Helen Mirren elegida como la 'mujer del año' por la Universidad de Harvard

 

Cambridge. La actriz británica Helen Mirren, ganadora de un Oscar por The Queen, fue elegida por el grupo de teatro de la Universidad de Harvard Hasty Pudding Theatricals como la "mujer del año", según anunció la institución.

 

En la entrega del premio el 30 de enero, la artista de 68 años recibirá, como es tradición, un premio Hasty Pudding, consistente en una pequeña olla dorada como las que se usan para hacer el budín.

 

Luego, encabezará un desfile por las calles de Cambridge, en Boston.

 

El grupo de teatro entrega el premio desde los años 50 para reconocer "contribuciones permanentes e impresionantes en el mundo del entretenimiento" y siempre va acompañado de una dosis de humor.

 

"Es bastante descarado por parte de la organización Hasty Pudding el darme este premio", bromeó al respecto Mirren el viernes tras conocer el anuncio, pero como le encanta el pudin en todas sus formas, estará encantada de recogerlo.

 

Además de su papel como la reina Isabel II en The Queen, que le valió el Oscar en 2007, Mirren ha actuado últimamente junto con Anthony Hopkins en Hitchcock y en R.E.D. 2, donde encarna a una astuta agente.

 

El elegido como "hombre del año" será anunciado más adelante por los estudiantes, y la entrega del galardón será el 7 de febrero. El año pasado fueron premiados Marion Cotillard y Kiefer Sutherland.

Ricardo Arjona inaugura su propia escuela rural en Guatemala

Ricardo Arjona inauguró hoy, en Guatemala, una escuela rural que será financiada en su totalidad por el baladista guatemalteco.

La escuela, que dará educación a 200 niños de párvulos y primaria, se ubica en la aldea Ixcanal del municipio de San Agustín Acasaguastlán, en el departamento de El Progreso, a 100 kilómetros al este de la capital.

 

"Esta escuela es un piloto que pretendemos que sirva de ejemplo", dijo emocionado Arjona, que espera que otros empresarios puedan seguirle la huella e invertir en este tipo de instituciones.

 

El plantel, parte de un programa de su Fundación Adentro, cuenta con aulas equipadas, áreas de juego y huerto en una extensión de 1.030 metros cuadrados y una inversión de un millón de dólares, dijo Mariana Zavattieri, directora de la Fundación.

 

En la comunidad, viven unas 300 familias de escasos recursos y según señala AP, no cuentan con agua potable ni servicios de salud locales.

 

"Yo estoy feliz porque voy a aprender a leer y escribir", dijo Marí­a Fernanda González, de 6 años, quién es una de las niñas beneficiadas con la escuela.

 

El director de la escuela, Mynor Garcí­a, explicó que ocho maestros darán educación a los niños, que por las mañanas recibirán educación formal y por las tardes clases de música y deportes.

 

"Estamos en el área del corredor seco, es un área con problemas de desnutrición y pobreza", explicó Garcí­a.

 

La Embajada de Cuba en Guatemala aportó al proyecto trayendo a tres maestros de ese paí­s que impartirán música, dijo el Ministro de Cultura de Cuba, Rafael Bernal Alemán, quién estuvo en la inauguración.

 

Arjona hizo un llamado al Congreso de la República para que se cree un proyecto de ley que obligue al Estado a encargarse del mantenimiento de escuelas que como ésta sean financiadas por la iniciativa privada.

 

Entre los invitados a la inauguración estuvieron el presidente Otto Pérez, quien agradeció al cantante por la inversión, el medallista olí­mpico Erick Barrondo y el presentador de televisión Héctor Sandarti.

“Gravity” lidera nominaciones a premios BAFTA

El filme "Gravity", del mexicano Alfonso Cuarón, y la épica del británico Steve McQueen "12 years a slave" son dos de las candidatas a los premios BAFTA a la mejor película, anunció hoy la Academia británica del cine.

 

Optan también en esta categoría la tragicomedia policíaca "American Hustle", "Captain Phillips" y "Philomena", estas dos últimas basadas en historias reales.

 

"Gravity", protagonizada por Sandra Bullock, encabeza la lista de nominaciones con un total de once, seguida de "12 years a slave" y "American Hustle" con diez cada una, según la lista difundida hoy por la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión (BAFTA, por sus siglas en inglés).

