Hoy hace 179 años Santa Anna firmó los Tratados de Velasco

Artículo 1º. El Gral. D Antonio López de Santa Anna se conviene en no tomar las armas ni influir en que se tomen contra el Pueblo de Texas durante la actual contienda de Independencia.

 

Artículo 2º. Cesaran inmediatamente las hostilidades por mar y tierra entre las tropas mexicanas y texanas.

 

Artículo 3º. Las tropas Mexicanas evacuaran el territorio de Texas, pasando al otro lado del Rio Grande del Norte.

 

Artículo 4º. El ejército Mexicano en su retirada, no usará de la propiedad de ninguna persona, sin su consentimiento y justa indemnización, tomando solamente los artículos precisos para su subsistencia, no hallándose presente los dueños, y remitiendo al general del ejército texano o a los comisionados para el arreglo de tales negocios, la nota del valor de la propiedad consumida, el lugar donde se tomó, y el nombre del dueño si se supiere.

 

Artículo 5º. Que toda propiedad particular, incluyendo ganado, caballos, negros esclavos, o gente contratada de cualquier denominación que haya sido aprehendida por una parte del ejército mexicano, o que se hubiese refugiado en dicho ejército desde el principio de la última invasión, será devuelta al comandante de las fuerzas texanas, o a las personas que fueren nombradas por el Gobierno de Texas para recibirlas.

 

Artículo 6º. Las tropas de ambos ejércitos beligerantes no se pondrán en contacto;  y a este fin el general texano cuidara que  entre los dos campos medie una distancia de cinco leguas por lo menos.

 

Artículo 7º. El ejército mexicano no tendrá más demora en su marcha, que la precisa para levantar sus hospitales, trenes, etc. y pasar los ríos, considerándose como una infracción de este convenio la demora que sin justo motivo se notare.

 

Artículo 8º. Se remitirá por expreso violento este convenio al General  de División Vicente Filisola y al General T. J. Rusk, Comandante del Ejército de Texas, y que poniéndose de acuerdo, convengan en la pronta y debida ejecución de lo estipulado.

 

Artículo 9º. Que todos los prisioneros tejanos que hoy se hayan en poder del ejército mexicano, o en el de algunas autoridades del Gobierno  de México  sean inmediatamente puestos en libertad y se les den pasaportes para regresar a sus casas, debiéndose también poner en libertad por parte del Gobierno de Tejas, un número correspondiente de prisioneros Mejicanos del mismo rango y graduación y tratando al resto de dichos prisioneros Mejicanos que queden en poder del gobierno de Tejas con toda la debida humanidad, haciéndose cargo al gobierno  de México por los gastos que se hicieren en obsequio de aquellos, cuando se les proporcione alguna comodidad extraordinaria.

 

Artículo 10 º. El Gral. Antonio López de Santa Anna será enviado a Veracruz tan luego como se crea conveniente.

 

Y para la constancia y efectos consiguientes, lo firman por duplicado las partes contratantes en el Puerto de Velasco a 14 de Mayo de 1836.

 

Antonio López de Santa Anna

David G Burnet

Jas Collinsworth,

Secretary of State

Bailey Hardeman,

Secy of Treasury

T W Grayson, Atty General

La batalla del 5 de mayo representó la unificación nacional

*** La memorable batalla del Ejército Mexicano contra los franceses en 1862 representó la unificación nacional en contra de una nueva invasión extranjera  *** También se celebra en Estados Unidos, principalmente por los mexicanos que residen en aquel país, aunque muchos no tienen claridad de lo que se conmemora

 

 

La victoria del Ejército Mexicano en la Batalla del 5 de Mayo de 1862 contra los franceses representó la unificación nacional y se convirtió en símbolo de resistencia del pueblo en contra de una nueva invasión extranjera.

 

Luego de la derrota contra Estados Unidos y la pérdida de más de la mitad del territorio nacional, dicho triunfo también fue celebrado por los mexicanos que mantuvieron su residencia al otro lado del río Bravo, cuyo festejo se mantiene vigente.

 

El historiador José Carlos Melesio Nolasco, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), comentó que con el apoyo de Porfirio Díaz, el triunfo del general Ignacio Zaragoza levantó el ánimo de los mexicanos, y aunque finalmente se perdió la guerra y se instauró el Segundo Imperio, fue el comienzo de un gobierno de resistencia encabezado por Benito Juárez, que logró restaurar la República hasta 1867, una vez consumado el triunfo de los liberales.

