Registran, a detalle, forma y color del mural "Los bebedores"

El registro de la forma y el color de Los bebedores, realizado por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se convertirá en una de las fuentes de información más completas y detalladas sobre este mural, que desde su descubrimiento hace 46 años en la Gran Pirámide de Cholula, Puebla, ha fascinado lo mismo a científicos que a historiadores del arte.

 

Esta investigación lleva aproximadamente el 80 por ciento de avance y permitirá apreciar y estudiar con mayor precisión este patrimonio, explicó la restauradora perito Dulce María Grimaldi, del Departamento de Conservación del Patrimonio Arqueológico In Situ en esa zona arqueológica.

 

La labor dio inicio con la fotografía de la totalidad de la pintura distribuida en seis paredes; sin embargo, debido a lo estrecho del espacio donde se ubica la creación, las fotografías abarcaron secciones pequeñas (cerca de seis tomas por m2), integradas en un armado por muro.

 

Los armados fotográficos sirvieron de base para realizar el dibujo a línea donde se plasmaron las figuras que componen la obra de 60 m de largo por 2.25 m de altura. Posteriormente, el trazado fue enriquecido con detalles recuperados de calcas elaboradas a inicios de la década de los 80, así como por fotografías históricas y, sobre todo, por los pormenores que resaltaron durante las tareas de conservación de diferentes sectores, momento en el cual la saturación facilitó observar aspectos escondidos bajo concreciones de sales y tierra.

 

Con el paso del tiempo y considerando que estos bienes culturales se exponen a distintos agentes de deterioro, “la conjunción de esta información servirá como un punto de comparación y testimonio material de cuanto existió, de modo que una selección bien realizada puede brindar una idea del antes y el después de Los bebedores”, expresó Dulce María Grimaldi.

 

En la actualidad, como parte del proyecto impulsado desde la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) del INAH, los dibujos obtenidos están siendo sometidos a una última revisión in situ, para asegurarse de que se han registrado todas las formas que componen el mural.

 

Para contar con una imagen aproximada del original, se propuso un diseño que integrara figuras en los espacios donde éstas se han perdido. “Como restauradores no pretendemos interpretar la escena, sino precisar lo que estaba representado”, explicó Dulce María Grimaldi.

 

De esta manera, ahora se puede hacer un análisis profundo a partir de una serie de elementos ya señalados. Por ejemplo, se sabe con exactitud que hay 103 personajes representados y no 110, como aparecía en otras referencias; su distribución en las zonas norte y sur, las características de sus tocados e incluso las posturas que guardan (varios aparecen con una pierna abierta y otra doblada al frente), etcétera.

 

Respecto al conocimiento de los colores empleados en Los bebedores, su registro implicó llevar a cabo dibujos en línea del mural, marcando el color que se observa a simple vista. El resultado se cotejó de nuevo con las calcas elaboradas en los años 80, así como con las fotografías históricas; esto ayudó a corregir tonos y formas que en su origen fueron mal asentados.

 

Sin embargo, debido al avanzado grado de deterioro que presentan varios sectores, resulta difícil definir la paleta cromática empleada en la obra. Los colores se han alterado, producto de la presencia de sales, pérdida de capa pictórica y proliferación de hongos en superficie, anota Grimaldi.

 

Para tratar de tener mayor claridad, se llevó a cabo una consulta de los colores empleados tal como se anotaron en documentos e informes de las intervenciones previas por arqueólogos, restauradores y científicos.

 

“Hay una paleta cromática básica compuesta por dos tonos de ocre, dos de rojo, negro, verde y en algunas secciones aparecen café y rosa; de estos últimos, no hemos definido si son resultado de una degradación, producto de la aparición de sales”. Por ello se complementó el estudio con la observación a través de microscopio óptico y colorimetría, tareas cuyos resultados se están procesando.

 

Se espera que los resultados de la investigación permitan proponer un dibujo coloreado de acuerdo con el aspecto original. Asimismo, el registro se complementará en el corto plazo con el análisis instrumental de la capa pictórica y el soporte de tierra para definir la técnica pictórica empleada en este mural.

