Primeros pasos del hombre en América congrega a estudiosos del mundo en Veracruz

** Participan investigadores de México, Brasil, Argentina, Chile, Estados Unidos, Alemania e Inglaterra, dedicados a descifrar cómo fue el poblamiento de América ** Presentarán nuevos fechamientos de especímenes humanos, avances en los estudios de Naia y la memoria de la Reunión Internacional de Expertos sobre el Primer Poblamiento de las Américas y la Convención del Patrimonio Mundial

 

El VIII Simposio Internacional El Hombre Temprano en América inició sus actividades este 14 de noviembre en el Museo de Antropología de Xalapa (MAX), en Veracruz, con la participación de un centenar de especialistas en poblamiento del continente y la apertura de la exhibición Pasos de la evolución humana, que reúne una colección de réplicas exactas de cráneos de los especímenes más antiguos localizados hasta el momento en territorio mexicano, así como fósiles del periodo Pleistoceno y huesos de humanos de inicios del Holoceno.

Durante cinco días de conferencias y presentación de carteles, en uno de los museos más importantes del estado de Veracruz, el encuentro académico organizado por la Dirección de Antropología Física (DAF) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ofrecerá un panorama de los avances que han logrado en los últimos dos años, científicos de diversos países en el continente y fuera de él, para conocer la presencia de los primeros pobladores americanos.

Asimismo, se presentará la memoria de la Reunión Internacional de Expertos sobre el Primer Poblamiento de las Américas y la Convención del Patrimonio Mundial, celebrada en septiembre de 2013, en la ciudad de Puebla. La obra, editada por la UNESCO, reúne en dos volúmenes las ponencias presentadas en el encuentro académico y da cuenta de los vestigios arqueológicos vinculados con las primeras migraciones humanas y los orígenes de la diversidad cultural de las Américas. Será comentada por Nuria Sanz, oficial a cargo de la Oficina de la UNESCO en México.

El antropólogo físico José Concepción Jiménez, fundador y organizador del simposio que se realiza desde 2002, explicó que la octava edición se estructuró en tres temáticas centrales: paleozoología, fechamientos y nuevos descubrimientos de la presencia humana, y estudios de genética. Destacó la relativa a fechamientos recientes, los cuales se darán a conocer en el marco de la reunión internacional.

Entre dichas dataciones mencionó cuatro referentes a especímenes localizados en la Cuenca de México que forman parte de la Colección de Ejemplares Precerámicos de la Osteoteca de la DAF, cuyos estudios han arrojado de 4,000 a 6,000 años, datos que vienen a reforzar las pruebas de que la población de la Cuenca de México ocurrió desde épocas muy tempranas.

Asimismo, José Concepción Jiménez mencionó estudios realizados en materiales arqueológicos descubiertos en cuevas mortuorias de Cuatro Ciénegas, Coahuila, que arrojaron fechamientos de 6,000 años de ocupación humana. Y nuevos datos acerca de un esqueleto procedente de Tláhuac, en la Ciudad de México, derivados de un estudio de Radiocarbono elaborado en la UNAM.

Otro ejemplar del cual serán presentados avances de sus estudios de osteología y dentición será Naia, el esqueleto femenino que se halló en el cenote Hoyo Negro, en Quintana Roo. Al respecto también serán abordados los métodos de investigación que se han seguido para el análisis del contexto en que se localizó.

En febrero de 1947 fue encontrado el Hombre de Tepexpan (cráneo, costillas y huesos largos) en llanos del Estado de México. Por mucho tiempo fue el referente obligado de la presencia del hombre precerámico en México y la antropología física ha debatido si es hombre o mujer; en el VIII Simposio será presentada una nueva propuesta que pretenden aportar más elementos para esclarecer el debate, así como una segunda versión de su aproximación facial y datos culturales y paleoambientales del entorno en que fue hallado el esqueleto.

