Memoria auditiva: Animals

La fascinación por el mundo con sus elementos de vida tiene sus detonantes, y cuando tu mente está aún en desarrollo el arte y sus diversas manifestaciones pueden ser abrumadoras.

 

Ese detonante, esa primera experiencia con algo tan potente fue mi prematuro y accidentado encuentro con Animals, esa obra que ha trascendido el tiempo y la distancia y tal como el primer roce de piel, la primer caricia o como cuando reparaste en la sola idea de que la anatomía del cuerpo amado es en verdad igual a una isla que debería ser explorada, ese primer impacto, esa esquirla que penetró tu corteza ósea, esa marca indeleble,  es idéntica a la huella que puede marcar Animals.

 

De entrada, la portada del álbum cautivó mis curiosos ojos: ¿Cerdos volando encima de una vieja fábrica contaminante? El mismo título del álbum fue intrigante para mí: Animals... ¿Cerdo? ¿Perro? ¿Oveja? Y aunque en ese punto aún temprano de mi desarrollo no logré descifrarlo, fue sumamente cautivante las emociones que generaron en mí esas líneas fúnebres del sintetizador del señor Richard Wright o esos trazos de blues del maestro Gilmour o qué decir del intrincado y poderoso bajo del señor Waters, todos siguiendo la impecable batería del señor Mason.  Si bien es cierto que los conocimientos musicales no estaban aún ahí, la percepción y el análisis artístico no es algo que necesariamente se obtenga en pomposos conservatorios.

 

Sin todavía haber adquirido los conocimientos técnicos o musicales, el álbum tuvo la fuerza para llevarme a través de sus tonos sombríos y acantilados sinuosos, en un viaje que pocas veces he emprendido con alguna otra obra. Animals es un disco que no se quedó ahí incrustado en una época, su mensaje y concepto sigue aún vigente, y más cuando el sistema político se ha mutado en un insaciable cerdo y donde el capitalismo rapaz e inhumano ha mordido la conciencia colectiva de una sociedad aborregada e inmóvil.

 

Incluso la analogía de esos tres animales bien pudiera prefigurar la condición humana decadente.

En la última toma del álbum: Sheep, las ovejas se alzan en una revuelta contra los perros dándoles muerte, para luego regresar a sus casas y continuar en un letargo perpetuo, ¿habrá esperanza..?

 

No existe reseña que pueda encapsular esta obra en un monolito, ni es la intención de este texto hacerlo, Animals tiene la habilidad de llevar al oyente a un viaje donde los colores y las texturas son gobernadas por la percepción personal y de ahí su magia.

 

Esas teorías científicas que con sus intrincados tecnicismos buscan explicar los agujeros negros y sus misterios, adquieren sentido cuando escucho a Animals. 

 

Animals no fue el primer álbum que escuché, pero sí el primero que me impactó de sobremanera y que a través de los años siguió creciendo y mutando.

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Ganan estudiantes de Música primer y segundo lugar en concurso nacional, en Monterrey

*Saúl Ibarra y Guilibeu Urbieta pusieron en alto el nombre del Instituto Universitario de Bellas Artes de la Universidad de Colima.

Saúl Ibarra Ramos y Guilibeu Urbieta Vera, alumnos del Instituto Universitario de Bellas Artes (IUBA) de la Universidad de Colima, asistieron al Concurso Nacional de Piano Parnassos en su novena edición, celebrado en días pasados en Monterrey, Nuevo León, donde ganaron primer y segundo lugar, respectivamente.

 

En entrevista, Saúl Ibarra Ramos y Guilibeu Urbieta dijeron que fue una experiencia grata participar en este concurso nacional, pues los resultados fueron más de lo que esperaban. Guilibeu Urbieta Vera ganó un premio especial a la mejor interpretación de una obra mexicana y Saúl Ibarra Ramos una beca para participar en un festival internacional de piano en España.

 

Para ambos quedan muchos concursos por delante: “La preparación es intensa, tanto en el salón como por cuenta propia. Debemos ser muy dedicados para aspirar a algo en el concurso. Son muchos sacrificios –coincidieron–, pero al final vale la pena llegar a este objetivo”.