 

Entre los candidatos a mejor director están Cuarón y McQueen así como Martin Scorsese por "The wolf of Wall Street", Paul Greengrass ("Captain Phillips") y David O.Russell ("American Hustle").

 

En la categoría de mejor actor, los nominados son Chiwetel Ejiofor ("12 years a slave"), Christian Bale ("American Hustle"), Bruce Dern ("Nebraska"), Leonardo DiCaprio ("The wolf of Wall Street") y Tom Hanks ("Captain Phillips").

 

Pugnarán por el premio a la mejor actriz Judi Dench, por su interpretación en "Philomena", Cate Blanchett, por "Blue Jasmine" de Woody Allen, Amy Adams ("American Hustle"), Emma Thompson ("Saving Mr. Banks") y Bullock por "Gravity".

 

Optan al BAFTA a la mejor película británica, entre otras, "Saving Mr.Banks", "Mandela: long walk to freedom" y "The selfish giant".

 

La francesa Léa Seydoux, protagonista del filme "La vie d'Adèle" y la keniana Lupita Nyong'o, por "12 years a slave" compiten por el premio al mejor artista revelación.

 

Los BAFTA, considerados la antesala de los Oscar de Hollywood, se entregarán el próximo 16 de febrero en una gala en la Royal Opera House de Londres, presentada un año más por el actor británico Stephen Fry. 

Nymphomaniac: decimonónica y moralista

 

 

“Largo y moral”, así define su relato el personaje de Joe al comienzo de Nymphomaniac y, si hay algo de lo que no se puede acusar a Lars von Triers, es de habernos engañado.

 

En efecto, su propuesta -en la que el marketing presentaba una película y la narración nos ofrece otra muy diferente- podría servir de programa doble con Shame, otro de los ejercicios más moralistas -y sobrevalorados- del cine reciente. Historias en las que el sexo es adicción y la adicción, vacío, en una visión que olvida otras aristas de la sexualidad y donde los personajes se juzgan y autocondenan constantemente.

 

Admito que, una vez asumido este (fiscalizador) planteamiento, me resultó difícil entrar en la película. Buscaba en ella una exploración de nuestra pasiones -de nuestras perversiones-, no el juicio de un personaje sometido a un tribunal tan convencional y previsible. Tampoco en su forma de entender el sexo hay variedad, o búsqueda, solo una acumulación de eventos que se repiten y que se tratan de explicar con una sesión de psicoanálisis casero que se convierte en el -anodino y reiterativo- marco de la película.

 

Frente a los carteles e imágenes con que se nos ha bombardeado, y en los que veíamos desnudos y en posiciones eróticas a todos los miembros del reparto, aquí no nos encontramos ante una obra coral, sino ante un anodino monólogo -interrumpido por un interlocutor que, subestimando al espectador, nos explica cuanto vamos viendo y oyendo- en el que el sexo no se presenta ni con naturalidad, ni con morbo, ni con una sana dosis de excitación.  El sexo aquí -como ya sucediera en Shame- no es una forma de lenguaje, sino la negación del mismo: la visión condenatoria de las acciones de Joe (por sí misma y por los demás) está muy lejos de la exploración de las posibilidades del sexo como puente (hacia los otros, hacia lo que quizá somos y no queremos ver), algo que -a su vez- se ve aún más reducido por el soliloquio que sostiene la película y que evita que nos adentremos en la sexualidad de otros personajes, tal vez, más interesantes y diversos. En definitiva, el motivo sexual se convierte en acción argumental y no en tema, por mucho que los inacabables parlamentos de Joe y su benefactor se empeñen en darle una mayor entidad a un pobre discurso.

 

No hay, al menos en el volumen I (veré, aunque sin demasiada expectación, el volumen II), diversidad sexual, ni juegos, ni imaginación, ni multiplicidad… Solo encontramos metáforas y símbolos que se explican a sí mismos (¿por qué esa manía de subestimar al receptor?) y que articulan un relato tan clásico como escasamente interesante. La presencia del padre y su obsesión por los árboles, la simbología de la pesca o de la música, los artificios culturales -desde Poe a Bach- que solo aportan pretenciosidad, no profundidad… Pero, sin duda, lo más insufrible -en cuanto a su estructura- es la entrevista-diálogo-confesión en la que se insertan los diversos capítulos del film y que da lugar a una voz en off explícita y cansina (tanto por lo redundante de sus palabras como por la monótona interpretación de una anodina Charlotte Gainsbourg). El espectador no tiene labor alguna que hacer ante una película argumentalmente simple y que, para colmo, viene acompañada de su propia audioguía.