En la temática de fauna del Pleistoceno, un aspecto por abordar será el de los restos de animales extintos descubiertos desde el 2000 en cuevas inundadas de la península de Yucatán.

El especialista del INAH destacó el hecho de que el simposio se realice en Veracruz, donde existe una comunidad estudiantil entusiasta para los temas antropológicos. A través de este encuentro, dijo, queremos animar a las nuevas generaciones a especializarse en el estudio de la prehistoria, en tanto esa ha sido una de las motivaciones que llevaron a desarrollar este espacio académico, porque el estudio del hombre temprano ha tenido poco impulso frente al de las culturas mesoamericanas.

En el ámbito de América se presentarán estudios de Brasil, particularmente sobre un hallazgo hacia las primeras cerámicas del suroeste amazónico y hablarán de sitios arqueológicos del Holoceno Temprano; de Chile abordarán el tema de la lítica y la pintura rupestre en el desierto de Atacama; de Ecuador se referirán a los primeros alfareros de la costa pacífica, entre otros.

También participan estudiosos de Estados Unidos, Alemania e Inglaterra dedicados a la investigación del poblamiento en el continente americano, a través de instituciones académicas de prestigio como Applied PaleoScience, Washington, EU; Liverpool John Moores University, Reino Unido; Department of Palaeontology and Evolution, State Museum of Natural History Karlsruhe, Alemania, por mencionar algunas.

De México, además de investigadores del INAH, participan de los institutos de Investigaciones Antropológicas, de Geología y de Física de la UNAM, así como de su Facultad de Ciencias; además de los museos del Desierto y de Antropología de Xalapa, de Coahuila y Veracruz, respectivamente.

La exposición Pasos de la evolución humana se presenta en la Galería del Mezzanine del MAX, donde permanecerá hasta el 20 de enero de 2017, con horarios de visita de 9 a 19 horas. Entrada libre.

De acuerdo con José Concepción Jiménez, los estudios de la llegada del humano al continente americano estaban dispersos hasta que hace 16 años. Dentro del INAH, nació el Simposio El Hombre Temprano en América que ha servido como puente de comunicación entre los especialistas dedicados a conocer el origen del hombre en México y en América. Asimismo, hasta hace poco tiempo prevalecía la idea de que el humano entró al continente por el norte: el estrecho de Bering. Hoy los datos cada día apuntan con más certeza hacia la ocupación múltiple: distintas oleadas de migraciones llegaron a diversos puntos del continente. El reto ahora es explicar cómo ocurrió.

La minería en Nayarit, un recorrido histórico

 

Tepic, Nayarit. 2016 (Agencia Informativa Conacyt).- Pedro Luna Jiménez, economista e historiador, investigador y académico de la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN), afirmó que durante la Conquista española, la minería tuvo gran importancia para el estado, porque a partir de ella se fundaron poblaciones que eran potencias económicas, y que actualmente ha perdido ese sentido económico social.

En entrevista con la Agencia Informativa Conacyt, Pedro Luna Jiménez refirió que ha investigado la importancia de esta actividad para el desarrollo de Nayarit, con lo que señaló que con la colonización española, una de las principales motivaciones para avanzar en este proceso fue la fundación de pueblos, basada en la búsqueda de metales preciosos.

“Para Nayarit, después de la Conquista, yo quiero decir que la minería significó en ese primer momento la posibilidad de llevar poblaciones hacia la zona de la montaña, incluso en esos primeros 100 años, poco más, poco menos, de dominación española, se fundaron poblaciones que jugaron un papel muy importante como cabeceras de alcaldía y que fueron centros mineros conocidos como reales de minas”, apuntó.

Entre los centros mineros se encontraban, dijo el historiador, Real de Acuitapilco, Chimaltitán y Santa María del Oro, estos tres en el municipio de Santa María del Oro al sur del estado; en la zona de la sierra, se encontraba real de minas de Santa María de la Yesca, pero ya antes, en las primeras décadas del siglo XVII, se conoció el real de minas Jora, cerca de la comunidad de Huajimic, mina que jugó un papel muy importante para la orden de los frailes franciscanos.