Reconstruyen la continuidad de la nobleza mexica en la Colonia

*** Salvo un periodo de incertidumbre que dio pie al gobierno de los cuauhtlatoque, la noble casta tenochca recuperó el gobierno de la antigua ciudad, entre 1539 y 1565  *** La historiadora María Castañeda de la Paz fue invitada por el INAH para conversar sobre La nobleza indígena del centro de México, en el siglo XVI

 

Tras la dolorosa caída de México-Tenochtitlan y salvo un periodo de incertidumbre que dio pie al gobierno de los cuauhtlatoque, personajes provenientes de linajes ilegítimos, la noble casta mexica recuperó el gobierno de la antigua ciudad, por lo menos entre 1539 y hasta 1565, según ha podido reconstruir la historiadora María Castañeda de la Paz a través de la búsqueda en archivos.

 

Invitada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para conversar sobre La nobleza indígena del centro de México, en el siglo XVI, la investigadora comentó que el trabajo filológico que lleva cabo es sumamente laborioso. Los datos provenientes de un legajo y otro le permitieron hilvanar una apasionante historia: la dinastía tenochca barajó sus cartas sobre una mesa que representaba un nuevo sistema político.

 

“Hay cierta idealización sobre cómo fue la sociedad indígena. En ésta, al igual que en todas las sociedades de la humanidad, se dieron luchas por el poder, ¿por qué iba a ser diferente?”, expresó la especialista en una de sus participaciones llevadas a cabo en el Museo Nacional de Antropología.

 

Después de indagar lo asentado en crónicas, códices y otros documentos de la época, fuentes que ha localizado principalmente en los archivos Casa de Alba, en la capital española, así como en el General de la Nación (Ciudad de México) y General de Indias (Sevilla), María Castañeda trazó una línea, no siempre recta, del linaje que comenzó Acamapichtli, en 1325, como primer tlatoani de Tenochtitlan.

 

Los cuauhtlatoque

 

La conquista de la ciudad, consumada el 13 de agosto de 1521, dio paso a un periodo de desorden, propiciando el ingreso de los cuauhtlatoque en el gobierno. El propio Hernán Cortés nombró en 1525 como primer gobernador a Juan Velázquez Tlacotzin, quien duraría sólo un año en el cargo; a éste le sucederían Andrés de Tapia Motelchiuhtzin (1525-1531) y Pablo Xochiquetzin (1531-1536).

 

De acuerdo con María Castañeda, investigadora del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, en los años siguientes a la Conquista sobrevino un intenso debate sobre la naturaleza del indígena y cuál sería su estatus en el nuevo orden.

 

“Carlos V estaba preocupado, no quería que en sus colonias se repitiera aquello que sus abuelos, los Reyes Católicos, lograron frenar en España: los señoríos feudales. Si bien es cierto que como monarca apoyó la Conquista, Carlos V tenía una formación humanista, quiso otorgarles derechos a los indígenas, no quería que fueran esclavos.

 

“El monarca intentó acotar el terreno a Hernán Cortés y su tropa. Con el envío de virreyes, Carlos V pretendió establecer control para frenar ya no sólo la ambición de los conquistadores, sino también la de los miembros de la Primera Audiencia”.

 

En opinión de María Castañeda —cuya pasión por el mundo mexica despertó a los 13 años en una clase de historia sobre esta cultura—, el rey reconoció tempranamente la compleja estructura social del centro de México y su organización. Hizo lo posible por reconocer la nobleza de los señores autóctonos, algunos de sus derechos y privilegios. “Carlos V observó que el papel de los nobles era fundamental para mantener el orden”.

 

El retorno de la nobleza tenochca

 

Con un proceder muy político, esperando a que falleciera cada uno de los cuauhtlatoque, el virrey Antonio de Mendoza se encargó de restituir a la nobleza tradicional: en Tenochtitlan y en Azcapotzalco Mexicapan colocó a Alonso Tezozómoc; en Tlatelolco, a Diego de Mendoza y en Tlacopan restableció el linaje de Totoquihuatzin”.

 

En 1539, don Diego Panitzin, nieto del tlatoani Axayácatl, se convirtió en el primer gobernador de Tenochtitlan tras la Conquista. No obstante, el favorito de los españoles era Martín Moctezuma, casado con una dama de la corte y también nieto de Axayácatl, pero fue envenenado tras retornar de uno de sus varios viajes a España.

 

Uno de los patrones novedosos que María Castañeda infirió de sus indagaciones sobre el sistema de sucesión imperante en la Colonia es la imposición de un modelo hereditario colateral, único en Mesoamérica. “Se suceden los hermanos y parece que primero gobierna el menor, luego el mediano y después el mayor. A continuación gobernarían los hijos del hermano menor”, señaló.

