EDITORIAL. El tropiezo de Nacho

Ante una pregunta formulada por el diputado de Nueva Alianza, Adrián Orozco Neri, el gobernador José Ignacio Peralta Sánchez sufrió un tropiezo verbal, en el marco de su reunión de este martes (que no “comparecencia”, como su aparato de comunicación se empeñó en afirmar) con legisladores locales, en la que se abordó el tema de la seguridad.

El cuestionamiento de Orozco tuvo que ver con la promesa de campaña “Vas a vivir feliz. Seguro”, repetida machaconamente mientras Peralta recorría el estado buscando el voto de los colimenses.

En la primera parte de su respuesta, el mandatario afirmó que el compromiso de su administración con el combate a la inseguridad y la delincuencia “no es un compromiso que derive de un lema de campaña política o que esté fundamentado en esa campaña”, además de que “independientemente de lo que se haya dicho en un eslogan de una campaña política” su compromiso es “sólido e indeclinable”.

Sin embargo, en el cierre de su contestación Peralta resbaló al aclarar que el eslogan “Vas a vivir feliz. Seguro” fue utilizado en la campaña de la elección que se anuló el 22 de octubre de 2015, mientras que el lema de la campaña extraordinaria, que lo llevó a la gubernatura, fue “Responsabilidad”.

Frente a esta desafortunada aclaración hecha por el propio Nacho cabría preguntarse si en su lógica la anulación de la elección ordinaria lo exime de la promesa hecha en el sentido de que los ciudadanos vivirían felices y seguros. ¿O cuál era la necesidad de aclararlo, cuando finalmente es el eslogan que más recuerdan los colimenses?

Pero aún hay más cuestiones que se desprenden de esa respuesta de Peralta. Habló también de su compromiso “para restablecer en la medida de nuestras facultades y posibilidades el estado de derecho y la no impunidad”.

Con esto, el propio mandatario reconoció tácitamente que el estado de derecho se encuentra roto y que hay impunidad. Algo que es necesario “restablecer” es porque se encuentra en malas condiciones. Y si el estado de derecho está maltrecho, evidentemente es una de las señales que conducen a un estado fallido.

Pero más allá de señalamientos o conceptualizaciones sobre lo que está ocurriendo en Colima en materia de seguridad y justicia, lo más importante es el sufrimiento y el dolor de las víctimas y sus familiares. Es el altísimo costo humano al que nos ha llevado esta situación.

Si el Estado cumpliera con su obligación de garantizar la seguridad y la justicia de los colimenses, si el gobernador cumpliera su principal compromiso de campaña, nada de esto estaríamos escribiendo.