Vislumbres. Festival del Volcán

Es claro que, exceptuando un poco de lo ocurrido durante el Desfile del Día del Trabajo y los seis (o más) muertos por asesinato en el puente vacacional en Manzanillo, el tema que esta semana acaparó la atención de la mayor parte de los ciudadanos no tuvo, por esta vez, nada que ver con la política-política ni con el de la inseguridad que prevalece en el Estado, sino con la cultura y los espectáculos promovidos por al Ayuntamiento capitalino, durante la realización del Segundo Festival Internacional del Volcán, que ahora tuvo como ciudad invitada a San Cristóbal de La Laguna, otra ciudad volcánica ubicada en la isla española de Tenerife, perteneciente al famoso archipiélago de Las Canarias.
Este segundo festival, en efecto, mucho más ambicioso que el del año anterior, ha sacado de sus hogares a decenas de miles de colimenses, villalvarenses, comaltecos, coquimatlenses y cuauhtemenses, para ir a presenciar las muy nutridas y diversas actividades que diariamente ocurren en seis foros distribuidos tanto en las cuatro plazas o jardines principales del casco histórico de la ciudad, como en el patio de la Presidencia Municipal y en el Archivo Histórico Municipal.
Y aunque no es ni el primero ni el único de los festivales culturales que se hayan promovido en la ciudad, debo reconocer que en cuanto al número de eventos realizados y al público tan numeroso que asiste a ellos, este “segundo del volcán” no tiene precedente, aunque, como es obvio, tuvo algunas fallas que no se previeron desde su organización, como la carencia de suficientes sanitarios públicos y el cierre de algunas vialidades importantes.
Recuerdos festivos.-
Ignoro si sus organizadores sabrían que desde 1906 hasta 1957 la Feria de Todos los Santos se realizó en el Jardín Núñez y sus alrededores, pero me parece una feliz coincidencia el hecho de que una buena parte de los eventos artísticos, de las exposiciones de venta y de los espacios para comer y cenar se hayan instalado, junto con algunos juegos mecánicos, en dicho jardín, porque para muchos adultos mayores les ha resultado muy evocador el hecho, en la medida de que a ellos les tocó ir a la Feria cuando ésta se realizaba precisamente allí, y les parecía una feria muy pueblerina, y por lo tanto entrañable.
Por otra parte noto una coincidencia más, ésta con la realización de la Primera Feria que hubo en todo Colima, allá por el año de 1827. En este sentido vale la pena comentar que hace como 20 años, el ingeniero José Levy Vázquez rescató una investigación que hiciera y publicara en 1963, en un diario local, el profesor Felipe Sevilla del Río, en la que se indica que, en noviembre de 1824, por mandato explícito del Ayuntamiento local de Colima, don Leandro Bravo, “el segundo de nuestros diputados federales”, hizo un viaje especial a la ciudad de México, y que habiendo llegado allá, probablemente a mediados del mes, el día 21 presentó ante el Congreso y la Presidencia de la República entonces naciente, una solicitud formal para que les concedieran a sus representados “la gracia de efectuar una feria al año en la ciudad de colima, de 8 a 10 días”.
En respuesta a dicha solicitud, un año y medio después, el 21 de abril de 1826, el presidente de la república, don Guadalupe Victoria, emitió su dictamen en un decreto que dice:“... Se concede a Colima una feria anual que durará quince días contados del cinco al veinte de marzo, con libertad de todos los derechos por diez años”.
La organización de esa primerísima fiesta con carácter oficial parece haber sido de carácter municipal, y tuvo como escenarios “la plaza mayor de esta ciudad”, donde se realizó “el comercio principal”; “la plazuela que se halla a espaldas de la cárcel” (actual jardín Torres Quintero), donde se ubicarían “las figoneras o cocineras”, y la Plaza Nueva (hoy Jardín Núñez) “para sólo los arrieros que lleguen con carga o sin ella”.
Esa primera feria inició el 5 de marzo de 1827; es decir hace exactamente 190 años; pero lamentablemente “no arrojó ventajas económicas notables a Colima”, porque se interponía con las fiestas patronales de San Felipe de Jesús (realizadas la primera semana de febrero), y con el traslado en masa que un buen número de pobladores realizaba cada año a las salinas costeñas.
No obstante lo anterior, se realizó, según Sevilla, diez años, hasta que se dejó de organizar por las causas acabadas de mencionar.
La urgencia es canija.-
Volviendo al tema de la falta de sanitarios públicos para este tipo de eventos, cabe señalar que aun cuando no sea éste un tema agradable de tratar, debe de ser abordado con toda seriedad y empeño porque como bien lo sabe cualquier gente, “cuando urge, urge”, ¿o no?
Esta carencia no es para nada nueva, ni es exclusiva de la ciudad de Colima, sino que se repite todos los años en ésta y las demás cabeceras municipales, sobre todo durante los desfiles multitudinarios, la celebración de las Fiestas Patrias y la realización de las fiestas patronales, sin que lamentablemente haya empresarios que se decidan a invertir hasta para hacer negocio, o autoridades municipales para cumplir con su obligación de brindar servicios públicos de calidad.
Cualquier ciudadano que se haya dado cita en las cabalgatas de Villa de Álvarez, en la famosa “Entrada de la Música” en Comala o Cuauhtémoc, el Día de la Candelaria en Tecomán, o en las Fiestas Guadalupanas de Colima y Manzanillo, se habrá dado cuenta de que simplemente no hay dónde ir a evacuar los intestinos y liberar las vejigas, siendo que en otras ciudades y pueblos de otros estados, que incluso tienen mucho menor actividad comercial y o presencia turística, tienen buenos baños y sanitarios a disposición del público.
Urge, en ese sentido, que los empresarios de cada una de las poblaciones mencionadas, o las autoridades municipales en cuestión, se pongan, como se dice, las pilas, para resolver ése, que por momentos, se convierte en un muy agudo problema, cobrando desde luego por su utilización, para que tengan ganancias y un buen soporte de mantenimiento.
En el caso de la ciudad de Colima habría que recordar, por ejemplo, que cuando la primera Central Camionera operaba en el espacio que anteriormente ocupó el famoso Mercado Grande, había allí, como en una especie de sótano, unos sanitarios públicos muy funcionales, y que, posteriormente hubo otros a los que desde que se quitó la central de allí no se les ha dado ni el mantenimiento ni la atención suficiente. Por lo que se les podría habilitar de nuevo, o reconstruir en su totalidad para ponerlos al servicio de los numerosos paisanos que como en este festival se congregan en el centro de la ciudad.
Recuerdo, por otra parte, que el primer o segundo año de la administración municipal de Mario Anguiano Moreno, la CANACO-SERVITUR, encabezada entonces por Xavier Odenbourg Ceballos, propuso la construcción de unos servicios sanitarios en un prado del jardín Torres Quintero, donde se disimularía su presencia con la instalación, primero, de una réplica del tranvía que se utilizó en Colima desde finales del siglo XIX y durante las tres primeras décadas del XX. Propuesta que, sin embargo, no se pudo llevar a cabo porque a ciertos burócratas de mirada chata empotrados en la delegación estatal del INHA no les gustó la idea, no obstante la urgencia biológica que, como bien se sabe, impele a numerosas personas cuando por ejemplo terminan de desfilar, como acaba de suceder este lunes primero de mayo, cuando los sanitarios del ya muy deteriorado Palacio de Gobierno simplemente no se daban abasto.