 

Don Diego Tehuetzquitizin, nieto de Tízoc, y don Juan Coatlhuitzilihuitl, nieto de Ahuízotl, gobernarían Tenochtitlan respectivamente en sucesión de Panitzin. Entre 1554 y 1562, el mando retornaría al linaje de Axayácatl con el nombramiento como gobernador de Cristóbal de Guzmán Cecetzin, hijo de Panitzin y Francisca Moctezuma.

 

Entre 1563 y 1565, vendría don Luis de Santa María Cipac, descendiente de Ahuízotl. Con él acabaría el gobierno de la nobleza tenochca sobre su antigua ciudad. Para 1566 un fuerte candidato a mantener esta gobernanza fue don Pedro Dionisio, descendiente de Tízoc; pero un posible caso de incesto truncó sus ambiciones políticas.

 

Documentos como los Anales de Juan Bautista y la propia Genealogía de Don Pedro Dionisio (donde un par de mujeres aparecen de espaldas a él y no de frente, como señala la convención pictográfica cuando se alude a la esposa legítima) llevan a inferir a la historiadora que el personaje sostuvo una relación con su madrastra y su hermanastra.

 

“El gobierno de la nobleza indígena de Tenochtitlan finaliza, según cronistas, por un asunto de incesto relacionado con don Pedro Dionisio. Él siguió metido en el cabildo indígena o como alcalde, pero nunca llegó a convertirse en gobernador.

 

“Parecía que los nobles mexicas continuaban con los modelos prehispánicos, aunque este patrón de funcionamiento ya no tenía validez. Los indígenas ya estaban entre dos mundos y, cuando les interesaba, utilizaban las leyes españolas para quitar a alguien de en medio. Eso es lo que, al parecer, está pasando”.

 

Jueces gobernadores

 

A partir de entonces inició el mandato en la ciudad por parte de jueces gobernadores, muy importantes para las autoridades coloniales; a través de ellos se restó autoridad a los gobernadores indígenas, entre ellos Francisco Jiménez, Antonio Valeriano, Juan Martín, Jerónimo López, Juan Bautista y Antonio Valeriano “El Joven”, abundó la historiadora.

 

“El virrey Mendoza fue muy astuto, hizo lo necesario para preparar a los nobles indígenas en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco. Los jueces gobernadores ahí formados son los que las autoridades españolas usarán para romper con el poder y el clientelismo que los señores autóctonos tenían en sus respectivos pueblos”.

 

El ascenso de Felipe II al trono representó otro duro golpe para la nobleza indígena. La asfixiante situación económica de España, producto de las guerras, conllevó a restar prerrogativas a la nobleza indígena e imponerle el pago de tributo. “Todo esto marcaría un declive de la nobleza en la segunda mitad del siglo XVI”, concluyó la experta. 

Exhiben la riqueza arqueológica de Guanajuato

Más de 300 piezas, muchas de ellas inéditas, integran la exposición Guanajuato. Arqueología revelada, inaugurada en el Museo de Arte e Historia de Guanajuato (MAHG), en la ciudad de León, que compendia varios años de investigación en zonas arqueológicas de la entidad y acerca al conocimiento de la vida cotidiana, el pensamiento religioso, la arquitectura y demás manifestaciones culturales de los antiguos habitantes de la región.

 

Con la curaduría de arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la muestra presenta objetos provenientes de siete sitios arqueológicos de Guanajuato, así como vestigios encontrados en la ciudad de León, que han sido investigados en años recientes y ponen de manifiesto la riqueza cultural de la entidad.

 

La muestra fue inaugurada por el gobernador de la entidad, Miguel Márquez Márquez; el coordinador nacional de Centros INAH, José Muñoz Bonilla, en representación de Teresa Franco, directora general del INAH, y Octavio Villasana Delfín, presidente municipal de León, entre otras autoridades.

 

El mandatario estatal felicitó a los arqueólogos que han trabajado durante años en las zonas arqueológicas abiertas al público y las que están en proceso de investigación, porque permiten al público conocer su patrimonio cultural y abren una ventana al pasado que dio origen a la sociedad actual.

 

José Muñoz Bonilla, coordinador nacional de Centros INAH, destacó que la exposición marca un hito en la historia regional por su magnitud e importancia, al difundir las culturas que se asentaron en esta entidad.