 

Por último, agradecieron el apoyo de su maestra Elena Kuzmina, quien es la Jefa de la Academia de Piano.

 

Presentes también en la entrevista, Anatoly Zatin y Vlada Vassilieva, profesores del Instituto Universitario de Bellas Artes de la UdeC, afirmaron que concursos como el de Parnassos, realizado en días pasados en la Ciudad de Monterrey, Nuevo León, ayudan a la formación profesional del músico.

 

Para Vlada Vassilieva, “los concursos sirven para fortalecer la vida profesional y los parámetros competitivos”; y para Anatoly Zatin, la tarea del IUBA es preparar músicos competitivos, no sólo para concursos.

 

“Ésta es una profesión que tiene su propio idioma, sus reglas; además de la preparación del instrumento, los estudiantes deben prepararse psicológicamente para convertirse en buenos profesionistas”, dijo Anatoly Zatin.

 

Finalmente, agregó que la Universidad de Colima tiene su reconocimiento a nivel nacional e internacional en este ramo, pues el 50 por ciento de la matrícula está integrado por alumnos de fuera, esto es, de Oaxaca, Monterrey, Guadalajara, etc.

 

Es importante destacar que la Secretaría de Cultura de Gobierno del Estado apoyó económicamente a los estudiantes que representaron a la Universidad de Colima en este concurso, pues ambos recibieron un beneficio económico para cubrir gastos de transporte, hospedaje e inscripción al concurso.

 

Siguen la huella de creadores de órganos históricos

Identifican a las familias que durante casi dos centurias se dedicaron a la producción de estos instrumentos ** Los Martínez Vasconcelos elaboraron órganos para templos de los valles de Oaxaca y la dinastía Castro cubrió la demanda en la región de Tlaxcala-Puebla

 

La búsqueda de las familias que durante los siglos XVIII y XIX se dedicaron a la producción de órganos tubulares para abastecer la demanda de las iglesias que se establecían en el territorio nacional, ha sido una ardua tarea a la que se han dedicado diversos especialistas, cuya investigación arrojó como primeros resultados el hallazgo de las dinastías Castro, en la región de Tlaxcala-Puebla, y Martínez Vasconcelos, en los valles de Oaxaca.

 

Estas dos familias prácticamente monopolizaron la producción de órganos en esas regiones, como lo demuestran las evidencias aún existentes en templos de Oaxaca, Tlaxcala y Puebla, expresaron José Luis Acevedo, Gustavo Mauleón y Ricardo Rodys, quienes hicieron referencia al trabajo de estas dinastías en el marco del III Coloquio de Conservación de Órganos Tubulares que se realizó en días pasados, organizado por la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) y la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM).

 

Comentaron que, durante el proceso de evangelización de la Nueva España, la música ocupó un lugar preponderante, tanto así que los misioneros llegaron a las tierras americanas con órganos tubulares que sirvieron para acercar a los pueblos a la religión católica, así como para celebrar los oficios litúrgicos.

 

Con el paso del tiempo, los instrumentos españoles fueron insuficientes para cubrir las necesidades de los templos y catedrales que se construyeron a lo largo y ancho del país, por lo que familias enteras se dedicaron a su compostura y fabricación.

 

El musicólogo Gustavo Mauleón señaló que dentro de la familia Castro sobresalieron los organeros José Luciano, Seferino Agustín, Miguel Gregorio, Roberto y Ponciano Castro, quienes durante los siglos XVIII y XIX desarrollaron su actividad constructiva.

 

Los primeros datos que se tienen de la dinastía es que fundaron su primer taller en 1738 en la calle de Astomba 17, en la ciudad de Puebla, el cual logró mantenerse hasta finales del siglo XIX. Durante ese tiempo los Castro se encargaron de elaborar y restaurar órganos en la región de Puebla y Tlaxcala, y también en otros estados de la República, como Oaxaca, donde se tiene evidencia de instrumentos fabricados por ellos.

