dos meses después candidato a la presidencia por el PSUV, el 14 de abril de 2013 obtiene el triunfo electoral. El carisma de Chávez lo retuvo el equipo político, en particular Maduro, no así las habilidades y destrezas en el ardid político, Es un individuo, a diferencia de Chávez, menos proclive hacia los trabajadores, pues es intolerante con la izquierda misma, en ese sentido, impide la legalización de organizaciones de izquierda opuestas al gobierno, prohíbe las manifestaciones y declara ilegales las huelgas y paros; no permite que el polo popular se fortalezca. Lo que contribuirá a la pérdida de la legitimidad con la que contó su predecesor. Tiene una visión aparatista de la política, es decir, para él los trabajadores son instrumento de la política, por eso confía en su cuerpo administrativo y, en especial, en el ejército, al que edifica como el sostén principal de su gobierno en la relación entre Estado y Sociedad; confía en que el ejército le será leal al concederle una serie de ventajas económicas, mejor equipamiento militar y tolerante con la corrupción que en ella se prohíja. Aunado a estas características personales, está el cambio de contexto internacional que fue favorable para las políticas sociales de Hugo Chávez, nos referimos a la caída de los precios internacionales del petróleo, que afectan las finanzas y aumenta los problemas sociales, para cuya atención se ha mostrado torpe el presidente venezolano. Ni la izquierda socialista tiene confianza en la Agenda Económica Bolivariana, cuya fuente de financiamiento principal es el ingreso petrolero.

La “elite de forajidos” para resolver la caída tendencial de la ganancia, aprovecha la coyuntura para emprender una ofensiva contra el gobierno de Maduro y el Estado que emanó en la época de Hugo Chávez. Tiene apoyo de estratos medios, de fracciones campesinas y obreras cuyas necesidades básicas no han sido resueltas. Cuenta con el apoyo de la burguesía internacional y de gobiernos conservadores como el de México. Tienen una fuerte organización debido al uso que de los medios de comunicación hace, en cuyas manos están la mayoría de ellos.

Se demostró la debilidad de la oposición de derecha para fracturar al aparato estatal con el fracaso que tuvieron las movilizaciones y las acciones de calle a las que convocó para impedir la realización de la elección a la Asamblea Nacional Constituyente y obtener la caída del presidente Nicolás Maduro, siendo esto último el propósito central de la oposición de derecha, que esconde sus pérfidos intereses bajo el velo de que lucha contra una supuesta dictadura, bandera que ha servido como eje movilizador del descontento social.

Estamos convencidos que en una situación de equilibrio inestable de fuerzas hay posibilidades de salir con un proyecto popular que haga frente a la crisis política y económica de Venezuela, que debe contar con el apoyo consciente de los trabajadores, campesinos y humildes, y sus organizaciones democráticas para el ejercicio de los derechos constitucionales de opinión, manifestación y ejercicio de huelgas, y así construir pueblo en las fábricas y zonas barriales.

Para contingentes de la izquierda socialista se tiene la sospecha de que en la agenda de la Asamblea Nacional Constituyente no están ni estarán la ampliación de los derechos sociales y civiles, por el contrario, está la intención del fortalecimiento del Estado, y en particular del poder ejecutivo, en detrimento del polo popular para así negociar con la burguesía internacional una mejor situación en el sistema mundial.