 

Agregó que Guanajuato se ha convertido en un lugar que ofrece variadas posibilidades en el campo de la arqueología, y resaltó que el trabajo compartido del INAH, la sociedad civil y los tres órdenes de gobierno en la investigación, conservación y divulgación del patrimonio arqueológico, se ve reflejado en esta exposición.

 

Guanajuato. Arqueología reveladase divide en ocho núcleos temáticos, cuatro de ellos dedicados a las zonas  arqueológicas de Plazuelas, en Pénjamo; Peralta, en Abasolo; Cañada de la Virgen, en San Miguel de Allende, y el Cóporo, en Ocampo, que han sido abiertas al público.

 

Otras dos secciones abordan los procesos de investigación en los sitios de Arroyo Seco, en Victoria, y Cerro de los Remedios, en Comonfort. Un rubro más hace referencia a la cultura en Chupícuaro, que se desarrolló en los márgenes del río Lerma, entre las ciudades de Acámbaro y Tarandacuao, y una última unidad temática alude a los vestigios encontrados en la ciudad de León, sede del museo donde se exhibe la muestra.

 

Detalles constructivos de las llamadas “casas tapadas” de Plazuelas, el doble templo de Peralta, la Casa de los 13 Cielos de Cañada de la Virgen y la Plaza Cívica en Cerro de los Remedios, así como ejemplos de la pintura rupestre del noreste de Guanajuato, de gran riqueza iconográfica, se podrán apreciar en esta exposición que ocupa más de mil metros cuadrados.

 

Vasijas, figurillas antropomorfas, joyería, herramientas, armas y otros objetos de uso cotidiano, complementan la muestra que, a través de recursos museográficos como ambientaciones, interactivos, proyecciones, maquetas y otros elementos, permite al público acercarse al pasado prehispánico de la entidad.

 

La apertura de cuatro zonas arqueológicas y dos más en proceso de investigación, comprueban la vastedad y riqueza de las culturas que se asentaron en el territorio guanajuatense.

 

En la zona de Cerro de los Remedios, los avances de la exploración han dejado al descubierto una serie de conjuntos arquitectónicos que van esclareciendo el modo de vida de sus antiguos habitantes y apuntan a un marcado uso ceremonial.

 

En el nororiente del estado, se han descubierto sitios arqueológicos con pintura rupestre, de cuyo estudio se desprende que existió una larga tradición pictórica que abarcó los periodos prehispánico y virreinal, y revelan el sistema de vida de los pobladores.

 

El sitio de Plazuelas, enclavado en la sierra de Pénjamo, fue construido sobre tres laderas separadas por dos barrancas. Esta antigua ciudad estuvo habitada alrededor del año 450 al 700 d.C. Los diseños y ornamentos de sus edificios evocan el antiguo culto a dioses del agua, la tierra, el viento y el fuego.

 

El Cóporo, al poniente de la sierra de Santa Bárbara, es un asentamiento fechado entre los años 500 y 900 de nuestra era. En él se pueden apreciar conjuntos ceremoniales, zonas habitacionales y espacios públicos construidos con piedra careada, adobe, bajareque, barro y bloques de cantera.

 

El sitio de Peralta se caracteriza por su arquitectura monumental y complejidad constructiva de templos y espacios cívicos, cuya etapa de mayor desarrollo ocurrió del año 400 al 650 d.C.

 

En Cañada de la Virgen sus antiguas construcciones guardan una relación con la observación del cielo y su traza urbana refleja los ciclos cósmicos a los que se vinculaba la vida de sus habitantes. Se han identificado tres etapas constructivas que van del año 540 al 1050 de nuestra era.

 

La exposición, que se presentará del 11 de julio al 25 de octubre, en la Sala Luis García Guerrero del MAHG, es el resultado de varios meses de trabajo de investigadores del INAH en Guanajuato, del Instituto Estatal de la Cultura y del Fórum Cultural Guanajuato.

 

Como parte de la exposición, el Área de Servicios Educativos ha preparado diversas actividades, como el taller familiar “Descubriendo nuestro pasado”, que se realizará los domingos, de julio a noviembre, de manera gratuita. Asimismo, se desarrollará el curso de verano “Explorando el pasado”, del 28 de julio al 1 de agosto, y del 4 al 8 de agosto, para niños de 7 a 13 años, con un costo de 500 pesos.

