Vislumbres. Dos fechas clave para Colima

Este 25 de julio se conmemoró en Tecomán el 494 aniversario de la fundación española de la Villa de Colima sobre las ruinas de un pueblo indígena situado muy cerca del actual Río Armería, que se llamaba Caxitlan. Y el 24, en Manzanillo, se conmemoraron también los 490 años también “del descubrimiento del puerto indígena de Tzalahua”.
Los antecedentes.-
El conocimiento, sin embargo, de ambos datos, pudiese carecer de interés para los lectores actuales si no saben lo que sucedió antes y lo que sucedió después en beneficio (o en perjuicio) de los habitantes de esta región. Por lo que mediante este escrito pretendo aportar una pequeña luz sobre dichos acontecimientos y su trascendencia para Colima y la historia de la navegación.
Comenzaré por decir que desde muchas décadas antes de que los barcos de Hernán cortés llegaran a lo que hoy es Veracruz, había, en el otro extremo de inmenso territorio recién “descubierto”, dos pueblos enemigos que hablaban diferentes idiomas y tenían, por supuesto, sus propios espacios y ambiciones. Me refiero a los pueblos de Mechoacan y Colliman. El primero con un carácter bastante belicoso y afanes expansionistas, y el segundo menos pleitero y ya con ciertos avances en la urbanización en al menos dos ciudades. Pueblo, empero, que no dejaba de resentir el acoso de sus enemigo purépechas. Quienes desde 1475, cuando los gobernaba el cazonci Tzitizicpandácuare, habían emprendido la conquista de Colliman y su región, llegando incluso a apropiarse por un tiempo de los pueblos situados en la vertiente occidental del Volcán de Fuego, como Zapotitlan, Copalan, Amulan y otros más. Nombres que pongo sin acento porque así se pronunciaban entonces.
No duró mucho, sin embargo, ese periodo del dominio michoaque sobre los pueblos colimecas (de habla náhuatl) y los amultecas (de habla otomí), porque unidos o independientemente, dichos pueblos les estuvieron dando guerra a los invasores para liberarse de ellos y dejar de pagarles tributos.
Los michoaques, por cierto, daban el nombre genérico de “tecos” a todos aquellos pueblos que hablaban el idioma náhuatl o mexicano. Idioma que con algunas variantes se hablaba en Colliman, aunque más tarde algunos frailes muy observadores notaron que el idioma usado por los colimecas y los teco-colimecas era “náhuatl corrupto”. Es decir, náhuatl mezclado con otras palabras tomadas de dialectos locales.
La enemistad, empero, de todos estos pueblos persistió hasta muy entrado el siglo XVI y, referido a ello tenemos noticias de que hacia 1510, cuando Moctezuma Xocoyótzin intentó una vez más, por parte de los aztecas o mexicas, conquistar Mechoacan, el cazonci Zuangua, supo repelerlo con suficiente fuerza como para impedir que los aztecas pusieran un pie en territorio michoaque y, luego, para impedir que los aliados de los aztecas los atacaran por otras partes, envió parte de sus guerreros, bajo los mandos de los “generales” Hazinche, Tirimarasco y Cuni, a combatir a los pueblos situados en los alrededores de las lagunas de Zapotlan, Tzayolan y Tzacoalco. Mismos que posteriormente fueron auxiliados por un hueytlatoani colimeca (del que desconocemos el nombre), para liberarse de los invasores. Cosa que no pudieron hacer, sin embargo, los habitantes de Tlatmatzolan, Matzamitlan y Xiquilpan, que hablaban náhuatl también, y que continuaron bajo el dominio michoaque hasta la llegada de los españoles, en julio de 1522.
La conquista de Mechoacan por parte de Cristóbal de Olid se realizó prácticamente sin lucha de parte del nuevo cazonci Tzimtzicha, pero éste fue obligado por Cortés a prestarle, por una parte, numerosos tamemes para que en sus espaldas llevaran cargando todas las cuerdas, velas y herramientas que los carpinteros del conquistador requerían para instalar un astillero en el puerto de Zacatula (junto a la desembocadura del Río Balsas), en donde aquél quería construir cuatro barcos para continuar sus exploraciones por mar. Y a facilitarle, por otra, numerosos guerreros también para conquistar Colima. Lo primero en noviembre de 1522 y lo segundo en la primavera de 1523.
La “pacificación” de Colima.-
Existen al menos tres crónicas distintas que coinciden en afirmar que cuando el capitán Juan Rodríguez de Villafuerte iba con los cargadores ya dichos hacia el puerto de Zacatula, oyó decir que hacia la parte noroccidental de la costa existía un pueblo en donde supuestamente habitaban puras mujeres (Cihuatlan). Dato que lo hizo inmediatamente recordar una idea que él y sus contemporáneos traían muy metida en la cabeza: la de la existencia de la Isla de las Amazonas.