En Compostela, se conocieron, dijo, las Minas del Espíritu Santo, las de Huicicila; al norte de la entidad, hacia la zona serrana de Ruiz, explicó, hubo un centro minero que también jugó un papel muy importante como pueblo y como cabecera de alcaldía conocido como Motaje, de Ruiz hacia San Pedro Ixcatán, aguas arriba.

“Acaponeta (en la región norte del estado) al igual que Ixtlán del Río, fueron como cabeceras de ciertas comarcas donde había una intensa actividad minera, por ejemplo Acaponeta tuvo una época de cierto florecimiento durante la llegada de los españoles porque era el lugar de proveeduría de bienes alimenticios, de comercio y todo eso, a los centros mineros”, mencionó.

La decadencia de la actividad minera en Nayarit

A partir de las guerras de independencia de 1810, la actividad minera entra en decadencia en el estado, además de que se hacía necesario el uso de mayor tecnología, que hasta ese momento era imposible de tener en las zonas nayaritas.


“Yo también diría que aparte de esas guerras, los centros mineros, esas betas, esas explotaciones mineras, surgieron en donde la presencia de oro y plata no estaban tan profundos, es decir que con un poco de tecnología los podían explotar, conforme la beta se iba extendiendo, le iban dando profundidad, pues ya no la podían trabajar”.

El investigador afirmó que durante gran parte del siglo XIX —después de la guerra de Independencia—, estos centros mineros se mantuvieron en el abandono; sin embargo, hasta mediados del siglo XIX, a partir de 1860, se reactivó esta actividad.

“Y así como en la época colonial, aquellos centros mineros fueron reactivados con nuevas tecnologías y con nuevos empresarios, por ejemplo, en la Yesca surgieron dos explotaciones mineras que se caracterizaron por sus volúmenes de producción y trabajo que generaron: La Castellana, con más de mil trabajadores, y Buena Vista, cerca de Jora, con más de mil quinientos trabajadores, los dueños de estas minas fueron, en un principio, dos personas de aquí de Tepic, don Enrique Menchaca, y luego un militar retirado conocido con el nombre de don Jesús Bueno, y se fueron ellos a vivir a la sierra para estar coordinando todas esas actividades, contrataron ingenieros, personal especializado que les permitiera trabajar esas minas y sacar un mejor resultado”, contó el historiador.

Resurgimiento

Luego de que se retoma la actividad minera en Nayarit, el municipio de La Yesca fue de los primeros sitios en el estado que tuvo línea telefónica, tuvo una sucursal, a pesar de que ahora, el municipio serrano es catalogado dentro de los municipios con alta marginación.

En esta reactivación, refirió el investigador, también aparecieron familias dedicadas a la explotación de minas (gambusinos), en El Rosario, El Pilón, del municipio de Amatlán de Cañas, que no generaron impactos en cuanto a lo económico.

“Ahí en El Pilón quedan restos de lo que fueron importantes centros mineros, como el de un empresario de Tepic conocido como Carlos Fenelón, que tenía como unos dos o trescientos trabajadores, este era un centro minero grande en ese municipio, pero lo que llama la atención es que había otros centros mineros más pequeños que no generaban mucho empleo porque eran familias las que los explotaban, esa minería que le llaman gambusina, para que los empresarios les compraran a ellos”, afirmó.

Una nueva decadencia

Con la Revolución Mexicana, hacia 1910, todas esas actividades, inversiones y derramas económicas, se vinieron abajo, pero previo a ello hubo una crisis en el mercado internacional respecto a los metales preciosos, por lo que nuevamente se dejó a un lado esta actividad.