 

Quizá sea precipitado juzgar un largometraje por sus primeras dos horas, pero lo cierto es que en ellas no he visto nada que no me hubieran contado ya y su punto de vista -tan próximo, sea o no pretendido, a la estigmatización del sexo por el peso judeocristiano- no me ha interesado lo más mínimo. Porque el sexo es mucho más que culpa y que vacío, porque estoy cansado de ver cómo se relata la promiscuidad y la indagación sexual desde planteamientos moralistas (‘Soy una mala persona’, afirma Joe una y otra vez) y porque esperaba un film realmente desprejuiciado, explícito, tórrido y valiente, no un relato confesional que, bajo sus pretensiones transgresoras, parece extraído de una timorata novela decimonónica.

El auténtico 'lobo de Wall Street' no cobrará un céntimo por la película

La sabiduría popular dice que el crimen no compensa, pero seguro que Jordan Belfort opina de otra manera. Este antiguo corredor de bolsa, apodado El lobo de Wall Street, no sólo llegó a ganar (o eso dice él) 36 millones de euros al año durante sus días de gloria como broker sin escrúpulos, sino que ahora es más famoso que nunca gracias al filme dirigido por Martin Scorsese. Pudiendo tirarse el pisto, además, de ver cómo todo un Leonardo DiCaprio le interpreta en pantalla grande. Sumemos a ello que la película se basa en la autobiografía del propio Belfort, quien también se deja ver en ella con el cameo de rigor, y concluiremos en que, para colmo, el ex financiero podrá llevarse un buen pellizco gracias al cine. ¿O no?

Pues más bien no: juzgado en 1998 por fraude y blanqueo de dinero, Belfort no sólo fue sentenciado a prisión (pasando un total de 22 meses a la sombra), sino que la decisión judicial también le obligaba a indemnizar a sus víctimas. Aunque el broker ya ha satisfecho parte de dicha deuda, aún le quedarían por pagar unos 72,6 millones de euros, y algunas de las 1.513 personas a las que estafó con la venta de 'bonos basura' ya han protestado por su conversión en antihéroe de cine. Por ello, el comunicado emitido por Belfort (que nos llega vía Slashfilm) nos hace sospechar, bien que este sujeto es un cínico de aúpa, bien que está tan mal de la cabeza como corresponde a un personaje scorsesiano. O, probablemente, ambas cosas.

"Que conste que no voy a entregar el 50% de los beneficios por la película y los libros [de memorias], como me exige el Gobierno", afirma Jordan Belfort. "En realidad, entregaré el 100% de mis ganancias, lo que equivale a decir que no voy a ver un centavo de todo esto". Haciendo gala de un laudable optimismo, Belfort afirma que los royalties que espera cobrar "sumarán varios cientos de millones de dólares, y (si hay suerte) bastarán para compensar a quienquiera que pueda exigirlo". El antiguo financiero y timador afirma haber declarado ya su propósito, con lo cual las protestas de sus damnificados no tienen razón de ser. Y concluye: "Mis ingresos actuales provienen de mi nueva vida, que es mucho mejor que la anterior". Aunque, eso sí, se permite un último gesto de ironía: "Admito que los quaaludes [droga similar a los barbitúricos a la que Belfort fue adicto] eran divertidos, o al menos lo fueron al principio. Por suerte, ahora son ilegales y encontrarlos es imposible".

La "nueva vida" a la que se refiere Belfort transcurre en un apartamento de tres habitaciones de Manhattan Beach (California), y los "ingresos actuales" provienen de sus seminarios motivacionales para vendedores y agentes de bolsa. Algo que a cualquier hijo de vecino le resultaría soso tras haber vivido los excesos decadentes mostrados en El lobo de Wall Street, y que nos recuerda poderosamente al destino final de Henry Hill (Ray Liotta) en Uno de los nuestros. Bien sean sinceras sus intenciones, bien se trate de una desvergonzada campaña de autopromoción, nosotros pensamos que, si Belfort hubiera visto esa película (y se la hubiera tomado en serio) tal vez se hubiera tomado con más calma su carrera en el parqué.