 

Finalmente, habrá un ciclo de conferencias, del 21 al 25 de octubre, impartido por los investigadores de los sitios arqueológicos, como Carlos Castañeda, Efraín Cárdenas, Gabriela Zepeda, Ana Ruth Villalpando, Luz María Flores, Carlos Viramontes, Omar Cruces, Gerald Migeon, Gerardo Rivera, Rodrigo Esparza, Luis Felipe Nieto y Lidia Iris Rodríguez. Entrada libre.

 

El costo de admisión para la exposición es de 20 pesos; abierta de martes a viernes, de 10:00 a 17:00 horas, y sábados y domingos, de 11:00 a 18:00 horas. 

Hallazgos en el templo de Santo Domingo, una ventana a la historia de Zacatecas

Hace cinco años, el hallazgo de momias bajo el piso del antiguo templo de la Compañía de Jesús, en Zacatecas, produjo leyendas entre los pobladores, pero lo cierto es que esos descubrimientos resultaron ser una ventana a la historia de esta ciudad, explicó el arqueólogo Francisco Montoya Mar.

 

Durante el salvamento arqueológico, que se prolongó a lo largo de un año, se registraron 43 inhumaciones primarias —restos que por su posición y relación anatómica, o condición de proximidad, fueron enterrados poco después de su deceso en el sitio donde se les halló sin haber sido movidos— y gran cantidad de partes óseas aisladas, como producto de la reutilización de espacios.

 

El tipo de suelo y la sequedad propiciaron que cinco de ellos conservaran parte de sus tejidos de forma natural, y 20 la totalidad de los mismos. De esos 20 entierros momificados, nueve corresponden a infantes y 11 a adultos.

 

El estudio de estos vestigios representa una oportunidad para conocer la vida de una sociedad con distintos sectores y su transcurrir desde la época colonial al México independiente, comentó Francisco Montoya durante su participación en el Tercer Coloquio de Arqueología Histórica, organizado en fecha reciente por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

 

En el caso de uno de los entierros (el 14), los análisis y reflexiones que implicó esta investigación condujeron a confrontar el dato arqueológico con el histórico. Desde su hallazgo resultaba inusual, señaló el experto. Por razones desconocidas, el rico ataúd tapizado con seda, decorado con listones dorados y remachado con tachuelas chapadas en oro, fue colocado originalmente con la tapa vuelta al suelo y no hacia la superficie.

 

Dentro estaban los restos del niño Luis Rivero, quien murió a la corta edad de cinco años, víctima de fiebre escarlatina, el 12 de mayo de 1844, hace 171 años. Así lo confirman un par de liras y una elegía que el padre, Luis Rivero, y el tío del menor, Gerardo García Rojas, dejaron como constancia de su dolor.

 

Una de las liras escritas por Luis Rivero, un hombre acaudalado de la época y reconocido poeta, comienza así: Salud, encanto mío; / Amable niño, niño afortunado, / Allá en el cielo pio / De gloria circundado / Te contemplo de gozo enagenado.

 

La elegía escrita por el tío y dedicada a su hermana, la madre del niño fallecido, dice: Así precioso niño, sin ventura / Quedaste en duro lecho derribado / Preso ya de maligna calentura.  […] Las marcas dolorosas nos mostraba / Que estampó en la fiera escarlatina /  Y do-mortal veneno se ocultaba […] Volaste al cielo sobre nubes de oro, / Circuido de celeste resplandor / Y allí repites en festivo coro / Alabanzas y loores al señor.

 

Para Francisco Montoya, profesor e investigador de la Universidad Autónoma de Zacatecas, las liras (probablemente impresas para entregar a los deudos) y la elegía manuscrita son testimonio de la mentalidad de aquella época, así como de los males que aquejaban a la población, en este caso infantil.

 

La mayoría de los entierros descubiertos presentaba, sin embargo, características modestas, los ataúdes y los ropajes con que fueron envueltos los restos son sencillos. Para el arqueólogo, una hipótesis del porqué los sepultaban en ese sitio se debía a que los deudos mantenían amistad con los jesuitas.

 

Aunque los entierros no han sido fechados, existe uno que con certeza data de la ocupación jesuita. Se trata del asignado con el número 7, correspondiente a un hombre de entre 70 y 75 años, probablemente un sacerdote jesuita, porque fue ataviado con el hábito propio de esta orden: una sotana de tela negra y áspera remachada con 33 botones, cifra que alude a la edad en que murió Jesucristo.