 

Al hablar sobre la memorable batalla ocurrida en los fuertes de Loreto y Guadalupe, en el estado de Puebla, comentó que el ejército francés era considerado invencible, había ganado muchas batallas en Europa y con esa confianza se lanzó a tomar la Ciudad de México. En el camino enfrentó una resistencia bastante fuerte, hasta que en Puebla tuvo lugar la primera gran batalla, en donde el general Zaragoza organizó muy bien al ejército formado por indígenas zacapoaxtlas y logró derrotar al contingente galo.

 

“Esto resultó increíble para Francia, no daba crédito a lo ocurrido y su respuesta fue el envío inmediato de refuerzos, pasando de 6 mil a 35 mil hombres. El Ejército Mexicano ya no pudo resistir más y los franceses tomaron la Ciudad de México imponiendo el imperio de Maximiliano de Habsburgo, que para sorpresa de los conservadores, resultó de pensamiento liberal”.

 

El especialista de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, expresó que la Batalla del 5 de Mayo también se celebra en Estados Unidos, principalmente por los mexicanos que residen allá, pero muchos no tienen claridad de lo que se conmemora.

 

Carlos Melesio explicó que la intervención francesa en México fue el último intento de una potencia europea por conquistar territorios en América, ocurrida en un contexto mundial complejo y en un país con gran desestabilidad política, en el que hubo 41 gobiernos entre 1821 —cuando nació como nación independiente— y 1848 —cuando sufrió el intervencionismo norteamericano—.

 

“Esto es lo que determina la creación de un nuevo gobierno que nos defendiera contra invasiones extranjeras y empezó la lucha entre liberales que querían un modelo republicano, y conservadores que deseaban un gobierno monárquico. Con la proclamación de la Constitución de 1857 y la creación de un Congreso Constituyente, se suscitó la Guerra de Reforma (1857-1860) entre conservadores, apoyados por las potencias europeas, y liberales, respaldados por Estados Unidos”.

 

Recordó que cuando Benito Juárez asumió la presidencia del país, en 1858, encontró un Estado en bancarrota, con guerras intestinas, etc. Al emitir un decreto para la suspensión de pagos de la deuda externa, la medida provocó el enojo de España, Inglaterra y Francia, quienes enviaron contingentes militares a Veracruz para presionar al gobierno mexicano.

 

Luego de dialogar con ellos, Juárez emitió una moratoria de pagos y logró convencer a los españoles y a los ingleses, pero los franceses no se retiraron porque su interés era invadir México. Así, de 1864 a 1867 se estableció el imperio de Maximiliano.

 

Sin embargo, con la derrota de Napoleón III en Francia y la desunión de los conservadores en México —que criticaban las medidas liberales de Maximiliano en favor de los indígenas y de sus derechos—, se impuso el triunfo de Juárez y el monarca francés fue hecho prisionero, juzgado y fusilado en el Cerro de las Campanas, en Querétaro.

 

“Fue una época interesante, sobre todo en torno a la figura de Juárez, que era muy polémica. Era muy culto, hablaba seis idiomas: latín, griego, español, zapoteco, inglés y francés, y estaba bien informado de la situación mundial. Siempre estuvo convencido de que las buenas leyes darían como resultado la justicia social, y aunque algunas leyes no resultaron tan favorables para los indígenas, como la Desamortización de Bienes de Manos Muertas, porque la propiedad comunal se consideraba bienes de manos muertas, era poco flexible para cambiar de idea”.

 

Hazañas como la Batalla del 5 de Mayo y los personajes históricos que intervinieron en ella también han inspirado creaciones tanto literarias como musicales y plásticas, recordó el historiador. Destacó entre ellas el poema Adiós mamá Carlota, de Vicente Riva Palacio; una serie de litografías Las Glorias Nacionales. Álbum de la Guerra, de Constantino Escalante; algunos cuadros que están en distintos museos, la novela Noticias del imperio, de Fernando del Paso; y un disco de música de la Intervención Francesa, que forma parte de la colección Testimonio Musical de México, editado por la Fonoteca del INAH.