“Dejó de ser motivante porque el precio a nivel mundial había bajado, a eso se agrega la Revolución, entonces estos centros mineros ya estaban en una verdadera crisis, y la población que estaba trabajando en estos centros empezó a irse a la costa, dejaron la minería para irse a la agricultura, los del Zopilote bajaron a Santiago Ixcuintla, y los de la Yesca, buscaron también nuevos rumbos”, afirmó Luna Jiménez.

Revelan la historia de mujeres destacadas de los siglos XIX y XX

 

 

*** A partir de la biografía de la poetisa Laura Méndez, la arqueóloga Eulalia Guzmán o la luchadora social Marcelina Bautista, se busca indagar en las herramientas de las que se valen los estudios de género en México 

 

Martes, 06 de Octubre de 2016.- Una tertulia literaria en la Ciudad de México, durante el invierno de 1871, habría sido el escenario en el que la joven Laura Méndez de Cuenca (1853-1928) conoció al poeta Manuel Acuña (1849-1873), así como el punto de quiebre en la vida de quien sería una de las más destacadas pedagogas y diplomáticas mexicanas.

 

Luego de aquella velada, relató la investigadora Mílada Bazant, como parte de su conferencia magistral La biografía: observatorio privilegiado de la historia, impartida en la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), los dos personajes establecieron un amorío que derivó en el escándalo, la muerte prematura de su hijo y el exilio que la escritora —expulsada del seno familiar— se impuso en San Francisco, California, de donde regresaría convertida en un referente para la pugna por la igualdad de género.

 

En el marco del Congreso Internacional Rupturas y continuidades de una época. Historia y biografía de mujeres en los siglos XIX y XX, organizado por la DEH y la Maestría en Estudios de la Mujer de la UAM Xochimilco, dicha ponencia versó acerca de los pasos que deben seguirse en la escritura biográfica.

 

La académica de El Colegio Mexiquense expuso que un primer elemento para adentrarse en la vida de un personaje es conocer su contexto histórico. Así, y bajo el ejemplo de Laura Méndez, afirmó que si bien la biografía parte de archivos personales: cartas, diarios u obra publicada, también utiliza fuentes secundarias como registros civiles o episcopales, mapas y fotografías de los sitios donde vivió el personaje, e incluso estudios más amplios acerca de la vida cotidiana o el urbanismo de una época específica.

“Escribir una biografía toma mucho tiempo pero vale la pena”, indicó tras referirse al aprendizaje que personajes como la citada poetisa, o el educador rural Clemente Antonio Neve (1820-1904), a quien actualmente trabaja, dejan tanto en el investigador como en el lector.

 

Aunque el objetivo de escribir es ser leído, por lo cual es válido usar herramientas de ficción que amenicen el texto, dijo que debe existir un límite para no alterar hechos y, asimismo, advertir al lector cuándo y por qué se recurre a la ficción.

 

Luego de esta conferencia, la investigadora de la DEH, Rebeca Monroy Nasr, expuso el caso de María Teresa de Landa (1910-1992), conocida por haber ganado en 1928 el primer concurso de Miss México, y también por haber sido la causa para el cese de los juicios populares en el país, luego de que hacia 1929 un jurado la exculpara del asesinato de su esposo bígamo, el general contrarrevolucionario Moisés Vidal.

 

Abordada notablemente por la prensa sensacionalista, “la autoviuda” –como se le denominó entonces– es un caso interesante para Monroy, cuyo examen no se centra en reivindicar aquel crimen sino los efectos que hacia la década de 1920 producían las mujeres instruidas que paulatinamente conquistaban la vida pública en sus distintos ámbitos.

 

Si bien fue absuelta, “tuvo que hacer frente a los juicios sociales durante los 63 años que sobrevivió al episodio”, tiempo durante el cual se desempeñó como maestra de personajes como Octavio Paz y Jacobo Zabludovsky en la Escuela Nacional Preparatoria. Más aún, logró doctorarse con una tesis acerca de Charles Baudelaire, refirió la investigadora, quien próximamente publicará el libro María Teresa de Landa, una miss que no vio el universo.

