Naufragio de barco de la corona española, en documental



Nuestra Señora del Juncal, la nave almiranta de una flota española que naufragó en 1631 en la Sonda de Campeche, se convirtió en una leyenda casi enseguida de su accidente y ésta permanece después de más de 480 años. Su historia es narrada en un documental realizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), institución que lleva 18 años en la búsqueda de sus restos.

Tras la huella del Juncal: Crónica de una expedición, video elaborado por la Dirección de Medios de Comunicación del INAH, abrirá el próximo 9 de julio el II Ciclo de Documentales de Arqueología Subacuática, que tendrá lugar los martes de este mes en el Museo Nacional de Antropología, en punto de las 19:00 horas, con entrada libre.

A través del documental, detalla la etnohistoriadora Flor Trejo, “El Juncal cuenta su historia. ¿Qué se siente ser barco en medio de un mar furioso, tormentoso, intentando sobrevivir para llegar a un puerto seguro?, esto se va combinando con la investigación que hicimos entre mayo y junio de 2012, a bordo del buque oceanográfico ‘Justo Sierra’ de la UNAM”.

La especialista, integrante del proyecto de investigación encabezado por la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del INAH, explicó las diversas circunstancias que hicieron del Juncal una embarcación de leyenda, que así como estuvo en la mira de los piratas del siglo XVII, en la actualidad sigue motivando los intereses económicos de empresas buscadoras de tesoros.

Antes de su partida de España rumbo a Veracruz, la flota debió sortear varios escollos: no contaba con la artillería suficiente ni con la tripulación adecuada, y los comerciantes no estaban muy confiados de embarcar sus mercaderías, pues la flotilla tuvo contratiempos en 1628. Además, cumpliendo con el mandato del rey, el capitán general, Miguel de Echazarreta, dirigió la empresa hallándose enfermo.

Ya en la mar, a la altura de Jamaica, la tripulación recibió la alarma de que piratas holandeses estaban aguardándoles para asaltar, y el capitán —ante un intento de motín a bordo— advirtió: “¡A San Juan de Ulúa o al cielo!, nuestro deber es llevar el honor del rey hasta sus últimas consecuencias”.

Por fortuna, el intento de asalto quedó solo en eso, pero el tornaviaje, es decir, el regreso de la flota partiendo del puerto de Veracruz hacia España, tampoco tuvo mar en calma: había una nueva amenaza de ataque pirata, la flota partió con menos tripulación (varios se quedaron convaleciendo en Veracruz), aunado a malas adaptaciones a los navíos y, finalmente, una tormenta que determinó su destino al fondo del mar.

“Ahí comenzó la leyenda —explicó Flor Trejo—, este naufragio representó una pérdida importante para la Corona española y casi de inmediato se activaron los mecanismos para tratar de rescatar los restos, pero no se logró. Cuatro décadas después del accidente, un asentista llamado Diego de Florencia intentó localizarlo, sin embargo, también fracasó.

“Transcurrieron los años y El Juncal no se olvidó, hasta que en el siglo XX buscadores de tesoros marcaron la pauta de su importancia, aunque en términos del valor económico. En contraparte, el INAH a través de la Subdirección de Arqueología Subacuática busca proteger los restos de esta embarcación mediante un proyecto científico. Así que de algún modo es una historia similar a la del siglo XVII, por un lado está el interés institucional, académico, y por el otro tenemos a los piratas contemporáneos”.

Para Flor Trejo, la leyenda ha hecho que se magnifique el cargamento de Nuestra Señora del Juncal, si bien es cierto que viajaba con más de un millón de pesos en plata y reales, anota que “no tiene sentido hacer la conversión a pesos actuales”, además traía materiales y productos altamente cotizados en el Viejo Mundo, como tintes, plantas medicinales y chocolate.

“Un naufragio es una cápsula del tiempo, un universo resumido y detenido. El hundimiento del Juncal sucedió en un periodo que muchos consideran el fin del siglo XVII y la entrada a una nueva dinámica social y política, el aumento de conflictos internacionales que repercutieron en la posición de España como imperio, de modo que sufrió una transformación en función de otras potencias europeas”.

La Flota de la Nueva España, 1630-1631, uno de los proyectos más complejos que realiza la arqueología subacuática en México, se encuentra en una etapa clave desde sus inicios en 1995.

Luego de una extensa indagación en cinco mil expedientes dispersos en archivos de México, Cuba y España, que dieron lugar a un libro, las últimas temporadas de esta iniciativa se han enfocado en peinar una extensa zona marítima, en la Sonda de Campeche, donde podrían hallarse sus vestigios.

En esta fase —en la que requiere de modelos matemáticos elaborados por oceanógrafos, además de expertos en técnicas geofísicas— se marcó un área de búsqueda inicial que abarca más de 1,500 km2, lo que se traduce en tres temporadas completas de dos meses, de 24 horas por 24 horas, navegando.

Para ello, además del equipo de especialistas de la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH, se ha contado con el apoyo del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, la tripulación experimentada del buque oceanográfico “Justo Sierra”, e investigadores norteamericanos expertos en geofísica y arqueología subacuática.

El próximo video que se proyectará dentro del II Ciclo de Documentales de Arqueología Subacuática será: Un Galeón de Manila. La cita es el próximo martes 16 de julio en el Auditorio “Jaime Torres Bodet” del Museo Nacional de Antropología, a las 19:00 horas. Entrada libre.