 

Respecto al Templo de Santo Domingo, “nos percatamos de que el edificio actual no corresponde a la construcción original. La antigua iglesia data de 1616 y la que ahora observamos comenzó a edificarse en 1746 y se consagró en 1750”. Los jesuitas disfrutaron de ella sólo 17 años, pues la orden religiosa fue expulsada de los territorios novohispanos en 1767, citó el especialista.

 

La iglesia estuvo dos décadas en el abandono hasta que los dominicos lo ocuparon, por ello es más conocido como el templo de Santo Domingo, una de las joyas de la arquitectura religiosa de la ciudad de Zacatecas.

 

Francisco Montoya recordó que el salvamento arqueológico en el antiguo templo de la Compañía de Jesús corrió paralelo a la rehabilitación del mismo. Las áreas intervenidas fueron aquellas donde se presentaban daños estructurales, motivo por el cual los hallazgos se concentraron en la nave oeste del templo, y parte en la central.

Espectacular imagen de la Vía Láctea

06.07.15.- Esta imagen, basada en datos de mantenimiento del satélite Gaia, de la ESA, no es una forma habitual de representar los cielos. La imagen muestra la silueta de nuestra galaxia, la Vía Láctea,  y de las vecinas Nubes de Magallanes, y ha sido obtenida de forma bastante inusual. 

 

Gaia escanea el cielo para medir posiciones y velocidades de mil millones de estrellas con una precisión sin precedentes, y para algunas estrellas también determina la velocidad a la que pasan por el sensor de la cámara. Esta infomración es usada en tiempo real por el sistema de control de actitud y órbita, para garantizar que la orientación del satélite se mantiene con la precisión deseada.

 

Los datos estadísticos producto de estas medidas se envían de forma rutinaria a la Tierra, junto con los datos científicos, como datos de mantenimiento. Incluyen el número total de estrellas que se usan para este sistema de control detectadas cada segundo en cada uno de los campos de visión de Gaia.

 

Esto último, que es básicamente una indicación de la densidad de estrellas en el cielo, fue usado para generar esta poco común vista de la esfera celeste. Las regiones más brillantes indican una concentración mayor de estrellas, mientras que las regiones más oscuras corresponden a áreas del cielo en que se observan menos estrellas.

 

 La imagen, basada en datos del satélite Gaia, muestra la silueta de nuestra galaxia, la Vía Láctea, y de las vecinas Nubes de Magallanes. Image Credit: ESA

 

El plano de la Vía Láctea, donde están la mayor parte de las estrellas, es la parte más brillante de la imagen, una franja horizontal y especialmente brillante en el centro. Las regiones más oscuras se corresponden con densas nubes interestelares de gas y polvo que absorben la luz de las estrellas al interponerse en la línea de visión.

 

El Plano Galáctico es la proyección en el cielo del disco galáctico, una estructura aplanada de unos 100.000 años luz de diámetro y un grosor de solo 1.000 años luz.

 

Más allá del plano solo son visibles unos pocos objetos, en especial las Nubes de Magallanes -Grande y Pequeña-, dos galaxias enanas que orbitan la Vía Láctea, en la parte inferior derecha de la imagen. 

 

Unos pocos cúmulos globulares -grandes agrupaciones de millones de estrellas que se mantienen unidos por su gravedad mutua- también están repartidos por el Plano Galáctico. Los cúmulos globulares son las poblaciones de estrellas más antiguas de la galaxia, situadas sobre todo en un halo esférico que se extiende hasta 100.000 años luz desde el centro de la Vía Láctea.

 

El cúmulo globular  NGC 104 se aprecia claramente en la imagen, inmediatamente a la izquierda de la Pequeña Nube de Magallanes. En una versión anotada de la imagen se destacan otros cúmulos globulares.

 

La mayoría de las estrellas brillantes que se aprecian a simple vista, y que forman las conocidas constelaciones, no están en esta imagen porque son demasiado brillantes para ser usadas por el sistema de control de Gaia. La galaxia Andrómeda, la mayor vecina de la Vía Láctea, tampoco figura.

 

Aunque Gaia está equipada con una cámara de mil millones de píxeles, no es una misión dedicada a obtener imágenes del cielo. Gaia está elaborando el mayor y más preciso mapa de nuestra galaxia, proporcionando así una herramienta crucial para el estudio de la formación y la evolución de la Vía Láctea.