 

Al referirse al congreso en su conjunto, cuyas ponencias continuarán este miércoles en la UAM Xochimilco, Rebeca Monroy consideró que indagar en la historia de próceres como Eva Perón y la arqueóloga Eulalia Guzmán, o de luchadoras sociales como la oaxaqueña Marcelina Bautista Bautista, permitirá conocer los parámetros y las herramientas que usan los biógrafos para adentrarse en su estudio.

 

“Desafortunadamente, hay poco material para biografiar mujeres, incluso grandes personajes, por ello este congreso busca conocer cuáles son las fuentes de vida cotidiana, hemerografía o análisis de la imagen que usan los investigadores y las investigadoras para estudiarlas”.

 

Dada la violencia que actualmente existe hacia las mujeres, finalizó, un objetivo adicional del congreso es contribuir a la comprensión de los distintos roles que éstas han desempeñado, personajes clave para la historia de México y otras naciones, buscando con ello mayor igualdad entre géneros.

¿Cómo eran las elecciones en el siglo XIX?

Ciudad de México. 23 de junio de 2016 (Agencia Informativa Conacyt).- En 1812 se celebraron en el territorio que es hoy México las primeras elecciones modernas de nuestra historia. Entonces era la Nueva España. Pero consumada la Independencia, este tipo de mecanismos para elegir representantes y autoridades se generalizó a todos los niveles de gobierno. Durante el siglo XIX se construyó la institución electoral y esta tuvo un lugar central en la construcción de todas las instituciones del Estado.

Dado que las elecciones se realizaron regularmente a lo largo de casi todo el siglo, resultaba indispensable preguntarse cuál era su significado, su sentido, su funcionalidad. Esta cuestión central motivó a las historiadoras Fausta Gantús y Alicia Salmerón a emprender una vasta investigación con el propósito de conocer cómo eran las elecciones en México durante el siglo XIX.

Desde hace seis años, estas académicas del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (Instituto Mora) reunieron a colegas y académicos de diversas instituciones del país para repensar los procesos electorales de la época acercándose a fuentes primarias.


Fausta Gantús, coordinadora del proyecto Hacia una historia de las prácticas electorales en México, siglo XIX, explica a la Agencia Informativa Conacyt que esta investigación busca conocer la dinámica de las prácticas electorales: quién las hacía, cómo se organizaban y quiénes participaban, para entender su lugar en la vida política del país.

“Más allá de esta visión tradicional de que en el siglo XIX las elecciones no servían para nada, que todas eran manipuladas o fraudulentas, que había un ausentismo total o los que iban era acarreados; el trabajo que hemos realizado demuestra que eran una institución y que tenían sentido, desde luego en términos de mecanismo de legitimación del poder, pero también en tanto espacio de negociación política en todo los niveles de gobierno y entre ellos”, dice Gantús.

El trabajo que han realizado más de 50 académicos en este tiempo se ha traducido en varias actividades (coloquios, seminarios, conferencias, etcétera) y cinco libros, de los cuales Prensa y elecciones. Forma de hacer política en el siglo XIX y Elecciones en el México del siglo XIX. Las fuentes ya han sido publicados. Elecciones en el México del siglo XIX. Las prácticas; Contribución a un diálogo abierto. Cinco ensayos de historia electoral latinoamericana; y Cuando las armas hablan, los impresos luchan. La exclusión agrede. Violencia electoral en México, 1812 a 1912 actualmente están en proceso de edición.

Estas obras dan cuenta de las posibilidades de estudio de la vida político-electoral del siglo XIX a partir de fuentes documentales, hasta ahora poco exploradas, y de nuevas preguntas de investigación que han decidido dejar atrás la “leyenda negra” acerca de las elecciones fraudulentas y sin sentido en favor de una mirada más comprensiva. Con el ánimo de continuar trabajando en estas líneas de investigación, el Instituto Mora y el Tribunal Electoral del Distrito Federal (TEDF) recientemente firmaron un convenio marco para apoyo y colaboración en investigaciones del ámbito electoral en el siglo XIX.