Analizan potencial militar de los Aztecas

*** Los combatientes mexicas no desarrollaron el profesionalismo militar, ya que no se dedicaban únicamente a la guerra, sino que dividían su tiempo en otras actividades   *** Marco Cervera Obregón, investigador egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, expuso el tema en el Seminario de Estudios Históricos sobre Fuerzas Armadas

 

Los combatientes mexicas no desarrollaron el profesionalismo militar, ya que no se dedicaban únicamente a la guerra, sino que dividían su tiempo en otras actividades, como la agricultura y la alfarería, dijo el investigador Marco Cervera Obregón, durante el Seminario de Estudios Históricos sobre Fuerzas Armadas, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través de la Dirección de Estudios Históricos.

 

El autor del libro Guerreros Aztecas refirió que el triunfo o fracaso en una batalla entre los contendientes se determina por el número de efectivos y armas que indican su potencial militar.

 

En este sentido, para calcular el número de guerreros del pueblo mexica, aplicó el método llamado Probabilidad Militar Inherente (PMI) derivado de las bases teóricas de la historia militar. Consiste en destinar el 8 o 12 por ciento de la población (descartados niños y mujeres); de este modo, si Tenochtitlan tenía 200 mil habitantes, el mínimo de efectivos serían 20 mil; pero si esta cantidad se suma a las demás fuerzas que integraban la Triple Alianza, la cantidad aumentaría a 60 mil guerreros, 

 

De acuerdo con el investigador egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), cuando el Estado mexica se preparaba para la guerra solicitaba a cada calpulli (barrio) cierto número de efectivos a los que proveía de armas. Al final de las guerras de conquista, los combatientes obtenían cierto beneficio; por ejemplo, si un macehual (de la gente común) capturaba el mayor número de prisioneros, incluso en las guerras floridas, ameritaba que se le subiese de rango.

 

Respecto de las armas existentes en Mesoamérica, había dos tipos: ofensivas y defensivas. La mayoría de las primeras se empleaban para realizar otras actividades, como el átlatl o lanzadardos, cuyo origen se remite a la prehistoria y se usaba sobre todo para la cacería; con el paso del tiempo, se le confirieron valores simbólicos, y después se adaptó para la batalla. Lo contrario ocurrió con el macuahuitl (bastón provisto con navajas de obsidiana), inventado específicamente para la guerra.

 

Las  armas ofensivas se dividían en las de larga distancia (arco y flecha, el  lanzadardos y la onda) y en las de corta distancia, para enfrentarse cuerpo a cuerpo, como el macuahuitl y los mazos. Las armas defensivas incluían los escudos y petos de algodón con los que protegían su cuerpo.

 

Después de publicado el libro Rostro de la batalla, de John Keegan, en 1976, pudo establecerse que la guerra no era sólo la historia de un general sino de los soldados, los que vivían y sufrían la batalla. “A partir de esta obra se generó una nueva historia militar en la cual se reflejaba una visión más clara de lo que era el combate, mientras que México seguía rezagado con la idea de que aquí todo era simbólico.

 

“Se llegó a pensar que había una expansión azteca, pero en realidad era una fuerte confusión entre lo simbólico de la guerra florida, la guerra de conquista y la mezcla de ambas”, explicó el investigador.

 

La diferencia entre una guerra de conquista y una florida radicaba en el sentido de la campaña. La primera buscaba la tributación o expansión de territorio, la segunda, la captura de prisioneros. “A veces, en las representaciones de los códices, se podía encontrar la destrucción del templo principal del poblado invadido o la captura del gobernante o jefe principal.

 

“Las guerras floridas han detonado una serie de hipótesis; por ejemplo, si los querían capturar vivos, las armas tenían que emplearse para herir, no para matar; y este tema, a la fecha, sigue en discusión. 

 

“En Malinalco existe una estructura que data desde el gobierno de Axayácatl, cuando se empieza a someter a toda la región de lo que hoy es el Estado de México y demás. De ahí se expande hacia otras regiones y construyen ese centro que era donde se preparaban los guerreros; esa es la hipótesis que se tiene”, dijo el especialista.

 

El Seminario de Estudios Históricos sobre Fuerzas Armadas busca abrir espacios interdisciplinarios para la discusión académica, actualizar conocimientos en este ámbito, determinar los vínculos entre historia de la guerra, historia militar e historia social y cultural del ejército, así como sugerir reflexiones sobre antropología, sociología, psicología  y política militar.