 

Aún se conserva una cantidad importante de instrumentos en relativo buen estado de conservación, como el el elaborado por Luciano Castro para la Capilla de la Tercera Orden en Cholula, Puebla; también se ha identificado un mayor número de órganos firmados por Seferino Castro, entre los que se encuentran el del convento de San Gabriel, también en Cholula, y el órgano de Santa Inés, en Zacatelco, Tlaxcala, el cual es objeto de su estudio.

 

Para su investigación, Gustavo Mauleón ha consultado documentos de los archivos de notarías de Tlaxcala y del Archivo General de Nación, que dan cuenta de que el órgano de Zacatelco se instaló entre febrero y agosto de 1837 y costó 2 mil pesos.

 

José Luis Acevedo, organero independiente, señaló que una característica de los instrumentos de Seferino Castro fueron los castillos redondos. Este tipo de órganos fueron usados mucho en el siglo XVII, pero después quedaron en desuso, hasta que el maestro Castro los retomó.

 

Otro aporte de Seferino Castro fue la construcción de un teclado con 53 teclas, como el del Santuario de Ocotlán (1845), cuando normalmente eran de 54 notas o más. “No sabemos por qué disminuyó las notas, si musicalmente siempre se requieren más; sin duda fue un maestro organero singular que tuvo una altísima producción”.

 

Ricardo Rodys, organista e investigador del Instituto de Órganos Históricos de Oaxaca (IOHIO), se refirió a los Martínez, familia de tres generaciones de organistas y organeros ligados a la Catedral de Oaxaca, así como a las comunidades de Santa María Tlacolula, San Juan Teitipac y San Dionisio Ocotepec.

 

Los ancestros de la dinastía aparecen en los registros de la Catedral de Oaxaca en el siglo XVII. Entre ellos había pintores, tejedores, candeleros, pero no músicos. La historia cambió en 1739, cuando el sastre Antonio Martínez se casó con Narcisa Antonia Vasconcelos y engendraron más de 10 hijos; cuatro de ellos aprendieron música y, con el paso del tiempo, se transformaron en reconocidos organistas del Valle de Oaxaca.

 

El hijo más grande, Mariano Santiago Martínez, fue violinista en el conjunto cardenalista de Oaxaca y su hermano, Juan Martínez Vasconcelos, se mudó a los valles de Oaxaca, donde se casó y tuvo cinco hijos, quienes nacieron en Tlacolula, San Dionisio Ocotepec y San Juan Teitipac. Por los lugares de nacimiento de sus hijos, se puede inferir que Juan Martínez fue organista de los pueblos de Santa María Tlacolula y tal vez Tlacochahuaya.

 

Uno de sus hijos, Juan Domingo, se casó con Mariana Flores y tuvieron 12 hijos, de los cuales seis fueron organistas u organeros. En 1826 reparó el órgano chico de la Catedral de Oaxaca y en 1840 construyó el órgano grande de Tamazulapan.

 

Esta generación de organeros concluyó con sor María Clara del Santísimo Sacramento, hija de José Nicolás Martínez. Al morir, en 1861, dejó como testamento un cuaderno con música para órgano que, al parecer, pudo ser escrita por su abuelo Juan Martínez y su tío José Domingo, señaló Rodys.

 

El especialista afirmó que en Oaxaca aún existen 74 órganos realizados por esta dinastía en el siglo XIX, los cuales se caracterizan por seguir el modelo español del siglo XVI: un teclado con sólo 45 teclas con la 8va corta y la decoración de las cajas y los tubos con elementos florales y fantasmagóricos.

Reconstruyen composiciones musicales del pasado

Numerosas composiciones musicales del pasado han llegado a nosotros de manera incompleta, ya sea porque no fueron terminadas por el autor o porque han sido dispersadas o destruidas, y aunque no siempre es posible reconstruir científicamente una obra musical; es decir, completar las partes faltantes sin incurrir en un proceso de creación arbitraria, el doctor Fabrizio Ammetto, del Departamento de Música de la Universidad de Guanajuato, estudia la obra de un autor y profundiza en el conocimiento de su lenguaje musical con el fin de encontrar sus “estrategias compositivas”.