Conocer el pasado para entender el presente

Doctora en historia por El Colegio de México, Fausta Gantús refiere que para entender las elecciones en la actualidad, necesitamos entender cómo funcionaban en el primer siglo de vida independiente de México. Existen pocos estudios históricos sobre las elecciones en el México decimonónico; los hay, importantes desde luego, pero no recorren el siglo ni las diversas regiones del país, atienden algunos momentos y algunos espacios.

Fue así que Gantús y Salmerón se plantearon el reto de un proyecto ambicioso: llevar a cabo un conjunto de estudios de caso que partiera de 1812 —primeras elecciones constitucionales en la Nueva España— y llegaran hasta 1912, primeras elecciones nacionales directas, ya en la coyuntura de la Revolución. Y asegurar que estos estudios de caso tocaran tanto el México urbano como el rural, y de diferentes regiones del país. El otro reto fue trabajar con los documentos electorales que casi nadie había estudiado, documentación oficial o personal, periódicos, revistas, fotografías y otros textos escritos que se generaron en la época, resguardados en archivos municipales y estatales, así como fuentes judiciales.

Fausta Gantús, profesora del centro público de investigación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), explica que en el siglo XIX la organización de las elecciones estaba descentralizada: recaían en los ayuntamientos en su primera fase, siendo ellos los responsables de difundir convocatorias, definir secciones electorales, levantar padrones e instalar casillas. Por eso es que ha sido indispensable consultar archivos municipales.


A todo lo largo del siglo XIX, el padrón electoral era elaborado por personas previamente designadas en sesión de cabildo para recopilar la información del votante: nombre, edad, domicilio, oficio y si sabía leer. Estos datos eran entregados a las casillas electorales para que los votantes (varones mayores de 21 años, vecinos del lugar o, a partir de 1857, que cumplieran con el requisito de tener “un modo honesto de vivir”) emitieran su voto.

Las elecciones se realizaban a través de un sistema indirecto en uno o más grados, según lugar y época. A partir de 1857, los comicios nacionales se celebraron siempre mediante un sistema indirecto en un solo grado: los ciudadanos de una sección votaban por un elector, quien a su vez, junto con los electores de otras secciones, sufragaba por presidente, diputado, senador o magistrado, en una junta o colegio electoral.

La organización electoral pasaba por varias etapas: organización, elección primaria, elecciones secundarias y, finalmente, calificación del proceso.

En un breve texto de fácil acceso vía Internet, titulado Sobre las prácticas electorales del siglo antepasado. Una invitación a explorar las fuentes para una historia electoral del triunfo republicano a la primera reelección de Porfirio Díaz (1867-1884), Fausta Gantús y Alicia Salmerón explican con detalle este sistema indirecto y parte de su sentido: cómo “tutoraba” a los grupos populares del país para evitar sus “excesos”.

“Si bien los comicios no eran procesos democráticos, sí tenían un lugar central en el juego político de la época y, de alguna manera, involucraban a ciudadanos de todos los estratos sociales”, apunta la doctora Gantús.

En 1912, durante la presidencia de Francisco I. Madero, se permitió por primera vez el voto directo para elecciones federales de diputados y senadores, aunque la designación de presidente de la República y magistrados de la Suprema Corte se mantuvieron bajo el régimen indirecto. Antes había elecciones directas en municipios y comicios estatales en varios estados del país, pero a nivel nacional, 1912 marca un hito. Es por eso que la investigación emprendida en el marco de este proyecto cubre un arco temporal tan amplio como 1812-1912.