Niños y adolescentes en abandono moral durante 1864-1926

Durante la instauración del Segundo Imperio de Maximiliano de Habsburgo, la población infantil desvalida de la capital del país vivía uno de sus peores momentos; pese a que se intentaba cambiar la educación, los acontecimientos políticos y económicos no lo permitían; el mejoramiento de los planteles se topaba con altos grados de pobreza, mala alimentación, insalubridad y desamparo total, describe María Eugenia Sánchez Calleja en Niños y adolescentes en abandono moral. Ciudad de México (1864 a 1926), obraque presentará el 29 de abril en la Dirección de Estudios Históricos.

 

El libro, editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), da cuenta de los enfoques de las políticas gubernamentales dirigidas a los menores que estaban fuera de la protección familiar.

 

La obra refleja cómo eran tratados esos niños y adolescentes, y el cambio que en ese momento se proponía. Era el tiempo en que se comenzó a crear la correccional en el auspicio de pobres para educar de manera más severa, con más cuidado y mayor vigilancia a los niños “irregulares” (vagos, indigentes y transgresores), explicó la historiadora.

 

Se consideraban niños en abandono moral a los hijos de las clases trabajadoras que, a consecuencia de enfermedades, negligencia, los vicios de sus padres u otras causas, valiéndose por sí mismos, se encontraban privados de educación. Se hablaba también de moralidad infantil, porque el abandono de los niños a la caridad pública había sobrepoblado los establecimientos de beneficencia, y a los que se encontraban en calle se les calificaba de “peligro social”.

 

Fue entonces que el gobierno dio la instrucción de educar a esta población para que aprendiera y “tener una población sana para formar a futuro la mano de obra que la industria requería de acuerdo con el proyecto de los gobiernos revolucionarios que venía desde Porfirio Díaz”, cita Sánchez Calleja.

 

El texto contiene cinco apartados: “Niños y adolescentes en abandono moral (1864 a 1926)”, querevisa las causas del abandono moral; “La reforma educativa en internados y correccionales de la Ciudad de México en el siglo XIX”; “El niño abandonado, herencia, psiquismo, educación y derechos a principios del siglo XX”; “El niño delincuente y anormal” y “Minoridad, abandono y transgresión. Tribunal para menores y centro de observación y diagnóstico”.

 

Entre otras conclusiones, la investigadora afirma que “se pretendió infantilizar a los niños para hacerlos individuos sumisos, dependientes, y convertirlos en mano de obra barata”, indicó la investigadora del INAH, especialista en estudios históricos sobre la niñez.

 

Además, la protección del niño en abandono moral y material, por su situación de riesgo o “peligro” social, “tuvo como premisa la prevención y evitar la reincidencia, lo que propició un despliegue de estrategias médico-pedagógicas, psicológicas, judiciales, así como de medidas profilácticas, bajo una lógica racional y evolutiva propia de las sociedades modernas”, finalizó.

 

 La obra será presentada por los historiadores Rebeca Monroy, Delia Salazar y Cuauhtémoc Velasco en la Sala de Usos Múltiples de la Dirección de Estudios Históricos, el 29 de abril a las 19:00 horas.

Turquía: cien años de negación del genocidio armenio

El próximo 24 de abril se conmemora el centenario del genocidio armenio (1915-1923), considerado el “primer genocidio” del siglo XX, donde se calcula que murieron más de un millón y medio de armenios. El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, sigue negando el genocidio e intenta eclipsar los actos por el centenario.

 

Hace unos días el gobierno de Armenia exigió –nuevamente- el reconocimiento internacional del genocidio por el que fueron llevados a la muerte, según algunos cálculos, más de un millón y medio de armenios. El gobierno turco, por su parte, busca minimizar las repercusiones que tendrán los actos por los 100 años del genocidio armenio, intentando presionar a Rusia, principal aliado de Armenia, sobre esta cuestión.

 

El 24 de abril de 1915 comenzó una operación genocida orquestada por el gobierno de los Jóvenes Turcos, destinada a erradicar a la población armenia de la Meseta de Anatolia, región que este pueblo había habitado durante siglos.

 

En el contexto de la crisis del Imperio Otomano y con el objetivo de consolidar una “nación turca” “homogeneizada”, el gobierno emprendió una persecución, expulsión y aniquilación de la población armenia.

 

La siniestra operación comenzó el 24 de abril con la detención simultánea de intelectuales, dirigentes políticos y personalidades armenias, acusados de “hostilidad al Estado” y predisposición “a la traición”. Solo en Estambul fueron detenidas y fusiladas o deportadas más de 2300 personas. Poco después fueron masacrados todos los hombres armenios que se habían unido al ejército. A continuación se procedió a la separación de los hombres adultos que quedaban (entre 15 y 20 años y entre 45 y 60 años) de sus comunidades, distanciándolos de sus familias y dejando solos a mujeres, niños y ancianos. El acto siguiente fueron las deportaciones en masa y las masacres.