 

En general, una obra musical puede estar incompleta tanto a nivel vertical (por la falta de uno o más movimientos, o secciones) como horizontal (por la falta de una o más líneas melódicas). Algunos ejemplos de obras musicales que quedaron incompletas son: El arte de la fuga BWV 1080, de Johann Sebastian Bach; Réquiem KV 626, de Wolfgang Amadeus Mozart; Sinfonía no. 8 “Incompleta” D 759, de Franz Schubert; Opera Turandot, de Giacomo Puccini; Sinfonía No. 10, de Gustav Mahler, y Concierto para Viola, de Béla Bartók.

 

Para el caso de Antonio Vivaldi (1678-1741) existen más de cuarenta composiciones instrumentales incompletas, entre sonatas, conciertos y sinfonías; el doctor Ammetto, quien estudia e interpreta la producción musical de los siglos XVII y XVIII, encontró que algunos temas, acompañamientos, estructuras armónicas, entre otros elementos faltantes, estaban presentes –de manera explícita o implícita– en otras de las composiciones de Vivaldi.

 

Entre las reconstrucciones que el doctor Ammetto ha realizado de las composiciones de Vivaldi están los conciertos (incompletos) para violín, órgano y orquesta, RV 774 y 775, de los que se tiene solo la parte del violín solista, que equivale a una sexta parte de toda la composición, pero al compararla con los conciertos completos RV 123, 284 y 285 –que comparten material en común– fue posible reconstruir científicamente los primeros movimientos.

 

Además, a través del estudio de fuentes históricas de archivo, el investigador e integrante de la Academia Mexicana de Ciencias, tuvo idea de cómo eran los órganos de los que Vivaldi disponía en los años de composición de RV 774 y 775, lo que aportó información para la reconstrucción de estas composiciones.

 

“De los dos conciertos (incompletos) para dos violines y orquesta RV 520 y 526 no tenemos la parte del primer solista: en este caso el estudio de las posibilidades de combinación de las líneas melódicas de dos violines solistas en los conciertos del Barroco, en general, y en los de Vivaldi, en particular, permitió la reconstrucción no arbitraria de la parte faltante. Ahora el público puede disfrutar de estas reconstrucciones, y de otras que he terminado a través de las grabaciones discográficas que realicé, dijo Fabrizio Ammetto, uno de los ocho miembros del Comité Científico Internacional del Instituto Italiano “Antonio Vivaldi” de Venecia, encargado de la publicación, en edición crítica, de toda la obra del también llamado “Cura rojo”.

 

Música del Barroco

El repertorio barroco ofrece una amplia variedad de elementos interpretativos que se pueden profundizar gracias al conocimiento de la lectura de diferentes tratados musicales, manuscritos o impresos de los siglos XVII y XVIII, explicó el investigador, quien desde el 2008 ha impartido varios cursos de filología musical y análisis musical para los estudiantes de la Universidad de Guanajuato.

 

Así, como resultado del curso-taller interdisciplinario teórico-práctico sobre la interpretación de la música barroca, dirigido a instrumentistas, cantantes y compositores, se creó el Ensamble Barroco, primer grupo musical de la Universidad de Guanajuato que ha participado en cinco versiones consecutivas del Festival Internacional Cervantino, del 2011 al 2015, y ha sido seleccionado para participar en el 2016.

 

El doctor Ammetto es autor de más cien publicaciones y ha interpretado más de 700 conciertos (como violinista, violista y director de orquesta) en Alemania, Francia, Holanda, Hungría, Italia, República Checa, Estados Unidos y México. En la actualidad, trabaja en distintos proyectos que no solo están relacionados con la música barroca, entre ellos la edición crítica de las doce Sonatas en trío opus I (1703) de Vivaldi, así como la de las seis Sonatas del opus V (1716) del mismo autor para la Edizione critica delle opere di Antonio Vivaldi (Milán, Ricordi).

 

En los próximos meses será publicada la edición práctica de los seis Sextetos para dos violines, dos violas y dos chelos G 454-459 (1776) de Luigi Boccherini, en el marco de la Edición Nacional Italiana de los Opera Omnia de este compositor, mientras que en el 2017 saldrá la edición crítica de la misma colección.