Retos y alcances

En entrevista, la doctora Fausta Gantús apunta que la historia de las elecciones, particularmente de sus prácticas, es campo todavía poco explorado. Si bien hay camino andado desde hace un par de décadas, falta explorar temas que permitan presentar un panorama general y hacer un ejercicio de síntesis acerca de grandes cuestiones como el significado de la abstención, construcción de candidaturas, formas de movilización del voto, relación entre elecciones y violencia.

“Eso implica muchos retos, como ir al archivo, bucear en los expedientes y encontrar los documentos, y cuando no se encuentran, suplir vacíos con otro tipo de fuentes. Pero dar con la información que nos permita resolver nuestras preguntas centrales es solo un primer paso. Lo que hacemos los historiadores no solo es transcribir documentos, sino que a partir de ellos pensamos una época, analizamos lo que estos nos dicen, los cuestionamos, validamos sus respuestas con otras fuentes. Por este camino tratamos de entender la dinámica de las elecciones”, indica.

Para ello se sirven de las metodologías propias de la historia política, institucional y jurídica, así como de la historia social y cultural. "Nuestros estudios de caso deben mucho, por ejemplo, a la microhistoria. Todas estas metodologías han sido resultado del diálogo con otras disciplinas. En este sentido, podemos decir que la historia de las formas de hacer política solo puede ser abordada en diálogo con otras disciplinas. Y por eso es que la colaboración que ahora se inicia con el Tribunal Electoral del Distrito Federal resulta tan prometedora".


La investigación emprendida por el proyecto encabezado por Gantús en torno a la historia político-electoral del siglo XIX mexicano tiene todavía varias líneas de investigación abiertas: la toma de las calles por sectores populares en contextos electorales —de momento se explora en especial los sucesos de 1892—, la participación de logias, gremios y clubes políticos en la organización del voto y, eventualmente, una síntesis de lo avanzado en historia de las elecciones en las últimas dos décadas.

La experiencia de estudios colectivos como los emprendidos en el marco de este proyecto es siempre enriquecedora. Y esta lo ha sido particularmente porque ha logrado congregar a historiadores de alto nivel que han trabajado junto a estudiantes jóvenes, en proceso de formación. Este proyecto ha permitido la formación de estudiantes para que conozcan de primera mano cómo acercarse y trabajar las fuentes, porque en el campo de la historia en México “muy pocas veces se enseñan a hacer investigación junto con el historiador consolidado, caminando a su lado y compartiendo la experiencia paso a paso".

El proyecto Hacia una historia de las prácticas electorales en México, siglo XIX ha sido desarrollado con financiamiento del Fondo de Investigación en Ciencia Básica, conformado entre la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Conacyt. Además ha recibido apoyo del Instituto Federal Electoral (IFE), ahora Instituto Nacional Electoral (INE); así como de recursos internos para investigaciones del Instituto Mora.

Descubren documentos de dos siglos de antigüedad dentro de esculturas religiosas

Dos esculturas de madera, una de Jesús Crucificado y la otra de San Francisco, procedentes de dos comunidades del Estado de México, guardaban en su interior documentos de más de dos siglos de antigüedad que revelan parte de su historia. Esas huellas del pasado fueron descubiertas por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) durante los procesos de restauración que se realizan en ambas tallas.

 

La representación de Cristo forma parte del discurso iconográfico del retablo principal de una iglesia de Tenancingo, y tenía en el interior de la cabeza una botella de vidrio con papeles en los que consta que fue hecha en 1776 y modificada en 1905.

 

Fue elaborada con madera de pino ayacahuite (1.70 m de alto por 1.40 m de ancho), tiene costillas y dientes que fueron hechos con hueso tallado, ojos de vidrio y pestañas de fibra natural.

 

La escultura de San Francisco, perteneciente a la comunidad de Juchitepec, data de la primera mitad del siglo XVII, según se determinó a partir de pedazos de papeles empleados para formar la cabeza, entre ellos una bula papal.