 

Obligados a marchar a pie durante semanas, con tan solo un kg de pan por mes por persona, esas caravanas fueron calificadas como “marchas de la muerte”. En cada “parada” miles de personas eran ejecutadas, violadas, y sus cuerpos lanzados al río Éufrates.

 

En una segunda fase, los sobrevivientes fueron instalados en campos de refugiados miserables en las cercanías de Alepo (Siria), donde la mayoría murieron de hambre y enfermedades.

 

“En mi familia, de 30 miembros, sólo quedaron cinco tras los años del genocidio”, dijo Ashot Dzhazoyán, presidente del Congreso de Medios “Unión de Periodistas”.

 

Cuando van a cumplirse 100 años de estos hechos, tan sólo 22 países han calificado aquellos hechos como genocidio, mientras que Turquía, aunque reconoce que “hubo excesos”, sigue negando que se tratara de un genocidio, negando que la intención fuera aniquilar a todos los armenios.

 

El gobierno turco cuestionó recientemente un informe de Derechos Humanos presentado en el Parlamento Europeo que definía el año 2015 como el año del “centenario del genocidio armenio”. El ministro de exteriores turco aseguró que esas afirmaciones “dañan las relaciones entre Turquía y la UE”.

 

Durante todo el siglo XX el genocidio armenio se ocultó y “olvidó” deliberadamente por parte de los Estados europeos y Estados Unidos, y sólo algunos países reconocieron su existencia hace muy pocos años. Israel sigue negando el genocidio armenio. Es que Turquía ha sido y sigue siendo un aliado clave de “occidente” en una zona estratégica la frontera entre Europa y Asia.

 

Desde que Armenia recuperó en su independencia en 1991 (con la caída de la Unión Soviética) su política exterior está centrada en conseguir el reconocimiento por esa tragedia. Pero el genocidio armenio no es solo una disputa por la memoria del pasado, sino que sigue teniendo consecuencias en la geopolítica actual.

 

Hace unos días, Viguén Sargsián, jefe de la Administración de la Presidencia armenia, acusó a Turquía de estar desplegando una política “neoimperialista” y “una postura claramente antiarmenia en las instituciones internacionales”. El presidente de Armenia sostuvo que “la negación del genocidio por parte de Turquía se puede calificar de crimen continuado”.

Armenia mantiene un fuerte enfrentamiento político con Turquía, que bloquea la frontera turco-armenia, ahogando la economía de ese país. A su vez, está enfrentada con otro de sus vecinos, Azerbaiyán, por el enclave de Nagorno Karabaj.

 

Armenia se integró 1 de enero de 2015 a la Unión Económica Eurasiática (UEE), con Rusia, Bielorrusia y Kazajistán. Según declaraciones del ministro de exteriores armenio: “las relaciones entre Armenia y Rusia son estratégicas, de alianza, a prueba del tiempo. La base militar rusa en Armenia (…) es un importante factor para garantizar la seguridad”.

 

El pequeño país del Cáucaso, juega su papel en el tablero geopolítico mundial, sosteniendo su alianza con Moscú en un momento en que los enfrentamientos entre Putín y los líderes occidentales están al rojo vivo.

 

Días atrás se conoció una conversación telefónica entre Putín y Erdogán, donde este último intentó presionar por la cuestión del genocidio armenio. Es que el próximo 24 de abril Putin estará presente en Armenia para la conmemoración del genocidio, mientras Turquía trata de evitar las repercusiones mundiales que puede tener el centenario de esa masacre.

 

Como parte de un intento por ocultar el genocidio armenio, el gobierno turco comenzó a organizar un acto por los 100 años del triunfo turco en la batalla de Galípoli, durante la campaña de los Dardanelos, en la Primera Guerra Mundial. Casualmente, quiere que la conmemoración de estos hechos se haga el mismo 24 de abril.

 

El genocidio armenio de 1915 fue una muestra brutal de barbarie capitalista e imperialista, la antesala de las acciones genocidas que siguieron cometiendo los Estados capitalistas en todo el siglo XX. La impunidad de estos crímenes, y su “utilización” en el tablero geopolítico mundial son otra cara de esa misma barbarie.