 

Algunas de las composiciones musicales reconstruidas por el doctor Ammeto:

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Estudian técnicas de análisis acústico de la voz de cantantes y actores

México, DF. 11 de diciembre de 2015 (Agencia Informativa Conacyt).- Un equipo de investigadores de la Escuela Superior de Medicina (ESM) del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y el Departamento de Foniatría del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) llevan a cabo un estudio que consiste en analizar técnicas acústicas de la voz en cantantes y actores.

 

De acuerdo con la titular del proyecto, Rocío Villafuerte González, por el uso frecuente de la voz los profesionales dedicados al arte deben realizar entrenamiento vocal para conservar la calidad de esta, la cual se evalúa de manera objetiva, cualitativa y tradicional a través del análisis acústico de la voz (AAV). No obstante, en los últimos años se ha puesto en duda su utilidad, pues ha demostrado ser poco eficiente en la detección de alteraciones leves en la calidad vocal. En este sentido, la electroglotografía se muestra como una opción viable y con mejores resultados.

 

Para la producción de la voz, explicó la investigadora del IPN, intervienen básicamente las cuerdas vocales, que generan un sonido complejo, que pasa por el tracto vocal y las cavidades de resonancia, donde se da el toque distintivo a la voz de cada individuo. En este contexto, señaló que el análisis acústico de la voz recoge la señal de esta mediante un micrófono una vez que pasó por todo este filtro acústico.

 

En la electroglotografía se realiza un análisis del sonido complejo que producen las cuerdas vocales, mediante la colocación de electrodos a la altura del cartílago tiroides sin que haya pasado por el filtro acústico.

 

El objetivo de este trabajo, compartió Villafuerte González, es comparar el análisis acústico de la voz con la electroglotografía y determinar cuál de ellas es más eficiente en la detección de problemas incipientes de la calidad vocal en los profesionales de la voz. El estudio involucra la participación de cantantes y actores, quienes tienen mayor riesgo a desarrollar patologías vocales por el uso frecuente de esta. Lo anterior representa un impacto laboral, social y psicológico importante en esta población, subrayó la investigadora.

 

"Cuando un profesional detecta pequeñas alteraciones en su voz, representa una señal de alerta de que algo está haciendo mal, por lo que es importante tener una técnica eficaz que recomendar para que el individuo haga uso de su voz de manera correcta y de esta forma evitar el desarrollo de patologías vocales. Buscamos tener un método de análisis más exacto", comentó.

 

A decir de la investigadora, la importancia de este estudio radica en que el análisis acústico de la voz y la utilidad de la electroglotografía, específicamente en profesionales de la voz dedicados al arte, no se ha documentado, por lo que continúa siendo un interrogante cuál de las dos técnicas del análisis vocal es más confiable en la detección de alteraciones en los profesionales de la voz. Hasta ahora el INR es la única instancia en el país que practica estas dos técnicas.

 

Por ahora, el grupo de investigación realiza la primera medición del análisis acústico de la voz y electroglotografía para luego realizar la comparación de ambas técnicas antes y después del entrenamiento vocal. Al finalizar, se podrá establecer cuál es más eficaz.

 

"Hicimos una revisión sistemática y nos dimos cuenta que la electroglotografía, aun a pesar de que ha demostrado ser muy útil para la evaluación de la calidad vocal, no ha sido muy utilizada en otros países. Una vez que logremos detectar que esta es mejor técnica, queremos que se utilice como un método de análisis acústico en todos los centros que tienen foniatría. Al ser la más exacta dará herramientas para poder detectar pequeñas alteraciones que a largo tiempo pueden propiciar el desarrollo de una patología vocal, sobre todo en personas profesionales de la voz que hacen uso de ella de manera más frecuente", resaltó.

 

El uso generalizado de la electroglotografía, finalizó, proveerá de herramientas que puedan valorar cuantitativamente la calidad vocal de cantantes y actores, así como a población abierta con beneficios en la consulta médica foniátrica, ya que ayudaría a tener un seguimiento de la calidad vocal antes y después de una terapia.