 

El documento pontificio corresponde al primer cuarto del siglo XVII, de acuerdo con el sello del papa Paulo V, que quedó expuesto entre los materiales que forman la estructura de la cabeza del santo: papel amate y europeo, cuerdas, pasta de caña de maíz y madera de colorín. El papel amate era un códice tributario que sirvió como recibo de los bienes entregados.

 

La intervención de las obras se realiza en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), con la participación de alumnos del cuarto semestre del Seminario Taller de Pintura Policromada, coordinado por la restauradora Fanny Unikel Santoncini.

 

La experta refirió que en sus más de dos décadas de trabajo, es la primera vez que encuentra una botella de vidrio dentro de una escultura policromada, en otras ocasiones sólo se han hallado papeles.

 

La escultura del Jesús Crucificado fue modificada en 1905 por Manuel Silva, según los documentos que se encontraron en su interior. “Este personaje fue quien colocó la botella con una impresión de la Virgen Dolorosa, una oración y un texto que da fe de que en el pecho del Cristo halló dos papeles, uno con una oración, y otro con un listado de nombres que pudieron ser los cofrades que la mandaron tallar en 1776”.

 

Los documentos restaurados serán colocados nuevamente en la botella, y ésta dentro de la cabeza del Cristo, junto con un nuevo escrito en el que los integrantes del seminario taller refieren sobre la intervención realizada en la ENCRyM, en 2016. En el texto también se señala que la información adicional sobre la restauración de la pieza se encuentra en las copias del informe que se entregarán a la comunidad y a la biblioteca de la institución educativa.

 

El también llamado Cristo del Calvario presentaba deformaciones, grietas y pérdida de policromía, por lo que se trabajó de forma paralela en su proceso de fijado y en su limpieza. Una vez concluida esta etapa se estabilizaron las grietas y se corrigieron las deformaciones internas, producto de una filtración de agua que durante años le afectó.

 

Posteriormente, se atenderá la parte estética con la aplicación de resanes y la reintegración cromática.

 

La escultura de San Francisco (1.44 m de altura por 0.56 m de ancho) fue hecha a partir de la mezcla de distintas manufacturas: el cuerpo es una talla en madera y la cabeza —que estaba desprendida— tiene la técnica de escultura ligera.

 

La obra presentaba deterioros debido a la humedad y por una caída que le ocasionó daños en un brazo, la cabeza y la nariz, además de un repinte que afectaba toda la policromía. La pieza fue fumigada, se le eliminó la suciedad, se retiraron repintes y se estabilizó la policromía; en breve se le unirá la cabeza.

 

Los documentos encontrados al interior de la talla San Francisco también permanecerán dentro de ésta, porque forman parte de la estructura de su cabeza, indicó Fanny Unikel.

 

En el seminario también se restauró la escultura del Divino Preso, del siglo XVII (1.33 m de alto por 0.53 m de ancho), también de la comunidad de Juchitepec. Es una representación poco frecuente de Jesús preso.

 

La iconografía de la talla se basa en las visiones místicas de sor María de Jesús de Ágreda (1602-1665), que describe a detalle las penurias que vivió el Mesías en el calabozo de Caifás.

 

Paula Mues, historiadora del arte y asesora del seminario, indicó que la visión de sor María se volvió común en la Nueva España, al grado que se realizaron muchos grabados en los que se presentaba a Jesús sangrante con las manos atrás y encadenado. Son escasas las esculturas que se conocen con estas características, de ahí la importancia de preservarla.

 

La talla en madera de pino, policromada, con hojas de oro y plata con corladuras y motivos florales de clavellinas, sufrió varios daños al estar en contacto con la humedad, los cuales ya son atendidos.

 

Se le realizó una limpieza mecánica y físico-química, se fijaron escamas y, actualmente, se trabaja en consolidar la madera que se debilitó por un ataque de insectos, también se le hará una nueva base, se restituirá un pie y los dedos de las manos.