Continúan diciendo las crónicas que dicho capitán tuvo la tentación de emprender por sí mismo la conquista de esa región, para obtener “la gloria” que el envidioso Cortés quería sólo para sí, pero que al hacerlo se enfrentó, en el llamado “Paso de Aliman”, con un habilidoso hueytlatoani colimeca que con su gente armada “desbarató a los españoles”, matando al menos a dos de ellos y a varios de sus caballos, obligándolos a huir hacia Zacatula.
En ese mismo tenor son más numerosas fuentes las que hablan de que Cortés castigó primero al capitán desobediente y mandó, enseguida, a “pacificar” la región a otro que se llamaba Gonzalo de Sandoval, acompañado por miles de texcocanos y michoaques.
Sandoval ya estaba perfectamente informado de que entre los michoaques y los teco-colimecas había una muy añeja y fuerte enemistad, así que, aprovechándose de ello, envió por delante a los michoaques que, siendo tantísimos en esa ocasión, y sintiéndose muy envalentonados por traer el apoyo de los españoles, no sólo derrotaron a sus antiguos enemigos colimecas, sino que capturaron a muchos, los sacrificaron a sus dioses, y se los cenaron, desayunaron y comieron “sin que los españoles les dijeran nada por eso”.
Hubo, sin embargo, por parte de los teco-colimecas, un último intento para defenderse de los invasores, en el “Palenque de Tecomán”, pero volvieron a ser derrotados, y a los pocos días, Gonzalo de Sandoval decidió fundar en Caxitlan, pueblo donde habría residido el hueytlatoani vencido, su propia villa española, el 25 de julio que comentamos arriba.
El descubrimiento del puerto.-
En ese mismo contexto, es el propio Hernán Cortés quien afirma que cuando el capitán Sandoval hasta Coyoacán (donde Cortés residía), “trajo noticia de un buen puerto que halló”. Ese puerto no era otro más que el que se hallaba “en un ancón de la bahía” que actualmente conocemos como Bahía de Manzanillo, justo junto a la desembocadura del arroyo de Salagua, que por ese tiempo parece haber llevado un caudal mucho más grande y notable del que lleva hoy.
Esta noticia del puerto recién encontrado se quedó, sin embargo, perdida en una de las largas “Cartas de Relación” que Cortés estuvo enviando al rey de España, pero volvió a cobrar vigencia cuatro años después, a raíz de que por un mero incidente de navegación, llegó a ese mismo sitio uno de los cuatro navíos que el conquistador había mandado construir en el ya mencionado puerto de Zacatula. Me refiero al bergantín Espíritu Santo, que al parecer fue botado del astillero en donde se construyó hacia mediado de mayo de 1527, y que, ya avituallado para emprender un viaje mayor, fue puesto a prueba en un viaje inicial que, habiendo iniciado el 14 de julio de ese mismo año, concluyó con el “descubrimiento” por mar del puerto de Salagua, al que “le pusimos nombre a este dicho puerto de Santiago, porque entramos en él la víspera de Santiago, y toda la costa está poblada de indios, y nos daban agua y gallinas y de lo que tenían, y es muy buena gente”. Según quedó referido en una Relación de la navegación que hizo el bergantín que salió de Sacatula, que se halla en el Tomo XIV de la Colección de Textos Inéditos del Archivo de Indias, que localizó el investigador colimense Felipe Sevilla del Río, y que publicó en su libro Prosas Literarias e Históricas, en 1974.
Dicha Relación agrega que diez días después de haber salido de Zacatula, y habiendo navegado por costas que jamás habían sido navegadas por ningún europeo “aquí hallamos un puerto que tiene de boca dos leguas, y dentro es muy ancho, y así como entramos, fuimos [por] la vía del este y anduvimos media legua, y [...] luego vimos al norte una montaña muy alta [...] y la bahía de este puerto es muy fondable”.
Los consecuentes.-
Complementario a ello debe decirse que casi al mismo tiempo en que el bergantín Espíritu Santo fue botado al mar, se botó también una carabela se llamó La Florida, y que navegó en su viaje de prueba con rumbo a Tehuantepec. Hechos unidos con los que no sólo se inauguró la navegación española en esta parte del mundo, sino que se dio inicio a una multitud de acontecimientos relacionados tanto con la continuación de la conquista de los pueblos de las costas del Pacífico en lo que hoy es México, como con la exploración de las costas situadas al norte de nuestro continente y con las iniciales navegaciones de toda esa inmensa bastedad de agua salada que es el Océano Pacífico. Hechos que derivaron, desde Colima, en el descubrimiento del Mar Bermejo (también conocido como Mar de Cortés o Golfo de California); en la localización del Archipiélago de las Revillagigedo; y en las primeras exploraciones de las costas de Oregon y la Alta California; así como en la realización del primer viaje de ida y vuelta entre las costas de la Nueva España y las islas Filipinas, por mencionar sólo unos cuantos.